Prologo FFW 2.0


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11 años 7 meses antes #79 por Ralph Maul
Respuesta de Ralph Maul sobre el tema Prologo FFW 2.0
La torre misma empezaba a resquebrajarse en su parte mas alta... Las alarmas comenzaron a sonar y con estas iniciándose una secuencia de acciones que había sido preparada por el propio líder mucho antes de empezar su duelo con el sith. Desde abajo los soldados atónitos solo podían observar e iniciar las labores de evacuación.

Mientras tanto en el centro de mando un mensaje de mandalore previamente grabado se emitía a todos los soldados...- Inicia el comunicado - "Atención a Todas las fuerzas de Ocupación, La Republica Galáctica ha incumplido con el acuerdo de paz y se preparan para iniciar las hostilidades queriendo romper con el bloqueo espacial, esta medida insensata no creara mas que caos y desorden para nuestras operaciones y permitirá a los disidentes escapar lo cual les cederá la oportunidad de organizarse, armase y prepararse para una guerra de desgaste... No podemos permitir estos actos terroristas a manos de rebeldes apoyados por la republica, y es por eso que en mi condición de Mandalore, hablo por todos y cada uno de los mandalorianos cuando digo que el momento que estábamos esperando HA LLEGADO!, las escorias de la republica temblaran del miedo una vez mas... Porque los Mandalorianos VAMOS A LA GUERRA! y como Declaración de guerra todos los presos políticos y rehenes serán ejecutados!" - Fin de la Transmisión - Gritos de Euforia se escucharon en todas partes, la maquinaria de guerra mas fiera y disciplinada de la galaxia se estaba moviendo toda a la vez, desde los planetas de ocupación mandaloriana, Onderon, Ord Maltel y Dunx, hasta la Fuerzas de ocupación en Dathomir, Todos se unirían a la Cruzada contra la republica.

Minutos mas tarde el mismo mensaje seria enviado al corazón de la Republica Galáctica y del Imperio Sith. Esa jugada seria suficiente para hacer temblar a toda la galaxia y darle siquiera tiempo de prepararse para lo que estaba por ocurrir. Enseguida todos los planes continencia se pusieron en marcha y un segundo mensaje fue enviado directamente a sala de Darth Loire - El Acuerdo ha cambiado mi Lord, como comprenderá la intromisión de la republica no estaba en nuestros planes. Ambos esperábamos que la republica no se metiera en una ocupación mandaloriana apoyada por los sith, pero parece que alguien mas esta moviendo sus hilos, y en este momento necesito verdaderamente de su apoyo.... estoy seguro de q tomara la decisión correcta... esto ultimo mostrando imágenes de Darth Nest esposado siendo llevado por Fenrir y sus hombres y luego otras de este siendo llevado a la torre de gobierno -

En la Orbita de Dathomir las cosas se complicaban cada vez mas.. El general Erzebet iniciaba las secuencias protocolares para comenzar el ataque que diezmaría la Flota de la republica. Con la naves mandalorianas listas y los pilotos en sus cazas preparados, solo hacia falta la orden para iniciar el plan que mandalore había llamado, Operación Aurora. En la superficie ya no había caos los miembros del grupo Omega sobrevivientes fueron llevados secretamente al Crucero Insignia El Valkir para su recuperación y el escuadrón táctico Delta se encargaba de mantener el orden publico en todo Dathomir. El Tablero y las piezas estaban puestas... El juego había comenzado.


Continuará.

Mandalorians don't make threats. We make promises.

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11 años 7 meses antes #80 por Nest_Vader
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
El sol se alzaba lentamente y el horizonte se dividía en franjas de color oro, rosa y violeta. Las cuatro lunas de Dathomir se hacían cada vez más borrosas en el firmamento ya no tan estrellado. Abajo, en el fondo de una depresión de unos mil quinientos pies, se encontraba la capital del mundo. La llanura interior se dilataba hasta perderse de vista en una tiniebla informe y grisácea por el humo de la guerra. El viento del planeta soplaba ahora desde el este levantando las nubes espesas, que se alejaban flotando hacia el oeste. En la ciudad, los humos reptaban al ras del suelo y se agazapaban en los cráteres que dejaron algunas explosiones, y la niebla daba la impresión que escapaba por las grietas de la tierra.
En ese amanecer, en el centro exacto de la metrópoli, asomaba una sombra vasta, siniestra como una nube de tormenta: los velos distantes de la torre de gobierno, que se alzaba allí sobre una base sepultada en ruinas de cenizas. La cabeza de la gigantesca edificación se hallaba la mayor parte del tiempo envuelta en nubes, y ese era uno de esos momentos. La torre se erguía, peligrosa y hostil, como una bestia reek adormecida. El poder mágico del clan de la Montaña Cantante cavilaba, con el extraño sonido como de un lamento; aquello era desconcertante, mas no dejaba de ser bello. Al menos, eso pensaban las tropas mandalorianas, dispersas por toda la capital de Dathomir para mantener el control de la localidad y para movilizarse hacia la órbita del planeta según había ordenado el mensaje pregrabado de Mandalore.
La Fuerza sentía el augurio de peligro e incertidumbre de las brujas; ellas veían en sus mentes un sable de luz carmesí refulgente y un rostro monstruoso y severo, y por el momento habían dejado de lado sus otros problemas como el golpe de Estado que dio el clan de las Hermanas de la Noche con el apoyo de la Alianza Galáctica o como la invasión mandaloriana que las dejó prisioneras. Así, la poderosa fortaleza, puerta tras puerta, bloque sobre bloque, estaba envuelta en una lobreguez de preocupación, mientras todo temblaba y las alarmas sonaban.
Darth Nest desató su poder sobre Mandalore con un frenesí desconocido hasta entonces, tanto para él como para el mandaloriano. Los guerreros se hallaban suspendidos en el aire, y las chispas saltaban por doquier. Pronto fue evidente que toda la ventaja era del Sith, y la empleaba a fondo. Cuando la armadura de Mandalore comenzó a resquebrajarse, éste sintió unas terribles punzadas de dolor, que lo forzaron a gritar enloquecidamente. Cada alarido, cada punzada del mandaloriano por el padecimiento que enviaba la energía emanada de lord Nest, que sacudía toda la habitación provocando que trozos de piedra cayeran del techo, zarandeaban al jefe supremo de las fuerzas mandalorianas como si fueran acusaciones, aullidos, fragmentos de un odio mortal.
De repente, el rezo melódico que provenía del actual calabozo de las brujas se oyó más fuerte. Nest miró fijamente al herido Mandalore y su averiado traje y, luego, sus manos cadavéricas y ennegrecidas. De pronto advirtió cuán horrible era el uso de la Fuerza, cuánto daño podía causar. Su físico, terrorífico e inhumano, no lo hacían más un monstruo que sus mismos malvados actos motivados por el poder de la Fuerza. Así todo quedó en calma, y Mandalore se desplomó en el suelo, postrado de rodillas.
Nest se acercó a la habitación adonde aguardaban encerradas las brujas que antaño reinaban en el planeta. El Sith se internó en la contigua y oscura sala, cuyo techo era tan alto que quedaba fuera de su vista. El hambre de energía, de poder ardió más fuerte aun en su interior. Ya casi… Ya estaba cerca de saciar el hambre. Él lo sabía, pues ya lo había percibido antes: el Señor Oscuro odiaba a la Fuerza y a todos sus usuarios, y las brujas eran sirvientes de la Fuerza, aunque la llamaran equivocadamente “magia”. Deseaba destruir definitivamente a ese dios enfermizo, esa cosa que usó segundos antes, esa cosa que siempre ha estado dentro de él, esa cosa que, se supone, mantiene unida a la galaxia.
Una luz tenue y violeta brilló a lo lejos, en lo que parecía la mitad del recinto. Ese resplandor morado era la única cosa que rompía la oscuridad, aunque sus rayos no penetraban tanto como para mostrar algo más. El lord Sith avanzó hacia el centro, en donde no había nada, excepto la fuente de aquel brillo, el cual se veía más radiante de cerca. Al principio, Nest creyó que era una lámpara, un holoproyector o algo parecido, pero luego vio que la luz provenía de una roca en forma de vasija, la cual estaba colocada en lo alto de un pedestal. El oscuro ser se aproximó al recipiente, y éste estaba lleno de un líquido púrpura que era lo que emitía aquella luz fosforescente. Seis mujeres jóvenes, elegantes y hermosas, estaban tomadas de la mano alrededor de la vasija; miraron a Nest con sus ojos grises, intensos e inquietantes.
— Bienvenido — dijeron las seis damas al unísono.

"Todo lo que tienes lo perderás"

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11 años 7 meses antes #81 por Nest_Vader
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
Nest fijó su visión, con descaro, sobre las brujas. Ellas sonrieron, amable y conmovedoramente, al mirar el aspecto del Sith. Una lágrima cruzó el rostro de cada una de las antiguas gobernantes del planeta. El guerrero de la oscuridad miró sus garras y se dio cuenta de las ganas que tenía de buscar las gargantas de esas mujeres ricas en el poder de la Fuerza y romper sus respectivas tráqueas en un instante.
Sin embargo, ellas parecían incluso benévolas. ¿No se hallaban llorando y cantando tristemente? Y eran tan hermosas… No obstante, también eran seres retorcidos y Nest lo sabía. Recordaba una de sus enseñanzas en el pasado, en la que hablaba de no dejarse engañar por las apariencias; la sombra del Lado Oscuro no sufría de misericordia. Las integrantes del clan de la Montaña Cantante no llevaban armas, así que aún podía atacarles, pero ¿no era la agresión y la búsqueda de la muerte parte de ese odio que le producía la Fuerza? ¿No debía evitar el contacto con la Fuerza? ¿O quizá pudiera utilizar juiciosamente las pujanzas de su falso dios y luego arrojarlas a un lado? Miró su sable láser…, podía haber dado ya fin a todo aquello justo allí mismo… ¿Podía de verdad? Tenía absoluta libertad para elegir el camino a seguir, y, no obstante, era incapaz de elegir. La capacidad de elección: esa espada de dos filos. Podía tanto aniquilar a las brujas como su hambre le estaba rogando a gritos, arañándole el alma, y como había acordado con Charal, como también sucumbir ante los argumentos de las mujeres, fracasando en su misión divina. Sabía que la decisión que tomara sería la voluntad de la Fuerza. ¡Maldita Fuerza que regía la vida de todos los seres del universo! La idea de fallar parecía burlarse de Nest como si fuera un payaso frustrado del Circo Viajante de Ord Mantell.
— Sabes, lord de los Sith — emitieron las brujas, observando la lucha interna de su verdugo —, no tienes que hacer esto.
Nest permaneció callado, pero una sonrisa honesta apareció en su rostro. Dejó ver sus podridos dientes. Finalmente, habló con su múltiple voz causante de espanto.
— Todos dicen siempre lo mismo. Pero sí tengo por qué.
— Nuestro canto romperá tu corazón — comentaron las mujeres —, y tú pedirás más. Te martirizará con tu deseo más profundo hasta volverte loco —. So oyó un sollozo de una de ellas —. Y este deseo se hará tan tremendamente fuerte, que te conducirá a la perdición. Es menester tu rendición y tu pronto deceso.
El hambre de poder volvió a atacar. Nest sintió el calor de los volcanes de Mustafar dentro de él. Sus barreras se derrumbaban por segundos, mas aún pudo retar al sublime sexteto.
— Su exceso de fe en sus creencias y en la Fuerza misma es su ruina — sentenció —. Su destino es perecer con su “magia”.
— Tu esclavitud es tu destino. — Los ojos de las brujas, conjuntamente, brillaron muchísimos más, mientras alzaban sus voces —. Tu alma es de la Fuerza. Eres un peón más de nuestra “magia”.
— ¡Nunca! — exclamó el Sith.
Esta vez ni la melodía de las brujas logró calmar el descontrol de Nest. Él observó, con impotente horror, cómo increíblemente las paredes se agrietaban y daban paso a la luz del alba. Un aura oscura lo rodeaba y su poder exhaló al máximo. El Señor Oscuro de los Sith, el verdadero y único, vio miedo en las preciosas brujas de Dathomir, miedo de él, del poder de la Fuerza. Temían que ese poder se volviera contra la Fuerza misma, del mismo modo en que la sociedad galáctica se traicionaba y se jugaba sucio cada día, cada hora, cada, minuto. Nest detectó ese miedo en ellas y supo, entonces, que las cartas habían cambiado levemente. Había echado un breve vistazo sobre la más oculta y desnuda intimidad del clan de la Montaña Cantante.
Sin embargo, ya embotado por la desesperación y con un tremendo vacío carcomiéndole el corazón, con un hambre feroz y una sed despiadada, Nest dejó escapar un grito tan terrorífico y tan fuerte que éste se escuchó por toda la capital del planeta. Tan grande fue el poder de su voz — habían quienes decían que eran voces —, en este instante, que ninguno de los que escuchaban permaneció impasible; ni los soldados mandalorianos esparcidos por toda la ciudad, ni las pocas tropas de la Alianza, ni las víctimas de la invasión, ni los residentes de Dathomir ocultos y damnificados. Y es que esa era su espeluznante voz. Quienes oían, incautos, aquel sonido que emitía el Señor Oscuro al abrir la boca, a veces entendible y a veces en la lengua muerta de la civilización Sith, rara vez eran capaces de repetir las palabras que habían oído; y si lograban repetirlas, quedaban atónitos, pues parecían tener poco poder. Sólo recordaban, la mayoría de las veces, que escuchar la voz era un verdadero deleite, pese al miedo que te provocaba, que todo cuánto decía parecía sabio y razonable, y les despertaba, en instantánea simpatía, el deseo de parecer sabios también ellos. Si otro tomaba la palabra, parecía, por contraste, torpe y grosero; y si contradecía a la voz, los corazones de los que caían bajo el poder hechizante del Lado Oscuro se encendían de cólera. Para algunos, la potencia de la voz sólo persistía mientras la voz les hablaba a ellos, y cuando se dirigía a algún otro, sonreían como si hubiesen descubierto los trucos de un prestidigitador mientras los demás seguían mirando boquiabiertos. A muchos, el mero sonido bastaba para cautivarlos; y en quienes sucumbían a la voz, el poder tenebroso persistía incluso en la distancia, y seguían oyéndola incesantemente, venenosa, susurrante y a la vez persuasiva. Sin embargo, nadie puede, sin un esfuerzo de la voluntad y la inteligencia, permanecer indiferente, resistirse a las súplicas y las órdenes de aquella voz, la voz a la que la galaxia entera temía.
Las cuencas vacías donde deberían estar los ojos de Nest se llenaron de un brillo blanquecino, como ocurrió durante su combate con Mandalore. Y la nube de maldad y perversidad se arremolinó más todavía sobre el Sith, quien levitó, al igual que las brujas. Aquellas mujeres eran ahora incapaces de mover cualquier músculo. Y por vez primera, la torre de gobierno de Dathomir osciló de tal forma que se resquebrajó en todos sus niveles. El poder de la Fuerza desatada de Darth Nest fue el principio del fin. Distintos sistemas de control de la sala de Mandalore se detuvieron, los reactores de energía del edificio comenzaron a fundirse y el personal, presa del pánico, abandonó sus puestos, lo que ocasionó un mayor número de fallos de funcionamiento que condujeron al caos general. La alarma que sonaba por la capital no ayudaba mucho en ese apoteósico suceso de desesperación y desesperanza. El humo llenaba cada rincón de la torre; unos sordos retumbos provenían de todas direcciones a la vez y los mandalorianos corrían y chillaban despavoridos. La cadena jerárquica de mando se interrumpió. Por añadidura, Nest (que olía el miedo del enemigo) elevaba el grado de furia.
La parte superior de la torre se quedó sin techo y paredes; la piedra negra que cubría ese nivel se pulverizó hasta convertirse en polvo estelar. El malherido Mandalore, con apenas partes de su armadura pero conservando el casco, se arrastró poco a poco por el suelo, como un reptil, y sujetándose fuertemente para evitar ser expulsado por la ráfaga que brotaba del sitio donde se encontraban el Sith y las brujas. El autoproclamado soberano de ese mundo contempló cómo habían quedado al aire libre, ahí, al nivel de las nubes.
De repente, una violenta explosión llenó de llamas la parte inferior de la ahora infernal edificación principal del planeta, arrojando a los sobrevivientes contra el suelo y chamuscando a una decena de mandalorianos. Cuando la vieja torre comenzó a desgajarse peor que antes, el grito de odio del Señor Oscuro de los Sith fue más poderoso. Fue ahí cuando las brujas del clan de la Montaña Cantante observaron cómo su vestimenta iba desintegrándose partícula por partícula, y después su piel, midicloriano por midicloriano. ¡El hambre estaba saciándose! ¡La herida estaba ahogando su dolor!
— Tú eres uno con la Fuerza — le dijeron, entonces, con una mirada fija en él, las seis brujas a lord Nest —. No dejes que te controle.
Y fue allí cuando las mujeres estallaron en millones de pedazos que inmediatamente se desvanecieron en el firmamento. Nest oyó el grito furioso de Mandalore en el mismo instante en que él sentía una sacudida bajo el ombligo, que significaba que caía en el suelo junto con todas las piedras que giraban en el aire por su poder.
— ¡Maldición! — profirió el líder mandaloriano —. ¡Maldito seas, Sith!
Mandalore sabía bien que no tendría excusa para mantener una tregua con la República, pese a que ya había decidido grabar el mensaje en el que dejaba en claro que le declaraba la guerra a ésta. Pero de nada serviría, entonces, hacerse la víctima. Sin embargo, era difícil pensar en qué haría, luego de haber visto el horror que significaba el desenfrenado poder del Señor Oscuro de los Sith, lord Darth Nest. Sentía que había vuelto a nacer. Pero ¿qué excusa le daría al Imperio Sith? Nest había escapado de ahí, saciada su hambre.

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