Prologo FFW 2.0


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13 años 1 mes antes #73 por Zeros Metalium
Respuesta de Zeros Metalium sobre el tema Prologo FFW 2.0
El Gremio Galacticos de Mercenarios es, en si mismo, un sindicato del crimen legalizado. Es una marca en la que sus miembros deben cumplir ciertas normas y, a cambio, tendran ciertos privilegios. Uno de estos miembros es Ero Sennin, llegando al planeta antes republicano Dathomir...
Ero Sennin: Busco informacion sobre el mercenario Zeros Metalium.
Mandalore: ¿A que se debe este interes?
Ero Sennin: Su comparencia ante el senado republicano (mintio)
Mandalore: Para eso lo llevaremos frente a la flota Republicana.
Ero Sennin: NO... Vera. Si la flota lo lleva no habra recompensa para mi.
Mandalore: ¿Y que conseguiremos nosotros a cambio?
Ero Sennin:... ¿Que deseas?
Mandalore: El secreto de la tecnologia pretoriana.
Ero Sennin: ¿Te crees que soy un informatico? Yo solo se matar, secuestrar y robar. De ahi no me saces amigo.
Mandalore: En tal caso, me bastara el Viuda Negra.
Ero Sennin: ¿El Viuda Negra?¿Una nave con inmunidad diplomatica?
Mandalore: ¿Ahi algun problema?
Ero Sennin: ... De acuerdo. La tendras.
Mandalore: Guau! La recompensa tiene que ser mayor de lo que suponia.
Ero Sennin:... Solo pido un anticipo: Zeros Metalium.
Mandalore: De acuerdo.
Ero Sennin: ¿Si?
Mandalore: Pero si no cumples con tu palabra, moriras.
Ero Sennin: Lo tengo en cuenta. Ahora bien. ¿Donde esta?
Mandalore: En la carcel. Puedes aterrizar y llevartelo.
El Rogue Shadow , una nave de corte irregular se dirigia al puerto de Dathomir sin llamar demasiado la atencion de la flota condor, ocupada con las naves mandalorianas.

continuara...

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13 años 1 mes antes #74 por Nest_Vader
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
La neblina nocturna se alzó sobre el húmedo suelo al desaparecer entre las nubes hasta la última luna de Dathomir. La ciudad olía a muerte y componentes carbonizados, y en ese instante primigenio, el mundo estaba en completo silencio, como si contuviera la respiración.
La torre de gobierno se alzaba majestuosa por encima de la capital. Sólida, de piedra y metal, alta y puntiaguda, parecía mancillar como un insulto a los no tan grandes edificios de la localidad. La poca vegetación que había dentro de la ciudad estaba ennegrecida por los repetidos aterrizajes de cientos de lanzaderas, y la flora estaba marchita por los tóxicos humos expelidos por los resultados de la guerra y aplastada por las botas de los soldados mandalorianos.
Tropas uniformadas patrullaban constantemente el interior de la torre y sus alrededores; cargando y descargando materiales, revisando maquinaria y vigilando. Algunos tanques de infantería AAT estaban aparcados en las inmediaciones. Una lanzadera mandaloriana despegó, camino al Valkir seguramente, con un rugido que hizo encoger a los guardias de la entrada principal de la torre. Unos cazas Basilisco, que regresaban de una misión de patrulla, surgieron a un lado de la enorme fortaleza. Las naves aterrizaron en una plataforma cercana.
Darth Nest, escoltado por un escuadrón, era conducido hacia los niveles superiores de la torre. El Sith observaba callado los tenebrosos corredores por donde andaba y las interminables escaleras por las que subía. Iba a saciar su hambre pronto; lo podía percibir. Como unos latidos que fueran aumentando de volumen, su misión se aproximaba. El terror impregnaba la atmósfera a su alrededor, pero ese tipo de amenaza le excitaba, por lo que permitió que burbujeara en su interior. El terror era un tónico, agudizaba los sentidos, afilaba las pasiones. Cada vez estaba más cerca.
También percibía cierto efluvio de victoria y dominio, como si una revelación estuviera a punto de salir a la luz. No podía distinguir la cuestión del todo. El futuro estaba siempre en movimiento y era difícil de prever. Sus escasas apariciones, en forma de cambiantes espectros, le fascinaban. Su futuro humeaba con conquistas y destrucciones. Y su pasado se hallaba perdido en lo más profundo del mar de sus recuerdos. Ya estaba muy cerca, casi allí. Olfateó el aire con un ronroneo producido en el fondo de su garganta. Sí, casi allí.
Llegaron ante una descomunal puerta de acero, la cual se abrió sola. Nest, a través de la Fuerza, echó un vistazo hacia la negrura que se esparcía en el interior de la cámara del otro lado. Su respiración pulsaba regularmente, mientras su pútrido cuerpo le ardía más que nunca, como si un fuego quisiera brotar de adentro de él.
Las tropas de asalto se detuvieron al llegar hasta aquella entrada y, obedeciendo una orden de su capitán, abrieron filas, dejando pasar por su centro al prisionero maniatado. Éste observó a los mandalorianos con completa calma y cierta lejanía, como si mirara desde las alturas. El capitán del batallón se dirigió a lord Nest:
— Entra ahí, prisionero. Esperan tu visita — explicó.
Nest ingresó a la sala. El oficial y sus subordinados dieron un paso hacia atrás, y la gigantesca puerta de metal se cerró estrepitosamente delante del tranquilo Sith. La cámara estaba repleta de tubos siseantes y del suelo salía vapor. Cuando la falsa vista del Sith se acostumbró a la penumbra, éste exploró la estancia y reparó en que, por encima de su cabeza, el techo se perdía en un abismo. La vasta habitación debía tener el tamaño de una catedral. Dos filas con decenas de columnas recorrían los bordes de las rocosas paredes. No se veía más nada en la habitación.
Con excepción del sonido del vapor que salía de algunos de los tubos, el recinto se encontraba mortalmente silencioso. Nest tuvo la impresión de que era el único ser viviente en esa cámara vacía y oscura, mas sintió que no estaba solo.
De repente, las fugas de gas formaron grandes nubes ondulantes. Imperturbable ante el frío helado, un trono de piedra apareció y, tras él, un altar en el cual no reposaba absolutamente nada en aquel momento. Sin embargo, todo esto era insignificante comparado con lo que más llamó la atención del lord Sith. Junto al trono había un objeto que recordaba haber contemplado en sus visiones, en sus recuerdos. Junto al trono descansaba, como un trofeo, la máscara del Señor Oscuro de los Sith que había estado presente en la mente de Nest. Los rasgos de la máscara simbolizaban la muerte. Era un rostro falso, blanco y demacrado como el de una calavera. No tenía ojos; en su lugar habían sombríos huecos. Bajo el pedestal en el que estaba la espeluznante máscara, se hallaba un sarcófago misterioso. ¿Qué sería lo que contendría? Nest caminó entre el vaho siseante y se acercó al centro de la cámara. Se detuvo frente a la verdad, allí, cuando estaba tan cerca de las brujas, de su objetivo.
El Sith abrió el féretro con cuidado y dentro contempló un traje que habría alimentado el pánico que padecen personas durante las noches. Para algunos ojos, esa túnica negra y esa capa azabache habrían parecido monstruosas. Las metálicas placas sin rasgos y las cadenas que decoraban la vestimenta le daban, con toda seguridad, un toque inhumano al ser de alma muy corrompida que era capaz de ataviarse con ese funesto atuendo. No obstante, para la sombra era glorioso. Era un joyero magnífico, creado para proteger y exhibir el mayor tesoro de los Sith. Aterrador, hipnótico y perfecto.
Sobre el traje, se hallaba un sable de luz plateado y negro. Nest lo tomó en sus manos. Sintió un ventarrón en aquel instante. Todo era muy extraño, lo cual hizo que el Sith se paralizara y retrocediera. En ese momento pensó en buscar la salida, pero cobró ánimos y se atrevió a permanecer en la habitación oscura. Ya no escuchaba ningún sonido… nada. De repente, oyó algo muy claro. Le resultaba conocido. Permaneció inmóvil en su sitio. Había oído ese sonido en sus pesadillas y en sus recuerdos: era la respiración de lo que antaño había sido un hombre, y se escuchaba como si intentara chupar el aire denso que se expandía por la sala.
Una luz apareció en la penumbra: la llama de una espada láser recién encendida. Gracias a ella, Nest vio que la alta figura del enmascarado Señor Oscuro que habitaba en su mente elevaba el arma encendida para atacar y arremetía contra él. Nest alzó el sable de luz que había tomado y esquivó hábilmente el ataque del amo de la oscuridad que había conocido en sus recuerdos. En un único movimiento, Nest se volvió hacia el Señor Oscuro de los Sith y, con la mente y el cuerpo totalmente concentrados, convocó a la Fuerza. Al sentir que su poder le acompañaba, Nest levantó su arma láser y la dejó caer ferozmente sobre la cabeza de su oponente. Con ese poderoso golpe, el cráneo oculto del Oscuro Señor quedó separado del cuerpo. La cabeza y la máscara cayeron y rodaron por el suelo de la cámara con un ruidoso estrépito metálico.
Asombrado, Nest vio cómo la oscuridad se tragaba todo el cuerpo del caído Sith. Luego observó la máscara, que se detuvo directamente delante de él. Durante unos segundos, la careta permaneció totalmente inmóvil, aunque más tarde se partió por la mitad y se abrió. Sobresaltado y sin poder creerlo, Darth Nest vio que la máscara rota no mostraba el rostro desconocido e imaginado de aquel Señor Oscuro sino su propia y deformada cara de cadáver, sin ojos y de piel cuarteada. Horrorizado, quedó boquiabierto. A continuación, con la misma rapidez con la que había aparecido, la cabeza decapitada se desvaneció como si se tratara de una visión espectral.
El Sith fijó su mirada en el espacio vacío donde habían estado el cráneo y los fragmentos de la máscara. El cerebro le dio vueltas y las emociones que bullían en su interior eran casi insoportables. Se dio cuenta de que todo se lo había imaginado, de que luchaba contra sus recuerdos… por conseguirlos.
— ¿Está preparado para el final, lord Nest?
¡Esa voz ya la había escuchado! Nest se volvió de un salto, envainó su sable, giró sobre sí mismo y atisbó en la penumbra para tratar de encontrar la fuente de esas palabras. Justo al frente de él se encontraba Mandalore.

Continuará…

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13 años 3 semanas antes #75 por Zeros Metalium
Respuesta de Zeros Metalium sobre el tema Prologo FFW 2.0
McCloud admiraba las vistas desde la cristalera del Fahrenheit. Creia en su superioridad en combate. No era para menos. Las naves de la flota Condor eran insuperables, tanto en velocidad como en armamento. McCloud lo sabia y por eso estaba tranquilo, admirando lo que podia ser la ultima vista de la flota mandaloriana. Su orden era de atacar, pero la flota Condor tenia ordenes especiales. Antes de cada ataque, tiene que esperar 1 hora para la reflexion. Despues no habria marcha atras. Y la hora se estaba agotando....
Comandante: Señor... mensaje del Empalador.
James: Adelante.
Ezsebet: Con autorizacion de mi superior, lord Mandalore, toda nave que desee salir del sistema asi lo hara.
James: Bien. Retirare mis naves de la primera atmosfera y mantendre la flota en espera para el registro de las naves. Comunique a su superior que la Republica acepta la soberania de Dathomir como vuestra propia, y que espera, a partir de ahora, un mejor trato entre el senado y vuestro pueblo.
Ezsebet: Se lo hare saber... cambio y corto.
James: Comunique con las naves que se acercan que se preparen para registro mercantil y civil.
Comandante: Si señor...

Kane: Por fin... ya estabamos tardando en movernos.
Ross: Se ha hecho eterno, pero por fin podremos poner fin a esto.
Capitan: Señor, mensaje del Aurora.
Kane: Pongalo. Ian, escondase.
Arab: Espero que no nos entretengan mas.
Kane: Eso espero. No quiero seguir cargando con este paquete.
Capitan: Mensaje desde el Fahrenheit.
James: Se informa a todas las naves que intentan abandonar Dathomir que tendran que pasar una inspeccion mercantil y civil antes de abandonar la orbita. Se exige el cumplimiento de esta orden. Quien no lo haga podra ser blanco de nuestra armas de fuego.
Kane: Maldicion ¿Ahora como pasaremos con esto dentro?

En la prision, Zeros y el comandante pretoriano esperaban la aparicion de un invitado muy especial...
Zeros: ¿Avisaste?
Comandate: Esta en camino.
Zeros: ¿Para cuando?
Comandante: Apartate de la pared... ahora.
La pared de la celda que daba al exterior reventaba en mil pedazos, quedando al descubierto la libertad y el Tarantula.
Zeros: Justo a tiempo.
Comandante: Larguemonos de aqui.
Zeros y el comandante pretoriano entraban en el interceptador sith. Alli el piloto les ponia al corriente mientras salian de la orbita dathomiana, poniendose a la cola de las naves que iban a ser inspeccionadas por la republica.
Zeros: Asi que el bloqueo mandaloriano no existe... solo el republicano. Eso sera facil de burlar.
Capitan: ¿Como?
Zeros: Establezca conexion con el Stronghold...
Capitan: Aqui Stronghold. ¿Que desea?
Piloto: Nave con inmunidad diplomatica. Problemas en el hiperimpulsor. Necesitamos ser llevados a Kaladra con la mayor urgencia posible.
Capitan: ¿Que conseguimos nosotros?
Piloto: Saltarse el control mandaloriano.
Capitan: ¿De verdad podeis?
Piloto: Si nos llevais, si.
Capitan: De acuerdo. ¿Que debemos hacer?
Piloto: Salir de la formacion y seguidnos hasta la nave principal republicana.
El Tarantula y el Stronghold rompian formacion con el resto de naves y se dirigian a toda velocidad delante de la nave capital del ejercito republicano.
James: Aqui Fahrenheit... volver a la formacion sino estareis...
Zeros: Aqui Tarantula, nave con inmunidad diplomatica. Por problemas en nuestro hiperimpulsor, seremos llevados por el Stronghold, entrando este dentro de nuestra inmunidad. ¿Alguna objeccion al respecto?
James:.... No. Tienen via libre.
Zeros: Gracias. Corto.
Acto seguido, el Stronghold abria su hangar, entrando el interceptador sith en el. Acto seguido, la nave de carga activaba su hiperimpulsor y saltaba direccion Kaladra.
Zeros: Pretorianos. Ahora es el momento.
La rampa del Tarantula se abria, escuchandose varios pasos pero sin salir nadide del interior de la nave....

Fenrir: Bien Sennin. Aqui tienes tu trofeo...
La puerta de la celda se abria, descubriendo el agujero en la pared, obra del Tarantula.
Sennin: Maldito Zeros.
Fenrir: Lo encontraremos.
Sennin: NO. Se donde ha ido. Volvere con el Viuda Negra. Digaselo a Mandalore de mi parte.

Continuara...

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13 años 3 semanas antes #76 por Nest_Vader
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
La ovalada habitación de la torre más alta del castillo que se alzaba sobre la aldea del clan de las Hermanas de la Noche, estaba iluminada por miles y miles de velas, que flotaban en el aire. El arrugado rostro de Charal parecía una pálida lámpara bajo la luz brillante de los cirios. Su cabello tenía un neblinoso brillo plateado, más que de costumbre. La bruja se encontraba sentada en el piso, vestida con su larga túnica esmeralda. Los insectos del lugar estaban reunidos a su alrededor, y unos mynoks descansaban en sus hombros y brazos. Era de esa forma como acostumbraba a meditar.
Charal acercó un tazón a su nariz y olfateó la esencia que emanaba. Cuando abrió sus blancos ojos de muerto, tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar. El corazón le latía más furiosamente que nunca. Porque no sólo sabía que contemplaba la verdad en su visión, sino que lo que ésta significaba siempre lo supo, mas aun así se atrevió a desafiar a la magia… a la Fuerza. ¿Existía el destino? ¿Había cometido un gran error al dejar a Nest con vida y encargarle una importante misión?
La bruja cerró los ojos de nuevo. Una sombra corpulenta y demoníaca, justo delante de ella, se imponía amenazadoramente. Charal levantó la mano y sintió el aire que pasaba por el sitio en el que se supone que tenía que estar la figura que le acompañaba. Si el ser oscuro estaba en realidad allí, debía de poder tocarle; sus reflejos estaba tan cerca… Pero sólo sintió aire: el Señor Oscuro de los Sith que siempre la estaba observando y acechando desde la lejanía habitaba sólo en su mente en aquel momento. Y ese Sith era su mayor preocupación; era el enemigo de la galaxia entera y era quien podía traer la extinción de las brujas de Dathomir.
El Señor Oscuro era terrorífico. Vestía de negro y sus ojos… no tenía ojos. Observarlo era contemplar el sombrío vacío infinito del universo. Entonces Charal derramó unas lágrimas, pues sabía lo que iba a pasar. Sonreía y lloraba al mismo tiempo. El hombre enmascarado, alto, fornido y de atuendo siniestro no movía ni un solo músculo. Es así como trabaja el mal, arrastrándose poco a poco por el suelo, hasta que llega el momento en el que ataca y se extiende como una plaga. El Oscuro Señor siempre padecía de hambre… de hambre de poder. Odiaba a todo el que fuera sensible a la Fuerza; odiaba a la Fuerza misma. El Oscuro Señor se odiaba a sí mismo por ser un peón más de la Fuerza.
Charal estaba teniendo lo que para ella era su peor presagio en muchas décadas galácticas. Recibía la visión con pesar, con las manos apretadas, como si esperara dar fin a sus desgracias con un toque de su magia, de poder. En su interior sentía un intenso dolor, mitad alegría esperanzadora y mitad tristeza terrible.
No supo cuántos minutos estuvo ahí. El espectro del Señor Oscuro no se desvanecía y Charal miraba y miraba en sus adentros, hasta que un ruido lejano la hizo volver a la realidad. No podía quedarse en la aldea sin hacer nada. Apartó la concentración de lo que el Sith le provocaba pensar y susurró con su seca voz:
— El momento se acerca.

Continuará…

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12 años 9 meses antes #77 por Ralph Maul
Respuesta de Ralph Maul sobre el tema Prologo FFW 2.0
-Así que ¿recuerdas mi voz?- dijo Mandalore con voz serena, mientras el Sith seguía la dirección del ruido para encararlo fieramente con sus ojos vacios como si de una bestia asustada se tratara.

De inmediato la fuerza del Señor oscuro inundo la habitación con un aura lúgubre y penetrante que disipaba la neblina y creaba pequeños campos eléctricos alrededor de su cuerpo. –Esperaba que pudiéramos charlar su Excelencia… pero no me deja alternativa, mucho me temo su aventura acaba aquí, pues no puedo dejarle continuar. – Dijo el mandaloriano, mientras de su armadura encajaban en sus manos dos blasters pesados que apuntaron sin piedad a Darth Nest.

Sin inmutarse siquiera, el Sith tomo aquel sable de luz que sabia le pertenecía, en su mente, ya le era conocido su longitud y peso, sabía que podía blandirlo como una extensión más de su cuerpo… Entonces lo encendió, y un destello carmesí iluminó consistente la tenuemente iluminada habitación. –Prepárate Lord Nest, la diversión comienza… Ahora!- Adelantándose a la última palabra un disparo salió de uno de los cañones del ahora señor de Dathomir, seguido de otro y luego otro… todos siendo desviados sin problemas por el señor oscuro. Dentro de su armadura, Mandalore no podía contener una mueca de felicidad, al fin frente a un oponente digno, si es que no el más digno y poderoso de la galaxia. Se abalanzo sobre el Lord con deflectores en los antebrazos y el señor oscuro no tardo en atacarlo… 1,2,3,4 estocadas, al quinto movimiento Mandalore intercepto la muñeca del Sith y le propino un fuerte puñetazo en el vientre que lo dejo sin aire. –Yo no soy como los otros- exclamo el mandaloriano, dándole un rodillazo en la cara y expulsándolo en dirección opuesta, apenas fracciones de segundo pasaron y se abalanzo de nuevo sobre su oponente pero este le dio un empujón con la fuerza que lo pego contra una columna que se desplomo detrás suyo… entonces con ambos peleadores tendidos en el suelo la habitación se lleno de carcajadas, no solo de Mandalore, sino también del Sith, quien se incorporo como si hubiera recuperado algo de su identidad con aquellos golpes y susurró – Lord Mandalore… no es nuestro primer enfrentamiento… pero si su ultimo- abalanzándose sobre su presa que apenas lograba ponerse en pie y con el sable de luz apagado golpeó fieramente la armadura de su rival para luego estamparle otro empujón con la fuerza que lo hizo derribar otro par de columnas en secuencia. Pero esta vez Mandalore se propulsó con la armadura para incorporarse rápidamente y comenzó a dispárale a su oponente quien empezó a esquivar los destellos ardientes a penas a centímetros de su piel, el sistema de puntería de la armadura aprendía con cada disparo que el sith esquivaba o devolvía con su sable carmesí, su silueta se desvaneció y poco podía verse del Lord oscuro en movimiento, pero de pronto los destellos se transformaron en ráfagas y entonces una acertó en la pierna izquierda del Sith, desprendiéndola de golpe… -AHHHH!- un macabro grito de agonía salió de su boca mientras se replegaba en las sombras.. Pero los sistemas de visión de mandalore lo interceptaron detrás de una columna y esta vez un adolorido, confundido mucho más lento que antes señor oscuro, no pudo esquivar la ráfaga que le desprendió la otra pierna…

-¿Qué ocurre?.. Vamos solo perdiste las piernas ¡ponte de pie y atácame!... deprisa, deprisa!.. la esta pelea a penas comienza, recurre a la fuerza, invoca a tus antepasados, regenera tus piernas y ponte de pie …¡¡Enséñame lo que puede hacer un Señor Oscuro!!- mientras tomaba una de sus recién amputadas piernas y las destrozaba con una mano ante sus ojos. En aquel momento el aura oscura que rodeaba a su adepto se hizo más fuerte aun, y sus cuencas vacías se llenaron de un destello blanco y murmuró -¡Mandaloriano… moriraaaas!- en ese instante todos los focos de luz se extinguieron y el Sith se vio envuelto en una masa de energía oscura mientras que sus extremidades desprendidas se descomponían a un ritmo acelerado y se arrastraban por el suelo junto con los charcos de sangre negra que cubrían varias secciones del piso empedrado y se deslizaban a través de las grietas para incorporarse nuevamente a su dueño… lo único que Mandalore podía escuchar era el sonido de huesos quebrándose, sangre salpicar por dentro de la masa luminosa, por fuera de ella, gruñidos, gritos y sonidos guturales inconexos. Paso menos de un minuto antes de que la masa lograra estabilizarse en cierto modo y se abalanzara sobre Mandalore como un lobo hambriento, el visor combate se lleno de múltiples objetivos, decenas de manos empuñando sables de luz se acercaron hacia el… no tenía idea si eran reales o tan solo ilusiones pero no se arriesgaría a ser tocado por alguna de ellas, la armadura se movía al 100% de la potencia… cada extremidad que se acercaba peligrosamente a la armadura era desviada o cortada por alguna ráfaga de los blasters, pero mandalore estaba viviendo tiempo prestado pues a ese ritmo su fin llegaría muy pronto, su semblante dentro de la armadura por primera vez en muchísimo tiempo era de pánico debía hacer al y pronto pues aquella bestia inhumana no se detendría por nada, fue entonces cuando divisó lo único que podría salvarlo… se abalanzo hacia el centro del recinto donde se encontraban las pertenencia del Señor oscuro quedando completamente desprotegido, pero antes de ser descuartizados por decenas de sables de luz… saco aquella fría y oscura mascara y la sostuvo firmemente frente a la criatura.. esta retrocedió unos metros despavorida y comenzó a encogerse hasta quedar aquel cuerpo descompuesto vacio… unido solamente por la fuerza..

Continuara…

Mandalorians don't make threats. We make promises.

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11 años 7 meses antes #78 por Nest_Vader
Respuesta de Nest_Vader sobre el tema Prologo FFW 2.0
El símbolo de la muerte, el caos y la destrucción; la máscara demoníaca, cuyo color blanco era decorado por símbolos rojizos tan extraños como los de un holocrón, lo miró perversamente, aunque sin mirarlo realmente, pues en lugar de ojos poseía sombrías cavidades. Este último elemento era familiar; Darth Nest carecía de globos oculares y solamente era capaz de ver por el poder de la Fuerza. Atónito, el oscuro guerrero contempló con incredulidad aquel semblante artificial y retrocedió ante semejante revelación. El Sith, el Señor Oscuro de los Sith, soberano del trono del reverso tenebroso, observó con fijación su máscara, su verdadero rostro, ya que esa era la cara que todos habían conocido y temido en la expansión absoluta de la galaxia.
— ¡No, no! Esto no es verdad… — dijo la grave pero carrasposa voz de Nest, negándose a creer lo que acababa de hacérsele obvio, pues en sus olvidados recuerdos las piezas del rompecabezas empezaban a encajar poco a poco —. ¡Todo es una mentira!
— Analiza tus sentimientos — le espetó Mandalore, pareciendo la versión masculina y sin misticismo de Charal, la líder del clan de brujas de las Hermanas de la Noche —. Tú bien sabes que es cierto.
Durante una fracción de segundo, Nest podría haber pensado en huir, pero las piernas recién restauradas le temblaban y, entre el vapor helado que salía de las tuberías de la amplia habitación, las múltiples columnas que la adornaban y la negra oscuridad que acortaba la visión de cualquier persona que allí abriera sus ojos, se creaba un fuerte cerco muy apretado en torno al líder de los mandalorianos y él. Mandalore se acercó más hacia el lugar en que yacía el cuerpo muerto y vivo, no obstante, por lazos invisibles creados por la Fuerza, de su contrincante.
— Tú no pudiste ganar esta guerra, rey de las tinieblas — afirmó el mandaloriano con un tono desdeñoso. Sus ojos negros brillaban a través del visor de su casco, por poco visible en las sombras —. Y yo te aniquilaré a ti. ¡Yo venceré al gran lord Darth Nest!
Aquellas palabras le hicieron recordar a Nest, como si se tratara de una vida anterior, sus batallas contra ejércitos enemigos, sus duelos contra Jedi… Todo cuanto había aprendido liderando a la Orden Tenebrosa no había servido para impedir ser traicionado y derrotado. ¿Y qué importaba eso, si es que todo lo que ahora pensaba resultaba ser verdad, cuando el hambre de poder le estaba corroyendo el interior de su cuerpo, mientras era amenazado por uno de sus enemigos? Pero su vida estaba llena de los mismos sentimientos; odio, ira, soledad, temor, pese a ser el ente viviente más poderoso de la galaxia. La voz metálica de Mandalore de nuevo se escuchó:
— Inclínate ante el estandarte mandaloriano, lord Nest.
La carcajada de Mandalore se esparció con su respectivo eco por la sala cuyo tamaño era como el de una catedral. Sus labios se contorsionaron luego en una sonrisa. Darth Nest no se inclinó. Aunque aún sentía que no podía moverse, no iba a reverenciar a una escoria que no sobrepasaba la capacidad humana del poder, alguien que no había sido capaz de comprender lo que el Sith sí entendió, y por segunda vez en su existencia, en tan sólo menos de una noche.
— He dicho que te inclines, maldito Sith — repitió Mandalore, alzando su bláster.
Ante la inamovilidad del adepto del Lado Oscuro, el líder del clan de los mandalorianos lo golpeó potentemente, haciéndolo caer. En breve, le propinó un codazo en la espalda. Nest escupió sangre negra, al tiempo que sentía que su columna vertebral se curvaba como empujada firmemente por una mano enorme e invisible llamada dolor, y Mandalore rió más que antes.
— Muy bien — dijo el mandaloriano con voz suave y direccionó el cañón del rifle en dirección a la cabeza del lord Sith —. Ahora da la cara como un hombre. Tieso y orgulloso, como murieron aquellos Jedi bajo tu mando, cuando tú fuiste uno de ellos. ¿Recuerdas?
Con un grito de ira y algo de repulsión por parte de Nest, una ráfaga de viento impulsada por la Fuerza expulsó unos metros a Mandalore lejos de él. El líder mandaloriano levantó una vez más su arma, pero aquella vez su rival estaba listo: con los reflejos adquiridos en comunión con la fuente de su poder, se echó al suelo a un lado. Rodó hasta quedar a cubierto detrás del sarcófago donde se hallaban sus pertenencias, y lo oyó agrietarse al recibir la lluvia de disparos dirigida a él.
— No puedes esconderte para siempre, milord — dijo la atronadora voz de Mandalore, acercándose más al sitio donde se encontraba oculto Nest —. ¿Es que estás cansado del combate? ¿Preferirías rendirte ya y que te entregara a aquel que desea tanto capturarlo? Sí, eso podría ser muy revelador. — Rió tenuemente —. Sal, Nest… sal y da la cara. Será rápida su captura, tan rápida como la muerte. Puede que ni siquiera sea doloroso, no lo sé… ¡Como no estoy muerto en vida…!
Darth Nest permaneció agachado tras el féretro, sintiendo el dolor que sabía que era hambre. El dolor era tan intenso, tan devastador, que olvidó dónde estaba: era como si cuchillos candentes le horadaran cada centímetro de la piel, y la cabeza le fuera a estallar de dolor en mil pedazos. Le pareció que gritó más fuerte de lo que había gritado en lo que recordaba de su vida. Y luego todo cesó. Sin embargo, temblaba tan incontrolablemente como su memoria le indicaba que lo hacían sus víctimas antes de morir por su sable carmesí, antaño. Comprendió que había llegado el fin, ahí, en el momento y lugar cercano al clan de la Montaña Cantante, esas brujas capaces de curar la herida maldita de sus entrañas. Este momento indicó la extinción de una esperanza. Y, al oír a Mandalore acercarse todavía más, sólo supo una cosa que escapaba al miedo y a la razón: que esto no se acabaría con él agachado como un cobarde neimodiano, ni iba a arrodillarse a los pies de la bandera de los mandalorianos. Todo eso era el fuego del sufrimiento de la galaxia, que se esparcía como una epidemia. Todo eso era culpa de la Fuerza, su fortaleza y su debilidad.
Antes de que Mandalore asomara la cabeza cubierta por el visor al otro lado del sarcófago, Nest se había levantado; agarraba firmemente su sable de luz con una mano, lo encendía y lo blandía ante él, y se abalanzaba al encuentro de su enemigo para enfrentarse con su persona cara a cara. Pero de nuevo el dolor le desgarró el interior de su pútrido cuerpo y un rugido feroz erizó la piel del mandaloriano, que vio la oportunidad de debilitar más al Sith con sus palabras.
El guerrero oscuro se retiró más profundamente en las sombras, intentando esconder su alma. Pero no había forma de ocultarse a sí mismo lo que había en su mente. El universo estaba hundiéndose en la destrucción. Su dolor resonaba en él y su espíritu vibraba junto con el de la galaxia. Intentó acallar el grito de dolor, pero era demasiado poderoso para sofocarlo o desentenderse; tenía que acunarlo abiertamente y proporcionar así algún consuelo. La sonrisa de Mandalore, pese a su armadura, a su máscara, pese a las sombras, a través de los reinos de un nuevo orden de corte militar, era evidente para Nest.
— Tu poder es débil, amo de las sombras — emitió finalmente el mandaloriano —. La Fuerza te ha hecho esto… a ti y a todos los tuyos. Pero el reinado de ustedes se acabó.
Éste fue el punto de ruptura para Darth Nest, porque la Fuerza era realmente el mal de todo el universo, el falso dios que sólo traía desgracias a cada organismo en la vida. Si el mandaloriano o cualquier otro que no fuera él aplicaban sus retorcidos y equívocos deseos sobre la galaxia, por segura voluntad de la Fuerza, sería todo un fracaso.
— ¡No! — gritó el Sith.
Y entonces (nada podría haberlo preparado para aquello) Mandalore sintió que sus pies se alzaban del suelo. Tanto él como lord Nest estaban elevándose en el aire, y sus armas se activaron solas. La magnánima armadura mandaloriana, brillante por su metálico color plateado, empezó a fragmentarse en el pecho.

Continuará…

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