FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
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25 Abr 2010 20:10 #91 por General Darian
"Estamos hablando del Imperio, todo el que da órdenes es de primera categoría".
Han Solo (La Tregua de Bakura)
Respuesta de General Darian sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Myrkr
El campamento se encontraba a unos doce kilómetros al norte de Hylliard City, en el interior del bosque. Varios módulos prefabricados protegidos por un sólido muro de duracreto dotado de torres de vigilancia. El capitán Darven, del servicio de inteligencia imperial, observaba el emplazamiento a través de sus macrobinoculares, oculto entre las ramas de un árbol. Llegar hasta allí no había sido fácil, desde luego, el bosque estaba plagado de peligrosos depredadores como los vornsk salvajes, y también había plantas venenosas que segregaban una sustancia altamente irritante al contacto con la piel. El propio Darven había tenido la desagradable ocasión de comprobarlo personalmente. Se frotó la mejilla derecha, hinchada y erojecida, mientras se recordaba las circunstancias que le habían traído hasta allí. Había sido la captura de su objetivo, por supuesto, ese tal Joven Jedi a quién le habían encargado vigilar. Tras ser reducido por una banda de matones en aquel almacén, lo habían llevado en speeder hasta aquel campamento. Darven habría necesitado varias vidas para encontrar aquel lugar en medio de un bosque tan enmarañado, de no ser porque había conseguido colocar un dispositivo de seguimiento en el vehículo cuando salía del almacén. La señal le había guiado hasta allí.
Darven bajó los binoculares y emitió un corto suspiro de resignación. La mejor parte venía ahora. Tras la captura de Joven Jedi se había puesto en contacto con sus superiores por un canal seguro. Sus órdenes eran rescatar a Joven Jedi y llevarlo ante el general Darian.
Él solo. Sin apoyo. Contra un número indeterminado de sujetos armados en posesión de una puñetera fortaleza.
"genial, sencillamente genial" pensó. Ese tal Joven Jedi tenía suerte de que el general lo quisiera con vida, por que si no él mismo lo mataría. Guardó los binoculares en su funda y comenzó a bajar del árbol.
Continuará....
El campamento se encontraba a unos doce kilómetros al norte de Hylliard City, en el interior del bosque. Varios módulos prefabricados protegidos por un sólido muro de duracreto dotado de torres de vigilancia. El capitán Darven, del servicio de inteligencia imperial, observaba el emplazamiento a través de sus macrobinoculares, oculto entre las ramas de un árbol. Llegar hasta allí no había sido fácil, desde luego, el bosque estaba plagado de peligrosos depredadores como los vornsk salvajes, y también había plantas venenosas que segregaban una sustancia altamente irritante al contacto con la piel. El propio Darven había tenido la desagradable ocasión de comprobarlo personalmente. Se frotó la mejilla derecha, hinchada y erojecida, mientras se recordaba las circunstancias que le habían traído hasta allí. Había sido la captura de su objetivo, por supuesto, ese tal Joven Jedi a quién le habían encargado vigilar. Tras ser reducido por una banda de matones en aquel almacén, lo habían llevado en speeder hasta aquel campamento. Darven habría necesitado varias vidas para encontrar aquel lugar en medio de un bosque tan enmarañado, de no ser porque había conseguido colocar un dispositivo de seguimiento en el vehículo cuando salía del almacén. La señal le había guiado hasta allí.
Darven bajó los binoculares y emitió un corto suspiro de resignación. La mejor parte venía ahora. Tras la captura de Joven Jedi se había puesto en contacto con sus superiores por un canal seguro. Sus órdenes eran rescatar a Joven Jedi y llevarlo ante el general Darian.
Él solo. Sin apoyo. Contra un número indeterminado de sujetos armados en posesión de una puñetera fortaleza.
"genial, sencillamente genial" pensó. Ese tal Joven Jedi tenía suerte de que el general lo quisiera con vida, por que si no él mismo lo mataría. Guardó los binoculares en su funda y comenzó a bajar del árbol.
Continuará....
"Estamos hablando del Imperio, todo el que da órdenes es de primera categoría".
Han Solo (La Tregua de Bakura)
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25 Abr 2010 21:54 #92 por General Darian
"Estamos hablando del Imperio, todo el que da órdenes es de primera categoría".
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Respuesta de General Darian sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Myrkr
—Por última vez...¿Quién te envía? —la voz sonaba iracunda e impaciente, sin embargo no hubo respuesta a la pregunta.
El dolor se abrió paso hasta la mente de Joven Jedi, sumida en las tinieblas, lentamente abrió los ojos y apareció ante él la borrosa y furibunda imagen de Meddal Nib. Sostenía en las manos el aturdidor eléctrico modificado con el que le había estado torturando durante horas, horas que parecían años...una eternidad.
Joven Jedi estaba encadenado a la pared con grilletes que inmovilizaban sus brazos y sus piernas. Su torso estaba desnudo y presentaba leves quemaduras allí donde Nib se había deleitado más con su juguete.
Joven Jedi alzó la mirada hacia su torturador y le escupió con fuerza a la cara.
Nib se quedó inmóvil unos segundos, luego se limpió y le golpeó en la mandíbula con la empuñadura del aturdidor. Joven Jedi se preguntó si le habría roto algún diente mientras lo siguiente que escupía era su propia sangre sobre el suelo.
La puerta de la celda se abrió y entró un hombrecillo menudo de aspecto nervioso. Nib lo fulminó con la mirada.
—Disculpe jefe —dijo dando un paso atrás—. Tenemos problemas.
Nib se volvió hacia Joven Jedi visiblemente contrariado.
—Terminaremos esto luego —dijo con fastidio, luego acarició el rostro de Joven Jedi y sonrió de forma perversa antes de salir de la celda.
El primer centinela había sido fácil de eliminar, el muy inútil se había quedado dormido durante su guardia. Darven lo había degollado sin contemplaciones con su vibromachete y se había apoderado de sus armas y de su comunicador. Sonrió al pensar que tenía muchas más probabilidades de éxito de las que creía por más que se hacía patente que se enfrentaba a simples aficionados. Rodeó uno de los edificios al amparo de la oscuridad nocturna y vió pasar a una despreocupada pareja de centinelas riendo estentóreamente mientras hacían la patrulla.
“Sí señor, alegría y cachondeo, menudos profesionales” pensó Darven asomando tras la esquina y dirigiendo la mirada hasta un hangar de vehículos sin vigilancia. Sonrió.
“Creo que estos chicos necesitan una buena fiesta, y voy a asegurarme de que la tengan”.
Darven cruzó la explanada furtivamente y llegó hasta el hangar. Inspeccionó rápidamente uno de los aerospeeders que había estacionado y activó su computadora.
“Perfecto, tiene piloto automático, ahora nos vamos a divertir”. Los dedos de Darven volaron por el teclado de control configurando los sistemas, luego se dirigió hacia el depósito de combustible y lanzó una de las granadas de fragmentación que le había quitado al centinela.
—Más te vale que sea importante Reggy —Nib caminaba a grandes pasos dejando atrás a su pequeño subordinado.
—Lo es, jefe, una de las patrullas interiores a encontrado muerto al centinela de la torre uno.
Nib se detuvo en seco y se volvió hacia Reggy. La torre uno era la que vigilaba la puerta principal.
—¿Qué?
La cara de incredulidad de Nib cambió a una de temor cuando una estruendosa explosión resonó por todo el edificio.
—¿Qué demonios está pasando? —rugió Nib.
Cuando salió al exterior del edificio vió el hangar en llamas y un speeder que salía volando hacia el oeste en dirección al bosque. Varios speeders salieron en su persecución. Nib detuvo a dos centinelas que regresaban corriendo de allí.
—¿Qué ha ocurrido? —inquirió. Los dos centinelas se miraron entre ellos y luego a su jefe.
—No estamos seguros, señor. Uno de los centinelas ha muerto en su puesto de guardia, luego se ha desencadenado una violenta explosión en los depósitos de combustible y uno de los speeders ha abandonado el campamento sin responder a nuestras llamadas. Varios equipos lo están persiguiendo.
—¡Idiotas! —gritó Nib, sorprendiendo a sus soldados—. ¿Quien iba a cargarse nuestro sistema de seguridad y robar uno de nuestros vehículos? ¿Acaso os habéis fijado en la dirección en la que huía el speeder?
Los soldados dudaron un momento.
—Sí, señor, hacia el oeste.
—¡Exacto, cretinos! —gritó Nib fuera de sí—. ¡Y hacia el oeste no hay nada más que bosque inhóspito durante cientos de miles de kilómetros, mucho más que la autonomía de ese speeder! ¡Es una distracción!
—Bien pensado, aunque demasiado tarde.
Nadie tuvo tiempo de reaccionar ante aquella voz desconocida, una certera ráfaga de rayos bláster sacudió sus cuerpos con violencia dejando quemaduras humeantes en su ropa y piel mientras se desplomaban en el suelo como muñecas de trapo.
Darven salió de entre las sombras nocturnas con el rifle bláster en ristre, registró los cadáveres y entró en el edificio.
No le fue difícil encontrar las celdas de detención, abrió la puerta con la llave de seguridad “requisada” de los despojos que había dejado fuera y encontró el lamentable espectáculo que esperaba.
Joven Jedi levantó la cabeza con gesto dolorido, esperaba ver a Nib o a sus secuaces, pero encontró a un desconocido.
—¿Y tú quién eres? —preguntó
—Aquel que va a salvar tu patético culo, así que cierra el pico.
Con la mitad de los hombres de Nib persiguiendo su señuelo, y la otra mitad muerta, les fue fácil salir del campamento sin oposición. Darven había “tomado prestada” una moto-jet del hangar de vehículos, un transporte mucho más discreto que un speeder. Atravesaron el bosque en cuestión de minutos en dirección a Hylliard City
—Estos sicarios del crimen organizado ya no son como los de antes —comentó Darven alegremente—. No comprendo cómo pudiste dejarte atrapar por semejante banda de aficionados.
—Me pillaron por sorpresa —protestó Joven Jedi—. ¿Quién demonios eres tú y que estabas haciendo aquí?
—Me enviaron a vigilarte —respondió Darven secamente—. Mis nuevas órdenes son llevarte ante el general Darian.
Joven Jedi abrió mucho los ojos al oir ese nombre y sintió cómo crecía el odio en su interior, se preguntó que podría haber ocurrido para que el general reclamara su presencia de forma tan repentina. No podía ser por su fracaso con Nib, dudaba de que al general le importase lo más mínimo que el muriese. Su corazón le dio un vuelco en el pecho al pensar que podría tratarse de Gavin, el hijo del verdadero Joven Jedi. Si ese bastardo se había atrevido a hacerle algo lo pagaría. Cerró los ojos y trató de calmarse, dudaba que pudiese obtener información de este hombre, a todas luces era un profesional. Y peligroso. Decidió que sólo descubriría lo que ocurría cuando estuviese cara a cara con Darian.
Continuará...
—Por última vez...¿Quién te envía? —la voz sonaba iracunda e impaciente, sin embargo no hubo respuesta a la pregunta.
El dolor se abrió paso hasta la mente de Joven Jedi, sumida en las tinieblas, lentamente abrió los ojos y apareció ante él la borrosa y furibunda imagen de Meddal Nib. Sostenía en las manos el aturdidor eléctrico modificado con el que le había estado torturando durante horas, horas que parecían años...una eternidad.
Joven Jedi estaba encadenado a la pared con grilletes que inmovilizaban sus brazos y sus piernas. Su torso estaba desnudo y presentaba leves quemaduras allí donde Nib se había deleitado más con su juguete.
Joven Jedi alzó la mirada hacia su torturador y le escupió con fuerza a la cara.
Nib se quedó inmóvil unos segundos, luego se limpió y le golpeó en la mandíbula con la empuñadura del aturdidor. Joven Jedi se preguntó si le habría roto algún diente mientras lo siguiente que escupía era su propia sangre sobre el suelo.
La puerta de la celda se abrió y entró un hombrecillo menudo de aspecto nervioso. Nib lo fulminó con la mirada.
—Disculpe jefe —dijo dando un paso atrás—. Tenemos problemas.
Nib se volvió hacia Joven Jedi visiblemente contrariado.
—Terminaremos esto luego —dijo con fastidio, luego acarició el rostro de Joven Jedi y sonrió de forma perversa antes de salir de la celda.
El primer centinela había sido fácil de eliminar, el muy inútil se había quedado dormido durante su guardia. Darven lo había degollado sin contemplaciones con su vibromachete y se había apoderado de sus armas y de su comunicador. Sonrió al pensar que tenía muchas más probabilidades de éxito de las que creía por más que se hacía patente que se enfrentaba a simples aficionados. Rodeó uno de los edificios al amparo de la oscuridad nocturna y vió pasar a una despreocupada pareja de centinelas riendo estentóreamente mientras hacían la patrulla.
“Sí señor, alegría y cachondeo, menudos profesionales” pensó Darven asomando tras la esquina y dirigiendo la mirada hasta un hangar de vehículos sin vigilancia. Sonrió.
“Creo que estos chicos necesitan una buena fiesta, y voy a asegurarme de que la tengan”.
Darven cruzó la explanada furtivamente y llegó hasta el hangar. Inspeccionó rápidamente uno de los aerospeeders que había estacionado y activó su computadora.
“Perfecto, tiene piloto automático, ahora nos vamos a divertir”. Los dedos de Darven volaron por el teclado de control configurando los sistemas, luego se dirigió hacia el depósito de combustible y lanzó una de las granadas de fragmentación que le había quitado al centinela.
—Más te vale que sea importante Reggy —Nib caminaba a grandes pasos dejando atrás a su pequeño subordinado.
—Lo es, jefe, una de las patrullas interiores a encontrado muerto al centinela de la torre uno.
Nib se detuvo en seco y se volvió hacia Reggy. La torre uno era la que vigilaba la puerta principal.
—¿Qué?
La cara de incredulidad de Nib cambió a una de temor cuando una estruendosa explosión resonó por todo el edificio.
—¿Qué demonios está pasando? —rugió Nib.
Cuando salió al exterior del edificio vió el hangar en llamas y un speeder que salía volando hacia el oeste en dirección al bosque. Varios speeders salieron en su persecución. Nib detuvo a dos centinelas que regresaban corriendo de allí.
—¿Qué ha ocurrido? —inquirió. Los dos centinelas se miraron entre ellos y luego a su jefe.
—No estamos seguros, señor. Uno de los centinelas ha muerto en su puesto de guardia, luego se ha desencadenado una violenta explosión en los depósitos de combustible y uno de los speeders ha abandonado el campamento sin responder a nuestras llamadas. Varios equipos lo están persiguiendo.
—¡Idiotas! —gritó Nib, sorprendiendo a sus soldados—. ¿Quien iba a cargarse nuestro sistema de seguridad y robar uno de nuestros vehículos? ¿Acaso os habéis fijado en la dirección en la que huía el speeder?
Los soldados dudaron un momento.
—Sí, señor, hacia el oeste.
—¡Exacto, cretinos! —gritó Nib fuera de sí—. ¡Y hacia el oeste no hay nada más que bosque inhóspito durante cientos de miles de kilómetros, mucho más que la autonomía de ese speeder! ¡Es una distracción!
—Bien pensado, aunque demasiado tarde.
Nadie tuvo tiempo de reaccionar ante aquella voz desconocida, una certera ráfaga de rayos bláster sacudió sus cuerpos con violencia dejando quemaduras humeantes en su ropa y piel mientras se desplomaban en el suelo como muñecas de trapo.
Darven salió de entre las sombras nocturnas con el rifle bláster en ristre, registró los cadáveres y entró en el edificio.
No le fue difícil encontrar las celdas de detención, abrió la puerta con la llave de seguridad “requisada” de los despojos que había dejado fuera y encontró el lamentable espectáculo que esperaba.
Joven Jedi levantó la cabeza con gesto dolorido, esperaba ver a Nib o a sus secuaces, pero encontró a un desconocido.
—¿Y tú quién eres? —preguntó
—Aquel que va a salvar tu patético culo, así que cierra el pico.
Con la mitad de los hombres de Nib persiguiendo su señuelo, y la otra mitad muerta, les fue fácil salir del campamento sin oposición. Darven había “tomado prestada” una moto-jet del hangar de vehículos, un transporte mucho más discreto que un speeder. Atravesaron el bosque en cuestión de minutos en dirección a Hylliard City
—Estos sicarios del crimen organizado ya no son como los de antes —comentó Darven alegremente—. No comprendo cómo pudiste dejarte atrapar por semejante banda de aficionados.
—Me pillaron por sorpresa —protestó Joven Jedi—. ¿Quién demonios eres tú y que estabas haciendo aquí?
—Me enviaron a vigilarte —respondió Darven secamente—. Mis nuevas órdenes son llevarte ante el general Darian.
Joven Jedi abrió mucho los ojos al oir ese nombre y sintió cómo crecía el odio en su interior, se preguntó que podría haber ocurrido para que el general reclamara su presencia de forma tan repentina. No podía ser por su fracaso con Nib, dudaba de que al general le importase lo más mínimo que el muriese. Su corazón le dio un vuelco en el pecho al pensar que podría tratarse de Gavin, el hijo del verdadero Joven Jedi. Si ese bastardo se había atrevido a hacerle algo lo pagaría. Cerró los ojos y trató de calmarse, dudaba que pudiese obtener información de este hombre, a todas luces era un profesional. Y peligroso. Decidió que sólo descubriría lo que ocurría cuando estuviese cara a cara con Darian.
Continuará...
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01 May 2010 15:24 #93 por General Darian
"Estamos hablando del Imperio, todo el que da órdenes es de primera categoría".
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Respuesta de General Darian sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Destructor estelar Singularidad, en órbita sobre Tatooine
El puente de mando bullía de actividad, los oficiales paseaban por las estaciones de control donde los operadores les transmitían sus informes. Tan sólo una figura permanecía inmóvil e impasible frente a los ventanales de observación, un hombre ataviado con el negro uniforme de oficial de las tropas de asalto. Su rostro, de facciones duras, le devovía su torvo gesto reflejado en el ventanal de transpariacero, iluminado por el resplandor de su ojo cibernético.
El general Darian contemplaba la hilera de naves que transportaban sus tropas de regreso a la inmensa nave de guerra. La sangre le hervía de rabia al recordar la humillación sufrida por sus soldados a manos del cazarrecompensas, y las bajas que le infligió aquel ser despreciable. Se permitió relajarse y esbozar una sonrisa cruel al recordar que la venganza aun podría ser suya algún día, el proyecto Damocles se encargaría de ello...
El capitán Drayson dejó su sillón de mando y se aproximó hacia el general. Darian se volvió hacia el comandante de su nave insignia.
—¿Cuál es el progreso de la operación de reembarque, capitán?
—Se ha completado en un 75%, señor —Drayson consultó su módulo de datos—. Las tropas estarán reembarcadas antes de quince minutos estándar.
Darian cabezeó pensativo.
—¿Cuál es el estado de los Ciurg? —Darian mostró una leve y casi imperceptible señal de tensión en su voz cuando pronunció el nombre. Si Drayson fue capaz de percibirla, no dió muestras de ello.
—Se recuperan favorablemente en la bahía médica —respondió el Drayson—. El mayor Sorannan cree que podrían estar en condiciones de viajar en un par de días.
—Cuanto antes mejor, no soporto la idea de tener esa escoria abordo —sentenció el general.
Darian tampoco encontraba agradable la idea de tener a Rooneri merodeando por su nave hasta que se llevara a sus preciados prisioneros. Apartó ese pensamiento con fastidio, otros asuntos más importantes requerían su atención.
—¿Que hay de nuestra prisionera Jedi? —preguntó.
—Se encuentra en el bloque de detención bajo fuertes medidas de seguridad, mi general.
Darian había ordenado desplegar Ysalamiri por todo el bloque de detención. Se había asegurado de que su "invitada" no le causaría problemas.
—Quiero verla lo antes posible, escóltenla a mis aposentos personales.
—Sí, señor.
Darian apartó la vista del capitán Drayson y observó al joven oficial de comunicaciones que se les aproximaba.
—Mi general, un mensaje de Delta Verde —el oficial se cuadró y saludó de forma impecable mientras le ofrecía a su superior una módulo de datos.
Darian devolvió el saludo y tomó el módulo.
—Puede retirarse, teniente.
El oficial volvió a saludar y regresó a la estación de comunicaciones. Darian leyó el mensaje con evidente interés.
—El capitán Draven ha salido de Myrkr con nuestro "colaborador" —hizo una pausa y miró a Drayson a los ojos—. Quiero hablar con él en cuanto llegue, asegurese de tener a punto los preparativos dispuestos para ello.
Drayson asintió y sonrió.
—Si, mi general, todo se hará según lo planeado.
Continuará....
El puente de mando bullía de actividad, los oficiales paseaban por las estaciones de control donde los operadores les transmitían sus informes. Tan sólo una figura permanecía inmóvil e impasible frente a los ventanales de observación, un hombre ataviado con el negro uniforme de oficial de las tropas de asalto. Su rostro, de facciones duras, le devovía su torvo gesto reflejado en el ventanal de transpariacero, iluminado por el resplandor de su ojo cibernético.
El general Darian contemplaba la hilera de naves que transportaban sus tropas de regreso a la inmensa nave de guerra. La sangre le hervía de rabia al recordar la humillación sufrida por sus soldados a manos del cazarrecompensas, y las bajas que le infligió aquel ser despreciable. Se permitió relajarse y esbozar una sonrisa cruel al recordar que la venganza aun podría ser suya algún día, el proyecto Damocles se encargaría de ello...
El capitán Drayson dejó su sillón de mando y se aproximó hacia el general. Darian se volvió hacia el comandante de su nave insignia.
—¿Cuál es el progreso de la operación de reembarque, capitán?
—Se ha completado en un 75%, señor —Drayson consultó su módulo de datos—. Las tropas estarán reembarcadas antes de quince minutos estándar.
Darian cabezeó pensativo.
—¿Cuál es el estado de los Ciurg? —Darian mostró una leve y casi imperceptible señal de tensión en su voz cuando pronunció el nombre. Si Drayson fue capaz de percibirla, no dió muestras de ello.
—Se recuperan favorablemente en la bahía médica —respondió el Drayson—. El mayor Sorannan cree que podrían estar en condiciones de viajar en un par de días.
—Cuanto antes mejor, no soporto la idea de tener esa escoria abordo —sentenció el general.
Darian tampoco encontraba agradable la idea de tener a Rooneri merodeando por su nave hasta que se llevara a sus preciados prisioneros. Apartó ese pensamiento con fastidio, otros asuntos más importantes requerían su atención.
—¿Que hay de nuestra prisionera Jedi? —preguntó.
—Se encuentra en el bloque de detención bajo fuertes medidas de seguridad, mi general.
Darian había ordenado desplegar Ysalamiri por todo el bloque de detención. Se había asegurado de que su "invitada" no le causaría problemas.
—Quiero verla lo antes posible, escóltenla a mis aposentos personales.
—Sí, señor.
Darian apartó la vista del capitán Drayson y observó al joven oficial de comunicaciones que se les aproximaba.
—Mi general, un mensaje de Delta Verde —el oficial se cuadró y saludó de forma impecable mientras le ofrecía a su superior una módulo de datos.
Darian devolvió el saludo y tomó el módulo.
—Puede retirarse, teniente.
El oficial volvió a saludar y regresó a la estación de comunicaciones. Darian leyó el mensaje con evidente interés.
—El capitán Draven ha salido de Myrkr con nuestro "colaborador" —hizo una pausa y miró a Drayson a los ojos—. Quiero hablar con él en cuanto llegue, asegurese de tener a punto los preparativos dispuestos para ello.
Drayson asintió y sonrió.
—Si, mi general, todo se hará según lo planeado.
Continuará....
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03 May 2010 06:33 #94 por skyana
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Respuesta de skyana sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
El habitáculo era pequeño y estaba poco iluminado. Sus pupilas dilatadas recorrieron cada centimetro de la reducida celda "oprimente de verdad", pensó al tomar conciencia de la situación, "y peor que en una jaula" se dijo a si misma. Aún sin recordar como había llegado hasta allí, imaginaba que iba a bordo de una nave de grandes dimensiones pero ignoraba sus caracteristicas y más preocupante aún, su destino. Instintivamente con su mano derecha tocó su cinturón, "solo en un trastornado sueño hallaría mi sable en esta situación tan particular" manifestó irónica y rió con ingenuidad pero inmediatamente su sonrisa se desdibujo al palpar con sus dedos algo húmedo y frio, había sangre entre su ropa y a la altura de su abdomen, sabía que ella no estaba herida. Nei, recordó, “ha sido gravemente herida” y sintió una conmoción profunda por lo que había percibido en el momento de gran tensión vivido junto a ella. El poder de la joven iba más allá de su propia voluntad por eso había sobrevivido desde pequeña a tantas situaciones extremas, sus habilidades, sus movimientos parecían controlados por la fuerza en las peores circunstancias, en la peor situación. Trató de sentirla, pero un gran bloqueo le hizo saber que tras esos muros de duracero habría cantidades de Ysalamiris. “Ninguna opción y a la deriva”, dijo y se angustió
Recordando e imitando las enseñanzas de su antiguo maestro, se sentó en el centro de la celda, cerró los ojos para meditar. Todo fluia en su mente aún aturdida por las explosiones y saturada por brillantes fogonazos producidos por los violentos sucesos de aquel día , la imagen del rostro palido y frio de Nei agonizando cobró vida nuevamente en sus pensamientos. Si su maestro hubiera tenido la oportunidad de ver ese potencial en la joven, seguramente la hubiese tomado como aprendiz .
Sumida en la meditación profunda se sintió reconfortada. Un recuerdo se deslizaba sobre la suave claridad de su mente, reviviendo momentos en donde su mentor y ella, camuflados como artistas en talleres renombrados de Coruscant, seleccionaban futuros aprendices, jóvenes con grandes potencialidades en la fuerza. Una clase de arte era como entrar en un estado de meditación profunda , en el momento de crear la conexión era total con la fuerza. Cada discipulo modelaba sus esculturas para su posterior vaciado en bronce pero además desarrollaban una extraña capacidad, sucesos que ocurrían a años luz eran captados y modelados. Batallas enteras eran plasmadas en bajo relieves aún antes de ser conocidas o transmitidas por la holored incluso algunas de ellas antes de que sucedieran, en ese sentido usaban el arte como un canal directo hacia el futuro.
Además existia un adiestramiento especial, los jóvenes aprendices eran secretamente entrenados en artes marciales siguiendo una linea tradicional tan ancestral que ni siquiera figuraba en registros holograficos, permaneciendo en la oscuridad sus origenes. Se trataba de una esgrima previa al advenimiento del sable laser, con armas elaboradas con una exquisita y flexible aleación de duracero, manteniendose la tradición vigente a través de la transmición oral y de la práctica.
Repentinamente la meditación fue bruscamente interrumpida cuando la celda se abrió automáticamente y dos soldados entraban apuntando con sus bláster
Ann se incorporó rápidamente
_Que hicieron con la joven! Donde y en que condiciones se halla la caza-recompensas?? Indago severamente la Jedi
_Acompañenos, el General Darian quiere verla...
Recordando e imitando las enseñanzas de su antiguo maestro, se sentó en el centro de la celda, cerró los ojos para meditar. Todo fluia en su mente aún aturdida por las explosiones y saturada por brillantes fogonazos producidos por los violentos sucesos de aquel día , la imagen del rostro palido y frio de Nei agonizando cobró vida nuevamente en sus pensamientos. Si su maestro hubiera tenido la oportunidad de ver ese potencial en la joven, seguramente la hubiese tomado como aprendiz .
Sumida en la meditación profunda se sintió reconfortada. Un recuerdo se deslizaba sobre la suave claridad de su mente, reviviendo momentos en donde su mentor y ella, camuflados como artistas en talleres renombrados de Coruscant, seleccionaban futuros aprendices, jóvenes con grandes potencialidades en la fuerza. Una clase de arte era como entrar en un estado de meditación profunda , en el momento de crear la conexión era total con la fuerza. Cada discipulo modelaba sus esculturas para su posterior vaciado en bronce pero además desarrollaban una extraña capacidad, sucesos que ocurrían a años luz eran captados y modelados. Batallas enteras eran plasmadas en bajo relieves aún antes de ser conocidas o transmitidas por la holored incluso algunas de ellas antes de que sucedieran, en ese sentido usaban el arte como un canal directo hacia el futuro.
Además existia un adiestramiento especial, los jóvenes aprendices eran secretamente entrenados en artes marciales siguiendo una linea tradicional tan ancestral que ni siquiera figuraba en registros holograficos, permaneciendo en la oscuridad sus origenes. Se trataba de una esgrima previa al advenimiento del sable laser, con armas elaboradas con una exquisita y flexible aleación de duracero, manteniendose la tradición vigente a través de la transmición oral y de la práctica.
Repentinamente la meditación fue bruscamente interrumpida cuando la celda se abrió automáticamente y dos soldados entraban apuntando con sus bláster
Ann se incorporó rápidamente
_Que hicieron con la joven! Donde y en que condiciones se halla la caza-recompensas?? Indago severamente la Jedi
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.
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03 May 2010 10:41 #95 por General Darian
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Respuesta de General Darian sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Destructor estelar Singularidad
—Excelente trabajo, general, sabía que era el hombre adecuado para la misión.
La representación holográfica del gran almirante Oviedo presentaba una imagen a tamaño natural de su cabeza que surgía del escritorio de Darian. La señal de la transmisión parpadeaba de vez en cuando debido a la distancia que le separaba de Coruscant.
—Los Jedi son adversarios muy escurridizos, almirante, y peligrosos —comentó Darian, y al hacerlo señaló su ojo cibernético—. Pero pronto tendré los recursos suficientes como para neutralizar la amenaza que representan.
—No me cabe duda, general, por ello se le ha otorgado un nuevo puesto de mando.
Darian consiguió ocultar la sorpresa que le produjeron esas palabras. Enarcó una ceja en señal de interrogación.
—¿Nuevo puesto de mando? —preguntó.
—Así, es —el gran almirante asintió y sonrió—. El alto mando lo ha aprobado esta mañana, a partir de hoy deja usted el mando de la 501ª legión de las tropas de asalto para asumir el puesto de director de operaciones del Servicio de Inteligencia Imperial, lo que le supone el ascenso al rango de teniente general. Enhorabuena.
En esta ocasión, Darian no consiguió ocultar su reacción tan eficazmente y se quedó mirando a su superior con la boca abierta.
—¿Y bien? —preguntó Oviedo— ¿No tiene nada que decir?
—Es...es un gran honor, almirante —hizo una pausa, algo le preocupaba— ¿Que va a ser de la 501ª legión, señor?
—No se preocupe, seguirán asignados a usted para apoyarle en su misión. El alto mando aún no ha designado a su nuevo oficial al mando ¿Tiene alguna sugerencia que ofrecer?
Darian no lo dudó.
—Me gustaría proponer a mi jefe de estado mayor, el coronel Sulamar.
—Me parece una buena decisión —comentó Oviedo—. Le transmitiré la decisión del Alto Mando junto con su nueva carpeta de órdenes y sus nuevos códigos de mando. Buena caza, general.
La imagen del gran almirante Oviedo se desvaneció, dejando al recién ascendido teniente general Darian a solas con sus pensamientos.
"Director de operaciones de inteligencia..." La verdad es que el puesto le brindaba acceso a valiosos recursos de información y a las unidades especiales del servicio. Su nivel de acceso de seguridad habría aumentado considerablemente.
Darian se levantó y caminó hacia el ventanal de observación de su oficina de mando, anexa al puente. Era una estancia más pequeña y funcional que el despacho que tenía en sus aposentos personales, y su proximidad al puente y a la sala de juntas de los oficiales superiores lo hacían más idóneo para atender los asuntos del servicio con sus subordinados.
Darian paseó la vista por la oficina, desde el Ysalamir que reposaba en su armazón de soporte vital en una esquina hasta el sable láser depositado encima de su mesa. Y recordó que tenía una cita pendiente con una Jedi....
Ann avanzaba por los pasillos del destructor estelar, pues estaba convenciada de que se encontraba abordo de uno, escoltada por dos soldados de asalto y un oficial, que se hizo cargo de ella en el control del bloque de detención. Habían ascendido un número significativo de cubiertas en el turboascensor y ahora avanzaban por un largo corredor transitado por oficiales y técnicos de la flota. De vez en cuando observó a soldados de asalto con extrañas armaduras de color negro en puestos de vigilancia. Aquel detalle le llamó la atención. Se detuvieron ante una puerta blindada situada entre dos estaciones de comunicaciones, a la derecha del pasillo. A la izquierda había un gran holoproyector y un turboascensor, y al fondo se veía la gran sala semicircular llena de ventanales de observación del puente de mando. El oficial se volvió hacia Ann.
—El general la espera —dijo. Y alargó la mano hacia un panel de control. La puerta se abrió y el oficial la invitó a entrar con un gesto elegante.
Ann dió un paso al frente con decisión. La puerta se cerró tras ella dejándola a solas con un hombre de elevada estatura y aspecto regio y distinguido, cuyo negro uniforme imponía respeto y autoridad al tiempo que le confería un aire algo siniestro, una sensación reforzada por el ominoso resplandor de su ojo derecho cibernético. Ann evaluó rápidamente la situación y reparó en el Ysalamiri que había cerca del general y en el sable láser colocado sobre la mesa. El sable de su maestro. Su sable láser.
El general la invitó a tomar asiento. Parecía un depredador silencioso, frío y calculador a punto de abalanzarse sobre su presa. Sin embargo, Ann no podía dejar de pensar en el hecho de que había algo familiar en el rostro severo de aquel hombre.
—Ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, dama Ann —dijo esbozando una sonrisa cálida y seductora—. En Coruscant, durante una exposición de sus obras.
Continuará....
—Excelente trabajo, general, sabía que era el hombre adecuado para la misión.
La representación holográfica del gran almirante Oviedo presentaba una imagen a tamaño natural de su cabeza que surgía del escritorio de Darian. La señal de la transmisión parpadeaba de vez en cuando debido a la distancia que le separaba de Coruscant.
—Los Jedi son adversarios muy escurridizos, almirante, y peligrosos —comentó Darian, y al hacerlo señaló su ojo cibernético—. Pero pronto tendré los recursos suficientes como para neutralizar la amenaza que representan.
—No me cabe duda, general, por ello se le ha otorgado un nuevo puesto de mando.
Darian consiguió ocultar la sorpresa que le produjeron esas palabras. Enarcó una ceja en señal de interrogación.
—¿Nuevo puesto de mando? —preguntó.
—Así, es —el gran almirante asintió y sonrió—. El alto mando lo ha aprobado esta mañana, a partir de hoy deja usted el mando de la 501ª legión de las tropas de asalto para asumir el puesto de director de operaciones del Servicio de Inteligencia Imperial, lo que le supone el ascenso al rango de teniente general. Enhorabuena.
En esta ocasión, Darian no consiguió ocultar su reacción tan eficazmente y se quedó mirando a su superior con la boca abierta.
—¿Y bien? —preguntó Oviedo— ¿No tiene nada que decir?
—Es...es un gran honor, almirante —hizo una pausa, algo le preocupaba— ¿Que va a ser de la 501ª legión, señor?
—No se preocupe, seguirán asignados a usted para apoyarle en su misión. El alto mando aún no ha designado a su nuevo oficial al mando ¿Tiene alguna sugerencia que ofrecer?
Darian no lo dudó.
—Me gustaría proponer a mi jefe de estado mayor, el coronel Sulamar.
—Me parece una buena decisión —comentó Oviedo—. Le transmitiré la decisión del Alto Mando junto con su nueva carpeta de órdenes y sus nuevos códigos de mando. Buena caza, general.
La imagen del gran almirante Oviedo se desvaneció, dejando al recién ascendido teniente general Darian a solas con sus pensamientos.
"Director de operaciones de inteligencia..." La verdad es que el puesto le brindaba acceso a valiosos recursos de información y a las unidades especiales del servicio. Su nivel de acceso de seguridad habría aumentado considerablemente.
Darian se levantó y caminó hacia el ventanal de observación de su oficina de mando, anexa al puente. Era una estancia más pequeña y funcional que el despacho que tenía en sus aposentos personales, y su proximidad al puente y a la sala de juntas de los oficiales superiores lo hacían más idóneo para atender los asuntos del servicio con sus subordinados.
Darian paseó la vista por la oficina, desde el Ysalamir que reposaba en su armazón de soporte vital en una esquina hasta el sable láser depositado encima de su mesa. Y recordó que tenía una cita pendiente con una Jedi....
Ann avanzaba por los pasillos del destructor estelar, pues estaba convenciada de que se encontraba abordo de uno, escoltada por dos soldados de asalto y un oficial, que se hizo cargo de ella en el control del bloque de detención. Habían ascendido un número significativo de cubiertas en el turboascensor y ahora avanzaban por un largo corredor transitado por oficiales y técnicos de la flota. De vez en cuando observó a soldados de asalto con extrañas armaduras de color negro en puestos de vigilancia. Aquel detalle le llamó la atención. Se detuvieron ante una puerta blindada situada entre dos estaciones de comunicaciones, a la derecha del pasillo. A la izquierda había un gran holoproyector y un turboascensor, y al fondo se veía la gran sala semicircular llena de ventanales de observación del puente de mando. El oficial se volvió hacia Ann.
—El general la espera —dijo. Y alargó la mano hacia un panel de control. La puerta se abrió y el oficial la invitó a entrar con un gesto elegante.
Ann dió un paso al frente con decisión. La puerta se cerró tras ella dejándola a solas con un hombre de elevada estatura y aspecto regio y distinguido, cuyo negro uniforme imponía respeto y autoridad al tiempo que le confería un aire algo siniestro, una sensación reforzada por el ominoso resplandor de su ojo derecho cibernético. Ann evaluó rápidamente la situación y reparó en el Ysalamiri que había cerca del general y en el sable láser colocado sobre la mesa. El sable de su maestro. Su sable láser.
El general la invitó a tomar asiento. Parecía un depredador silencioso, frío y calculador a punto de abalanzarse sobre su presa. Sin embargo, Ann no podía dejar de pensar en el hecho de que había algo familiar en el rostro severo de aquel hombre.
—Ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, dama Ann —dijo esbozando una sonrisa cálida y seductora—. En Coruscant, durante una exposición de sus obras.
Continuará....
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04 May 2010 05:47 #96 por skyana
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Respuesta de skyana sobre el tema FAN-FORUM WARS. Partida XI: El Legado
Recuerdo bien ese día General Darian, por cierto muy preocupante para mi. Usted y sus hombres buscando jedis hasta dentro de mis esculturas -expresó irónica
_En eso se equivoca y no precisamente en mis planes sobre la persecución de los insurrectos jedis, sino en la apreciación personal que tengo sobre el arte.
El general Darian hizo una pausa, tomó aire y en un juego constante de seducción continuó:
_Soy amante de la belleza, digamos que el arte estimula mis sentidos_.
Un alo de afabilidad quiso ocultar la frialdad de su rostro rígido pero no pudo.
Los sentimientos de Ann se hallaban una vez más conmovidos por lo inesperado.
_ Lo que menos hubiese imaginado es que nuestros destinos se cruzaran nuevamente, al menos en aquel entonces yo era libre.
_Debería estar agradecida, en otros casos no soy tan condescendiente.
_Condescendiente… en que??
_En que puedes contar que no eres libre, otros jedis ni siquiera tuvieron esa suerte.
No era conveniente para la jedi seguir indagando sobre el tema, lo último le había sonado como una literal amenaza. Cambió la conversación abruptamente
_No lo entiendo, me llamó para hablar de arte general?? qué es lo que quiere y
qué hizo con la chica herida? Esos apestosos animales no me dejan percibir su vitalidad _dijo observando al ysalamir y al sable laser sobre la mesa con impotencia.
_Calmese! demasiadas preguntas hace. Vayamos por partes…
_En eso se equivoca y no precisamente en mis planes sobre la persecución de los insurrectos jedis, sino en la apreciación personal que tengo sobre el arte.
El general Darian hizo una pausa, tomó aire y en un juego constante de seducción continuó:
_Soy amante de la belleza, digamos que el arte estimula mis sentidos_.
Un alo de afabilidad quiso ocultar la frialdad de su rostro rígido pero no pudo.
Los sentimientos de Ann se hallaban una vez más conmovidos por lo inesperado.
_ Lo que menos hubiese imaginado es que nuestros destinos se cruzaran nuevamente, al menos en aquel entonces yo era libre.
_Debería estar agradecida, en otros casos no soy tan condescendiente.
_Condescendiente… en que??
_En que puedes contar que no eres libre, otros jedis ni siquiera tuvieron esa suerte.
No era conveniente para la jedi seguir indagando sobre el tema, lo último le había sonado como una literal amenaza. Cambió la conversación abruptamente
_No lo entiendo, me llamó para hablar de arte general?? qué es lo que quiere y
qué hizo con la chica herida? Esos apestosos animales no me dejan percibir su vitalidad _dijo observando al ysalamir y al sable laser sobre la mesa con impotencia.
_Calmese! demasiadas preguntas hace. Vayamos por partes…
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