Prologo FFW 2.0
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28 Ene 2008 03:58 #67 por Nest_Vader
"Todo lo que tienes lo perderás"
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
Darth Nest se sintió satisfecho al darse cuenta de que Zeros había demostrado ser tan poderoso como para derrotarle. Su presencia en la Fuerza era impresionante, pero su metodología estaba por verse… cuando llegara el final. Los dos sabían que sólo era cuestión de tiempo. El Sith concentró sus ataques, obligando al mercenario a usar una defensa más basada en la técnica.
Metalium saltó de la pasarela al suelo, y Nest lo siguió. El Sith sintió que una presión motivada por la Fuerza se desplazaba hacia él y la desvió, reparando en que varios tanques y contenedores caían a su alrededor. A continuación, esquivó unos rayos que había expulsado la mano del cazador de recompensas. Sin duda, Zeros se estaba debilitando. Puede que su memoria estuviera frágil, pero el lord Sith tenía instinto, y ataques como los dos últimos que había recibido eran signo de desesperación. Pronto acabaría todo. Nest saltó hacia adelante, rodando para situarse al lado de Metalium, bloqueando de paso su ataque. Otra onda invisible de presión golpeó las máquinas situadas detrás de él. “Lastimoso”, pensó. Lord Nest intentó ensartar al poderoso mercenario con su hoja y se topó con la de éste último, que frustró momentáneamente su ataque.
Zeros lanzó una tercera ráfaga de viento con la Fuerza, derribando otro tanque de combustible. Se las había arreglado para derribar varios cilindros de soldar y tanques de aceite hasta amontonarlos. Ahora estaban situados, formando una carga accidental, pero extremadamente explosiva que esperaba a hacerse realidad. Cargó contra el Sith, con el sable láser zumbando, y se colocó en una posición mejor. Tenía que hacerlo con precisión, que no pareciera algo deliberado. Bajó la guardia. Su enemigo aprovechó de inmediato esa circunstancia. Su arma le atravesó el costado, produciéndole un dolor tan ardiente que le hizo gritar. Zeros Metalium soltó el sable láser, usando la Fuerza para lanzarlo hacia adelante, todavía conectado, y atravesar con él uno de los cilindros de gas.
Darth Nest se dio cuenta en el último momento de los planes de su contrincante y de lo que planeaba hacer.
Continuará…
Metalium saltó de la pasarela al suelo, y Nest lo siguió. El Sith sintió que una presión motivada por la Fuerza se desplazaba hacia él y la desvió, reparando en que varios tanques y contenedores caían a su alrededor. A continuación, esquivó unos rayos que había expulsado la mano del cazador de recompensas. Sin duda, Zeros se estaba debilitando. Puede que su memoria estuviera frágil, pero el lord Sith tenía instinto, y ataques como los dos últimos que había recibido eran signo de desesperación. Pronto acabaría todo. Nest saltó hacia adelante, rodando para situarse al lado de Metalium, bloqueando de paso su ataque. Otra onda invisible de presión golpeó las máquinas situadas detrás de él. “Lastimoso”, pensó. Lord Nest intentó ensartar al poderoso mercenario con su hoja y se topó con la de éste último, que frustró momentáneamente su ataque.
Zeros lanzó una tercera ráfaga de viento con la Fuerza, derribando otro tanque de combustible. Se las había arreglado para derribar varios cilindros de soldar y tanques de aceite hasta amontonarlos. Ahora estaban situados, formando una carga accidental, pero extremadamente explosiva que esperaba a hacerse realidad. Cargó contra el Sith, con el sable láser zumbando, y se colocó en una posición mejor. Tenía que hacerlo con precisión, que no pareciera algo deliberado. Bajó la guardia. Su enemigo aprovechó de inmediato esa circunstancia. Su arma le atravesó el costado, produciéndole un dolor tan ardiente que le hizo gritar. Zeros Metalium soltó el sable láser, usando la Fuerza para lanzarlo hacia adelante, todavía conectado, y atravesar con él uno de los cilindros de gas.
Darth Nest se dio cuenta en el último momento de los planes de su contrincante y de lo que planeaba hacer.
Continuará…
"Todo lo que tienes lo perderás"
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- Xemicaldoll
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28 Ene 2008 04:39 #68 por Xemicaldoll
"A warrior knows nothing of surrender."
Respuesta de Xemicaldoll sobre el tema Prologo FFW 2.0
Mientras en la órbita de del planeta verde se desataba un pandemonio, ignorante de todo esto, la joven Xemical seguía con la misión que se le había asignado, pudiendo observar como del campamento y comando central Mandaloriano, cientos de naves despegando a toda velocidad para incorporarse a sus camaradas en el espacio. Ella y su escuadrón siguieron el trasmisor de datos de hasta la locación mas cercana, , unas pútridas alcantarillas en las que aun con el visor podía un soldado llegar a marearse con poca dificultad, enterrado, en un montón de graba se encontraba Nel, estaba atorado pero parecía estar bien, el escáner corporal avisto que salvo unas pocas abolladuras a la armadura todo parecía estar en orden, se necesitaron de cuatro soldados para poder desenterrarlo y cuando concluyeron un aero trasporte de personal los esperaba en la superficie. Nel tan frio como siempre no alcanzo a decir ninguna palabra… subió al transporte y partió hacia un rumbo desconocido.
El equipo de rescate prosiguió en su búsqueda de supervivientes, el trasmisor ahora mostraba a Zosh a unas cuantos bloquees de ahí, de alguna manera había sobrevivido a su enfrentamiento con el Sith y estaba moviéndose hacia el último punto donde capto señales de él, el equipo no tardo mucho en encontrarse con el tan admirado oficial, a lo lejos se veía su resplandeciente armadura algo fracturada, pero al acercarse el panorama empeoro, cuando notaron la seria condición en la q se encontraba, la armadura estaba chamuscada en algunas partes, su casco estaba seriamente fracturado y se podía ver chorros de sangre salir por las partes flexibles de la armadura, el visor también estaba roto pudiendo todos observar la ira en sus ojos.
Zosh: ya no hacen los equipos de rescate como antes… ¿Por qué han tardado tanto?
Xemical: Lo siento señor... no había manera de saber donde se encontraba
Zosh: eso ya no importa... es obvio que he podido salvarme solo, ¿Dónde esta mi transporte?
Xemical: En camino señor...
Era obvio que el arrogante soldado estaba mintiendo, el scanner corporal podía ver mucho más allá de lo que Zosh permitía, tenía graves laceraciones y algunas hemorragias internas, habían llegado justo a tiempo, un poco más tarde y hubiera muerto desangrado. Poco tardo el transporte en llevarse al oficial, quien negado a permitir que lo ayudaran a subir al transporte se desmorono a unos metros del escalón y tuvieron que llevarlo de emergencia al hospital más cercano.
Solo quedaba un objetivo, Lors… a quien no sería muy difícil de encontrar pues el sonido de las detonaciones indicaban el único sitio probable donde debía estar el más temido miembro del grupo omega.
Continuara…
El equipo de rescate prosiguió en su búsqueda de supervivientes, el trasmisor ahora mostraba a Zosh a unas cuantos bloquees de ahí, de alguna manera había sobrevivido a su enfrentamiento con el Sith y estaba moviéndose hacia el último punto donde capto señales de él, el equipo no tardo mucho en encontrarse con el tan admirado oficial, a lo lejos se veía su resplandeciente armadura algo fracturada, pero al acercarse el panorama empeoro, cuando notaron la seria condición en la q se encontraba, la armadura estaba chamuscada en algunas partes, su casco estaba seriamente fracturado y se podía ver chorros de sangre salir por las partes flexibles de la armadura, el visor también estaba roto pudiendo todos observar la ira en sus ojos.
Zosh: ya no hacen los equipos de rescate como antes… ¿Por qué han tardado tanto?
Xemical: Lo siento señor... no había manera de saber donde se encontraba
Zosh: eso ya no importa... es obvio que he podido salvarme solo, ¿Dónde esta mi transporte?
Xemical: En camino señor...
Era obvio que el arrogante soldado estaba mintiendo, el scanner corporal podía ver mucho más allá de lo que Zosh permitía, tenía graves laceraciones y algunas hemorragias internas, habían llegado justo a tiempo, un poco más tarde y hubiera muerto desangrado. Poco tardo el transporte en llevarse al oficial, quien negado a permitir que lo ayudaran a subir al transporte se desmorono a unos metros del escalón y tuvieron que llevarlo de emergencia al hospital más cercano.
Solo quedaba un objetivo, Lors… a quien no sería muy difícil de encontrar pues el sonido de las detonaciones indicaban el único sitio probable donde debía estar el más temido miembro del grupo omega.
Continuara…
"A warrior knows nothing of surrender."
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- Nest_Vader
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28 Ene 2008 18:47 #69 por Nest_Vader
"Todo lo que tienes lo perderás"
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
Darth Nest saltó, empleando la Fuerza para propulsarse hacia una de las ventanas de arriba. La atravesó fácilmente y aterrizó sobre el ferrocreto de la calle, en el instante en que detonaban los contenedores volátiles. Por fortuna, la explosión quedó contenida por las sólidas paredes del edificio de refugiados.
Zeros Metalium había sido bastante hábil; el Sith no se dio cuenta de que había preparado una trampa con sus ataques, sino hasta final. Había sido un oponente más que digno. Sin embargo, sus restos óseos ya debían de estar pulverizándose con el calor. Sus actos le habían costado el placer a Nest de matarlo con sus propias garras. Sonrió maliciosamente. Y es que no todos podían luchar tan bien como aquel mercenario; era algo que debía honrarse.
De repente, unos cuantos mandalorianos se abrieron en un estrecho arco en torno al lord Sith, enarbolando sus rifles pesados contra éste.
— ¡Retrocedan, soldados! — gritó el general Faror, saliendo desde atrás de sus guardaespaldas, con gesto soberbio —. Es mío.
Las armas mandalorianas guardaron silencio. Nest se hallaba tan cerca de Faror que éste estaba en su línea de fuego.
— Te doy una nueva oportunidad de rendirte, milord — emitió el líder militar.
— ¿De verdad crees que voy a rendirme ante ti? — inquirió el Sith.
— Tengo órdenes ejecutivas de llevarte con vida —. Faror asintió y se pasó la mano por su cinturón provisto de cilindros metálicos —. Hay miles de tropas esparcidas por la ciudad. No podrás derrotarlas a todas.
— No tengo por qué.
— Entregarte es la única salida que te queda —. Faror dirigió una mano enguantada de duranio hacia la ciudad que se extendía tras él por doquier —. Dathomir está en manos de Mandalore. Entrega tu arma o te estrujare con las mías hasta que mi armadura se manche aun más de sangre.
Nest bajó la cabeza como un bantha furioso, concentrando su atención en el general mandaloriano.
— Que sea a muerte.
— Que sea por Mandalore — repuso Faror con un suspiro.
Cada mano del estratega militar cogió un sable de luz de su cinturón de trofeos. Las espadas cobraron vida con un ladrido, y Faror los hizo girar en un florilegio tan veloz e impecablemente integrado que él parecía estar parado en el centro de una esfera que latía con energía azul y verde.
— No serás el primer Sith o el primer Jedi que mate. Ni tampoco el último.
La única réplica de Nest fue, después de encender su sable, alterar sutilmente el ángulo de éste, hacia arriba y adelante. Faror lo atacó, profiriendo un aullido convulso. La esfera de energía del sable láser azul que le rodeaba se abombó en dirección al Sith, y se abrió como una boca para morderlo por la mitad. Darth Nest no cedió terreno, con su hoja rígida e inmóvil. Dientes como relámpagos se cerraron sobre él.
Faror atacaba con cada uno de sus sables tres veces en un solo segundo. Cada uno de los seis ataques por segundo estaba integrado en la red electrónica de procesadores periféricos del casco del mandaloriano gracias a los algoritmos de combate que practicaba, y se realizaba en un ángulo diferente, a distinta velocidad e intención y a un ritmo imprevisible de cortes alternos, estocadas y mandobles, cada uno de los cuales podía acabar con la vida de un usuario de la Fuerza. Mas ninguno de los golpes del general llegó a tocar a Nest. Después de todo, antes éste último se había paseado entre un enjambre de disparos de mandalorianos sin ser afectado, defendiéndose sólo con su hoja dirigida por su poder, por lo que bloquear seis golpes por segundo sólo era difícil, no imposible.
La espada de lord Nest tejió una intrincada red de ángulos y curvas, no muy rápida, pero sí lo bastante veloz. Cada movimiento interfería sutilmente con dos, tres o cuatro de los golpes de Faror, dejando que el resto pasara siseando por su lado, fallando por centímetros, gracias a precisas y mínimas alteraciones de peso y postura.
El general mandaloriano, furioso, aumentó la intensidad y velocidad de sus ataques a ocho por segundo, a diez, hasta que, finalmente, alcanzó los doce ataques por segundo y sobrecargó la defensa del Sith. Así que éste empleó su defensa para atacar.
Una alteración sutil en el ángulo de una parada puso la hoja de Nest en contacto no con la hoja verde del sable láser que se precipitaba contra él, sino con el mango. Y lo cortó. La hoja lumínica parpadeó, desapareciendo de la existencia a un ápice de distancia de abrir un ardiente agujero en la frente de Nest. Media espada cortada saltó en el aire junto al pulgar y el dedo índice de la mano que lo sujetaba. Faror hizo una pausa. Sus ojos latieron, abriéndose mucho y más tarde estrechándose. Alzó la mano mutilada y se miró los muñones al rojo vivo que ya sólo sostenían medio sable inútil. Darth Nest le sonrió tenebrosamente.
Faror atacó. No obstante, el Sith bloqueó. Chispas rebotaron del hombro del general, cuando su oponente rozó con su arma su armadura. El mandaloriano miró la mano que le quedaba, y después a la luminosa hoja color carmesí de Nest. Seguidamente, contempló el brazo recién amputado, y entonces, de pronto, luchó para recuperar el ritmo del duelo, pero el ataque de su adversario era incesante… como fue en Aris… como lo recordaba. El guerrero de la oscuridad le lanzó repetidas estocadas, haciéndole retroceder continuamente. Y entonces se paró de pronto, y, casi por instinto, Faror reaccionó, rugiendo y golpeando con fuerza.
Ante esto, el Sith actuó de forma repentina, moviendo el arma para interceptar no sólo la hoja azul del mandaloriano, sino su brazo a la altura del codo. Medio brazo del general voló a un lado, con la mano sujetando aún su sable láser. El hombre cayó al suelo, agarrando agónicamente, como podía, su nueva extremidad cortada.
— Dime, mandaloriano, ¿te da miedo morir? — le preguntó Nest al derrotado militar.
Sin embargo, mientras decía esto, las grandes puertas del refugio de damnificados volaron en mil pedazos de golpe, dejando escapar al humo del infierno que ardía dentro del edificio. Y en medio de ese humo salió una figura conocida, que en esos instantes parecía imponente.
— La hora de la muerte de este mandaloriano no la decidirá usted, lord Nest — jadeó Zeros.
El Sith abrió los ojos por la sorpresa y dio un paso hacia atrás, volviéndose para mirar de frente al mercenario. Puso la hoja de su sable láser ante su rostro y lo bajó, llevándoselo a un lado en saludo formal.
Continuará…
Zeros Metalium había sido bastante hábil; el Sith no se dio cuenta de que había preparado una trampa con sus ataques, sino hasta final. Había sido un oponente más que digno. Sin embargo, sus restos óseos ya debían de estar pulverizándose con el calor. Sus actos le habían costado el placer a Nest de matarlo con sus propias garras. Sonrió maliciosamente. Y es que no todos podían luchar tan bien como aquel mercenario; era algo que debía honrarse.
De repente, unos cuantos mandalorianos se abrieron en un estrecho arco en torno al lord Sith, enarbolando sus rifles pesados contra éste.
— ¡Retrocedan, soldados! — gritó el general Faror, saliendo desde atrás de sus guardaespaldas, con gesto soberbio —. Es mío.
Las armas mandalorianas guardaron silencio. Nest se hallaba tan cerca de Faror que éste estaba en su línea de fuego.
— Te doy una nueva oportunidad de rendirte, milord — emitió el líder militar.
— ¿De verdad crees que voy a rendirme ante ti? — inquirió el Sith.
— Tengo órdenes ejecutivas de llevarte con vida —. Faror asintió y se pasó la mano por su cinturón provisto de cilindros metálicos —. Hay miles de tropas esparcidas por la ciudad. No podrás derrotarlas a todas.
— No tengo por qué.
— Entregarte es la única salida que te queda —. Faror dirigió una mano enguantada de duranio hacia la ciudad que se extendía tras él por doquier —. Dathomir está en manos de Mandalore. Entrega tu arma o te estrujare con las mías hasta que mi armadura se manche aun más de sangre.
Nest bajó la cabeza como un bantha furioso, concentrando su atención en el general mandaloriano.
— Que sea a muerte.
— Que sea por Mandalore — repuso Faror con un suspiro.
Cada mano del estratega militar cogió un sable de luz de su cinturón de trofeos. Las espadas cobraron vida con un ladrido, y Faror los hizo girar en un florilegio tan veloz e impecablemente integrado que él parecía estar parado en el centro de una esfera que latía con energía azul y verde.
— No serás el primer Sith o el primer Jedi que mate. Ni tampoco el último.
La única réplica de Nest fue, después de encender su sable, alterar sutilmente el ángulo de éste, hacia arriba y adelante. Faror lo atacó, profiriendo un aullido convulso. La esfera de energía del sable láser azul que le rodeaba se abombó en dirección al Sith, y se abrió como una boca para morderlo por la mitad. Darth Nest no cedió terreno, con su hoja rígida e inmóvil. Dientes como relámpagos se cerraron sobre él.
Faror atacaba con cada uno de sus sables tres veces en un solo segundo. Cada uno de los seis ataques por segundo estaba integrado en la red electrónica de procesadores periféricos del casco del mandaloriano gracias a los algoritmos de combate que practicaba, y se realizaba en un ángulo diferente, a distinta velocidad e intención y a un ritmo imprevisible de cortes alternos, estocadas y mandobles, cada uno de los cuales podía acabar con la vida de un usuario de la Fuerza. Mas ninguno de los golpes del general llegó a tocar a Nest. Después de todo, antes éste último se había paseado entre un enjambre de disparos de mandalorianos sin ser afectado, defendiéndose sólo con su hoja dirigida por su poder, por lo que bloquear seis golpes por segundo sólo era difícil, no imposible.
La espada de lord Nest tejió una intrincada red de ángulos y curvas, no muy rápida, pero sí lo bastante veloz. Cada movimiento interfería sutilmente con dos, tres o cuatro de los golpes de Faror, dejando que el resto pasara siseando por su lado, fallando por centímetros, gracias a precisas y mínimas alteraciones de peso y postura.
El general mandaloriano, furioso, aumentó la intensidad y velocidad de sus ataques a ocho por segundo, a diez, hasta que, finalmente, alcanzó los doce ataques por segundo y sobrecargó la defensa del Sith. Así que éste empleó su defensa para atacar.
Una alteración sutil en el ángulo de una parada puso la hoja de Nest en contacto no con la hoja verde del sable láser que se precipitaba contra él, sino con el mango. Y lo cortó. La hoja lumínica parpadeó, desapareciendo de la existencia a un ápice de distancia de abrir un ardiente agujero en la frente de Nest. Media espada cortada saltó en el aire junto al pulgar y el dedo índice de la mano que lo sujetaba. Faror hizo una pausa. Sus ojos latieron, abriéndose mucho y más tarde estrechándose. Alzó la mano mutilada y se miró los muñones al rojo vivo que ya sólo sostenían medio sable inútil. Darth Nest le sonrió tenebrosamente.
Faror atacó. No obstante, el Sith bloqueó. Chispas rebotaron del hombro del general, cuando su oponente rozó con su arma su armadura. El mandaloriano miró la mano que le quedaba, y después a la luminosa hoja color carmesí de Nest. Seguidamente, contempló el brazo recién amputado, y entonces, de pronto, luchó para recuperar el ritmo del duelo, pero el ataque de su adversario era incesante… como fue en Aris… como lo recordaba. El guerrero de la oscuridad le lanzó repetidas estocadas, haciéndole retroceder continuamente. Y entonces se paró de pronto, y, casi por instinto, Faror reaccionó, rugiendo y golpeando con fuerza.
Ante esto, el Sith actuó de forma repentina, moviendo el arma para interceptar no sólo la hoja azul del mandaloriano, sino su brazo a la altura del codo. Medio brazo del general voló a un lado, con la mano sujetando aún su sable láser. El hombre cayó al suelo, agarrando agónicamente, como podía, su nueva extremidad cortada.
— Dime, mandaloriano, ¿te da miedo morir? — le preguntó Nest al derrotado militar.
Sin embargo, mientras decía esto, las grandes puertas del refugio de damnificados volaron en mil pedazos de golpe, dejando escapar al humo del infierno que ardía dentro del edificio. Y en medio de ese humo salió una figura conocida, que en esos instantes parecía imponente.
— La hora de la muerte de este mandaloriano no la decidirá usted, lord Nest — jadeó Zeros.
El Sith abrió los ojos por la sorpresa y dio un paso hacia atrás, volviéndose para mirar de frente al mercenario. Puso la hoja de su sable láser ante su rostro y lo bajó, llevándoselo a un lado en saludo formal.
Continuará…
"Todo lo que tienes lo perderás"
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- Zeros Metalium
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Autor del tema - Fuera de línea
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31 Ene 2008 23:36 #70 por Zeros Metalium
Sore wa himitsu desu
Respuesta de Zeros Metalium sobre el tema Prologo FFW 2.0
Nest Vader miraba con ojos dudosos la figura de Zeros. No tenia ni una cicatriz de la explosion. Ni una quemadura. Nada. Esto sembraba su cabeza de pensamientos que le producian respeto y, en un momento dado, miedo por el poder de su oponente. Zeros estaba fijo en la entrada del refugio. De alguna manera, sabia lo que el lord oscuro pensaba. Y lo usaria a su favor. Con paso lento pero seguro, comenzo a acercarse al lord sith mientras esté subia su espada a la altura de la cabeza. Pronto su sed de sangre se cebo de curiosidad por como su oponente habia sobrevivido a esa terrible explosion. Mientras, Zeros se seguia acercando sin ningun tipo de arma activada. Esto creaba una tensa situacion hasta que la curiosidad mato al gato....
Nest: ¿Como has podido sobrevivir?
Zeros: ¿Te atreves a preguntarmelo?
Nest: Si. No logro a saber como has podido hacerlo.
Zeros: Con el mismo poder que tu posees.
Nest: ¿Conoces mi poder?
Zeros: En nuestra religion, se llama Lado Oscuro de la Fuerza. Es una energia que provenie de nuestras emociones. Controlandolas, se puede hacer cosas increibles.
Nest apago el sable. Anhelaba saber mas sobre lo que contaba el misterioso mercenario.
Zeros: Veo que te interesa...
Nest: Por algun extraño motivo, asi es. Deseo saber mas. ¿Como he llegado a obtener este poder?
Zeros: Nosotros somos llamados sith, señores de la oscuridad. La historia es larga, pero nuestro pueblo proviene de los confines del imperio.
Nest: ¿Entonces yo provengo de...
Zeros y Nest quedaron en silencio un momento, hasta que una nave del tamaño de un cazar interestelar sobrevolaba la zona. La rampa se acceso se abria, saltando un pretoriano a la espalda del mercenario.
Zeros: ¿Que ocurre?
El pretoriano no decia nada. Sacaba un holoproyecto en el que se veia la figura de James McCloud y Ezsebet Bathory:
James: Aqui James McCloud, general de la 2ª division de asalto pesado de la Republica: la flota Condor. Solicito la comparecencia del mando de la invasion de Dathomir.
Ezsebet: Aqui el General Ezsebet, al mando de la flota mandaloriana. ¿Que desea?
James: Con motivo del ataque perpetrado a Dathomir, solicito que autoriceis el paso a todas las naves no militares con autorizacion de transporte de civiles.
Ezsebet: Eso es inviable. Estamos buscando en la superficie a un preso fugado.
James: Este planeta ha sido republicano. Tengo autorizacion del senado para usar la fuerza si la peticion es denegada.
Ezsebet: Pues entonces ya has contestado. Corto.
Zeros: Maldicion. La flota Condor. Preparar la salida al hiperespacio.
El pretoriano pegaba un gran salto, volviendo dentro de la nave. Zeros cogia un comunicador mandaloriano, poniendose en contacto con Mandalore.
Zeros: Mandalore. Algo perturba nuestro acuerdo.
Mandalore: Bathory se encargara.
Zeros: No es viable. Acabareis cayendo y las naves seran requisadas.
Mandalore: No hay alternativa.
Zeros: Dejar pasar los transportes.
Mandalore: No sin luchar.
Zeros: (mirando a Faror) Tengo secuestrado a Faror. Darles via libre o le pegare un tiro.
Mandalore: TENIAMOS UN ACUERDO.
Zeros: La situacion ha cambiado. Decidete.
Mandalore:.... Esta bien. Informare a la flota.
Zeros: De acuerdo. Me llevare a Faror. Si todo marcha bien, lo tendras en Kaladra esperandote. Corto.
Nest: En cuanto a mi.
Zeros: Eres libre.
Nest: Perfecto. Quiero aprender mas. Quiero acompañarte.
Zeros: No se que mas podre enseñarte.
Nest: Solo puedo confiar en ti ahora mismo.
Zeros: En tal caso... sube.
Nest cogia impulso y saltaba dentro del caza, mientras Zeros cogia el cuerpo de Faror y subia tambien dentro de la nave.
Zeros: Lleven a Faror al tubo medico. Acompañar a Nest a su camarote.
Pretoriano: De acuerdo. Usted tambien esta herido.
Zeros: Es una herida sin importancia. Cuando estemos de camino al astropuerto podre descansar. Ahora lo que interesa... Salgamos de este planeta.
Continuara.
Nest: ¿Como has podido sobrevivir?
Zeros: ¿Te atreves a preguntarmelo?
Nest: Si. No logro a saber como has podido hacerlo.
Zeros: Con el mismo poder que tu posees.
Nest: ¿Conoces mi poder?
Zeros: En nuestra religion, se llama Lado Oscuro de la Fuerza. Es una energia que provenie de nuestras emociones. Controlandolas, se puede hacer cosas increibles.
Nest apago el sable. Anhelaba saber mas sobre lo que contaba el misterioso mercenario.
Zeros: Veo que te interesa...
Nest: Por algun extraño motivo, asi es. Deseo saber mas. ¿Como he llegado a obtener este poder?
Zeros: Nosotros somos llamados sith, señores de la oscuridad. La historia es larga, pero nuestro pueblo proviene de los confines del imperio.
Nest: ¿Entonces yo provengo de...
Zeros y Nest quedaron en silencio un momento, hasta que una nave del tamaño de un cazar interestelar sobrevolaba la zona. La rampa se acceso se abria, saltando un pretoriano a la espalda del mercenario.
Zeros: ¿Que ocurre?
El pretoriano no decia nada. Sacaba un holoproyecto en el que se veia la figura de James McCloud y Ezsebet Bathory:
James: Aqui James McCloud, general de la 2ª division de asalto pesado de la Republica: la flota Condor. Solicito la comparecencia del mando de la invasion de Dathomir.
Ezsebet: Aqui el General Ezsebet, al mando de la flota mandaloriana. ¿Que desea?
James: Con motivo del ataque perpetrado a Dathomir, solicito que autoriceis el paso a todas las naves no militares con autorizacion de transporte de civiles.
Ezsebet: Eso es inviable. Estamos buscando en la superficie a un preso fugado.
James: Este planeta ha sido republicano. Tengo autorizacion del senado para usar la fuerza si la peticion es denegada.
Ezsebet: Pues entonces ya has contestado. Corto.
Zeros: Maldicion. La flota Condor. Preparar la salida al hiperespacio.
El pretoriano pegaba un gran salto, volviendo dentro de la nave. Zeros cogia un comunicador mandaloriano, poniendose en contacto con Mandalore.
Zeros: Mandalore. Algo perturba nuestro acuerdo.
Mandalore: Bathory se encargara.
Zeros: No es viable. Acabareis cayendo y las naves seran requisadas.
Mandalore: No hay alternativa.
Zeros: Dejar pasar los transportes.
Mandalore: No sin luchar.
Zeros: (mirando a Faror) Tengo secuestrado a Faror. Darles via libre o le pegare un tiro.
Mandalore: TENIAMOS UN ACUERDO.
Zeros: La situacion ha cambiado. Decidete.
Mandalore:.... Esta bien. Informare a la flota.
Zeros: De acuerdo. Me llevare a Faror. Si todo marcha bien, lo tendras en Kaladra esperandote. Corto.
Nest: En cuanto a mi.
Zeros: Eres libre.
Nest: Perfecto. Quiero aprender mas. Quiero acompañarte.
Zeros: No se que mas podre enseñarte.
Nest: Solo puedo confiar en ti ahora mismo.
Zeros: En tal caso... sube.
Nest cogia impulso y saltaba dentro del caza, mientras Zeros cogia el cuerpo de Faror y subia tambien dentro de la nave.
Zeros: Lleven a Faror al tubo medico. Acompañar a Nest a su camarote.
Pretoriano: De acuerdo. Usted tambien esta herido.
Zeros: Es una herida sin importancia. Cuando estemos de camino al astropuerto podre descansar. Ahora lo que interesa... Salgamos de este planeta.
Continuara.
Sore wa himitsu desu
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01 Feb 2008 07:55 #71 por Nest_Vader
"Todo lo que tienes lo perderás"
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
Los motores de la nave de Zeros Metalium comenzaron a funcionar antes de que el lord Sith pudiera llegar a su camarote para dejarse caer sobre un asiento. Se había sentido atraído por las respuestas que poseía aquel mercenario y por un momento había estado tranquilo. No obstante, a medida que se concebía más alejado de lo que inicialmente era su objetivo, el hambre volvía a aflorar en su interior. La desesperación invadía cada uno de los midiclorianos que habitaban en su cuerpo. Deseaba ahora desenvainar su sable luminoso y degollar a Zeros con él.
Un diluvio de haces láser golpeó los flancos de la nave, pero ésta ya estaba deslizándose sobre el ferrocreto de la calle. El piloto pretoriano, bajo el casco, con la frente reluciente de sudor y un gesto de concentración en el curtido rostro de veterano, se inclinó sobre el panel de mandos y extendió las manos hacia las palancas de control.
— Sujétense — dijo.
El transporte pretoriano salió disparado por encima de los edificios clásicos y, abriéndose paso a través de los disparos, despegó sobre la ciudad de Dathomir con la intención de elevarse hacia el cielo nublado y oscuro bañado por la escasa luz de las lunas.
Zeros se aseguró de que Faror se encontrara a salvo en una cápsula de kolto y luego fue a la cabina para detenerse junto al piloto.
— Tenemos problemas, señor — anunció éste, alzando los ojos hacia el cazador de recompensas —. Las torretas están abriendo fuego contra nosotros.
— ¡Maldición! Intenta sacarnos de aquí a como de lugar. Podemos valernos de la distracción que representa la flota de la República para atravesar el bloqueo mandaloriano.
— ¿Qué hacemos con los ataques desde tierra?
— Limítate a mantener el rumbo y evadir los láseres. — Zeros se volvió hacia el interior de la nave —. Era obvio que Mandalore no dejaría que nos lleváramos a Darth Nest tan fácilmente.
Unas explosiones resonaron cerca del transporte; eran disparos de cañón. La nave se bamboleó en respuesta a una serie de andanadas que habían fallado el blanco por muy poco. Nest miró el entorno y descubrió que la Fuerza lo quería llevar de vuelta a la superficie. El destino era la torre de gobierno, como tenía que ser. Él lo sabía. Y el hambre se intensificó más que nunca… el hambre de poder. ¿Por qué? ¿Por qué sentía eso y por qué no lo podía controlar? Las luces ambientales comenzaron a parpadear, y el transporte se estremeció. El Sith no sabía qué hacer. ¿Debía matar al mercenario? Se produjeron más explosiones, y el transporte fue sacudido de un lado a otro. Y de repente la nave comenzó a girar como si estuviera atrapada en un remolino.
Lord Nest acababa de entrar en la cabina cuando los estremecimientos comenzaron a hacer vibrar el transporte. Por el ventanal se veían lluvias de rayos láseres acercarse a ellos a máxima potencia. Las detonaciones sacudieron a la nave pretoriana con tal violencia que lo desviaron de su trayectoria. Las manos enguantadas del piloto se tensaron sobre las palancas de dirección en un desesperado esfuerzo por recuperar el control del esbelto vehículo.
— ¡Deberíamos abortar la maniobra, señor! — le gritó el pretoriano a Zeros, que permanecía inmóvil a su lado con la mirada fija en las torretas que abrían fuego —. ¡Nuestros escudos deflectores no podrán seguir soportando semejante castigo durante mucho tiempo!
— Mantén el curso — ordenó el mercenario sin inmutarse, echando un vistazo a los controles.
Una serie de explosiones zarandeó al transporte y las luces del panel de control parpadearon. Una alarma comenzó a sonar, estridente y furiosa. La nave se estremeció y los niveles de energía propulsora fluctuaron por unos segundos, arrancando un zumbido quejumbroso a los motores. Un haz láser les dio de lleno, arrancando un chorro de chispas y humo a una de las planchas del casco y haciendo que la nave se saliera del curso. Giraron por el aire, dando tumbos y totalmente fuera de control.
— No hay mucho que podamos hacer, señor — agregó el piloto —. Lo mejor será rendirnos.
Mientras hablaba, una terrible explosión estremeció el transporte. El pretoriano manipuló los mandos en un intento inútil de dominar el vehículo. Un escalofrío de miedo le recorrió al reparar en el denso y retorcido embudo de humo negro que salía de la sección de popa de la nave. Comprendió que, dijese lo que dijese su líder, era imposible seguir volando en el transporte averiado. El piloto manipuló los controles a medida que la nave caía hacia tierra, dejando una estela de humo y llamas. En ese momento, el calor que hacía en el vehículo interestelar era casi insoportable. El fuego empezaba a acariciar el interior. Finalmente, el pretoriano dejó que la nave patinara y se estrellara en una de las calles de la ciudad, a pocos metros de la torre de gobierno.
Después del impacto, todos lucharon por salir de la nave y vieron horrorizados las figuras imponentes de muchos mandalorianos que se les acercaban. En el medio de la enorme masa se encontraba la esencia sangrienta de la misma crueldad: el general Fenrir. El sanguinario militar se irguió lentamente en sus dos amenazadores metros de estatura.
Fenrir avanzó hacia el herido grupo. Al iluminarle la luz de las lunas, los rasgos del casco de aquel ser, que apestaba a sangre y sudor, se deformaron. Tenían la forma típica de una pantalla mandaloriana. Sin embargo, a la vez, asemejaba a un rancor o a otra criatura feroz. Su armadura era blanca y reluciente.
— Los mandalorianos no hacemos amenazas — dijo Fenrir con una sonrisa de desdén en los labios, inescrutable —. Hacemos promesas. Tú, Zeros, tenías un trato con lord Mandalore y es hora de cumplirlo.
— ¿Y qué más quieren de mí? — preguntó el agónico Metalium, decidido a empezar por lo peor.
— Traidor, queremos tu sangre, por supuesto.
Ninguno de los prisioneros forcejó. ¿Qué sentido tenía resistirse? Eran demasiados mandalorianos contra un trío de heridos y moribundos. Los soldados enemigos parecían ocupar toda la calle, no solo por su número sino por el halo de peligro y violencia que desprendían en manada, iniciando por su líder. De pronto, aquella ya no era la ciudad repleta de incompetentes, sino un lugar peligroso. Era posible, pensó Nest, que fuera allí donde la historia del mercenario, del pretoriano y la suya terminaran brusca y brutalmente.
Continuará…
Un diluvio de haces láser golpeó los flancos de la nave, pero ésta ya estaba deslizándose sobre el ferrocreto de la calle. El piloto pretoriano, bajo el casco, con la frente reluciente de sudor y un gesto de concentración en el curtido rostro de veterano, se inclinó sobre el panel de mandos y extendió las manos hacia las palancas de control.
— Sujétense — dijo.
El transporte pretoriano salió disparado por encima de los edificios clásicos y, abriéndose paso a través de los disparos, despegó sobre la ciudad de Dathomir con la intención de elevarse hacia el cielo nublado y oscuro bañado por la escasa luz de las lunas.
Zeros se aseguró de que Faror se encontrara a salvo en una cápsula de kolto y luego fue a la cabina para detenerse junto al piloto.
— Tenemos problemas, señor — anunció éste, alzando los ojos hacia el cazador de recompensas —. Las torretas están abriendo fuego contra nosotros.
— ¡Maldición! Intenta sacarnos de aquí a como de lugar. Podemos valernos de la distracción que representa la flota de la República para atravesar el bloqueo mandaloriano.
— ¿Qué hacemos con los ataques desde tierra?
— Limítate a mantener el rumbo y evadir los láseres. — Zeros se volvió hacia el interior de la nave —. Era obvio que Mandalore no dejaría que nos lleváramos a Darth Nest tan fácilmente.
Unas explosiones resonaron cerca del transporte; eran disparos de cañón. La nave se bamboleó en respuesta a una serie de andanadas que habían fallado el blanco por muy poco. Nest miró el entorno y descubrió que la Fuerza lo quería llevar de vuelta a la superficie. El destino era la torre de gobierno, como tenía que ser. Él lo sabía. Y el hambre se intensificó más que nunca… el hambre de poder. ¿Por qué? ¿Por qué sentía eso y por qué no lo podía controlar? Las luces ambientales comenzaron a parpadear, y el transporte se estremeció. El Sith no sabía qué hacer. ¿Debía matar al mercenario? Se produjeron más explosiones, y el transporte fue sacudido de un lado a otro. Y de repente la nave comenzó a girar como si estuviera atrapada en un remolino.
Lord Nest acababa de entrar en la cabina cuando los estremecimientos comenzaron a hacer vibrar el transporte. Por el ventanal se veían lluvias de rayos láseres acercarse a ellos a máxima potencia. Las detonaciones sacudieron a la nave pretoriana con tal violencia que lo desviaron de su trayectoria. Las manos enguantadas del piloto se tensaron sobre las palancas de dirección en un desesperado esfuerzo por recuperar el control del esbelto vehículo.
— ¡Deberíamos abortar la maniobra, señor! — le gritó el pretoriano a Zeros, que permanecía inmóvil a su lado con la mirada fija en las torretas que abrían fuego —. ¡Nuestros escudos deflectores no podrán seguir soportando semejante castigo durante mucho tiempo!
— Mantén el curso — ordenó el mercenario sin inmutarse, echando un vistazo a los controles.
Una serie de explosiones zarandeó al transporte y las luces del panel de control parpadearon. Una alarma comenzó a sonar, estridente y furiosa. La nave se estremeció y los niveles de energía propulsora fluctuaron por unos segundos, arrancando un zumbido quejumbroso a los motores. Un haz láser les dio de lleno, arrancando un chorro de chispas y humo a una de las planchas del casco y haciendo que la nave se saliera del curso. Giraron por el aire, dando tumbos y totalmente fuera de control.
— No hay mucho que podamos hacer, señor — agregó el piloto —. Lo mejor será rendirnos.
Mientras hablaba, una terrible explosión estremeció el transporte. El pretoriano manipuló los mandos en un intento inútil de dominar el vehículo. Un escalofrío de miedo le recorrió al reparar en el denso y retorcido embudo de humo negro que salía de la sección de popa de la nave. Comprendió que, dijese lo que dijese su líder, era imposible seguir volando en el transporte averiado. El piloto manipuló los controles a medida que la nave caía hacia tierra, dejando una estela de humo y llamas. En ese momento, el calor que hacía en el vehículo interestelar era casi insoportable. El fuego empezaba a acariciar el interior. Finalmente, el pretoriano dejó que la nave patinara y se estrellara en una de las calles de la ciudad, a pocos metros de la torre de gobierno.
Después del impacto, todos lucharon por salir de la nave y vieron horrorizados las figuras imponentes de muchos mandalorianos que se les acercaban. En el medio de la enorme masa se encontraba la esencia sangrienta de la misma crueldad: el general Fenrir. El sanguinario militar se irguió lentamente en sus dos amenazadores metros de estatura.
Fenrir avanzó hacia el herido grupo. Al iluminarle la luz de las lunas, los rasgos del casco de aquel ser, que apestaba a sangre y sudor, se deformaron. Tenían la forma típica de una pantalla mandaloriana. Sin embargo, a la vez, asemejaba a un rancor o a otra criatura feroz. Su armadura era blanca y reluciente.
— Los mandalorianos no hacemos amenazas — dijo Fenrir con una sonrisa de desdén en los labios, inescrutable —. Hacemos promesas. Tú, Zeros, tenías un trato con lord Mandalore y es hora de cumplirlo.
— ¿Y qué más quieren de mí? — preguntó el agónico Metalium, decidido a empezar por lo peor.
— Traidor, queremos tu sangre, por supuesto.
Ninguno de los prisioneros forcejó. ¿Qué sentido tenía resistirse? Eran demasiados mandalorianos contra un trío de heridos y moribundos. Los soldados enemigos parecían ocupar toda la calle, no solo por su número sino por el halo de peligro y violencia que desprendían en manada, iniciando por su líder. De pronto, aquella ya no era la ciudad repleta de incompetentes, sino un lugar peligroso. Era posible, pensó Nest, que fuera allí donde la historia del mercenario, del pretoriano y la suya terminaran brusca y brutalmente.
Continuará…
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- Ralph Maul
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- Fuera de línea
- Navegador Dorado
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02 Feb 2008 23:44 #72 por Ralph Maul
Mandalorians don't make threats. We make promises.
Respuesta de Ralph Maul sobre el tema Prologo FFW 2.0
-Por ordenes de Lord Mandalore, se ordena su captura inmediata, así que ríndanse, pueden hacerlo, por las buenas, por la malas o por la mía, ustedes decidan - les expuso el general Fenrir antes de que todos sus soldados apuntaran fieramente sus rifles contra sus ahora nuevos prisioneros. -Está bien… obedeceremos- contesto el caza recompensas lanzando su sable de luz apagado hacia el general, en el interior de Darth Nest algo le decía que esta vez debía obedecer, que de alguna manera esta vez era prudente no enfrentar a aquel amenazador sujeto, pues aun sin pelear conseguiría lo mismo, así que soltó su sable y lo arrojo también. – Muy bien! Sabia decisión… Soldados, arresten al Sith, al mercenario y su guardaespaldas. Maten, al resto y no olviden llevar al general Faror al hospital. – ordeno Fenrir.
Fenrir: Acompáñenme caballeros, les sugiero no hacer movimientos bruscos o lo lamentaran.
Zeros: ¿A dónde nos levaran?
Fenrir: El Sith, tiene órdenes de entrevistarse con Mandalore, mientras que tú y tu afortunado amigo iran a prisión y se pudrirán ahí hasta que mi señor lo ordene.
Zeros: … otra vez… (Pensó en voz baja seguido de un suspiro)
Mientras a lo lejos se escuchaban los sonidos de las ejecuciones El general, el Sith y el mercenario estaban a en camino a la torre de gobierno, la situación en el espacio se volvía cada vez más tensa, hasta que una llamada del propio Mandalore llego hasta el monitor del puente de mando del Empalador.
Mandalore: General, aborte los protocoles de ataque contra la flota republicana
Erzebeth: ¿Que ha ocurrido?
Mandalore: Tenemos al Sith y al mercenario bajo custodia.
Erzebeth: Entendido mi lord… Atención a todas las naves de la Flota Mandaloriana, aquí el general en jefe Erzebeth Batory, ordeno anulación de protocolos de ataque, repito… Anulación de protocolos de ataque. Comuníquenme con la flota republicana.
Mientras tanto, una nave de tipo desconocida aparecía del hiperespacio, pertenecía al GGM, gremio galáctico de mercenarios, organización que tenía muy buenas relaciones con los Mandalorianos y en especial con el propio Mandalore, Así que entro en el canal de comunicaciones sin problemas.
Soldado: Señor, me informa el general fenrir que el Sith fugitivo, se encuentra ya en las instalaciones y que mercenario acaba de ser encarcelado… ah! señor, hay un mercenario del GGM solicitando información sobre el prisionero Zeros Metallium
Mandalore: Hahahaha, páselo al monitor, soldado…
Continuara….
Fenrir: Acompáñenme caballeros, les sugiero no hacer movimientos bruscos o lo lamentaran.
Zeros: ¿A dónde nos levaran?
Fenrir: El Sith, tiene órdenes de entrevistarse con Mandalore, mientras que tú y tu afortunado amigo iran a prisión y se pudrirán ahí hasta que mi señor lo ordene.
Zeros: … otra vez… (Pensó en voz baja seguido de un suspiro)
Mientras a lo lejos se escuchaban los sonidos de las ejecuciones El general, el Sith y el mercenario estaban a en camino a la torre de gobierno, la situación en el espacio se volvía cada vez más tensa, hasta que una llamada del propio Mandalore llego hasta el monitor del puente de mando del Empalador.
Mandalore: General, aborte los protocoles de ataque contra la flota republicana
Erzebeth: ¿Que ha ocurrido?
Mandalore: Tenemos al Sith y al mercenario bajo custodia.
Erzebeth: Entendido mi lord… Atención a todas las naves de la Flota Mandaloriana, aquí el general en jefe Erzebeth Batory, ordeno anulación de protocolos de ataque, repito… Anulación de protocolos de ataque. Comuníquenme con la flota republicana.
Mientras tanto, una nave de tipo desconocida aparecía del hiperespacio, pertenecía al GGM, gremio galáctico de mercenarios, organización que tenía muy buenas relaciones con los Mandalorianos y en especial con el propio Mandalore, Así que entro en el canal de comunicaciones sin problemas.
Soldado: Señor, me informa el general fenrir que el Sith fugitivo, se encuentra ya en las instalaciones y que mercenario acaba de ser encarcelado… ah! señor, hay un mercenario del GGM solicitando información sobre el prisionero Zeros Metallium
Mandalore: Hahahaha, páselo al monitor, soldado…
Continuara….
Mandalorians don't make threats. We make promises.
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