FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado


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10 años 11 meses antes #49 por skyana
Respuesta de skyana sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Luego de la comunicación con Ken, Ann se sintió reconfortablemente unificada con el silencio que la rodeaba…La envolvía la certeza de haber encontrado al sujeto por el cual era victima de un sufrimiento cruel que la había desvelado durante tantas noches oscuras luego del brutal asesinato de su mentor. Esa comunicación produjo que la imagen de Ken se fijara en su mente como una astilla allí clavada. Entonces trató de conectarse con la fuerza para tener una percepción más aguda y sintió como el lado oscuro potenciaba su visión, como aquella vez en korriban, llevando esa imagen hasta lo profundo de su herida y allí todas sus dudas se despejaron…Kalas tenía razón. Ese era el Jedi que buscaba. El maldito traidor…

El Sith había cumplido con su palabra, ayudándola. Se había convertido en su maestro y ya era tarde, no se podía volver atrás…

Ensimismada en sus pensamientos y en su visión interior, Ann no escuchó los pasos de Kalas que se aproximaba y se sobresaltó. Nunca se acostumbraba a la presencia del sith por más que el tiempo pasara. Este era como una sombra que aparecía cuando uno menos se lo esperaba. Y a escasa distancia de Ann, con la mirada inquisidora de siempre, kalas pregunta:

_Se ha establecido la comunicación que esperábamos, Ann?...

_Así es maestro. Se acaba de comunicar el jedi. Aunque…no sé, al verme y escuchar mi voz puede que sospeche algo-dijo Ann dubitativa-

_No te preocupes por eso-ignoró kalas -Le has dado el punto de encuentro en Kalee verdad?

_Si. Como tú me has dicho. Se dirige allí ahora mismo- afirmó Ann

_Bien, bien_expresa kalas con sonrisa siniestra_todo marcha según lo planeado…

Kalas se dio media vuelta y se dirigió con pasos firmes hacia el control principal de la nave.
Ann tomó asiento, pensó en Ken…agachó la mirada enfocándola en la empuñadura de su sable, el sable de su maestro, el único recuerdo material que conservaba y se juró a si misma que esta vez honraría su memoria…





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10 años 10 meses antes #50 por skyana
Respuesta de skyana sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
El punto de encuentro donde Kalas y Ann se reunirían con Ken estaba cerca. Distaba apenas doscientos metros del hangar donde el Izhora había concluido el viaje.
El Sith y la Jedi marchaban al planeado encuentro cuando el sol caía en el horizonte de la hermosa ciudad de Kaleela, exaltando las siluetas de los habitantes de la zona. Allí, entre esas figuras, se hallaba un hombre joven, de pie, que dejaba entrever un carácter fuerte a través de la firme actitud de su postura erguida.
Parecía estar alerta. Esperando algo, o más bien la llegada de alguien…
Kalas, quien ya lo había visto de lejos y sin dejar de mirar hacia delante, le dice a Ann:

_Allí está…él es ken, el Jedi. Yo me acercaré primero, mientras tu tomas distancia. Trataré de persuadirlo con mis palabras…

_Pero maestro,- interrumpe Ann preocupada- creo que él sospecha algo. Cuando se comunicó al Izhora, me he dado cuenta que…

_No te preocupes -interrumpe Kalas- De las sospechas me encargo yo. Lo voy a persuadir para nublarle la mente, luego la percepción. y entonces allí comenzará el juego, mi aprendiz!. Cuando tu lo ataques sin piedad, sin compasión...

_Sin términos medios _ se apresura a decir Ann como si estuviera leyendo la mente de Kalas_ Y daré todo lo que sea necesario en este duelo, sencillamente porque no lo hago por mi…_finaliza recordando la muerte de su mentor_


Ann no permitió que la nostalgia del recuerdo abatiera su alma. Usaría la tristeza como un disparador hacia la ira. Sumergiéndose en ella y canalizándola en el combate.

Kalas se adelantó en el camino. Ann esperó varios metros detrás de él. Mientras este saludaba a Ken, Ann lo observó y pensó que pronto el Jedi oscuro sería victima de la emboscada del Sith. Ella confiaba en el poder de Kalas y aunque sabía que Ken era hábil en el combate, como una sombra casi imposible de atrapar, aún así no vacilaría en efectuar el ataque pronto.
Pero un brillo inesperado escapó de los ojos de Ken, cuando este le dirigió una ligera mirada acompañada de una expresión sarcástica, pero disimulada en su sonrisa. La misma sonrisa que observó luego, en el rostro de Kalas…

Y si después de todo, la emboscada era para ella?
Su mente se paralizo…


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10 años 10 meses antes #51 por bountyhunter_s1
La arenosa luz de Tatooine se filtraba a través de la cabina del Legionario. La nave era antigua y tras incontables batallas y persecuciones poco quedaba de su color original. Su tono oxidado y la aparatosidad de su estructura la hacían parecerse a un viejo e inservible trozo de metal a la deriva, y esa engañosa apariencia era justamente su punto fuerte. La maquinaria de defensa era diabólicamente superior a la mayoría de las naves medianas, contando con un sistema de más de cincuenta y seis cañones ametralladores múltiples así como arpones de captura y lanzadores de esquirlas que resultaban devastadores para cualquier oponente.

Pero detrás de una maquina de guerra siempre está un gran guerrero. Y el Legionario era comandado por un hombre al que ese título le quedaba chico. Nand Ciurg o también conocido como “El mejor de la basura”.

La cabina estaba partida en dos, Ciurg en los comandos de piloteo y su hija Nei a cargo de los sistemas defensivos. El Legionario fue diseñado originalmente para ser piloteado por dos personas mientras otras dos debían de encargarse de la defensa pero, luego de extensas modificaciones a cargo de padre e hija, los controles fueron unificados y simplificados.

La atmósfera de Tatooine comenzó a abrirse como un libro amarillento mientras el interior de la nave continuaba en hermético silencio, solo entrecortado por las alarmas del los sensores de navegación.

Ciurg llevaba en su rostro casi tantas marcas de batalla como su nave. Sus ojos ávidos y relucientes de ambición parecían poder atravesar las nubes y recorrer la cada vez más próxima superficie del planeta en busca de su presa. Había sido un viaje largo de un extremo a otro de la galaxia, buscando información, sobornando y matando cuando era posible y necesario. Desde hacía tiempo estaba en carrera para hacerse un lugar entre los mejores caza-recompensas y así llamar la atención de mas y mejores, o mas ricos, clientes.

Luego de las maniobras para superar la fase más crítica del aterrizaje, la nave toco suelo en medio de un gran torbellino de arena.

- Tatooine- exclamó despectivamente Nei mirando el basto páramo a su alrededor - definitivamente no extrañaba este lugar.

Ciurg, librándose de los mandos desplegados sobre si, avanzó con rapidez hacía el cuarto de armamentos, tomando las escaleras superiores, para dar de lleno con un alargado pasillo repleto de arsenales de alta precisión a ambos lados y que tenia como broche de oro al final del mismo el tesoro mejor resguardado del cazador. Aunque cualquiera diría a simple vista que era un montón de piezas viejas remendadas, la armadura de combate extremo que lo resguardaba en sus misiones era extremadamente eficaz. Incontables hombres vieron por última vez su reflejo devuelto por el metálico blindaje, miles de proyectiles repletos de oscuras esperanzas de salvación terminaron golpeando vanamente contra la reforzada capa protectora del casco, del cual surgían opacos tubos de oxigeno conectados a un envidiable y valiosísimo control de soporte vital. De los geométricos antebrazos surgían varios cañones láser, sucedidos por largas y delicadas garras talladas en el más resistente metal mandaloriano. Pero existía algo dentro de esa magnifica obra maestra que enervaba a Ciurg, una mancha que podría parecer insignificante pero, sin embargo, le hacía rememorar un instante en el cual la vida y la muerte se tocaron muy de cerca justo ante sus ojos. La placa protectora pectoral, de irregular forma hexagonal, estaba marcada de izquierda a derecha por una línea trazada al rojo vivo, la estocada de fuego de un sable jedi. La mente del cazador se perdió en aquel tormentoso día en Gaal, en aquella batalla reñida de la cual salió victorioso, pero no por ello indemne. El Jedi se fue a la tumba por su mano, pero le dejó una marca no solo en su atuendo de guerra sino que, atravesando este, grabó eternamente el repudio final sobre su piel.

Los chispeantes ojos se abrieron ferozmente. La armadura ya estaba sobre su cuerpo, como si en algún momento esta se hubiese valido de sus propios medios para colocar cada una de sus piezas sobre su portador. No perdió un segundo. Tomó varios blasters de precisión, detonadores termales y celdas aturdidoras, aunque sabía que no las utilizaría, no tomaría prisioneros.

- Creo que es hora de que busques asuntos mas fáciles – le interrumpió Nei, que parecía haber estado allí desde hacía un tiempo sin que el se hubiese percatado de ello- antes de que un Jedi te deje algo más que una cicatriz.

Ciurg hizo un gesto de fastidio, para proseguir cargando municiones en su abultado cinturón.

- Mientras los Jedi y sus sables sigan siendo objetos valiosos para Roouneri, nosotros seguiremos teniendo trabajo, y algún día, nuestra propia organización…esos sacerdotes son un riesgo ínfimo comparado a la recompensa

- Sigue así…- Nei le dio la espalda y se dirigió nuevamente hacia la cabina – quizás termine siendo yo quien cobre esa fortuna…

El mercenario colocó el casco sobre su cabeza y accionó un diminuto interruptor en el margen inferior derecho de este. Dos líneas diagonales se iluminaron sobre los visores, dando el toque final a su temeraria figura.

- te aseguro que si yo no la cobro – respondió la voz de acero- tu tampoco lo harás. Pon todos los sistemas defensivos en control manual y mantente alerta a mi señal.

Ciurg activo la rampa principal y recibió la mugrosa bienvenida que Tatooine le dispensaba en forma de viento y arena.

“Apesta… pero nunca dejará de ser un buen lugar para matar”, pensó, mientras cubría su blindada cabeza con una desgastada capucha, dispuesto a adentrarse en el desierto hacia Mos Eisley.



"su falta de fé es...Inquietante..."

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10 años 10 meses antes #52 por skyana
Respuesta de skyana sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Algo habían hablado… Kalas y Ken... Algo de lo cual nunca me enteraría y que la fuerza me quiso avisar y no pude descifrar por la oscuridad que me cegaba. Mi percepción había sido ligera… lo suficiente para alcanzar un destello singular escapado simultáneamente de los ojos del Sith y del Jedi, perdiéndose en la luminiscencia del día pero atrapado en mi memoria como una pintura surrealista con una atmosfera viva altamente cargada…


Kalas se alejaba lentamente de Ken. Ann observaba paralizada, a poca distancia de éste. Ignoraba si se había convertido en el señuelo de algún ardid tramado por el Sith o si se trataba de alguna especie de prueba que revelaría que tan poderosa era sin su presencia. Creía que no era el momento de especular, ni de sacar conclusiones. Allí y ahora, solo existía una realidad: la de ella y Ken. Cuya mirada se transformó en una daga que cubrió velozmente la poca distancia que los separaba La Jedi sintió el filo cortante en su mirada y un escalofrío recorrió su cuerpo, helando su sangre…

Ken conservando la distancia le gritó en tono desafiante:

_Tu maestro era una escoria Jedi que no merecía vivir!!! Al quitarle la vida le hice un gran favor a la galaxia…

Ann sintió tanta repulsión ante tal aberración escuchada, que la ira comenzó a carcomer su interior sumergiéndola en su propio lado oscuro. Y con un profundo odio hacia Ken, saltó hacia éste activando su sable en el aire para caer detrás e intentar cortarle el cuello. Pero el resplandor de su hoja fue bloqueado inmediatamente por la hoja energética de Ken que rápidamente había girado sobre si mismo para evitar la embestida. Ann volvió a atacar. Esta vez con un golpe descendente hacia la cabeza del Jedi pero éste le lanzo una patada frontal que la arrojó cuatro metros hacia atrás cayendo al suelo. Y en la caída su sable rodó algunos metros al costado de ella.
Ken disfrutaba del duelo, e incitaba con sus palabras la pura violencia de la Jedi.

_Terminar contigo será placentero. Eres débil como lo fue tu mentor . A quien fue muy sencillo cortarle la cabeza _dijo mientras reía con sarcasmo de sus propias palabras a la vez que saltaba hacia ella en un vuelo salvaje con su sable encendido y una sonrisa diabólica en su rostro. Ann, aún en el suelo, extendió su brazo y con la fuerza atrajo el sable de luz a su mano. Rápidamente lo conectó y se escuchó el ruido zumbante y un matiz azulado chisporroteo cuando su hoja se entrecruzó con la de ken. Pero éste había sido demasiado rápido. Antes de que Ann efectuara el bloqueo, le produjo un corte en el hombro izquierdo atravesando y chamuscando su ropa, provocándole un corte profundo en el músculo haciendo que la Jedi emitiera un grito ahogado. Entre la ira y el dolor Ann sintió que del centro de su cuerpo ascendía un empellón de energía hacia su mente, que empujó a Ken a varios metros delante de ella.
Sus ojos parecieron palpar a la distancia, el rostro impasible del Jedi que ante el empujón había recuperado rápidamente el equilibrio saltando verticalmente hacia atrás…




La línea clara del horizonte era aplastada por un cielo plomizo con nubes agitadas que dibujaban pequeños y grandes torbellinos de vapor en una atmosfera totalmente cambiante. Ann se concentró en esa línea delgada de aquel horizonte brillante y prometedor… Y por un instante se sintió uno con el.

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10 años 10 meses antes #53 por Kenobi maestro de fuerza
Tras matar al piloto Ken se dirigió al punto de encuentro, dejó el cádaver en uno de los aposentos de la nave por si tenía que usarla de nuevo. Inmediatamente al pisar el planeta sintió la presencia de Kalas en la Fuerza, la mujer no le haía engañado, Kalas estaba cerca y necesitaba hablar con él.

Con paso decidido lleguó al punto de encuentro y en la lejanía divisó a Kalas acompañado de la mujer de la transmisión, ¿sería su aprendiz?, poco le importaba. Kalas se acercó a Ken a paso lento con una sonrisa enigmática en los labios, al verla al jedi oscuro le quedó claro que Kalas quería algo de él.

Alguien me ha interrumpido de nuevo la caza de mi padawan, pude haberlo matado pero no era la ocasión idónea para hacerlo y creo que prefiero atraerlo hacia el lado oscuro, pero para eso necesito tu ayuda.-Ken sonrió de forma enigmática al decir esto último, no sabía si Kalas le ayudaría pero le necesitaba.

Casualmente vengo a pedirte lo mismo, ¿sabes quién es esa joven de allí? Es mi aprendiz, una antigua jedi . Está comenzando a internarse en las sombras pero no las abraza por completo, para eso necesita un aliciente, le he dicho que tu eres el jedi que mató a su maestro, tienes que hacer que desborde ira y rabia para atraerla hacia el Lado Oscuro de forma definitiva, si lo haces colaboraré con lo de tu padawan.-Lo que no sabía Ken, es que Kalas no estaba dispuesto a cumplir su parte del trato, o por lo menos de momento no iba a poner interés en ello. Al fin y al cabo romper tratos y promesas era común entre ellos, la traición era su camino.

¿Quién mató a su maestro?-Preguntó Ken por simple curiosidad, aunque lo cierto es que mas o menos intuía la respuesta.

Fui yo-Respondió Kalas secamente con una sonrisa confirmando las sospechas de Ken-Ahora hazme ese favor.

Ken encedió el sable láser y fue tras ella.

(Después del post de Ann)

Ken recuperó el equilibrio recurriendo a la Fuerza tras un salto magistral, lo cierto es que su oponente tenía estilo y técnica pero no la suficiente para derrotarle, Ken había aprendido muchas cosas de los jedi y con el Lado Oscuro había potenciado sin lugar a dudas su poder.


Basta de juegos.

Tras decir esto encendió el segundo sable láser, el de color ambarino mientras adoptaba una posición agresiva de nuevo.

Pagarás por la muerte de mi maestro-Espetó Ann desafiante.

Ken corrió hacia ella y dirigió una rápida estocada hacia su corazón, esta la apartó de un golpe y se dispuso a contraatacar pero el segundo sable de Ken fue certero y rozó un muslo de la joven haciendo que perdiese el equilibrio y con un leve empujón de la Fuerzala derribó tirándola a unos metros.

Tu maestro y tú sois iguales, idealistas, prepotentes, incapaces de percibir el poder de la ira, el odio... Sino me odias, sino deseas matarme con toda tu alma jamás podrás derrotarme, acabarás llorando y con la cabeza por los suelos como tu maestro.- Al decir esto sonrió, era estremecedor como estaba disfrutando con la tortura de la joven, pero debía mantenerse precavido pues ella podría ser capaz de matarle , tal vez con esas palabras se estuviese ganando una enemiga para toda la vida.

Y así Ann en un estallido de ira encendió de nuevo el sable láser y se dirigió hacia Ken gritando de furia, de nuevo comenzaron las lluvias de estocadas una detrás de otra, Ken se limitaba a parar los golpes, lo que aumentaba la frustración y el empeño de la joven.

Utiliza tu ira , ¡Ábrete a ella!

Con un barrido del sable Ken apartó el de la joven y le golpeó con la empuñadura de la mano derecha en la mejilla haciendo que Ann se doble por el golpe, pero esta aprovechando el empuje estiró la pierna y sin que Ken pudiera hacer nada le golpeó una tremenda patada en la cadera. Ken se dobló de dolor y furioso dejando que la ira le invadiese arremetió contra ella con el doble de ganas buscando aplicar a la joven una buena dosis de dolor.

Apagó el sable ámbar y se lo colocó en el cinto para centrarse en el sable carmesí que se movía de forma agil como si fuese una prolongación del brazo de Ken, este atacaba sin piedad a la joven en una ofensiva brutal buscando acobardarla y llenarla de congoja, pero Ann en aquel momento miedo era lo único que sentía, deseaba ante todo vengar a su maestro y acabar con el que creía ser culpable de todo su dolor, por lo que en otro nuevo ataque despiadado Ken dejó un hueco en su defensa y Ann no desaprovechó la oportunidad y logró darle una herida bastante profunda en el hombro inutilizando su brazo unos momentos.

Basta ya escoria-Gritó histérico Ken , no había esperado que la joven le hiriese y estaba perdiendo los estribos, asi que se decidió por darle un nuevo matiz al combate, atacó con el sable de nuevo y justo en el momento en que ella bloqueaba le dirigió una patada a su pierna, esta lo esquivó pero en ese justo instante Ken soltó el sable láser y recurrió a la Fuerza para acumular energía y lanzar potentes rayos oscuros hacia la joven.

Estos impactaron en su cuerpo y la derribaron haciendo que se retorciese de dolor, con un gesto Ken atrajo el sable de la joven y lo dejó en el suelo justo en la posición en la que estaba él. Ken no pensaba matarla bajo ningún concepto pero el hombro todavía le ardía de dolor y quería minarla moralmente.

¿Sabes? Diste mas guerra que tu maestro, el cayó al primer asalto. ¿Tienes pensado que hacer ahora?

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10 años 10 meses antes #54 por bountyhunter_s1
La rampa regresó sobre si misma y la nave quedó herméticamente sellada y con las defensas activas. Nei sintió una lejana sensación de abandono, no por parte de su padre, sino por el lugar que la rodeaba fuera del Legionario. Volvió a la cabina principal y se dejo caer sobre el asiento del copiloto. El reflejo de la luz sobre la arena arrancaba de su interior recuerdos demasiado recientes como para permitirse olvidarlos. Y ahora estaba allí nuevamente, en el mundo lejano donde terminó de abrazar el camino de su padre y ejecutó el repudio final hacia sus primeros ideales. Esa misma arena, esa misma luz. Sus parpados se resistieron lo más posible a comprimirse con fuerza sobre sus ojos, pero las lágrimas supieron hacerse lugar y surcaron despreocupadamente sus mejillas.

- Odio este lugar. Malditos sean los Jedis, y todo lo que nos trajo de nuevo hasta aquí.

Masticó las palabras, empujó la rabia hacia su estómago y cerró sus brillantes ojos, escapando del Tatooine actual delante de ella, pero ingresando nuevamente al mismo Tatooine de sus recuerdos, aquel mismo lugar hacía siete años atrás.




Caminaba a los trotes, intentando ponerse a la par de su padre. La armadura de Ciurg algo menos desgastada por aquel entonces, producía miedo a los que pasaban a su lado, tanto miedo como las mortíferas armas que colgaban de todo su cuerpo. Ciurg era consciente de esta situación, pero también de que esa niña caminando a su lado le restaba bastante terribilidad a los ojos de potenciales enemigos, y era de hecho un punto débil declarado. De vez en cuando en la marcha le echaba un ojo a ver que tan lejos de el estaba, deseando por momentos que algún vehiculo le pasare por encima o algún morador de la arenas la raptara y se hiciera un guisado de carne con ella, después de todo no era para el mas una carga inútil que arrastrar por todas partes. Pero hasta entonces la suerte no estaba de su lado, todo lo contrario.

En tanto Nei no era consiente de las oscuras intenciones de su padre, aunque tenía bastante en claro el hecho de que no era querida por el. Cada recuerdo lejano de su madre que de vez en cuando la asaltaba le producía un inmenso dolor y desataba inevitablemente un caudal de lágrimas, que debía ocultar de su padre a como de lugar. El odiaba esos signos de debilidad, quizás solo porque el no los tenía, quizás solo por odiarlos.

Finalmente después de atravesar medio desierto llegaron a lo que parecía un pequeño y curioso asentamiento familiar. Era la primera vez de Nei en Tatooine y en parte por eso y en parte por su mente aún inocente pensó por un momento si esas extrañas casillas no eran en realidad alguna especie de huevo puesto por un lagarto enorme, sobresaliendo de la arena. Bruscamente, Ciurg detuvo la marcha. Se volvió sobre si mismo y dio un vistazo a su hija atravez del rojizo visor. “¿Se podrá hacer algo útil de esta criatura?”. Miró a la niña detenidamente, como si fuese una total extraña. Pensó también en lo difícil que era pilotear ese pedazo de basura que había conseguido y en lo molesto que resultaba contratar en cada sistema a un copiloto ocasional y asesinarlo ni bien se llegaba a destino. “Quizás…”

- Que haremos padre?

Ciurg sintió una molestia repulsiva ante su nuevo título. “Padre..”

- Iremos por nuestra presa. Y esta vez no esperarás afuera, así que mas te vale que obedezcas o te venderé y con lo que consiga conseguiré los repuestos que necesito para la nave…

Nei hizo silencio y asintió. Comenzaba a acostumbrarse a esa sensación de constante amenaza de quien debería protegerla, aunque eso no implicaba que dejara de doler.

Un par de niños vieron la marcha del cazador y su hija hacía su hogar y echaron a correr al interior. Ciurg se percató de ello y lanzó un gancho de captura al más pequeño, quien resultó atrapado y luego de caer comenzó a ser arrastrado por el terrorífico visitante, profiriendo horrorizados gritos de ayuda.

- Padre! Madre!, Un..

El ligero golpe del puño metálico dejo al pequeño de negros rizos inconsciente. Nei contemplaba la escena con terror. “De verdad es capaz de lastimar niños....”

Ciurg notó que la niña se quedaba detrás.

- Que es lo que te he dicho?!, Ven aquí!.

La niña se dio valor para seguir a su padre escaleras abajo hacía el interior de la casa. “No viviré mucho tiempo”

Ciurg irrumpió en lo que parecía ser el salón principal de una casa de familia. Había comida servida sobre la mesa, siete humildes platos. En las paredes colgaban pequeños cuadros estáticos con recuerdos familiares y algunos adornos propios de los mercaderes de baratijas de Mos Espa.
Con los ojos desorbitados por el miedo, un hombre, una mujer y tres niños contemplaban al pequeño en manos del monstruoso visitante, quien lo cargaba como una pequeña bolsa de desechos.

- Haré una pregunta y por cada intento de engañarme…

Dejo caer al niño violentamente sobre la mesa y colocó la afilada garra que surgía de su antebrazo sobre la cabeza del pequeño.

-… el niño perderá un trozo de su cuerpo.

Las palabras de Ciurg sonaban tan tranquilas como las de un político leyendo un mentiroso discurso en el senado, pero poseían un filo ultrajante que rebanaba en pedazos la mas probada de las temples.

Nadie de la familia pudo proferir las palabras obvias.

- Tienen Jedi en la casa. En…la familia- puso un énfasis siniestro en esa palabra, mientras comenzaba a juguetear con la garra sobre el cuello del inconsciente muchacho- Veo también que hay siete platos de mugrosa comida y yo solo cuento seis personas incluyendo este niño así que…en donde lo esconden?

Tras la pared contigua, agazapado y sable láser en mano estaba Kiuz Henderán, lamentando más que nunca el no tomar en cuenta la norma Jedi acerca del apego. Había puesto mucho empeño en relocalizar a su familia después de que la fuerza le advirtiera mediante fugases visiones acerca de un peligro inminente. “Este era el peligro, era cierto!, y yo mismo lo he traído a ellos…”. Se inclinó hacía la entrada y vio la escena. No podía huir, pero tampoco podría hacer una gran manifestación. Su única posibilidad estaba en sacar al asesino de la casa, haciendo que deje a su pequeño hermano. Debía ser la presa en el juego si es que quería proteger a los suyos.

- Veo que nadie va a hablar. – Dijo Ciurg sin quitar la vista de sus victimas- Quizás no les interese tanto el muchacho… o quizás no me estén tomando en serio…

Activó un pequeño mecanismo en la armadura del antebrazo y poco a poco la hoja de la garra comenzó a ponerse al rojo vivo. Había tomado esa técnica de los piratas del borde exterior, quienes estaban mas familiarizados con lar armas metálicas que con los blasters.

Sin sacar la vista de sus rehenes comenzó a rozar la piel del chico, dejando escapar una fugaz risotada repleta de cinismo. Nei se sentía atrapada en medio de una pesadilla horrenda, sin poder evitar que los escalofríos recorriesen todo su cuerpo hasta hacerle perder estabilidad. “¿Qué estoy haciendo aquí?, Madre… si solo…”

El niño reaccionó con un grito ensordecedor. Ciurg le quemó el rostro dejándole una marca ardiente desde el mentón hasta la frente. La madre cayó al suelo temblando de desesperación mientras su esposo e hijos la contenían cruzando la mirada apuñalante de Ciurg.

- ¡Sal de mi hogar maldita bestia!

La voz era joven pero aguerrida. El localizador de Ciurg Bipeó indicando que el Jedi estaba fuera de la casa sosteniendo un instrumento que irradiaba mas calor que su cuerpo.

“Mi premio”, se dijo apretando los dientes. Arrojó al pequeño hacía su madre como si fuese un animal muerto y miró fijamente a su hija, colocando un arma en sus pequeñas manos.

- Ya te he enseñado a apuntar y disparar – le dijo en un tono lo suficientemente alto como para que todos los escuchasen, incluso el Jedi fuera de la casa- Así que al menor intento de salir en ayuda al exterior, dispara a la cabeza.

Los labios de Nei temblaban y Ciurg supo interpretar eso como una clara muestra de inseguridad. Ese sería el último pedido que le hiciera a su hija. Se aseguraría de venderla como esclava y si nadie la compraba rápidamente la arrojaría por allí. “Inútil, niña… e inútil.”.

Los soles azotaban fieramente sobre la superficie de arena blanquecina. Kiuz mantenía la guardia alta y latía en si mismo cada paso del cazador de recompensas acercándose a el. Solo era un aprendiz. Pero contaba con que el asesino no lo supiera. Eso le permitiría tenerlo a raya lo suficiente como para alejarlo de la casa. Pero veía algo mas en esa blindada figura repleta de maldad. Una determinación impropia para un mercenario. Ellos solo trabajan pensando en una paga, hacen lo que pueden hacer dentro de sus limites y por lo general ganan puntos extra por ser precisos y pasar desapercibidos en el sistema donde debía realizar su “trabajo”, eso les permitiría regresar con cierto margen de tranquilidad en el futuro, ya sea para nuevos negocios o en busca de un refugio temporal. Esto no parecía estar dentro del modus operandi de este sujeto. Era cruel, impulsivo y exagerado. Varios vecinos habían sido alertados por los gritos del pequeño Zatt y habían ido por ayuda. Era obvio que el lo sabía, pero no le importaba en absoluto. Quizás hasta pensara en matarlos a todos y quemar las granjas. Podría pasar tranquilamente por un ataque de los Tusken.

- ¿A donde irias Jedi?

La pregunta no sonó para nada lógica para Kiuz. “¿Pretende asustarme?... el es quien debe temerme… aunque no sienta miedo en el…”

- Yo tengo un almuerzo pendiente con mi familia Cazador de recompensas. Pero por si te interesa, puedo decirte donde iras tu… - Se lanzó hacía su contrincante en un salto, cayendo justo detrás de el- ¡A una arenosa tumba sin nombre!.



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