starwars: fansfiction
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30 Sep 2005 21:45 #199 por Chawolki Skywalker
Respuesta de Chawolki Skywalker sobre el tema starwars: fansfiction
<blockquote>cita textual:<hr>Publicado originalmente por DarkFear:
por coierto chawolki podrias continuar tu historia no puedo esperar [/QUOTE]Te refieres a la de Ben Skywalker o al final alternativo de ROTS??</hr></blockquote>
por coierto chawolki podrias continuar tu historia no puedo esperar [/QUOTE]Te refieres a la de Ben Skywalker o al final alternativo de ROTS??</hr></blockquote>
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01 Oct 2005 20:36 #200 por Joven Jedi
Respuesta de Joven Jedi sobre el tema starwars: fansfiction
El que quieras Chawoli,sabes que será un placer leerte.
Jerec:......el poderoso Luke....en antiguos tiempos no eras tan famoso.
Luke:Muchas cosas han cambiado.Quizás lo que no sepas de mí,lo sé yo ahora de tí.
Jerec:No creas.Nuestro nivel de sabiduría es compatible.
Luke:El poder abtracto no es rival pero el verdadero saber de la fuerza.
Jerec:Lástima que sea así.....
Jerec le lanzó unos rayos.Luke los paró con la fuerza.
Jerec:El mas poderoso de los jedis...no está mal.
Luke:El mal no tiene sitio aquí.La fuerza no es creada para un solo uso individual.Debe equilibrar y proteger el universo.
Jerec:Bonito discurso...pero tengo mucho que hacer.(enciende su sable rojo)
Luke encendió su sable verde.Ambos saltaron al mismo tiempo no contra el otro.En el aire chocaron sus sables y dieron varias estocadas en el aire.Dos golpes fuertes,Luke levantó el able y Jerec pasó de largo con el suyo en horizontal.Luke dio un golpe de espaldas y Jerec lo detuvo con las manos inclinadas hacia abajo.Ambos se separaron para dar dos estocadas mas.
Jerec:No perderé el tiempo jedi.Tengo asuntos pendientes.
Entonces jerec hizo unos giros constantes y fuertes.atacaba sin cesar de forma agresiva.Luke bloqueó sus golpes con esfuerzo,saltando hacia atrás encima de una roca.Mantenía su sable encendido con las piernas semi flexionadas.Jerec sonrió levemente y le echó de nuevo unos rayos.Luke los paró con el sable.Entonces,Luke saltó pero en ese momento Jerec le empujó con la fuerza.Luke cayó al vacío,hacia el agua de la presa.Su sable se desprendió de él y lo último que se vio fue a Luke entrando en el agua.
Jerec,vaciló un instante y puso rumbo a la garra del cuervo.Jan Ors no se imaginaba la sorpresa que se iba a llevar.
Jerec:......el poderoso Luke....en antiguos tiempos no eras tan famoso.
Luke:Muchas cosas han cambiado.Quizás lo que no sepas de mí,lo sé yo ahora de tí.
Jerec:No creas.Nuestro nivel de sabiduría es compatible.
Luke:El poder abtracto no es rival pero el verdadero saber de la fuerza.
Jerec:Lástima que sea así.....
Jerec le lanzó unos rayos.Luke los paró con la fuerza.
Jerec:El mas poderoso de los jedis...no está mal.
Luke:El mal no tiene sitio aquí.La fuerza no es creada para un solo uso individual.Debe equilibrar y proteger el universo.
Jerec:Bonito discurso...pero tengo mucho que hacer.(enciende su sable rojo)
Luke encendió su sable verde.Ambos saltaron al mismo tiempo no contra el otro.En el aire chocaron sus sables y dieron varias estocadas en el aire.Dos golpes fuertes,Luke levantó el able y Jerec pasó de largo con el suyo en horizontal.Luke dio un golpe de espaldas y Jerec lo detuvo con las manos inclinadas hacia abajo.Ambos se separaron para dar dos estocadas mas.
Jerec:No perderé el tiempo jedi.Tengo asuntos pendientes.
Entonces jerec hizo unos giros constantes y fuertes.atacaba sin cesar de forma agresiva.Luke bloqueó sus golpes con esfuerzo,saltando hacia atrás encima de una roca.Mantenía su sable encendido con las piernas semi flexionadas.Jerec sonrió levemente y le echó de nuevo unos rayos.Luke los paró con el sable.Entonces,Luke saltó pero en ese momento Jerec le empujó con la fuerza.Luke cayó al vacío,hacia el agua de la presa.Su sable se desprendió de él y lo último que se vio fue a Luke entrando en el agua.
Jerec,vaciló un instante y puso rumbo a la garra del cuervo.Jan Ors no se imaginaba la sorpresa que se iba a llevar.
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02 Oct 2005 10:07 #201 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema starwars: fansfiction
El Espejo del Tiempo (I)
La Rebelión continuaba su lucha contra el Imperio. Habían pasado seis meses desde el ataque en Hoth, y del enfrentamiento entre Luke y Darth Vader en la Ciudad de las Nubes de Bespin. Han Solo estaba aún en poder de Jabba el Hutt, y sus amigos planeaban cómo rescatarlo.
Después su última misión relacionada con el rescate del Capitán Solo, la joven jedi Ramly Arem ocupó su tiempo en estudiar antiguos escritos Jedi, de los pocos que se conservaban aún.
En uno de los pergaminos se hablaba de un lugar secreto -ubicado en el sistema Adega-, en el que los jedis pasaban una de las pruebas más duras en el aprendizaje de la Fuerza. Pero el pergamino estaba incompleto, y los datos de la ubicación exacta -y de qué se trataba la prueba- estaban perdidos.
Ramly decidió viajar hasta Adega. Para eso, pidió permiso al Almirante Ackbar, quien dio su aprobación luego de consultarlo con el Comandante Skywalker. Poco antes de la partida, Luke llamó a parte a la joven.
— Ramly, espero que esta misión sea totalmente exitosa, pues nos ayudaría para revivir la orden de los Caballeros Jedi en la Galaxia. Sé que en la Fuerza es poderosa en ti, pero también sé que aún estás en las primeras etapas del camino. Observa, analiza, siente la Fuerza, pues ella te guiará a la hora de las dudas. Recuerda, el futuro es movimiento, pero todo tiene un por qué.
— Gracias por los consejos, Comandante Skywalker— respondió ella, con sumo respeto.— Desde que atacaron mi aldea en Kamus, no he vuelto a ver a mi maestro, y siento que su falta me ha llenado de dudas con respecto a la Fuerza y cómo ser un Jedi. Tendré presente tus palabras, y espero regresar con algo que nos ayude a aprender algo más de la Fuerza.
— Que la Fuerza esté contigo, Ramly.
— Que la Fuerza esté contigo, también, Comandante.
— Sólo llámame Luke, después de todo, pertenecemos al mismo lado— Ramly asintió con una sonrisa. — Cuídate, amiga.
Ramly viajó a bordo de una nave de transporte que suministraba pertrechos a la Base Rebelde, de forma clandestina, claro está.
Pasó por las aduanas sin problemas, gracias a los arreglos realizados por el Comandante Skywalker. Después de diez días de viaje, Ramly logró llegar al sistema Adega, a bordo de una nave personal proporcionada por la Rebelión.
Orbitó durante un par horas el planeta Ossus, mientras se conectaba con la Fuerza, dejándose llevar por ella. Finalmente, las coordenadas parecieron surgir desde el fondo de su ser. Siguió sus instintos, que la llevaron hacia el hemisferio norte del planeta. Allí, en una meseta, descendió.
Aseguró su nave, más por costumbre que por precaución, porque sintió el poder del Lado de la Luz. A su alrededor, Ramly percibió la paz que desde hacía tiempo andaba buscando, la paz que su maestro describió como el momento exacto en que un jedi estaba en armonía con la Fuerza, en el que puede tomar las decisiones más importantes sólo apelando a su ser. Cerró los ojos y se dejó llevar.
Los animales a su alrededor guardaron silencio, la brisa dejó de mover las hojas y las ramas de los árboles, convirtiéndose todos en uno con la Fuerza. Ella avanzó sin titubeos, hasta llegar frente a una pared de piedra.
Ramly vio ante ella roca sólida, pero percibió algo oculto. Se concentró y miró con los ojos de la Fuerza, tal como Luke le había enseñado, cuando juntos debieron encontrar a un grupo Rebelde atrapado en el pantanoso planeta Bentshish. Vio una entrada en forma de arco, sin puerta. Avanzó sin miedo, entrando en un oscuro túnel.
La frescura del lugar crispó los cabellos de su nuca, erizándole también toda la piel. Al principio creyó sentir la amenaza del Lado Oscuro, pero al armonizarse con la Fuerza, la tranquilidad volvió a su corazón. Buscó algún artefacto en las paredes que diera luz al lugar, pero pronto desistió de la idea, porque el túnel demostraba ser tan antiguo e imperturbable, que dudó que alguna vez otros seres hubiesen estado allí. Sacó una pequeñísima linterna de su cinturón.
Gracias a la luz, descubrió inscripciones grabadas en la roca, imposibles de descifrar. Continuó caminando, dejándose guiar por la Fuerza, cuyo llamado sentía más y más fuerte. Así llegó a una gran estancia, que se iluminó a su llegada. Apagó su linterna y casi sin darse cuenta, llegó al centro del lugar, maravillada por lo que se presentaba ante sus ojos.
A su alrededor, una veintena de espejos la rodeaban. Cuando buscó la salida, se dio cuenta que había entrado por uno de los espejos, los que ahora reflejaban su imagen. Pensó que esa era la primera parte de la prueba, e intentó controlar el miedo y la preocupación que se encendieron en su corazón. Se sentó a meditar, pero a los pocos segundos percibió el poder de la Fuerza que brotaba desde bajo sus pies. Abrió los ojos, estaba rodeada por una fuerte luz. Sus cabellos y ropa flotaban. Sintió una leve perturbación en la Fuerza. Elevó sus ojos y vio otro espejo, tan grande como el que estaba bajo ella. Cientos de rayos de luz la atravesaron, se sintió mareada, cayó en la semiinconciencia. Luchó por mantenerse alerta, pero sus sentidos se adormecieron.
(II)
— ¡Maestro! Creo que aún está viva— escuchó junto a ella la voz de un niño. Aún no podía moverse.— Tiene un sable de luz.
— Es jedi, como nosotros, Anakin. ¿Puedes percibir la Fuerza en ella? Bien, ahora la ayudaré a recuperarse— Ramly sintió calor reconfortante que recorrió su cuerpo. Despertó totalmente, estaba llena de energía. Vio junto a ella a un hombre joven, de ojos azules, voz suave pero a la vez llena de fuerza, cabellos castaño claro y una delgadísima trenza que colgaba sobre su hombro derecho. Él le sonrió— bien, dama desconocida, bienvenida al mundo.
— Gracias por ayudarme— respondió, al tiempo que observaba detenidamente al joven y al niño. Éste último estaba muy serio, pero pronto le regaló una sonrisa. Ella notó que llevaba una trenza similar al joven. Ramly percibió el gran poder que poseían.
— Bien, joven jedi, debes estar muy cansada, necesitas recuperarte. Te llevaremos a un lugar seguro.
— ¿Dónde estamos?— ¿cómo había llegado hasta allí? ¿Dónde estaban los espejos?
— En las afueras de Mos Espa, en el planeta Tatooine. ¿Sucede algo malo con tu memoria?
— Creo, creo que sí— respondió Ramly, bajando la voz.
— Lo mejor es que vengas con nosotros. Vamos rumbo a Naboo, nuestra nave partirá a media tarde, así que aún es tiempo de comer algo— ella lo miró agradecida. Estaba conmovida por la mirada del joven, quien se levantó y tendió su mano para ayudarla. Ella aceptó, y una extraña sensación recorrió sus dedos. Eso la hizo sonreír.
Anakin había observado todo en silencio. Recordó la primera vez que vio a Padmé, y descubrió algo especial que poseía la joven frente a él . Recogió la linterna que Ramly había dejado caer al levantarse, y se la presentó. Ramly sonrió y le dio las gracias. Anakin la tomó de la mano.
— ¿Cómo te llamas?— ambos jóvenes lo miraron sorprendidos. Ese pequeño detalle no se le había escapado al niño. Ramly asintió.
— Soy Ramly Arem.
— Yo, Anakin, mucho gusto en conocerte.
— Y yo soy Obi-wan Kenobi. Anakin es mi discípulo— al escuchar el nombre del joven, Ramly se estremeció. Conocía ese nombre, pero no recordaba con qué se relacionaba. Sabía que era algo importante, pero no estaba segura. Cuando descansara, meditaría el asunto.
“Todo esto es muy extraño. La luz en los espejos, de alguna forma me han hecho viajar hasta este planeta, pero no reconozco el nombre de la ciudad. Sé que en Tatooine está Mos Eisley, pero Mos Espa.. no entiendo, ahora si Obi-wan...”, sus pensamientos la golpearon de pronto. Luke le había comentado acerca de su maestro jedi, Obi-wan Kenobi, con quien partió desde Tatooine hacia Alderaan, antes de la destrucción de la Estrella de la Muerte. “No puede ser”, se dijo asustada, “si él es el maestro de Luke, entonces yo estoy, los espejos... ¡me enviaron al pasado!”. Tembló. El joven maestro jedi la miró preocupado.
— ¿Sucede algo malo?— él tomó su mano.
— No me siento bien— la cabeza le daba vueltas, su vista se nubló, sus oídos dejaron de percibir los sonidos, y ni siquiera sintió las manos de Obi-wan que la sostuvieron antes de caer al suelo.
Ramly estaba frente al Comandante Skywalker. Se disculpaba por su fracaso en la misión, y lamentaba informar que sólo había encontrado una cueva llena de espejos. Luke la miraba sin decir palabra, sin gestos que delataran sus pensamientos. “Lo único extraño”, concluyó Ramly, “fue que vi al maestro Obi-wan Kenobi, o al menos creo que era él, supongo que fue un sueño”. “¿Un sueño?”, respondió Luke, “la realidad muchas veces puede parecer un sueño, sin embargo, sólo podemos saber qué es verdad, cuando nuestro corazón nos lo dice”. Ella lo miró extrañada y replicó, “entonces, ¿tal vez no fue un sueño?”.
Por segunda vez sintió el calor reconfortante a través de su cuerpo. Abrió los ojos, y vio al joven llamado Obi-wan. Recordó las palabras de Luke, y pensó que su mente tal vez le estaba jugando una mala pasada, pero esto se contraponía a la sensación que todo era real. Luego, sus pensamientos la llevaron a la cueva en el planeta Ossus. “Los espejos son una puerta al pasado. Si esto es verdad, podré desarrollar mis poderes jedi”, esto la tranquilizó un poco. Estar lejos un tiempo de la guerra entre la Alianza y el Imperio era una buena forma de descansar, pero el miedo a no poder regresar nunca más a su tiempo, la invadió. Se abrazó.
— Me parece que tu salud está bastante delicada, joven Ramly— sentenció Obi-wan. Ella lo miró derrotada, él sonrió.— No debes desanimarte. ¿Puedes contarme cómo llegaste a Mos Espa?— la pregunta confundió a Ramly. ¿Cómo podría contarle su verdadera procedencia? ¿Él le creería?
— Mi maestro jedi murió hace poco, estaba buscando otros jedis para seguir con mi aprendizaje. No alcanzó a decirme dónde podría encontrarlos, así que me embarqué sin rumbo fijo— la joven pensó que su mentira no la creerían. Para su sorpresa, Obi-wan no preguntó nada más.
— Entonces tu camino es hacia Coruscant. Puedo llevarte y presentarte ante el Consejo Jedi, pero antes debemos ir al planeta Naboo, Anakin y yo tenemos un compromiso pendiente allí— ella asintió.— Ahora traeré algo de comer— Ramly lo tomó del brazo.
— Iré contigo, no me gusta estar acostada como una enferma— él asintió. Ramly sintió que su destino iba por buen camino, y agradeció la oportunidad. Sin embargo, temía dar un mal paso, sospechaba que algo malo sucedería en un futuro próximo, y temía también por el casi imposible regreso a su tiempo. Pero ya habría tiempo para pensar. Ahora sólo debía conocer más acerca de ese tiempo y lugar.
El Espejo del Tiempo (III)
Cuando llegaron al planeta Naboo, Ramly no podía dejar de maravillarse ante la belleza que éste presentaba. Sus enormes praderas verdes, los bosques, la naturaleza en esplendor, la ciudad Theed enclavada entre toda esa belleza eran un espectáculo inolvidable. Al bajar de la nave, fueron recibidos por el Capitán Panaka, quien comandaba una pequeña comitiva. Saludó afectuosamente a Obi-wan y al pequeño Anakin. El maestro jedi hizo las presentaciones, y Ramly fue aceptada como parte del grupo embajador de Coruscant. Panaka los guió hacia el salón del trono, donde la Reina Amidala los esperaba.
La construcción de piedra impactó a Ramly. Recordaba algunas de las ruinas que había visitado, cuando acompañó a Luke en la búsqueda de algunas reliquias jedi. Pero su sorpresa no duró mucho. Pronto llegaron a un gran salón, en el que una joven vestida magníficamente y rodeada por sus cinco doncellas, esperaba. Obi-wan hizo una leve reverencia, lo mismo que toda la comitiva.
— Bienvenidos, Obi-wan, Anakin— en su rostro imperturbable, luego agregó, mirando a Ramly— bienvenida—.
— Reina Amidala, ella es Ramly Arem, una joven jedi que se dirige a Coruscant. Me tomé la libertad de traerla con nosotros antes de llevarla ante el Consejo Jedi— intervino Obi-wan.
— Si es jedi y está bajo tu protección, bienvenida sea. Ahora mis doncellas los llevarán a sus habitaciones, antes de reunirme con ustedes debo tratar un asunto muy importante con el jefe Nass— Obi-wan hizo una reverencia. Anakin y Ramly lo imitaron, y siguieron a las doncellas.
Ramly descansaba cómodamente sobre la mullida cama de su habitación. Quería dormir, pero la curiosidad por saber más del lugar en que se encontraba, y la preocupación por su futuro no se lo permitieron. De pronto, escuchó que llamaban a la puerta. Se levantó sin ganas. Al abrirla, vio a Anakin que esperaba tranquilamente. Se saludaron, ella lo invitó a pasar.
Conversaron acerca de la impresión que Ramly se había llevado al ser presentada a la Reina y llegar a tan hermoso planeta. La joven preguntó cómo habían conocido a la Reina Amidala. Anakin le contó el ya pasado episodio de la guerra entre la Federación de Comercio y Naboo, hacía un tiempo. De paso, también le contó acerca de cómo llegó a ser discípulo de Obi-wan, junto con la aparición de un extraño que peleaba contra los jedis, y quien fue el asesino del maestro Qui-Gon Jinn. Ramly puso toda su atención al relato del niño, más tarde le preguntaría a Obi-wan otros detalles.
— ¿Quieres conocer a una amiga?— la invitación de Anakin entusiasmó a Ramly.
— Pero, ¿no debes reunirte primero con la Reina Amidala?
— Ella está muy ocupada, así que tenemos tiempo. Ven— Anakin la tomó de la mano, ella lo siguió.
Recorrieron varios pasillos del palacio, hasta llegar a un jardín en el que estaba una joven vestida con un sencillo traje blanco. Al verlos, la joven sonrió y los invitó a acercarse.
— Ella es mi amiga Padmé— le dijo a Ramly. Luego, agregó— Padmé, ella es Ramly Arem, una jedi como mi maestro.
— Bienvenida a Naboo. Me disculpo por la Reina. Es delicado mantener la paz, pero hasta ahora, los Naboo y los Gunganos estamos de acuerdo en todo... o casi todo. Pero eso no importa ahora. Anakin me dijo que estabas buscando un nuevo maestro jedi.
— Así es. Perdí el mío hace un tiempo. Creo que la Fuerza me guió hasta Obi-wan, y estoy ansiosa por llegar a Coruscant— Ramly se sintió en plena confianza. Tenía muchos deseos de hablar con la Reina, averiguar lo más posible acerca de la llamada Federación de Comercio, el Senado de la República, todo detalle que le permitiera entender por qué y cómo el Imperio logró imponerse.
Mientras las jóvenes y Anakin conversaban, un Gungano se acercaba. Su caminar al estilo de un ave, despreocupado, llamaba la atención de la gente de palacio con quienes se encontró.
— ¡Anakin, Padmé! Misa sentirse felisi de verlos— el ser cara de pato corrió hacia ellos. Ramly no podía explicarse cómo el Gungano corría sin caerse, ya que sus pies parecían enormes zapatos pesados. Sonrió. —¿Tusa ser amiga dellos?— le preguntó el ser al reparar en ella. Anakin se levantó.
— Ella es mi amiga Ramly Arem— le respondió el niño. Luego, mirando a Ramly dijo— él es Jar Jar Binks.
— Tusa ser muy bonita— ella agradeció con una sonrisa. Padmé lo invitó a sentarse.
— ¿Qué noticias traes?— preguntó la joven. Jar Jar movió su cabeza, tal como un ave. Mientras hablaba, agitaba las manos, para darle más credibilidad a sus palabras.
— Jefe Nass y Reina Amidala irán a planeta Coruscant. — Ramly lo interrumpió.
— ¿Coruscant? ¿Por qué irán allá?— miró a Padmé.
— El jefe de los Gunganos, Nass, ha pedido a nuestra reina que lo lleve ante el Senado de la República, para pedir que un Gungano sea aceptado como Senador, y así tener una representación real de su raza en el gobierno central. Desde hace unos meses que las conversaciones se han llevado a cabo, pero por fin llegaron al acuerdo. ¿Cuándo partirán?— preguntó a Jar Jar.
— Misa saber que mañana.
— Bien, entonces será después del festival.
— ¿Festival? —preguntó Ramly.
— Mañana la reina y el jefe Nass firmarán la paz en forma oficial, por lo que creo tendremos mucho tiempo para conversar —rió Padmé, dirigiéndose a Ramly. Ella asintió, pero en su mente los pensamientos se le agolpaban, confundiéndola un poco. “Coruscant... el Senado de la República... El Consejo Jedi... si sólo pudiera contarle a Luke todo lo que estoy viviendo, supongo que no me creería. Ésta es una gran oportunidad”. De pronto, su atención se desvió hacia una persona que se acercaba. Era Obi-wan. Saludó a todos con una leve reverencia, y pidió a Ramly que lo acompañara, porque debía conversar seriamente con ella. Ella accedió de inmediato, y se disculpó ante sus nuevos amigos por dejarlos.
ESTOS FANFICS NO SON MÍOS(pero también creo que este tema se pueden hacer recopilaciones, o no, eso sí de los que estén chulos)
La Rebelión continuaba su lucha contra el Imperio. Habían pasado seis meses desde el ataque en Hoth, y del enfrentamiento entre Luke y Darth Vader en la Ciudad de las Nubes de Bespin. Han Solo estaba aún en poder de Jabba el Hutt, y sus amigos planeaban cómo rescatarlo.
Después su última misión relacionada con el rescate del Capitán Solo, la joven jedi Ramly Arem ocupó su tiempo en estudiar antiguos escritos Jedi, de los pocos que se conservaban aún.
En uno de los pergaminos se hablaba de un lugar secreto -ubicado en el sistema Adega-, en el que los jedis pasaban una de las pruebas más duras en el aprendizaje de la Fuerza. Pero el pergamino estaba incompleto, y los datos de la ubicación exacta -y de qué se trataba la prueba- estaban perdidos.
Ramly decidió viajar hasta Adega. Para eso, pidió permiso al Almirante Ackbar, quien dio su aprobación luego de consultarlo con el Comandante Skywalker. Poco antes de la partida, Luke llamó a parte a la joven.
— Ramly, espero que esta misión sea totalmente exitosa, pues nos ayudaría para revivir la orden de los Caballeros Jedi en la Galaxia. Sé que en la Fuerza es poderosa en ti, pero también sé que aún estás en las primeras etapas del camino. Observa, analiza, siente la Fuerza, pues ella te guiará a la hora de las dudas. Recuerda, el futuro es movimiento, pero todo tiene un por qué.
— Gracias por los consejos, Comandante Skywalker— respondió ella, con sumo respeto.— Desde que atacaron mi aldea en Kamus, no he vuelto a ver a mi maestro, y siento que su falta me ha llenado de dudas con respecto a la Fuerza y cómo ser un Jedi. Tendré presente tus palabras, y espero regresar con algo que nos ayude a aprender algo más de la Fuerza.
— Que la Fuerza esté contigo, Ramly.
— Que la Fuerza esté contigo, también, Comandante.
— Sólo llámame Luke, después de todo, pertenecemos al mismo lado— Ramly asintió con una sonrisa. — Cuídate, amiga.
Ramly viajó a bordo de una nave de transporte que suministraba pertrechos a la Base Rebelde, de forma clandestina, claro está.
Pasó por las aduanas sin problemas, gracias a los arreglos realizados por el Comandante Skywalker. Después de diez días de viaje, Ramly logró llegar al sistema Adega, a bordo de una nave personal proporcionada por la Rebelión.
Orbitó durante un par horas el planeta Ossus, mientras se conectaba con la Fuerza, dejándose llevar por ella. Finalmente, las coordenadas parecieron surgir desde el fondo de su ser. Siguió sus instintos, que la llevaron hacia el hemisferio norte del planeta. Allí, en una meseta, descendió.
Aseguró su nave, más por costumbre que por precaución, porque sintió el poder del Lado de la Luz. A su alrededor, Ramly percibió la paz que desde hacía tiempo andaba buscando, la paz que su maestro describió como el momento exacto en que un jedi estaba en armonía con la Fuerza, en el que puede tomar las decisiones más importantes sólo apelando a su ser. Cerró los ojos y se dejó llevar.
Los animales a su alrededor guardaron silencio, la brisa dejó de mover las hojas y las ramas de los árboles, convirtiéndose todos en uno con la Fuerza. Ella avanzó sin titubeos, hasta llegar frente a una pared de piedra.
Ramly vio ante ella roca sólida, pero percibió algo oculto. Se concentró y miró con los ojos de la Fuerza, tal como Luke le había enseñado, cuando juntos debieron encontrar a un grupo Rebelde atrapado en el pantanoso planeta Bentshish. Vio una entrada en forma de arco, sin puerta. Avanzó sin miedo, entrando en un oscuro túnel.
La frescura del lugar crispó los cabellos de su nuca, erizándole también toda la piel. Al principio creyó sentir la amenaza del Lado Oscuro, pero al armonizarse con la Fuerza, la tranquilidad volvió a su corazón. Buscó algún artefacto en las paredes que diera luz al lugar, pero pronto desistió de la idea, porque el túnel demostraba ser tan antiguo e imperturbable, que dudó que alguna vez otros seres hubiesen estado allí. Sacó una pequeñísima linterna de su cinturón.
Gracias a la luz, descubrió inscripciones grabadas en la roca, imposibles de descifrar. Continuó caminando, dejándose guiar por la Fuerza, cuyo llamado sentía más y más fuerte. Así llegó a una gran estancia, que se iluminó a su llegada. Apagó su linterna y casi sin darse cuenta, llegó al centro del lugar, maravillada por lo que se presentaba ante sus ojos.
A su alrededor, una veintena de espejos la rodeaban. Cuando buscó la salida, se dio cuenta que había entrado por uno de los espejos, los que ahora reflejaban su imagen. Pensó que esa era la primera parte de la prueba, e intentó controlar el miedo y la preocupación que se encendieron en su corazón. Se sentó a meditar, pero a los pocos segundos percibió el poder de la Fuerza que brotaba desde bajo sus pies. Abrió los ojos, estaba rodeada por una fuerte luz. Sus cabellos y ropa flotaban. Sintió una leve perturbación en la Fuerza. Elevó sus ojos y vio otro espejo, tan grande como el que estaba bajo ella. Cientos de rayos de luz la atravesaron, se sintió mareada, cayó en la semiinconciencia. Luchó por mantenerse alerta, pero sus sentidos se adormecieron.
(II)
— ¡Maestro! Creo que aún está viva— escuchó junto a ella la voz de un niño. Aún no podía moverse.— Tiene un sable de luz.
— Es jedi, como nosotros, Anakin. ¿Puedes percibir la Fuerza en ella? Bien, ahora la ayudaré a recuperarse— Ramly sintió calor reconfortante que recorrió su cuerpo. Despertó totalmente, estaba llena de energía. Vio junto a ella a un hombre joven, de ojos azules, voz suave pero a la vez llena de fuerza, cabellos castaño claro y una delgadísima trenza que colgaba sobre su hombro derecho. Él le sonrió— bien, dama desconocida, bienvenida al mundo.
— Gracias por ayudarme— respondió, al tiempo que observaba detenidamente al joven y al niño. Éste último estaba muy serio, pero pronto le regaló una sonrisa. Ella notó que llevaba una trenza similar al joven. Ramly percibió el gran poder que poseían.
— Bien, joven jedi, debes estar muy cansada, necesitas recuperarte. Te llevaremos a un lugar seguro.
— ¿Dónde estamos?— ¿cómo había llegado hasta allí? ¿Dónde estaban los espejos?
— En las afueras de Mos Espa, en el planeta Tatooine. ¿Sucede algo malo con tu memoria?
— Creo, creo que sí— respondió Ramly, bajando la voz.
— Lo mejor es que vengas con nosotros. Vamos rumbo a Naboo, nuestra nave partirá a media tarde, así que aún es tiempo de comer algo— ella lo miró agradecida. Estaba conmovida por la mirada del joven, quien se levantó y tendió su mano para ayudarla. Ella aceptó, y una extraña sensación recorrió sus dedos. Eso la hizo sonreír.
Anakin había observado todo en silencio. Recordó la primera vez que vio a Padmé, y descubrió algo especial que poseía la joven frente a él . Recogió la linterna que Ramly había dejado caer al levantarse, y se la presentó. Ramly sonrió y le dio las gracias. Anakin la tomó de la mano.
— ¿Cómo te llamas?— ambos jóvenes lo miraron sorprendidos. Ese pequeño detalle no se le había escapado al niño. Ramly asintió.
— Soy Ramly Arem.
— Yo, Anakin, mucho gusto en conocerte.
— Y yo soy Obi-wan Kenobi. Anakin es mi discípulo— al escuchar el nombre del joven, Ramly se estremeció. Conocía ese nombre, pero no recordaba con qué se relacionaba. Sabía que era algo importante, pero no estaba segura. Cuando descansara, meditaría el asunto.
“Todo esto es muy extraño. La luz en los espejos, de alguna forma me han hecho viajar hasta este planeta, pero no reconozco el nombre de la ciudad. Sé que en Tatooine está Mos Eisley, pero Mos Espa.. no entiendo, ahora si Obi-wan...”, sus pensamientos la golpearon de pronto. Luke le había comentado acerca de su maestro jedi, Obi-wan Kenobi, con quien partió desde Tatooine hacia Alderaan, antes de la destrucción de la Estrella de la Muerte. “No puede ser”, se dijo asustada, “si él es el maestro de Luke, entonces yo estoy, los espejos... ¡me enviaron al pasado!”. Tembló. El joven maestro jedi la miró preocupado.
— ¿Sucede algo malo?— él tomó su mano.
— No me siento bien— la cabeza le daba vueltas, su vista se nubló, sus oídos dejaron de percibir los sonidos, y ni siquiera sintió las manos de Obi-wan que la sostuvieron antes de caer al suelo.
Ramly estaba frente al Comandante Skywalker. Se disculpaba por su fracaso en la misión, y lamentaba informar que sólo había encontrado una cueva llena de espejos. Luke la miraba sin decir palabra, sin gestos que delataran sus pensamientos. “Lo único extraño”, concluyó Ramly, “fue que vi al maestro Obi-wan Kenobi, o al menos creo que era él, supongo que fue un sueño”. “¿Un sueño?”, respondió Luke, “la realidad muchas veces puede parecer un sueño, sin embargo, sólo podemos saber qué es verdad, cuando nuestro corazón nos lo dice”. Ella lo miró extrañada y replicó, “entonces, ¿tal vez no fue un sueño?”.
Por segunda vez sintió el calor reconfortante a través de su cuerpo. Abrió los ojos, y vio al joven llamado Obi-wan. Recordó las palabras de Luke, y pensó que su mente tal vez le estaba jugando una mala pasada, pero esto se contraponía a la sensación que todo era real. Luego, sus pensamientos la llevaron a la cueva en el planeta Ossus. “Los espejos son una puerta al pasado. Si esto es verdad, podré desarrollar mis poderes jedi”, esto la tranquilizó un poco. Estar lejos un tiempo de la guerra entre la Alianza y el Imperio era una buena forma de descansar, pero el miedo a no poder regresar nunca más a su tiempo, la invadió. Se abrazó.
— Me parece que tu salud está bastante delicada, joven Ramly— sentenció Obi-wan. Ella lo miró derrotada, él sonrió.— No debes desanimarte. ¿Puedes contarme cómo llegaste a Mos Espa?— la pregunta confundió a Ramly. ¿Cómo podría contarle su verdadera procedencia? ¿Él le creería?
— Mi maestro jedi murió hace poco, estaba buscando otros jedis para seguir con mi aprendizaje. No alcanzó a decirme dónde podría encontrarlos, así que me embarqué sin rumbo fijo— la joven pensó que su mentira no la creerían. Para su sorpresa, Obi-wan no preguntó nada más.
— Entonces tu camino es hacia Coruscant. Puedo llevarte y presentarte ante el Consejo Jedi, pero antes debemos ir al planeta Naboo, Anakin y yo tenemos un compromiso pendiente allí— ella asintió.— Ahora traeré algo de comer— Ramly lo tomó del brazo.
— Iré contigo, no me gusta estar acostada como una enferma— él asintió. Ramly sintió que su destino iba por buen camino, y agradeció la oportunidad. Sin embargo, temía dar un mal paso, sospechaba que algo malo sucedería en un futuro próximo, y temía también por el casi imposible regreso a su tiempo. Pero ya habría tiempo para pensar. Ahora sólo debía conocer más acerca de ese tiempo y lugar.
El Espejo del Tiempo (III)
Cuando llegaron al planeta Naboo, Ramly no podía dejar de maravillarse ante la belleza que éste presentaba. Sus enormes praderas verdes, los bosques, la naturaleza en esplendor, la ciudad Theed enclavada entre toda esa belleza eran un espectáculo inolvidable. Al bajar de la nave, fueron recibidos por el Capitán Panaka, quien comandaba una pequeña comitiva. Saludó afectuosamente a Obi-wan y al pequeño Anakin. El maestro jedi hizo las presentaciones, y Ramly fue aceptada como parte del grupo embajador de Coruscant. Panaka los guió hacia el salón del trono, donde la Reina Amidala los esperaba.
La construcción de piedra impactó a Ramly. Recordaba algunas de las ruinas que había visitado, cuando acompañó a Luke en la búsqueda de algunas reliquias jedi. Pero su sorpresa no duró mucho. Pronto llegaron a un gran salón, en el que una joven vestida magníficamente y rodeada por sus cinco doncellas, esperaba. Obi-wan hizo una leve reverencia, lo mismo que toda la comitiva.
— Bienvenidos, Obi-wan, Anakin— en su rostro imperturbable, luego agregó, mirando a Ramly— bienvenida—.
— Reina Amidala, ella es Ramly Arem, una joven jedi que se dirige a Coruscant. Me tomé la libertad de traerla con nosotros antes de llevarla ante el Consejo Jedi— intervino Obi-wan.
— Si es jedi y está bajo tu protección, bienvenida sea. Ahora mis doncellas los llevarán a sus habitaciones, antes de reunirme con ustedes debo tratar un asunto muy importante con el jefe Nass— Obi-wan hizo una reverencia. Anakin y Ramly lo imitaron, y siguieron a las doncellas.
Ramly descansaba cómodamente sobre la mullida cama de su habitación. Quería dormir, pero la curiosidad por saber más del lugar en que se encontraba, y la preocupación por su futuro no se lo permitieron. De pronto, escuchó que llamaban a la puerta. Se levantó sin ganas. Al abrirla, vio a Anakin que esperaba tranquilamente. Se saludaron, ella lo invitó a pasar.
Conversaron acerca de la impresión que Ramly se había llevado al ser presentada a la Reina y llegar a tan hermoso planeta. La joven preguntó cómo habían conocido a la Reina Amidala. Anakin le contó el ya pasado episodio de la guerra entre la Federación de Comercio y Naboo, hacía un tiempo. De paso, también le contó acerca de cómo llegó a ser discípulo de Obi-wan, junto con la aparición de un extraño que peleaba contra los jedis, y quien fue el asesino del maestro Qui-Gon Jinn. Ramly puso toda su atención al relato del niño, más tarde le preguntaría a Obi-wan otros detalles.
— ¿Quieres conocer a una amiga?— la invitación de Anakin entusiasmó a Ramly.
— Pero, ¿no debes reunirte primero con la Reina Amidala?
— Ella está muy ocupada, así que tenemos tiempo. Ven— Anakin la tomó de la mano, ella lo siguió.
Recorrieron varios pasillos del palacio, hasta llegar a un jardín en el que estaba una joven vestida con un sencillo traje blanco. Al verlos, la joven sonrió y los invitó a acercarse.
— Ella es mi amiga Padmé— le dijo a Ramly. Luego, agregó— Padmé, ella es Ramly Arem, una jedi como mi maestro.
— Bienvenida a Naboo. Me disculpo por la Reina. Es delicado mantener la paz, pero hasta ahora, los Naboo y los Gunganos estamos de acuerdo en todo... o casi todo. Pero eso no importa ahora. Anakin me dijo que estabas buscando un nuevo maestro jedi.
— Así es. Perdí el mío hace un tiempo. Creo que la Fuerza me guió hasta Obi-wan, y estoy ansiosa por llegar a Coruscant— Ramly se sintió en plena confianza. Tenía muchos deseos de hablar con la Reina, averiguar lo más posible acerca de la llamada Federación de Comercio, el Senado de la República, todo detalle que le permitiera entender por qué y cómo el Imperio logró imponerse.
Mientras las jóvenes y Anakin conversaban, un Gungano se acercaba. Su caminar al estilo de un ave, despreocupado, llamaba la atención de la gente de palacio con quienes se encontró.
— ¡Anakin, Padmé! Misa sentirse felisi de verlos— el ser cara de pato corrió hacia ellos. Ramly no podía explicarse cómo el Gungano corría sin caerse, ya que sus pies parecían enormes zapatos pesados. Sonrió. —¿Tusa ser amiga dellos?— le preguntó el ser al reparar en ella. Anakin se levantó.
— Ella es mi amiga Ramly Arem— le respondió el niño. Luego, mirando a Ramly dijo— él es Jar Jar Binks.
— Tusa ser muy bonita— ella agradeció con una sonrisa. Padmé lo invitó a sentarse.
— ¿Qué noticias traes?— preguntó la joven. Jar Jar movió su cabeza, tal como un ave. Mientras hablaba, agitaba las manos, para darle más credibilidad a sus palabras.
— Jefe Nass y Reina Amidala irán a planeta Coruscant. — Ramly lo interrumpió.
— ¿Coruscant? ¿Por qué irán allá?— miró a Padmé.
— El jefe de los Gunganos, Nass, ha pedido a nuestra reina que lo lleve ante el Senado de la República, para pedir que un Gungano sea aceptado como Senador, y así tener una representación real de su raza en el gobierno central. Desde hace unos meses que las conversaciones se han llevado a cabo, pero por fin llegaron al acuerdo. ¿Cuándo partirán?— preguntó a Jar Jar.
— Misa saber que mañana.
— Bien, entonces será después del festival.
— ¿Festival? —preguntó Ramly.
— Mañana la reina y el jefe Nass firmarán la paz en forma oficial, por lo que creo tendremos mucho tiempo para conversar —rió Padmé, dirigiéndose a Ramly. Ella asintió, pero en su mente los pensamientos se le agolpaban, confundiéndola un poco. “Coruscant... el Senado de la República... El Consejo Jedi... si sólo pudiera contarle a Luke todo lo que estoy viviendo, supongo que no me creería. Ésta es una gran oportunidad”. De pronto, su atención se desvió hacia una persona que se acercaba. Era Obi-wan. Saludó a todos con una leve reverencia, y pidió a Ramly que lo acompañara, porque debía conversar seriamente con ella. Ella accedió de inmediato, y se disculpó ante sus nuevos amigos por dejarlos.
ESTOS FANFICS NO SON MÍOS(pero también creo que este tema se pueden hacer recopilaciones, o no, eso sí de los que estén chulos)
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02 Oct 2005 10:17 #202 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema starwars: fansfiction
El Espejo del Tiempo (IV)
Obi-wan la interrogó largamente acerca de su entrenamiento jedi. Ella midió cada una de sus palabras, evitando revelar algo que pudiera delatar su extraña llegada hasta esa época. Argumentó que su maestro decidió enseñarle, cuando ella era una adolescente. Obi-wan replicó que era muy extraño que el entrenamiento hubiese empezado tan tarde, pero el comentario no pasó más allá. Le pidió que demostrara cuán buena jedi era. Ramly hizo levitar algunos objetos, moviéndolos de un lugar a otro, leyó los pensamientos que Obi-wan le transmitió por vía telepática, e incluso hizo un corto ejercicio de clarividencia del pasado. Aunque pareció satisfecho, Obi-wan le pidió ver su sable de luz. Ramly se lo mostró. Nuevamente hizo un comentario acerca de lo extraño de ese sable, además de preguntarle si era ella su constructora.
— Lamentablemente no. Mi maestro me entregó este sable, pero no pudo enseñarme cómo se construía— se sintió avergonzada. Él la miró divertido.
— No debes sentirte mal por esto. En Coruscant podrás pedir que se te instruya en la construcción de sables, pero ahora me gustaría medir tu habilidad en una lucha— Ramly retrocedió un paso. Si el hombre que estaba frente a ella hubiese sido un imperial, la pelea ya habría terminado, pero no era esa la situación. Estaba frente a un maestro jedi, de quien había escuchado elogiosos comentarios, y la propuesta le parecía bastante desigual, porque ella sentía que su habilidad estaba muy por debajo de Obi-wan. Pero otra parte de su ser la empujó a aceptar el reto. Si se negaba, sería una verdadera vergüenza para ella, su maestro y su familia. Además, no podría soportar que Obi-wan pensara que no era una jedi comprometida. Esto era lo que más la molestaba.
— De acuerdo— fue su respuesta. Casi al mismo tiempo encendieron sus sables, adoptando cada uno la postura de guardia más adecuada. Obi-wan fue el primero en atacar. Lanzó un golpe directo, de frente, obligando a Ramly a detenerlo como pudiera. Una y otra vez repitió el ejercicio, la joven sólo se defendía, no encontrando la oportunidad de atacar.
— Usa la Fuerza, deja que tus instintos fluyan, no pienses, siente— las palabras de Obi-wan poco a poco hicieron su efecto. Atacó desde un costado, luego de apartar el sable de su rival. Giró sobre sí misma, sorprendiendo a Obi-wan, quien logró detenerlo a tiempo. Pero la concentración no duró mucho tiempo. Algunas visiones de su época distrajeron a Ramly. Con un certero golpe, el joven maestro jedi hizo volar su sable de luz. Ella se sintió avergonzada.— Mi joven amiga, no bajes la guardia, eso puede costarte la vida, junto con acabar también con la de tus protegidos. La Fuerza es poderosa, pero debes mantenerte en armonía con ella, o todo lo que sabes servirá de nada. Vamos a descansar, me has demostrado que eres capaz de usar bien el sable de luz, pero debes aprender a controlarte aún más— ella asintió en silencio.— No te apenes, pues el encuentro de hoy ha significado un paso más en el aprendizaje de la disciplina Jedi. Ve a descansar, mañana partiremos temprano hacia Coruscant, después del festival— ella sonrió levemente, e hizo ademán de decir algo más, pero se arrepintió. Quería hablar con alguien acerca de su insólita situación, pero la prudencia le dictaba callar.
A la mañana siguiente, toda la ciudad despertó agitada. Muy temprano habían llegado las delegaciones desde Coruscant, con el Canciller Palpatine y los miembros del Consejo Jedi. Obi-wan presentó a la joven ante los Jedis, quienes la observaron con mucho interés, pero sin hacerle preguntas.
Una delegación Gungan se acercaba trayendo al Jefe Nass. Con música, vítores y canciones, el jefe gungan se acercó al lugar en que la reina Amidala, quien usaba un hermoso vestido blanco, junto a Obi-wan, Anakin, los miembros del Consejo Jedi. El jefe Nass recibió de manos de Amidala una bola brillante, la que levantó en alto proclamando la paz entre los pueblos de Naboo.
Al poco tiempo, iniciaron su viaje a Coruscant.
El viaje hacia Coruscant resultó ser un período de paz, que Ramly aprovechó para meditar. A veces, Anakin se sentaba junto a ella en silencio, esperando que la joven saliera de su trance. Pronto ella notaba su presencia, y gastaban el tiempo hablando acerca de sus vidas.
Ramly le relató las aventuras que ella y sus hermanos –Milye y Seide- pasaron juntos, cuando pescaban en los lagos de su planeta natal, Kamus. La joven era la segunda, muy mimada por su familia, de quienes guardaba buenos recuerdos. Pero evitaba contarle acerca de la separación de su familia. No podía revelar su verdadero origen, porque temía algún peligro. No podía contarle a Anakin de su separación, cuando Milye, Seide y Jordan la obligaron a huir en una cápsula de escape, mientras ellos desviaban a las naves imperiales. "Jordan", pensó con tristeza, pero no dejó que ese sentimiento perturbara su actual situación.
Kenobi veía con muy buenos ojos la relación de Ramly y Anakin. El pequeño demostraba estar más atento y comprometido con su aprendizaje, gracias a que la joven daba un buen ejemplo. Pero, le preocupaba que Ramly aún no había completado su entrenamiento, lo que la convertía en un blanco fácil del Lado Oscuro, más ahora que los Sith estaban nuevamente entre ellos. Tendría una larga conversación con el Consejo Jedi.
Al llegar a Coruscant, Ramly contuvo la respiración. El planeta entero era una ciudad, y ella sabía que no variaría mucho dentro de los próximos treinta años. Lo que realmente la mantenía en permanente estado de nerviosismo, era su encuentro con los doce maestros Jedi del Consejo. ¿Qué le preguntarían? ¿Querrían saber qué sucedió con su maestro? ¿Podría ocultarles su verdad? Estas preguntas minaron su ánimo, y ya no sentía deseos de verlos. Pero, nada podía hacer. Obi-wan la llevaría ante los Jedis, tal como lo hiciera con Anakin. El sólo recordar todo lo que el niño le había contado, la hacía ponerse aún más nerviosa, porque se sentía débil para ocultar sus recuerdos, los recuerdos de la Rebelión futura, la figura del Emperador y de Darth Vader. “Vader”, pensó, “¿quién será el que llegará a convertirse en ese malvado?... si pudiera saberlo, tal vez podría...”, la posibilidad le pareció muy atractiva, pero su conciencia la detuvo. Si intentaba descubrir y detener a Vader, tal vez cambiaría la historia, pero las consecuencias no podría medirlas. ¿Seguiría en pie la República o un nuevo Imperio surgiría? ¿Vivirían los que ella consideraba sus amigos y compañeros? La confusión invadió su cabeza. No quería pensar más.
Anakin se mantuvo cerca de ella. El niño casi podía ver las dudas que nublaban la mente de Ramly, pero no podía traspasar más allá. Sólo había visto por un leve instante, una silueta negra, imponente, armada con lo que podía ser un sable de luz rojo. “Ella conoce a los Sith, como el que mató al maestro Qui-Gon”, se dijo. Pensó en contárselo a su maestro, pero la curiosidad lo impulsó a averiguar qué había realmente en la mente de la joven jedi. Sospechaba que era algo importante. Estaba más involucrado de lo que él mismo creía.
Fueron recibidos por el Canciller Palpatine, quien los saludó afectuosamente. Obi-wan presentó a Ramly al político, quien esbozó una amplia sonrisa. Ramly se sentó confundida. No supo si corresponder al gesto o mirar hacia otro lado, porque reconoció al hombre como el futuro Emperador, tal como lo leyera en las crónicas de los historiadores de la Rebelión. Pero había algo muy extraño. No podía percibir el mal en aquel hombre, ni siquiera lo veía en sus ojos, sin embargo, estaba segura que era él. Lo miró desconfiada, y sólo hizo una ligera reverencia. Palpatine hizo caso omiso de la desconfianza de la joven, y los invitó a seguirle. Ella lo siguió con una mirada llena de preguntas.
— ¿Qué es lo que perturba tu tranquilidad, joven Ramly?— la voz de Obi-wan la asustó. Movió la cabeza negando. Siguieron al Canciller.
Un par de horas más tarde, Ramly se encontraba frente a los 12 maestros. Le preguntaron su nombre y el de su maestro, y desde cuándo había iniciado su camino en la Fuerza. No pudo mentir. Su aprendizaje lo inició a los 12 años, cosa que a los jedis les pareció bastante insólita, pues había comenzado tardíamente.
Yoda preguntó a Obi-wan qué tan hábil había resultado la joven jedi. El maestro les comentó todas las pruebas a las que había sometido a Ramly, haciendo hincapié en su titubeo a la hora de luchar con sables de luz. Mace Windu, el jedi de piel oscura, evaluó largamente a la joven.
— Veo que Ramly posee un gran dominio de la Fuerza, pero su instrucción está incompleta. ¿Qué maestro querrá tomar como discípula a alguien que ya conoce la Fuerza de este modo? No podemos tomar una decisión apresurada como lo hicimos con el pequeño Anakin, recuerden que el riesgo es grande— Ramly interpretó esto como un ataque personal. Sin proponérselo, el enojo se expresó en sus ojos. Yoda la miró con interés. Windu continuó— Es peligroso que esta joven vague por la Galaxia siendo aún una aprendiz y, además, sin maestro, más ahora que los Sith están de vuelta— esto colmó la paciencia de Ramly. Estuvo a punto de retirarse de la sala, pero la mano oportuna de Obi-wan la detuvo.
— Propongo al Consejo dejar que la joven esté bajo mi tutela— muestras de desasosiego recorrieron los rostros de cada maestro. Obi-wan pareció no reparar en ello. Sólo Yoda mantuvo una actitud tranquila. Kenobi agregó— ya que su instrucción está a poco de completarse, bien puedo guiarla en el resto de su camino, para evitar que sea seducida por el Lado Oscuro. Sabemos que un Sith ha muerto, pero no sabemos qué trama el Sith sobreviviente, y es preferible que ella esté protegida— fijó sus ojos en Yoda. Éste suspiró.
—Obi-wan, mañana nuestra respuesta daremos. Ahora, pueden retirarse, pero antes hablar con Ramly a solas debo— luego de decir esto, hizo señas a la joven para que lo siguiera. Ella pidió consejo a Obi-wan con sus ojos, él asintió con una leve sonrisa. De paso, Ramly miró con rostro inexpresivo a Mace Windu, quien apartó la mirada.
Yoda condujo a Ramly hasta un apartado balcón. Allí se mantuvo largo rato en silencio, observando las naves que transitaban por los cielos de Coruscant. La joven a su lado, tomó la misma actitud. Ni siquiera sospechaba qué quería el maestro, su enojo hacia Windu disminuyó hasta desaparecer, pero su preocupación por el futuro pasó a ocupar el lugar del presente.
— ¿Por qué el futuro mirando estás? El futuro movimiento es. ¿Qué cosas tu alma perturban?— Yoda percibió el miedo que Ramly sentía por los días venideros. Sabía que ella sería una buena jedi, pero sabía también que era vulnerable al Lado Oscuro. Obi-wan sería un buen guía para ella, pero romper otra vez las leyes Jedi sería demasiado. Los pasos a seguir eran muy arriesgados.
— Maestro... yo— quería contarle a alguien su verdad. Confiaba en Yoda, pero la gran responsabilidad que estaba en sus manos aún la detenía. Guardó silencio una vez más. Su desesperación halló refugio en las lágrimas que nublaron su vista. Yoda suspiró.
— El miedo alejarlo debes. Pisar con firmeza, seguir tus instintos y usar la Fuerza, el mejor camino es. No mirar el futuro, el presente vivir debes, y confiar en ti misma. No te entregues al miedo, al odio, la agresión, porque del Lado Oscuro ellos son. Las respuestas en tu corazón tienes, y hacer a su tiempo sabrás— la miró con ternura. Ella bajó la cabeza triste, pero pronto recuperó la confianza. Después de todo, aún nada estaba perdido, las oportunidades estaban allí, y enfrentaría lo que viniera. Agradeció al maestro y pidió permiso para retirarse.
La espera se hizo interminable. Ramly se había aislado en la habitación designada para ella, concentrada en las palabras de Yoda. También recordó los consejos que Luke le dio antes de partir hacia Adega, y pensó que su aprendizaje había sido tan incompleto, y se reprendió por haber huido de Kamus. Repentinamente, la nostalgia la invadió. Recordó a su padre, al resto de la familia y a su maestro. Recordó también a sus hermanos, con quienes se había reencontrado luego de separarse, cuando huían de los Imperiales. Y a Jordan, su querido Jordan, un joven rebelde a quien rescató de su carguero estrellado y a quien no había vuelto a ver. Ni siquiera sus hermanos sabían qué había sido de él, pues siguieron caminos distintos al llegar a una de las bases rebeldes. Lo último que supo, fue que se unió a una misión que lo llevó al Sistema Corellia, de donde no regresó. Ahora, sentía que estaba perdido para siempre, porque ella se quedaría en ese tiempo, lejos de la Rebelión, en un mundo al que no pertenecía. Se recostó en la cama y cerró los ojos.
El Espejo del Tiempo (V)
Ramly se despertó muy temprano. Esperó que Obi-wan se reuniera con ella, para saber la decisión del Consejo. Cuando ya las luces del sol no dejaban ningún rincón en sombras, el maestro jedi apareció, junto a Anakin y Padmé. Sin mediar palabras, el grupo se dirigió a la sala del Consejo. La ansiedad pintó el rostro de Ramly, y sólo la compañía de sus nuevos amigos la calmó un poco. Cuando llegaron a la entrada de la sala, Padmé y Anakin la miraron expectantes, deseándole buena suerte, a lo que ella agradeció con una reverencia. Luego, respiró profundo, buscando calma y, junto a Obi-wan, entró.
Yoda, así como los demás miembros del Consejo, los recibieron con una suave inclinación de cabeza, a modo de saludo. Ramly fijó sus ojos en el viejo maestro, intentando mantener el control de las emociones que luchaban por salir de su ser. Casi sin darse cuenta, evocó la imagen de Luke junto a Yoda, imaginándolos, cuando el maestro guió al Comandante en el camino de la Fuerza, allá en Dagobah. Pronto, reaccionó. Había sido una tonta al permitir que sus recuerdos emergieran, sobre todo ahora que estaba rodeada por maestros Jedi. No volvería a ocurrir, pero una duda la asaltó: ¿habrá visto alguno de ellos esas imágenes? No percibió gesto alguno en los rostros de los maestros. Suspiró aliviada.
— Obi-wan Kenobi, el Consejo ha llegado a una decisión— comenzó a decir Mace Windu. Los músculos de Ramly se tensaron.— A pesar de lo arriesgado, además de ir en contra de nuestras leyes, la joven Ramly Arem puede estar bajo tu tutela, siempre y cuando esta nueva responsabilidad no signifique apartar tu atención del pequeño Anakin.
— Agradezco la confianza, maestros— dijo Obi-wan, haciendo una reverencia. Ramly sonreía y repitió el gesto de Kenobi. Se preparaban para retirarse, cuando Yoda comenzó a hablar.
— Recuerda, joven Ramly, tu incompleto entrenamiento en contra del Lado Oscuro vulnerable a él te hace. A Obi-wan escucha, y el camino de la Luz siempre seguir debes. No más por ahora diremos. Que la Fuerza los acompañe— dicho esto, Yoda fijó los ojos en la jedi y en sus labios se dibujó una leve sonrisa. Kenobi y Ramly se despidieron con una reverencia.
Padmé y Anakin recibieron con alegría la noticia. La nueva padawan de Kenobi sonreía ante la oportunidad de permanecer junto a aquel jedi. Padmé le comunicó la decisión de Obi-wan de quedarse un tiempo en Naboo, donde pretendía continuar entrenando a ambos discípulos. Esa noticia la llenó aún más de alegría, porque ese planeta la había fascinado, pero su preocupación por el futuro de la República volvió a invadirla. Si permanecía en Naboo, no podría vigilar los pasos de Palpatine, como tampoco averiguar quién se convertiría en Darth Vader. Por otra parte, si completaba su entrenamiento, las posibilidades de éxito aumentarían, además de tener entre sus manos la sabiduría jedi que hacía falta en su época. Su época. El sólo recordar a los viejos amigos la hizo estremecer. Un halo de tristeza se dejó caer sobre ella, y el frío de la incertidumbre la hizo dudar otra vez. ¿Tendría las fuerzas suficientes para llevar a cabo su plan? ¿Tenía derecho a cambiar el destino de tantos miles de seres?
Obi-wan era severo, pero comprensivo. Ramly logró corregir algunos fallos en el control de sus acciones, manteniendo la concentración por más tiempo. Poco a poco aisló las visiones de su pasado, relegándolas a lo más profundo de su mente, para quedar libre y así asimilar sin dificultades las enseñanzas de su nuevo maestro. Lo que deseaba fervientemente era aprender el arte de construir un sable de luz, del que tenía algunas nociones, pero que eran insuficientes a la hora de aplicarlas. Obi-wan le había dado un par de cristales de Adega para que los estudiara, pues eran el corazón del arma de un jedi.
Ramly suspiraba derrotada ante Kenobi. Su constante acoso a la hora de luchar con los sables de luz, la dejaban exhausta. Le gustaba usarlo, pero a la vez pensaba que jamás lograría alcanzar el nivel de agilidad que Obi-wan poseía. Anakin observaba desde prudente distancia, porque sabía de la peligrosidad de aquellas armas, y sabía también que aún faltaba mucho tiempo antes que él pudiera tomar uno. Sin embargo, analizaba y memorizaba todos los movimientos de su maestro, corregía mentalmente los errores de Ramly y sonreía satisfecho, cuando ella acertaba.
Obi-wan, por su parte, abrigaba muchas esperanzas en su pupila, pero sospechaba que un profundo secreto se ocultaba tras esos ojos de niña. Quiso indagar en su mente varias veces, pero el autocontrol y la pared mental que Ramly había desarrollado, se lo impedían. Existía algo que la atormentaba, había percibido esas emociones tan contradictorias en la joven, sobre todo cuando estaban en Coruscant. Recordó la mirada desconfiada de ella hacia el Canciller Palpatine, así como las veces que la descubrió llorando en silencio. El ver ese sufrimiento, lo conmovía profundamente, mucho más de lo que debería permitirse.
Un día cualquiera, Ramly se encontraba junto a la laguna cercana al palacio. Miraba las ondas que la brisa formaba sobre la superficie, y se dejó llevar por ellas. De improviso, se vio de vuelta entre los espejos de la caverna, pero al mismo tiempo sintió presencias malignas que la observaban. Vio con espanto e impotencia la figura de Darth Vader tras uno de los espejos, y junto a él, otra figura encapuchada. Ambos la observaban con interés. Luego, el encapuchado se echó a reír a carcajadas, burlándose de ella, mientras la máscara de Vader comenzaba a revelarle el rostro desconocido del enemigo. De pronto, sintió que no podía respirar, su garganta estaba apretada, poco a poco se elevó. La mano invisible la ahogaba, acercándola más y más al umbral de la muerte. En su mente, en un último hálito de vida, llamó a su maestro, con la esperanza de regresar al pasado antes de morir. A su alrededor, sintió el sonido de burbujas y una mano que la sostenía. Abrió por unos segundos sus ojos, y vio a un empapado Obi-wan que la abrazaba, intentando sacarla de la laguna.
— ¡Obi-wan!— el grito alertó a todos los que esperaban junto a su cama. Ella se había llevado las manos al cuello, en un reflejo de defensa. Aún podía sentir la opresión en él, miró asustada a quien se encontraba más cerca de ella: Anakin.
— ¿Estás bien?— preguntó el niño, muy preocupado. Padmé se acercó, lo mismo que Jar Jar Binks.
— Sí— luego de un corto silencio, agregó— ¿dónde está Obi-wan?
— Está con la Reina Amidala y Nass, pronto vendrá— Padmé hizo un ademán, y otra de las doncellas de la Reina se retiró de la habitación. Al poco rato, Kenobi entró presuroso al lugar. Ramly no pudo reprimirse y lo abrazó. Él le correspondió un poco incómodo.
— Calma— dijo el maestro, con suave voz. Ella no podía dejar de llorar, se sentía débil, quería contarle todo a Kenobi, y sólo la presencia de Anakin y Padmé la detuvieron.
— Lo siento, yo...— comenzó a decir. Casi sin quererlo, fijó su mirada en los ojos de su maestro, y un estremecimiento de alivio la invadió. Obi-wan la tocó en la frente, y ella cayó en un profundo sueño.
El Espejo del Tiempo (VI)
Los días pasaban en un constante entrenamiento. De vez en cuando las reuniones que Obi-wan y la Reina Amidala sostenían, dejaban a Ramly y Anakin libres de acción. En varias oportunidades pidieron al Capitán Panaka que les enseñara el palacio, ya que siempre había algo nuevo que conocer.
Ramly había olvidado el episodio de la laguna, pero Obi-Wan no. Todos los días la observaba, tratando de captar alguna imagen o algo desde la mente de la joven para saber qué estaba sucediendo, pero la pared impenetrable seguía en pie.
- Impresionante- se decía en voz baja el maestro jedi. Luego estaba su preocupación por Anakin. El chico progresaba a grandes pasos, pero Obi-Wan no podía apartarse de esa sensación tan extraña que le provocaba. Algo de verdad debía tener la creencia de Qui-Gon, cuando le encargó con tanta insistencia que entrenara al niño.
Un día cualquiera, Ramly observaba desde uno de los miradores del Palacio la ciudad. Pensaba en Jordan, mientras sostenía en su mano aquella joya que él le regalara. Suspiró. Tenía miedo de que Jordan desapareciera completamente de sus recuerdos, pero sabía que lo volvería a ver, por lo que sus esperanzas se renovaron. Pero... también estaba Obi-Wan, cerca, vigilante. Pensar en él le producía cierta emoción en su corazón, era extraño pero agradable, y también temible, porque no estaba segura de que Obi-Wan estuviera en sintonía con ella. ¿Qué hacer?
- ¿Tan sola? –la voz del jedi la sobresaltó. Giró.
- ¡Obi-Wan! Yo... sólo pensaba en alguien.
- ¿En alguien? ¿Quién? –su voz revelaba auténtica curiosidad.
- Ah, bueno... alguien muy especial para mí y que extraño mucho. No lo he visto hace ya... tanto... tiempo –respondió ella, afectada.
- Ah... perdona si he sido impertinente... –Obi-Wan hizo una reverencia, luego giró para irse, pero Ramly lo detuvo, tomándolo de la mano.
- No, no, por favor, no te vayas, yo... es sólo un recuerdo ahora... –calló de golpe. Estaba revelando sus sentimientos.
Se miraron fijamente. Ramly sintió que la sangre se le agolpaba en las mejillas. De pronto, sintió que él le apretaba la mano y así estuvieron unos minutos, en silencio. Obi-Wan la atrajo hacia sí.
- ¡Ah, Ramly, tusa estar aquí! –la voz chillona de Jar Jar los asustó. Se separaron, aunque Obi-Wan mantuvo firmemente tomada de la mano a la joven.- Oh, Obi-señor también tusa aquí. La Reina Amidala quiere hablar con Ramly, por eso venir a buscarla.
- De acuerdo, Jar Jar. –respondió el jedi. Luego, miró a Ramly.- Ve con él, después me gustaría seguir conversando contigo. Hay mucho que debemos hablar de... la construcción de sables y otras... cosas –continuó, bajando la voz.
- Sí, yo... bueno, también tengo algunas cosas que preguntar sobre los sith –replicó ella, turbada.- Bueno, hasta después. -Por unos segundos Obi-Wan sostuvo su mano. Luego, la dejó libre. Ramly le dedicó una sonrisa avergonzada, pero sintió una felicidad tan grande que nada más le importaba.- ¡Vamos, Jar Jar!
Obi-Wan la siguió con la mirada. ¡Qué le estaba pasando!
Ramly y Jar Jar pronto llegaron hasta las habitaciones de la reina. Pero Amidala no estaba ahí. En su lugar, Padmé revisaba cada vestido con suma atención. Ramly los miró extasiada.
- ¡Son hermosísimos! –dijo la joven jedi en voz alta. Padmé la miró, sonriendo.
- Son considerados obras de arte. Poseen muchas joyas sacadas de los vestidos de reinas anteriores, además de las que vienen del tesoro real. Hay algunas muy antiguas –explicaba la joven.
- Ah, en mi pueblo nunca se vio algo así –dijo Ramly con cierta tristeza en la voz.- Somos muy modestos, los grandes tesoros están lejos de nosotros, pero... nuestra riqueza es la naturaleza –agregó, más animada.
- Como nosotros... –dijo Padmé. Luego, miró a Jar Jar.- Gracias, Jar Jar, ¿podrías dejarnos a solas?
- Oh... ¿misa molesta? –dijo él, desencantado.
- No, no, es que debo hablar con Ramly cosas... de mujeres –replicó Padmé, guiñándole un ojo. El gungan hizo un gesto de comprensión y salió. Ramly miró a su amiga interrogante.
- ¿Qué estás planeando, Padmé?
- Nada del otro mundo... la reina está muy interesada en saber un pequeño detalle... y si es como ella cree, me encargó ayudarte –dijo ella, sonriendo misteriosamente.
- ¿De qué se trata?
- Eh... es un tema delicado, pero importante... La reina Amidala quiere saber si tú...
- Yo...
- Si estás interesada en Obi-Wan.
Ramly dio un respingo, incómoda. Miró a todos lados, respirando agitada. Luego, se levantó haciendo un ademán de irse, pero se detuvo. Miró a Padmé.
- Nunca pensé que lo notara, menos aún si casi no hablamos. Es muy especial la reina.
- No sabes cuánto –dijo Padmé, misteriosa.- Pero, es así o no.
- Eh, yo... –Padmé la miraba insistente. Ramly bajó los brazos, derrotada.- Sí, lo confieso... el maestro es alguien demasiado atractivo como para no estar interesada en él, pero no creo que él lo esté de mí.
- ¿Por qué?
- Por las cosas que me ha comentado Anakin. Dice que entre las reglas jedis está la de no enamorarse. Muy extraño para mí, pero así es.
- Ah, pero eso lo podemos arreglar... la reina tiene un plan para saber si Obi-Wan está pendiente de ti...
- ¡Pero, Padmé, la reina no puede preocuparse de una cosa tan nimia!
- No te aflijas. La reina sólo quiere distraerse un poco, los asuntos de estado ya están solucionados, todo marcha bien con respecto a la alianza naboo-gungana. Y si te niegas, sería como despreciarla.
- Es lo que menos me gustaría hacer –replicó Ramly, suspirando.- De acuerdo, ¿y cuál es ese plan?
Al día siguiente se anunció una fiesta especial, dedicada a los último tratado ente los naboo y los gungan, que consistió en la elección de un senador nombrado por el mismísimo Jefe Nass. Todo el Palacio se vistió de colores, cada habitación se llenó de música y los gungan en masa acudieron a la celebración.
Obi-Wan se paseaba preocupado por ente la multitud. ¿Dónde se había metido Ramly? Ese día, luego del entrenamiento matutino, se habían separado, ya que Obi-Wan decidiera descansar por el resto del día. Anakin y Ramly habían desaparecido sin decir qué harían.
- Capitán Panaka.
- ¿Señor?
- Estoy buscando a mi padawan.
- ¿El joven Anakin? –el maestro jedi asintió.- La última vez lo vi corriendo hacia las habitaciones de la reina, junto a Jar Jar y Padmé.
- Mm... en malos pasos andan –rió Obi-Wan.
- No creo que se pierdan de la fiesta, ya aparecerán haciendo alguna travesura.
Obi-Wan asintió. De pronto, se anunció la llegada de la reina. Todo el mundo corrió a ubicarse en un buen lugar para verla. El joven jedi percibió una perturbación en la Fuerza. Algo sucedería.
La reina llegó con sus damas de escolta. Vestía un vistoso traje azul que resaltaba sus formas, con una capita a juego y coronada por un tocado dorado que enmarcaba su rostro pálido por el maquillaje y con el cabello trenzado hacia atrás. La multitud entera guardó silencio respetuoso, cuando ella comenzó a bajar por las escaleras, saludando a todos con un leve movimiento de cabeza.
Cuando pasó cerca de Obi-Wan, fijó sus ojos en él por unos segundos. El joven maestro estaba extasiado. La belleza de la reina lo cautivó, pero algo en su interior le hizo notar que ella no era quien decía ser. De reojo vio a Padmé que se escabullía entre los cortesanos. La reina siguió su camino. Miró a Panaka a su lado.
- Capitán, ¿usted sab...?
No alcanzó a terminar la frase. Todo pasó tan rápido, que apenas tuvo tiempo de sacar el sable de luz. La reina giró en redondo, empuñando un sable de luz también, con el que desvió varios disparos blaster de parte de un individuo encapuchado. Parte de los asistentes se tiró al suelo, mientras otros huían aterrorizados. Pero la reina plantó pelea y de unos cuantos madobles redujo el arma a pedazos quemados y de un certero golpe de fuerza lanzó lejos al asesino, dejándolo inconsciente. La reina apagó el sable.
- Capitán Panaka, llévese a este hombre lejos de mi presencia y revise el resto de Palacio –ordenó con voz solemne, aunque en un tono sutilmente diferente que puso en guardia a Obi-Wan.
- Sí, señora –respondió Panaka. La reina levantó su mano e indicó a los músicos comenzar a tocar. Luego, llamó a sus doncellas y partió rumbo a sus habitaciones. Obi-Wan la siguió.
- Yo escoltaré a la reina hasta sus habitaciones –dijo a Panaka. La reina lo miró de reojo, pero guardó silencio.
La pequeña comitiva se detuvo frente a la puerta de las habitaciones de la reina. Obi-Wan hizo un gesto, pidiéndole que se quedaran quietos. Entró. Revisó todo el lugar y al comprobar que era seguro, las dejó entrar.
- Impresionante habilidad en el esgrima, señora –comentó Obi-Wan, mirándola fijamente. Amidala no hizo gesto alguno.
- No quiero parecer descortés, maestro Kenobi, pero creo que usted ya cumplió con su cometido. Ahora, si nos disculpa...
- Perdone que la contradiga, pero quisiera hablar a solas con usted –dijo el jedi, muy serio.
- Más tarde, ahora estoy cansada –la voz de Amidala sonó un poco débil. Las damas de compañía formaron círculo alrededor de Obi-Wan. Sabé tomó la palabra.
- Maestro, la reina ahora guardará reposo. Gracias por su preocupación –decía, al tiempo que lo empujaba hacia el pasillo exterior. Obi-Wan las miró serio por unos segundos, hizo una reverencia y salió. Amidala bajó la cabeza.
Autor: Fan-Solo Página origen
PD: Joven Jedi, tú y yo somos los que damos algo de vida a este tema
[ 02. Octubre 2005, 07:21: Mensaje editado por: diego ]
Obi-wan la interrogó largamente acerca de su entrenamiento jedi. Ella midió cada una de sus palabras, evitando revelar algo que pudiera delatar su extraña llegada hasta esa época. Argumentó que su maestro decidió enseñarle, cuando ella era una adolescente. Obi-wan replicó que era muy extraño que el entrenamiento hubiese empezado tan tarde, pero el comentario no pasó más allá. Le pidió que demostrara cuán buena jedi era. Ramly hizo levitar algunos objetos, moviéndolos de un lugar a otro, leyó los pensamientos que Obi-wan le transmitió por vía telepática, e incluso hizo un corto ejercicio de clarividencia del pasado. Aunque pareció satisfecho, Obi-wan le pidió ver su sable de luz. Ramly se lo mostró. Nuevamente hizo un comentario acerca de lo extraño de ese sable, además de preguntarle si era ella su constructora.
— Lamentablemente no. Mi maestro me entregó este sable, pero no pudo enseñarme cómo se construía— se sintió avergonzada. Él la miró divertido.
— No debes sentirte mal por esto. En Coruscant podrás pedir que se te instruya en la construcción de sables, pero ahora me gustaría medir tu habilidad en una lucha— Ramly retrocedió un paso. Si el hombre que estaba frente a ella hubiese sido un imperial, la pelea ya habría terminado, pero no era esa la situación. Estaba frente a un maestro jedi, de quien había escuchado elogiosos comentarios, y la propuesta le parecía bastante desigual, porque ella sentía que su habilidad estaba muy por debajo de Obi-wan. Pero otra parte de su ser la empujó a aceptar el reto. Si se negaba, sería una verdadera vergüenza para ella, su maestro y su familia. Además, no podría soportar que Obi-wan pensara que no era una jedi comprometida. Esto era lo que más la molestaba.
— De acuerdo— fue su respuesta. Casi al mismo tiempo encendieron sus sables, adoptando cada uno la postura de guardia más adecuada. Obi-wan fue el primero en atacar. Lanzó un golpe directo, de frente, obligando a Ramly a detenerlo como pudiera. Una y otra vez repitió el ejercicio, la joven sólo se defendía, no encontrando la oportunidad de atacar.
— Usa la Fuerza, deja que tus instintos fluyan, no pienses, siente— las palabras de Obi-wan poco a poco hicieron su efecto. Atacó desde un costado, luego de apartar el sable de su rival. Giró sobre sí misma, sorprendiendo a Obi-wan, quien logró detenerlo a tiempo. Pero la concentración no duró mucho tiempo. Algunas visiones de su época distrajeron a Ramly. Con un certero golpe, el joven maestro jedi hizo volar su sable de luz. Ella se sintió avergonzada.— Mi joven amiga, no bajes la guardia, eso puede costarte la vida, junto con acabar también con la de tus protegidos. La Fuerza es poderosa, pero debes mantenerte en armonía con ella, o todo lo que sabes servirá de nada. Vamos a descansar, me has demostrado que eres capaz de usar bien el sable de luz, pero debes aprender a controlarte aún más— ella asintió en silencio.— No te apenes, pues el encuentro de hoy ha significado un paso más en el aprendizaje de la disciplina Jedi. Ve a descansar, mañana partiremos temprano hacia Coruscant, después del festival— ella sonrió levemente, e hizo ademán de decir algo más, pero se arrepintió. Quería hablar con alguien acerca de su insólita situación, pero la prudencia le dictaba callar.
A la mañana siguiente, toda la ciudad despertó agitada. Muy temprano habían llegado las delegaciones desde Coruscant, con el Canciller Palpatine y los miembros del Consejo Jedi. Obi-wan presentó a la joven ante los Jedis, quienes la observaron con mucho interés, pero sin hacerle preguntas.
Una delegación Gungan se acercaba trayendo al Jefe Nass. Con música, vítores y canciones, el jefe gungan se acercó al lugar en que la reina Amidala, quien usaba un hermoso vestido blanco, junto a Obi-wan, Anakin, los miembros del Consejo Jedi. El jefe Nass recibió de manos de Amidala una bola brillante, la que levantó en alto proclamando la paz entre los pueblos de Naboo.
Al poco tiempo, iniciaron su viaje a Coruscant.
El viaje hacia Coruscant resultó ser un período de paz, que Ramly aprovechó para meditar. A veces, Anakin se sentaba junto a ella en silencio, esperando que la joven saliera de su trance. Pronto ella notaba su presencia, y gastaban el tiempo hablando acerca de sus vidas.
Ramly le relató las aventuras que ella y sus hermanos –Milye y Seide- pasaron juntos, cuando pescaban en los lagos de su planeta natal, Kamus. La joven era la segunda, muy mimada por su familia, de quienes guardaba buenos recuerdos. Pero evitaba contarle acerca de la separación de su familia. No podía revelar su verdadero origen, porque temía algún peligro. No podía contarle a Anakin de su separación, cuando Milye, Seide y Jordan la obligaron a huir en una cápsula de escape, mientras ellos desviaban a las naves imperiales. "Jordan", pensó con tristeza, pero no dejó que ese sentimiento perturbara su actual situación.
Kenobi veía con muy buenos ojos la relación de Ramly y Anakin. El pequeño demostraba estar más atento y comprometido con su aprendizaje, gracias a que la joven daba un buen ejemplo. Pero, le preocupaba que Ramly aún no había completado su entrenamiento, lo que la convertía en un blanco fácil del Lado Oscuro, más ahora que los Sith estaban nuevamente entre ellos. Tendría una larga conversación con el Consejo Jedi.
Al llegar a Coruscant, Ramly contuvo la respiración. El planeta entero era una ciudad, y ella sabía que no variaría mucho dentro de los próximos treinta años. Lo que realmente la mantenía en permanente estado de nerviosismo, era su encuentro con los doce maestros Jedi del Consejo. ¿Qué le preguntarían? ¿Querrían saber qué sucedió con su maestro? ¿Podría ocultarles su verdad? Estas preguntas minaron su ánimo, y ya no sentía deseos de verlos. Pero, nada podía hacer. Obi-wan la llevaría ante los Jedis, tal como lo hiciera con Anakin. El sólo recordar todo lo que el niño le había contado, la hacía ponerse aún más nerviosa, porque se sentía débil para ocultar sus recuerdos, los recuerdos de la Rebelión futura, la figura del Emperador y de Darth Vader. “Vader”, pensó, “¿quién será el que llegará a convertirse en ese malvado?... si pudiera saberlo, tal vez podría...”, la posibilidad le pareció muy atractiva, pero su conciencia la detuvo. Si intentaba descubrir y detener a Vader, tal vez cambiaría la historia, pero las consecuencias no podría medirlas. ¿Seguiría en pie la República o un nuevo Imperio surgiría? ¿Vivirían los que ella consideraba sus amigos y compañeros? La confusión invadió su cabeza. No quería pensar más.
Anakin se mantuvo cerca de ella. El niño casi podía ver las dudas que nublaban la mente de Ramly, pero no podía traspasar más allá. Sólo había visto por un leve instante, una silueta negra, imponente, armada con lo que podía ser un sable de luz rojo. “Ella conoce a los Sith, como el que mató al maestro Qui-Gon”, se dijo. Pensó en contárselo a su maestro, pero la curiosidad lo impulsó a averiguar qué había realmente en la mente de la joven jedi. Sospechaba que era algo importante. Estaba más involucrado de lo que él mismo creía.
Fueron recibidos por el Canciller Palpatine, quien los saludó afectuosamente. Obi-wan presentó a Ramly al político, quien esbozó una amplia sonrisa. Ramly se sentó confundida. No supo si corresponder al gesto o mirar hacia otro lado, porque reconoció al hombre como el futuro Emperador, tal como lo leyera en las crónicas de los historiadores de la Rebelión. Pero había algo muy extraño. No podía percibir el mal en aquel hombre, ni siquiera lo veía en sus ojos, sin embargo, estaba segura que era él. Lo miró desconfiada, y sólo hizo una ligera reverencia. Palpatine hizo caso omiso de la desconfianza de la joven, y los invitó a seguirle. Ella lo siguió con una mirada llena de preguntas.
— ¿Qué es lo que perturba tu tranquilidad, joven Ramly?— la voz de Obi-wan la asustó. Movió la cabeza negando. Siguieron al Canciller.
Un par de horas más tarde, Ramly se encontraba frente a los 12 maestros. Le preguntaron su nombre y el de su maestro, y desde cuándo había iniciado su camino en la Fuerza. No pudo mentir. Su aprendizaje lo inició a los 12 años, cosa que a los jedis les pareció bastante insólita, pues había comenzado tardíamente.
Yoda preguntó a Obi-wan qué tan hábil había resultado la joven jedi. El maestro les comentó todas las pruebas a las que había sometido a Ramly, haciendo hincapié en su titubeo a la hora de luchar con sables de luz. Mace Windu, el jedi de piel oscura, evaluó largamente a la joven.
— Veo que Ramly posee un gran dominio de la Fuerza, pero su instrucción está incompleta. ¿Qué maestro querrá tomar como discípula a alguien que ya conoce la Fuerza de este modo? No podemos tomar una decisión apresurada como lo hicimos con el pequeño Anakin, recuerden que el riesgo es grande— Ramly interpretó esto como un ataque personal. Sin proponérselo, el enojo se expresó en sus ojos. Yoda la miró con interés. Windu continuó— Es peligroso que esta joven vague por la Galaxia siendo aún una aprendiz y, además, sin maestro, más ahora que los Sith están de vuelta— esto colmó la paciencia de Ramly. Estuvo a punto de retirarse de la sala, pero la mano oportuna de Obi-wan la detuvo.
— Propongo al Consejo dejar que la joven esté bajo mi tutela— muestras de desasosiego recorrieron los rostros de cada maestro. Obi-wan pareció no reparar en ello. Sólo Yoda mantuvo una actitud tranquila. Kenobi agregó— ya que su instrucción está a poco de completarse, bien puedo guiarla en el resto de su camino, para evitar que sea seducida por el Lado Oscuro. Sabemos que un Sith ha muerto, pero no sabemos qué trama el Sith sobreviviente, y es preferible que ella esté protegida— fijó sus ojos en Yoda. Éste suspiró.
—Obi-wan, mañana nuestra respuesta daremos. Ahora, pueden retirarse, pero antes hablar con Ramly a solas debo— luego de decir esto, hizo señas a la joven para que lo siguiera. Ella pidió consejo a Obi-wan con sus ojos, él asintió con una leve sonrisa. De paso, Ramly miró con rostro inexpresivo a Mace Windu, quien apartó la mirada.
Yoda condujo a Ramly hasta un apartado balcón. Allí se mantuvo largo rato en silencio, observando las naves que transitaban por los cielos de Coruscant. La joven a su lado, tomó la misma actitud. Ni siquiera sospechaba qué quería el maestro, su enojo hacia Windu disminuyó hasta desaparecer, pero su preocupación por el futuro pasó a ocupar el lugar del presente.
— ¿Por qué el futuro mirando estás? El futuro movimiento es. ¿Qué cosas tu alma perturban?— Yoda percibió el miedo que Ramly sentía por los días venideros. Sabía que ella sería una buena jedi, pero sabía también que era vulnerable al Lado Oscuro. Obi-wan sería un buen guía para ella, pero romper otra vez las leyes Jedi sería demasiado. Los pasos a seguir eran muy arriesgados.
— Maestro... yo— quería contarle a alguien su verdad. Confiaba en Yoda, pero la gran responsabilidad que estaba en sus manos aún la detenía. Guardó silencio una vez más. Su desesperación halló refugio en las lágrimas que nublaron su vista. Yoda suspiró.
— El miedo alejarlo debes. Pisar con firmeza, seguir tus instintos y usar la Fuerza, el mejor camino es. No mirar el futuro, el presente vivir debes, y confiar en ti misma. No te entregues al miedo, al odio, la agresión, porque del Lado Oscuro ellos son. Las respuestas en tu corazón tienes, y hacer a su tiempo sabrás— la miró con ternura. Ella bajó la cabeza triste, pero pronto recuperó la confianza. Después de todo, aún nada estaba perdido, las oportunidades estaban allí, y enfrentaría lo que viniera. Agradeció al maestro y pidió permiso para retirarse.
La espera se hizo interminable. Ramly se había aislado en la habitación designada para ella, concentrada en las palabras de Yoda. También recordó los consejos que Luke le dio antes de partir hacia Adega, y pensó que su aprendizaje había sido tan incompleto, y se reprendió por haber huido de Kamus. Repentinamente, la nostalgia la invadió. Recordó a su padre, al resto de la familia y a su maestro. Recordó también a sus hermanos, con quienes se había reencontrado luego de separarse, cuando huían de los Imperiales. Y a Jordan, su querido Jordan, un joven rebelde a quien rescató de su carguero estrellado y a quien no había vuelto a ver. Ni siquiera sus hermanos sabían qué había sido de él, pues siguieron caminos distintos al llegar a una de las bases rebeldes. Lo último que supo, fue que se unió a una misión que lo llevó al Sistema Corellia, de donde no regresó. Ahora, sentía que estaba perdido para siempre, porque ella se quedaría en ese tiempo, lejos de la Rebelión, en un mundo al que no pertenecía. Se recostó en la cama y cerró los ojos.
El Espejo del Tiempo (V)
Ramly se despertó muy temprano. Esperó que Obi-wan se reuniera con ella, para saber la decisión del Consejo. Cuando ya las luces del sol no dejaban ningún rincón en sombras, el maestro jedi apareció, junto a Anakin y Padmé. Sin mediar palabras, el grupo se dirigió a la sala del Consejo. La ansiedad pintó el rostro de Ramly, y sólo la compañía de sus nuevos amigos la calmó un poco. Cuando llegaron a la entrada de la sala, Padmé y Anakin la miraron expectantes, deseándole buena suerte, a lo que ella agradeció con una reverencia. Luego, respiró profundo, buscando calma y, junto a Obi-wan, entró.
Yoda, así como los demás miembros del Consejo, los recibieron con una suave inclinación de cabeza, a modo de saludo. Ramly fijó sus ojos en el viejo maestro, intentando mantener el control de las emociones que luchaban por salir de su ser. Casi sin darse cuenta, evocó la imagen de Luke junto a Yoda, imaginándolos, cuando el maestro guió al Comandante en el camino de la Fuerza, allá en Dagobah. Pronto, reaccionó. Había sido una tonta al permitir que sus recuerdos emergieran, sobre todo ahora que estaba rodeada por maestros Jedi. No volvería a ocurrir, pero una duda la asaltó: ¿habrá visto alguno de ellos esas imágenes? No percibió gesto alguno en los rostros de los maestros. Suspiró aliviada.
— Obi-wan Kenobi, el Consejo ha llegado a una decisión— comenzó a decir Mace Windu. Los músculos de Ramly se tensaron.— A pesar de lo arriesgado, además de ir en contra de nuestras leyes, la joven Ramly Arem puede estar bajo tu tutela, siempre y cuando esta nueva responsabilidad no signifique apartar tu atención del pequeño Anakin.
— Agradezco la confianza, maestros— dijo Obi-wan, haciendo una reverencia. Ramly sonreía y repitió el gesto de Kenobi. Se preparaban para retirarse, cuando Yoda comenzó a hablar.
— Recuerda, joven Ramly, tu incompleto entrenamiento en contra del Lado Oscuro vulnerable a él te hace. A Obi-wan escucha, y el camino de la Luz siempre seguir debes. No más por ahora diremos. Que la Fuerza los acompañe— dicho esto, Yoda fijó los ojos en la jedi y en sus labios se dibujó una leve sonrisa. Kenobi y Ramly se despidieron con una reverencia.
Padmé y Anakin recibieron con alegría la noticia. La nueva padawan de Kenobi sonreía ante la oportunidad de permanecer junto a aquel jedi. Padmé le comunicó la decisión de Obi-wan de quedarse un tiempo en Naboo, donde pretendía continuar entrenando a ambos discípulos. Esa noticia la llenó aún más de alegría, porque ese planeta la había fascinado, pero su preocupación por el futuro de la República volvió a invadirla. Si permanecía en Naboo, no podría vigilar los pasos de Palpatine, como tampoco averiguar quién se convertiría en Darth Vader. Por otra parte, si completaba su entrenamiento, las posibilidades de éxito aumentarían, además de tener entre sus manos la sabiduría jedi que hacía falta en su época. Su época. El sólo recordar a los viejos amigos la hizo estremecer. Un halo de tristeza se dejó caer sobre ella, y el frío de la incertidumbre la hizo dudar otra vez. ¿Tendría las fuerzas suficientes para llevar a cabo su plan? ¿Tenía derecho a cambiar el destino de tantos miles de seres?
Obi-wan era severo, pero comprensivo. Ramly logró corregir algunos fallos en el control de sus acciones, manteniendo la concentración por más tiempo. Poco a poco aisló las visiones de su pasado, relegándolas a lo más profundo de su mente, para quedar libre y así asimilar sin dificultades las enseñanzas de su nuevo maestro. Lo que deseaba fervientemente era aprender el arte de construir un sable de luz, del que tenía algunas nociones, pero que eran insuficientes a la hora de aplicarlas. Obi-wan le había dado un par de cristales de Adega para que los estudiara, pues eran el corazón del arma de un jedi.
Ramly suspiraba derrotada ante Kenobi. Su constante acoso a la hora de luchar con los sables de luz, la dejaban exhausta. Le gustaba usarlo, pero a la vez pensaba que jamás lograría alcanzar el nivel de agilidad que Obi-wan poseía. Anakin observaba desde prudente distancia, porque sabía de la peligrosidad de aquellas armas, y sabía también que aún faltaba mucho tiempo antes que él pudiera tomar uno. Sin embargo, analizaba y memorizaba todos los movimientos de su maestro, corregía mentalmente los errores de Ramly y sonreía satisfecho, cuando ella acertaba.
Obi-wan, por su parte, abrigaba muchas esperanzas en su pupila, pero sospechaba que un profundo secreto se ocultaba tras esos ojos de niña. Quiso indagar en su mente varias veces, pero el autocontrol y la pared mental que Ramly había desarrollado, se lo impedían. Existía algo que la atormentaba, había percibido esas emociones tan contradictorias en la joven, sobre todo cuando estaban en Coruscant. Recordó la mirada desconfiada de ella hacia el Canciller Palpatine, así como las veces que la descubrió llorando en silencio. El ver ese sufrimiento, lo conmovía profundamente, mucho más de lo que debería permitirse.
Un día cualquiera, Ramly se encontraba junto a la laguna cercana al palacio. Miraba las ondas que la brisa formaba sobre la superficie, y se dejó llevar por ellas. De improviso, se vio de vuelta entre los espejos de la caverna, pero al mismo tiempo sintió presencias malignas que la observaban. Vio con espanto e impotencia la figura de Darth Vader tras uno de los espejos, y junto a él, otra figura encapuchada. Ambos la observaban con interés. Luego, el encapuchado se echó a reír a carcajadas, burlándose de ella, mientras la máscara de Vader comenzaba a revelarle el rostro desconocido del enemigo. De pronto, sintió que no podía respirar, su garganta estaba apretada, poco a poco se elevó. La mano invisible la ahogaba, acercándola más y más al umbral de la muerte. En su mente, en un último hálito de vida, llamó a su maestro, con la esperanza de regresar al pasado antes de morir. A su alrededor, sintió el sonido de burbujas y una mano que la sostenía. Abrió por unos segundos sus ojos, y vio a un empapado Obi-wan que la abrazaba, intentando sacarla de la laguna.
— ¡Obi-wan!— el grito alertó a todos los que esperaban junto a su cama. Ella se había llevado las manos al cuello, en un reflejo de defensa. Aún podía sentir la opresión en él, miró asustada a quien se encontraba más cerca de ella: Anakin.
— ¿Estás bien?— preguntó el niño, muy preocupado. Padmé se acercó, lo mismo que Jar Jar Binks.
— Sí— luego de un corto silencio, agregó— ¿dónde está Obi-wan?
— Está con la Reina Amidala y Nass, pronto vendrá— Padmé hizo un ademán, y otra de las doncellas de la Reina se retiró de la habitación. Al poco rato, Kenobi entró presuroso al lugar. Ramly no pudo reprimirse y lo abrazó. Él le correspondió un poco incómodo.
— Calma— dijo el maestro, con suave voz. Ella no podía dejar de llorar, se sentía débil, quería contarle todo a Kenobi, y sólo la presencia de Anakin y Padmé la detuvieron.
— Lo siento, yo...— comenzó a decir. Casi sin quererlo, fijó su mirada en los ojos de su maestro, y un estremecimiento de alivio la invadió. Obi-wan la tocó en la frente, y ella cayó en un profundo sueño.
El Espejo del Tiempo (VI)
Los días pasaban en un constante entrenamiento. De vez en cuando las reuniones que Obi-wan y la Reina Amidala sostenían, dejaban a Ramly y Anakin libres de acción. En varias oportunidades pidieron al Capitán Panaka que les enseñara el palacio, ya que siempre había algo nuevo que conocer.
Ramly había olvidado el episodio de la laguna, pero Obi-Wan no. Todos los días la observaba, tratando de captar alguna imagen o algo desde la mente de la joven para saber qué estaba sucediendo, pero la pared impenetrable seguía en pie.
- Impresionante- se decía en voz baja el maestro jedi. Luego estaba su preocupación por Anakin. El chico progresaba a grandes pasos, pero Obi-Wan no podía apartarse de esa sensación tan extraña que le provocaba. Algo de verdad debía tener la creencia de Qui-Gon, cuando le encargó con tanta insistencia que entrenara al niño.
Un día cualquiera, Ramly observaba desde uno de los miradores del Palacio la ciudad. Pensaba en Jordan, mientras sostenía en su mano aquella joya que él le regalara. Suspiró. Tenía miedo de que Jordan desapareciera completamente de sus recuerdos, pero sabía que lo volvería a ver, por lo que sus esperanzas se renovaron. Pero... también estaba Obi-Wan, cerca, vigilante. Pensar en él le producía cierta emoción en su corazón, era extraño pero agradable, y también temible, porque no estaba segura de que Obi-Wan estuviera en sintonía con ella. ¿Qué hacer?
- ¿Tan sola? –la voz del jedi la sobresaltó. Giró.
- ¡Obi-Wan! Yo... sólo pensaba en alguien.
- ¿En alguien? ¿Quién? –su voz revelaba auténtica curiosidad.
- Ah, bueno... alguien muy especial para mí y que extraño mucho. No lo he visto hace ya... tanto... tiempo –respondió ella, afectada.
- Ah... perdona si he sido impertinente... –Obi-Wan hizo una reverencia, luego giró para irse, pero Ramly lo detuvo, tomándolo de la mano.
- No, no, por favor, no te vayas, yo... es sólo un recuerdo ahora... –calló de golpe. Estaba revelando sus sentimientos.
Se miraron fijamente. Ramly sintió que la sangre se le agolpaba en las mejillas. De pronto, sintió que él le apretaba la mano y así estuvieron unos minutos, en silencio. Obi-Wan la atrajo hacia sí.
- ¡Ah, Ramly, tusa estar aquí! –la voz chillona de Jar Jar los asustó. Se separaron, aunque Obi-Wan mantuvo firmemente tomada de la mano a la joven.- Oh, Obi-señor también tusa aquí. La Reina Amidala quiere hablar con Ramly, por eso venir a buscarla.
- De acuerdo, Jar Jar. –respondió el jedi. Luego, miró a Ramly.- Ve con él, después me gustaría seguir conversando contigo. Hay mucho que debemos hablar de... la construcción de sables y otras... cosas –continuó, bajando la voz.
- Sí, yo... bueno, también tengo algunas cosas que preguntar sobre los sith –replicó ella, turbada.- Bueno, hasta después. -Por unos segundos Obi-Wan sostuvo su mano. Luego, la dejó libre. Ramly le dedicó una sonrisa avergonzada, pero sintió una felicidad tan grande que nada más le importaba.- ¡Vamos, Jar Jar!
Obi-Wan la siguió con la mirada. ¡Qué le estaba pasando!
Ramly y Jar Jar pronto llegaron hasta las habitaciones de la reina. Pero Amidala no estaba ahí. En su lugar, Padmé revisaba cada vestido con suma atención. Ramly los miró extasiada.
- ¡Son hermosísimos! –dijo la joven jedi en voz alta. Padmé la miró, sonriendo.
- Son considerados obras de arte. Poseen muchas joyas sacadas de los vestidos de reinas anteriores, además de las que vienen del tesoro real. Hay algunas muy antiguas –explicaba la joven.
- Ah, en mi pueblo nunca se vio algo así –dijo Ramly con cierta tristeza en la voz.- Somos muy modestos, los grandes tesoros están lejos de nosotros, pero... nuestra riqueza es la naturaleza –agregó, más animada.
- Como nosotros... –dijo Padmé. Luego, miró a Jar Jar.- Gracias, Jar Jar, ¿podrías dejarnos a solas?
- Oh... ¿misa molesta? –dijo él, desencantado.
- No, no, es que debo hablar con Ramly cosas... de mujeres –replicó Padmé, guiñándole un ojo. El gungan hizo un gesto de comprensión y salió. Ramly miró a su amiga interrogante.
- ¿Qué estás planeando, Padmé?
- Nada del otro mundo... la reina está muy interesada en saber un pequeño detalle... y si es como ella cree, me encargó ayudarte –dijo ella, sonriendo misteriosamente.
- ¿De qué se trata?
- Eh... es un tema delicado, pero importante... La reina Amidala quiere saber si tú...
- Yo...
- Si estás interesada en Obi-Wan.
Ramly dio un respingo, incómoda. Miró a todos lados, respirando agitada. Luego, se levantó haciendo un ademán de irse, pero se detuvo. Miró a Padmé.
- Nunca pensé que lo notara, menos aún si casi no hablamos. Es muy especial la reina.
- No sabes cuánto –dijo Padmé, misteriosa.- Pero, es así o no.
- Eh, yo... –Padmé la miraba insistente. Ramly bajó los brazos, derrotada.- Sí, lo confieso... el maestro es alguien demasiado atractivo como para no estar interesada en él, pero no creo que él lo esté de mí.
- ¿Por qué?
- Por las cosas que me ha comentado Anakin. Dice que entre las reglas jedis está la de no enamorarse. Muy extraño para mí, pero así es.
- Ah, pero eso lo podemos arreglar... la reina tiene un plan para saber si Obi-Wan está pendiente de ti...
- ¡Pero, Padmé, la reina no puede preocuparse de una cosa tan nimia!
- No te aflijas. La reina sólo quiere distraerse un poco, los asuntos de estado ya están solucionados, todo marcha bien con respecto a la alianza naboo-gungana. Y si te niegas, sería como despreciarla.
- Es lo que menos me gustaría hacer –replicó Ramly, suspirando.- De acuerdo, ¿y cuál es ese plan?
Al día siguiente se anunció una fiesta especial, dedicada a los último tratado ente los naboo y los gungan, que consistió en la elección de un senador nombrado por el mismísimo Jefe Nass. Todo el Palacio se vistió de colores, cada habitación se llenó de música y los gungan en masa acudieron a la celebración.
Obi-Wan se paseaba preocupado por ente la multitud. ¿Dónde se había metido Ramly? Ese día, luego del entrenamiento matutino, se habían separado, ya que Obi-Wan decidiera descansar por el resto del día. Anakin y Ramly habían desaparecido sin decir qué harían.
- Capitán Panaka.
- ¿Señor?
- Estoy buscando a mi padawan.
- ¿El joven Anakin? –el maestro jedi asintió.- La última vez lo vi corriendo hacia las habitaciones de la reina, junto a Jar Jar y Padmé.
- Mm... en malos pasos andan –rió Obi-Wan.
- No creo que se pierdan de la fiesta, ya aparecerán haciendo alguna travesura.
Obi-Wan asintió. De pronto, se anunció la llegada de la reina. Todo el mundo corrió a ubicarse en un buen lugar para verla. El joven jedi percibió una perturbación en la Fuerza. Algo sucedería.
La reina llegó con sus damas de escolta. Vestía un vistoso traje azul que resaltaba sus formas, con una capita a juego y coronada por un tocado dorado que enmarcaba su rostro pálido por el maquillaje y con el cabello trenzado hacia atrás. La multitud entera guardó silencio respetuoso, cuando ella comenzó a bajar por las escaleras, saludando a todos con un leve movimiento de cabeza.
Cuando pasó cerca de Obi-Wan, fijó sus ojos en él por unos segundos. El joven maestro estaba extasiado. La belleza de la reina lo cautivó, pero algo en su interior le hizo notar que ella no era quien decía ser. De reojo vio a Padmé que se escabullía entre los cortesanos. La reina siguió su camino. Miró a Panaka a su lado.
- Capitán, ¿usted sab...?
No alcanzó a terminar la frase. Todo pasó tan rápido, que apenas tuvo tiempo de sacar el sable de luz. La reina giró en redondo, empuñando un sable de luz también, con el que desvió varios disparos blaster de parte de un individuo encapuchado. Parte de los asistentes se tiró al suelo, mientras otros huían aterrorizados. Pero la reina plantó pelea y de unos cuantos madobles redujo el arma a pedazos quemados y de un certero golpe de fuerza lanzó lejos al asesino, dejándolo inconsciente. La reina apagó el sable.
- Capitán Panaka, llévese a este hombre lejos de mi presencia y revise el resto de Palacio –ordenó con voz solemne, aunque en un tono sutilmente diferente que puso en guardia a Obi-Wan.
- Sí, señora –respondió Panaka. La reina levantó su mano e indicó a los músicos comenzar a tocar. Luego, llamó a sus doncellas y partió rumbo a sus habitaciones. Obi-Wan la siguió.
- Yo escoltaré a la reina hasta sus habitaciones –dijo a Panaka. La reina lo miró de reojo, pero guardó silencio.
La pequeña comitiva se detuvo frente a la puerta de las habitaciones de la reina. Obi-Wan hizo un gesto, pidiéndole que se quedaran quietos. Entró. Revisó todo el lugar y al comprobar que era seguro, las dejó entrar.
- Impresionante habilidad en el esgrima, señora –comentó Obi-Wan, mirándola fijamente. Amidala no hizo gesto alguno.
- No quiero parecer descortés, maestro Kenobi, pero creo que usted ya cumplió con su cometido. Ahora, si nos disculpa...
- Perdone que la contradiga, pero quisiera hablar a solas con usted –dijo el jedi, muy serio.
- Más tarde, ahora estoy cansada –la voz de Amidala sonó un poco débil. Las damas de compañía formaron círculo alrededor de Obi-Wan. Sabé tomó la palabra.
- Maestro, la reina ahora guardará reposo. Gracias por su preocupación –decía, al tiempo que lo empujaba hacia el pasillo exterior. Obi-Wan las miró serio por unos segundos, hizo una reverencia y salió. Amidala bajó la cabeza.
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[ 02. Octubre 2005, 07:21: Mensaje editado por: diego ]
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02 Oct 2005 10:57 #203 por Joven Jedi
Respuesta de Joven Jedi sobre el tema starwars: fansfiction
(Tienes razón diego.Estuvo muy interesante)
En las turbias aguas de la presa,dos brazos sobresalieron.Luke estaba nadando por su supervivencia.Pudo agarrarse a una pequeña esquina saliente de la presa.Miró hacia arriba y pudo calcular que por lo menos tenía 50 metros hasta el borde superior donde acababa la presa.Debía pensar como usar la fuerza para salir de allí.Quizás,le llevase un rato.Necesitaba encontrar a Kyle pero Jan Ors corría peligro.
Luke:(Por transmisor)Jar Ors,¿me recibes?
Jan:Alto y claro.
Luke:No tengo tiempo para explicaciones.Coge tu transmisor,la radio portátil y el holo-transmisor de la garra del cuervo.También trate a tu astrodroide.Una vez hecho eso,aléjate hacia la casa abandonada y no te mueves.Si alguien intenta robar la garra del cuervo,no intervengas,mantente al margen.
Jan:¿¿Pero que....??
Luke:Haz lo que te digo.Luego iré a buscarte.
Jan:¿Como está Kyle?
La comunicación se cerró.Jan estaba asustada.Hizo todo lo que le mandó Luke y puso rumbo a su destino.Estaba impaciente y horrorizada por saber que estaba ocurriendo.
Mientras tanto,Luke logró subirse a un trozo de roca que flotaba en elagua de la presa.Era increíble que fuera totalmente lisa.Solo pequeños salientes la uniformaban,pero era insuficientes para estar encima de ellos.Había conseguodo recuperar su sable luz,pero estaba sobrecargado y hasta dentro de unos minutos no podría usarlo.Durante unos minutos estuvo meditando.Su última salvación era la fuerza.Mediante la fuerza mental,intentó escapar.Esta vieja técnica solo la podñian usar unos pocos privilegiados.Aquello que realmente la comprendían.Gente como Yoda,Qui-gon o incluso Obi-wan.Ni el propio Mace Windu,del que había oído hablar era capaz de realizarla.Sería la primera vez que lo intentaría.Numerosas veces,Obi-wan le había enseñado en como hacerlo.Ahora es cuando lo haría.
Luke cerró los ojos.Tras meditar,el campo de visión se le dibujó en la mente.Era lo mismo que estaría viendo con los ojos abiertos,solo que era capaz de ver lo mismo con los ojos cerrados,solo que algo borroso.Entonces,las paredes de la presa se hicieron transparentes,permitiendo ver el exterior mas allá.Algo,que sin la fuerza y con los ojos abiertos no podría hacer.Entonces divisó el terreno.Se situó sobre un largo poste tusken.Debía medir unos 10 metros,no estaría mal.Se concentró en su hubicación.Sin perder la conexión,Luke lo movía con la fuerza.Poco a poco,lo fue bajando por la presa hasta colocarlo de pie en el agua.Entonces,abrió los ojos,perdiendo la conexión de la fuerza.Se sintió mareado y resbaló hacia el agua."Genial,otros 10 minutos esperando que la célula fotosint´ñectica se vuelva a activar en el sable" pensaba Luke.mediante un salto de la fuerza,se subió al largo poste tusken.Era un locura,que desde allí,saltara hasta 40 metros con la fuerza.
Era su única opción.Muchas veces,los jedis durante las guerras clon debían usar al máximo su poder.Obi-wan le relató una vez,que Yoda vio a Mace Windu,cuando arrestaron al canciller,saltar mas de 50 metros para intentar alcanzar la nave.Ésta le disparó,haciéndole caer de nuevo.Obi-wan le había contado que Yoda estaba seguro de que Mace hubiera podido alcanzar la nave.
Entonces Luke pensó que podía ser posible.Mediante un par de minutos,concentró toda su energía y fuerza.Era el momento.Luke se impulsó sobre sus piés.Notó como si hubiese sido lanzado desde algún sitio.Voló,ganando altura,hasta que sus dedos tocaron el fierme suelo superior.Sus dedos agarraron un trozo de piedra.Lohabía conseguido,o casi.Estaba sujeto por solamente tres dedos.entonces,de nuevo,casi exausto,hizo un salto de fuerza impulsándose con la manos.Ahora sí,se econcontraba de pie mirando el fuerte abismo de la presa.Estaba muy cansado,pero de nuevo algo sucedía.Su sable láser se desprendió de él,cayendo a la presa."El sable láser es el arma de todo caballero jedi...."Aún casi sin fuerza,inclinó la mano.Detuvo el sable láser en plena caída y lo atrajo.Una vez recuperado,Luke,sudando,se dirigió corriendo hacia el templo del jedi.
Jan oRs vio una sombra que se acercaba a la nave.Estaba nerviosa.Dejó a su astrodroide con todos los complementos que había cogido esconcidos.Estaba a punto de cometer una locura.Cogió su arma blaster y salió de su escondite...
En las turbias aguas de la presa,dos brazos sobresalieron.Luke estaba nadando por su supervivencia.Pudo agarrarse a una pequeña esquina saliente de la presa.Miró hacia arriba y pudo calcular que por lo menos tenía 50 metros hasta el borde superior donde acababa la presa.Debía pensar como usar la fuerza para salir de allí.Quizás,le llevase un rato.Necesitaba encontrar a Kyle pero Jan Ors corría peligro.
Luke:(Por transmisor)Jar Ors,¿me recibes?
Jan:Alto y claro.
Luke:No tengo tiempo para explicaciones.Coge tu transmisor,la radio portátil y el holo-transmisor de la garra del cuervo.También trate a tu astrodroide.Una vez hecho eso,aléjate hacia la casa abandonada y no te mueves.Si alguien intenta robar la garra del cuervo,no intervengas,mantente al margen.
Jan:¿¿Pero que....??
Luke:Haz lo que te digo.Luego iré a buscarte.
Jan:¿Como está Kyle?
La comunicación se cerró.Jan estaba asustada.Hizo todo lo que le mandó Luke y puso rumbo a su destino.Estaba impaciente y horrorizada por saber que estaba ocurriendo.
Mientras tanto,Luke logró subirse a un trozo de roca que flotaba en elagua de la presa.Era increíble que fuera totalmente lisa.Solo pequeños salientes la uniformaban,pero era insuficientes para estar encima de ellos.Había conseguodo recuperar su sable luz,pero estaba sobrecargado y hasta dentro de unos minutos no podría usarlo.Durante unos minutos estuvo meditando.Su última salvación era la fuerza.Mediante la fuerza mental,intentó escapar.Esta vieja técnica solo la podñian usar unos pocos privilegiados.Aquello que realmente la comprendían.Gente como Yoda,Qui-gon o incluso Obi-wan.Ni el propio Mace Windu,del que había oído hablar era capaz de realizarla.Sería la primera vez que lo intentaría.Numerosas veces,Obi-wan le había enseñado en como hacerlo.Ahora es cuando lo haría.
Luke cerró los ojos.Tras meditar,el campo de visión se le dibujó en la mente.Era lo mismo que estaría viendo con los ojos abiertos,solo que era capaz de ver lo mismo con los ojos cerrados,solo que algo borroso.Entonces,las paredes de la presa se hicieron transparentes,permitiendo ver el exterior mas allá.Algo,que sin la fuerza y con los ojos abiertos no podría hacer.Entonces divisó el terreno.Se situó sobre un largo poste tusken.Debía medir unos 10 metros,no estaría mal.Se concentró en su hubicación.Sin perder la conexión,Luke lo movía con la fuerza.Poco a poco,lo fue bajando por la presa hasta colocarlo de pie en el agua.Entonces,abrió los ojos,perdiendo la conexión de la fuerza.Se sintió mareado y resbaló hacia el agua."Genial,otros 10 minutos esperando que la célula fotosint´ñectica se vuelva a activar en el sable" pensaba Luke.mediante un salto de la fuerza,se subió al largo poste tusken.Era un locura,que desde allí,saltara hasta 40 metros con la fuerza.
Era su única opción.Muchas veces,los jedis durante las guerras clon debían usar al máximo su poder.Obi-wan le relató una vez,que Yoda vio a Mace Windu,cuando arrestaron al canciller,saltar mas de 50 metros para intentar alcanzar la nave.Ésta le disparó,haciéndole caer de nuevo.Obi-wan le había contado que Yoda estaba seguro de que Mace hubiera podido alcanzar la nave.
Entonces Luke pensó que podía ser posible.Mediante un par de minutos,concentró toda su energía y fuerza.Era el momento.Luke se impulsó sobre sus piés.Notó como si hubiese sido lanzado desde algún sitio.Voló,ganando altura,hasta que sus dedos tocaron el fierme suelo superior.Sus dedos agarraron un trozo de piedra.Lohabía conseguido,o casi.Estaba sujeto por solamente tres dedos.entonces,de nuevo,casi exausto,hizo un salto de fuerza impulsándose con la manos.Ahora sí,se econcontraba de pie mirando el fuerte abismo de la presa.Estaba muy cansado,pero de nuevo algo sucedía.Su sable láser se desprendió de él,cayendo a la presa."El sable láser es el arma de todo caballero jedi...."Aún casi sin fuerza,inclinó la mano.Detuvo el sable láser en plena caída y lo atrajo.Una vez recuperado,Luke,sudando,se dirigió corriendo hacia el templo del jedi.
Jan oRs vio una sombra que se acercaba a la nave.Estaba nerviosa.Dejó a su astrodroide con todos los complementos que había cogido esconcidos.Estaba a punto de cometer una locura.Cogió su arma blaster y salió de su escondite...
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02 Oct 2005 20:49 #204 por konk7er
Respuesta de konk7er sobre el tema starwars: fansfiction
juer tios...con esto podeis hacer un libro cada uno,teneis madera de escritor
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