starwars: fansfiction
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08 Ene 2009 20:04 #733 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
Os dejo el séptimo relato...
>>> MARA JADE: LA HISTORIA SE REPITE <<<
- Luke, ¿te pasa algo? Te noto… no sé… distinto.- le preguntó Mara. Desde que habían regresado de Ord Mantell, Luke no parecía el mismo. Apenas hablaba y respondía con pocas palabras. No hacía demasiados gestos, se mostraba poco expresivo. Parecía ausente, distraído todo el tiempo. Observaba cada lugar de la casa como si no fuera la suya o como si tratara de encontrar algo.
- Tranquila, cariño, estoy perfectamente.
- ¿Seguro?
- Sí. Confía en mí.- no era propio de Luke decir aquello cuando llevaban tantos años casados. Sin duda, algo le pasaba y no quería contárselo. Alguna razón habría, así que, por el momento, Mara no quiso seguir cuestionándole y le dejó en la sala de estar.
- De acuerdo. Bueno, me voy a dormir. Estoy agotada del viaje. Deberías acostarte pronto tú también.
- Lo haré. Buenas noches.
- Buenas noches, Luke.
Horas después, cuando Mara se encontraba ya dormida, Luke se acercó a la puerta de la habitación. Pulsó con suavidad el botón que la abría para que hiciera el mínimo ruido al deslizarse. Pero la luz que entró resultó ser suficiente para que Mara abriera ligeramente los ojos, ya que estaba acostada mirando en esa dirección. Pudo entrever entonces que Luke llevaba algo en la mano izquierda. Por su brillo, parecía algo metálico. Por su forma, parecía un cilindro. ¡Era un bláster!
Aquello sí que fue un brusco despertar. Sin pensarlo dos veces, rodó por la cama hasta tirarse bajo ella por el lado contrario a aquel en el que, hasta ese momento, descansaba plácidamente. Para su fortuna, fue lo suficientemente veloz como para esquivar los tres fogonazos que ejecutó… ¿su marido? Aquel individuo indudablemente no podía ser Luke. Era lógico entonces que le notara raro: se trataba de una persona totalmente distinta, aunque conservaba el mismo físico y vestimenta. Eso explicaba el hecho de que se mostrara tan curioso por las estancias de la casa: buscaba un arma. Y, por lo que se veía, había encontrado el antiguo blaster de Mara, al que guardaba como medida de seguridad en caso de que ni Luke ni ella tuvieran a mano sus espadas de luz.
¿Era un clon? ¿Era un cambiante? Daba lo mismo: ahora lo que realmente preocupaba a Mara era librarse de aquel nuevo atentado contra su vida. El problema estaba en que la situación era bastante delicada. Estaba desarmada y no tenía posibilidad alguna de hacerse con su espada, ya que se encontraba entre el equipaje del recién concluido viaje. “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, se culpaba por no haber deshecho las maletas. Pero es que estaba tan sumamente cansada que prefirió dejarlo para el día siguiente. Después de tantas y tantas aventuras, aquella decisión podía convertirse en la equivocación de su vida: ¡menudo fiasco de final para una trayectoria tan exitosa como la suya!
Cuando el “falso Luke” se disponía a rodear la cama, Mara discurrió al fin la manera de librar a la muerte por enésima vez. Era muy arriesgado, pero se sentía lo suficientemente preparada como para lograrlo. Así que recordó una de las máximas que Luke le había enseñado durante su entrenamiento Jedi (“Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”) y se descubrió ante su rival con la mano extendida, llamó a la Fuerza y consiguió atraer el blaster hasta su mano. Aquello venía a demostrar que, sin lugar a dudas, Luke se había convertido en un gran Maestro Jedi y que ella tenía una nada despreciable sensibilidad hacia la Fuerza.
- Dime quién eres y quizá te perdone la vida.- le dijo mientras se ponía en pie y le apuntaba a la cabeza.
Fue una escueta conversación, pero Mara sonsacó la información necesaria para encontrar a su marido: había sido secuestrado en Ord Mantell. No sabía cómo ni en qué momento durante su estancia en aquel planeta, pero sí sabía el por qué: la sed de venganza. Había pasado mucho tiempo desde que cumplió aquel encargo del Emperador, pero se ve que los Piratas del Savrip de las Sombras todavía le guardaban rencor por la destrucción de su cuartel general. O quizá se acordaron de ella al verla aterrizar allí. El caso es que habían intentado matarla y, por si lograba sobrevivir, habían raptado a Luke para disponer de un segundo intento.
No perdió ni un pársec: despegó y puso rumbo a la ruta hiperespacial que más cerca la dejaría de Ord Mantell. Una vez allí, localizó el cuartel general que años atrás hizo pedazos gracias a que el “falso Luke” le había dicho las coordenadas pertinentes. Estaba situado en lo alto de una pequeña montaña de roca rojiza. “Buena reconstrucción”, pensó sorprendida al ver el buen aspecto que presentaba el enorme edificio. Prácticamente idéntico a como se hallaba antes de que le hiciera estallar.
Se dispuso a efectuar el aterrizaje frente a la entrada principal. Había dos guardias flanqueando la gran puerta de duracero. En cuanto el vehículo tomó tierra, se acercaron para ver quién lo pilotaba y, nada más comprobar que era Mara Jade en persona, no dudaron en empezar a correr hasta la rampa de embarque para atacarla en cuanto se asomara.
Al principio, a Mara le sorprendió que no optaran por dar la alarma. Pero luego recordó que los Piratas del Savrip de las Sombras tenían fama de ofrecer cuantiosos sobresueldos a sus integrantes para que se esforzaran al máximo en el cumplimiento de ciertos objetivos de gran importancia. “Me siento halagada”, pensó divertida.
Antes de que la rampa de embarque tocara el suelo, Mara ya estaba saltando hacia delante, aprovechando la progresiva inclinación de la misma para rodar por ella y evitar así los disparos de los guardias. Inmediatamente después, disparó e hirió a uno de ellos, pero el otro se movió con la suficiente agilidad como para evitar las descargas que iban en su dirección. Esto le permitió volver a disparar a la valiosa enemiga, con la fortuna de acertarla en la mismísima sien.
- ¡La he matado! ¡La he matado!- gritó eufórico el guardia de especie nikto. No duró mucho su alegría. Exactamente cuatro segundos, que es lo que tardó el cadáver en llevar a cabo la transformación de su aspecto hacia su forma original: la de un cambiante clawdite, el mismo que se había hecho pasar por Luke hacía escasas horas y que había sido forzado por Mara para que eliminara a los guardias de la entrada. O mataba a los guardias o moría junto a ellos, ya que le había colocado un detonador termal accionado por control remoto.
La verdadera Mara Jade apareció de repente por la rampa de embarque, lanzando su espada de luz con la Fuerza en dirección al sorprendido pirata. Fue tal la rapidez del ataque que sólo pudo ver el fulgor violeta del arma momentos antes de que atravesara su cabeza a la altura de la frente. Como si de un boomerang se tratara, la empuñadura voló de vuelta a la mano de su dueña. Así dio comienzo la operación de rescate.
Para acceder al cuartel, Mara dudó entre usar su espada de luz o emplear el detonador termal que aún permanecía escondido en el cuerpo sin vida del clawdite. Optó por la primera opción, ya que era bastante más sigilosa. Ya que había logrado que nadie diera la alarma, era preferible seguir así. Todo resultaría más fácil… o no. Tener que aniquilar a los enemigos en silencio no era tan sencillo. Había tener muy en cuenta el factor sorpresa y, sobre todo, la ocultación de los cadáveres en lugares seguros para que nadie sospechara. Y aunque se tomaran todas estas medidas, siempre había un elevado porcentaje de posibilidad de que algo saliera mal y finalmente la alarma fuera accionada. No obstante, merecía la pena intentarlo. El mero hecho de pensar que podrían venir en su busca varias docenas de piratas de golpe ponía nervioso a cualquiera. Incluso a la gran Mara Jade, antigua “Mano del Emperador”.
La operación de rescate se convirtió en un conjunto de ejercicios Jedi ejecutados con éxito: desde el poder que permitía proyectar sonidos de distracción hasta el de mover objetos con la mente, pasando por el lanzamiento de espada con la Fuerza y el poder de la velocidad. Mara se convenció así de que estaba plenamente preparada, podía considerarse un Jedi tal y como lo era su marido. Quizá no de su nivel, pues carecía de su larga experiencia, pero lo era.
- ¡Luke!- gritó Mara en un tono que mezclaba la alegría de verle vivo con la preocupación de verle apresado con campos de fuerza, flotando sobre un pozo de dudoso destino, pero que, obviamente, sería letal.
- Mara…- respondió el Jedi con debilidad. No mostraba síntomas físicos, pero se encontraba muy aturdido.
- Has mejorado mucho, Mara.- surgió una voz de entre las sombras de la gran habitación.- Con lo buena que eras ya entonces, cuando te hacían llamar “la Mano del Emperador”, parece mentira que ahora seas aún mejor. Has llegado hasta aquí sin un solo rasguño, sin que se haya disparado la alarma y utilizando una simple espada de luz. Impresionante. Realmente impresionante. Lástima que vayas a morir… ¡ahora!
- (¡Agáchate!).- y sin pensarlo, Mara lo hizo, esquivando por muy poco el dardo dirigido hacia su cabeza que salió disparado de uno de los oscuros rincones de la sala. Inmediatamente después, lanzó su espada, usando de nuevo la Fuerza, hacia el origen del ataque y acabó con el peligroso devaroniano que a punto estuvo de quitarle la vida.
- Pero…¡¡¿cómo es posible?!! – el líder pirata no daba crédito a lo que acababa de presenciar. Como para hacerlo: era un truco Jedi muy bueno, el truco de la telekinesia, gracias al cual Luke le había susurrado a la mente de Mara la advertencia necesaria para sobrevivir. Otra prueba más de que Mara era ya toda una Jedi.- No te conseguiré matar, Mara, ¡pero al menos acabaré con tu marido!
(sigue)
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- Luke, ¿te pasa algo? Te noto… no sé… distinto.- le preguntó Mara. Desde que habían regresado de Ord Mantell, Luke no parecía el mismo. Apenas hablaba y respondía con pocas palabras. No hacía demasiados gestos, se mostraba poco expresivo. Parecía ausente, distraído todo el tiempo. Observaba cada lugar de la casa como si no fuera la suya o como si tratara de encontrar algo.
- Tranquila, cariño, estoy perfectamente.
- ¿Seguro?
- Sí. Confía en mí.- no era propio de Luke decir aquello cuando llevaban tantos años casados. Sin duda, algo le pasaba y no quería contárselo. Alguna razón habría, así que, por el momento, Mara no quiso seguir cuestionándole y le dejó en la sala de estar.
- De acuerdo. Bueno, me voy a dormir. Estoy agotada del viaje. Deberías acostarte pronto tú también.
- Lo haré. Buenas noches.
- Buenas noches, Luke.
Horas después, cuando Mara se encontraba ya dormida, Luke se acercó a la puerta de la habitación. Pulsó con suavidad el botón que la abría para que hiciera el mínimo ruido al deslizarse. Pero la luz que entró resultó ser suficiente para que Mara abriera ligeramente los ojos, ya que estaba acostada mirando en esa dirección. Pudo entrever entonces que Luke llevaba algo en la mano izquierda. Por su brillo, parecía algo metálico. Por su forma, parecía un cilindro. ¡Era un bláster!
Aquello sí que fue un brusco despertar. Sin pensarlo dos veces, rodó por la cama hasta tirarse bajo ella por el lado contrario a aquel en el que, hasta ese momento, descansaba plácidamente. Para su fortuna, fue lo suficientemente veloz como para esquivar los tres fogonazos que ejecutó… ¿su marido? Aquel individuo indudablemente no podía ser Luke. Era lógico entonces que le notara raro: se trataba de una persona totalmente distinta, aunque conservaba el mismo físico y vestimenta. Eso explicaba el hecho de que se mostrara tan curioso por las estancias de la casa: buscaba un arma. Y, por lo que se veía, había encontrado el antiguo blaster de Mara, al que guardaba como medida de seguridad en caso de que ni Luke ni ella tuvieran a mano sus espadas de luz.
¿Era un clon? ¿Era un cambiante? Daba lo mismo: ahora lo que realmente preocupaba a Mara era librarse de aquel nuevo atentado contra su vida. El problema estaba en que la situación era bastante delicada. Estaba desarmada y no tenía posibilidad alguna de hacerse con su espada, ya que se encontraba entre el equipaje del recién concluido viaje. “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, se culpaba por no haber deshecho las maletas. Pero es que estaba tan sumamente cansada que prefirió dejarlo para el día siguiente. Después de tantas y tantas aventuras, aquella decisión podía convertirse en la equivocación de su vida: ¡menudo fiasco de final para una trayectoria tan exitosa como la suya!
Cuando el “falso Luke” se disponía a rodear la cama, Mara discurrió al fin la manera de librar a la muerte por enésima vez. Era muy arriesgado, pero se sentía lo suficientemente preparada como para lograrlo. Así que recordó una de las máximas que Luke le había enseñado durante su entrenamiento Jedi (“Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”) y se descubrió ante su rival con la mano extendida, llamó a la Fuerza y consiguió atraer el blaster hasta su mano. Aquello venía a demostrar que, sin lugar a dudas, Luke se había convertido en un gran Maestro Jedi y que ella tenía una nada despreciable sensibilidad hacia la Fuerza.
- Dime quién eres y quizá te perdone la vida.- le dijo mientras se ponía en pie y le apuntaba a la cabeza.
Fue una escueta conversación, pero Mara sonsacó la información necesaria para encontrar a su marido: había sido secuestrado en Ord Mantell. No sabía cómo ni en qué momento durante su estancia en aquel planeta, pero sí sabía el por qué: la sed de venganza. Había pasado mucho tiempo desde que cumplió aquel encargo del Emperador, pero se ve que los Piratas del Savrip de las Sombras todavía le guardaban rencor por la destrucción de su cuartel general. O quizá se acordaron de ella al verla aterrizar allí. El caso es que habían intentado matarla y, por si lograba sobrevivir, habían raptado a Luke para disponer de un segundo intento.
No perdió ni un pársec: despegó y puso rumbo a la ruta hiperespacial que más cerca la dejaría de Ord Mantell. Una vez allí, localizó el cuartel general que años atrás hizo pedazos gracias a que el “falso Luke” le había dicho las coordenadas pertinentes. Estaba situado en lo alto de una pequeña montaña de roca rojiza. “Buena reconstrucción”, pensó sorprendida al ver el buen aspecto que presentaba el enorme edificio. Prácticamente idéntico a como se hallaba antes de que le hiciera estallar.
Se dispuso a efectuar el aterrizaje frente a la entrada principal. Había dos guardias flanqueando la gran puerta de duracero. En cuanto el vehículo tomó tierra, se acercaron para ver quién lo pilotaba y, nada más comprobar que era Mara Jade en persona, no dudaron en empezar a correr hasta la rampa de embarque para atacarla en cuanto se asomara.
Al principio, a Mara le sorprendió que no optaran por dar la alarma. Pero luego recordó que los Piratas del Savrip de las Sombras tenían fama de ofrecer cuantiosos sobresueldos a sus integrantes para que se esforzaran al máximo en el cumplimiento de ciertos objetivos de gran importancia. “Me siento halagada”, pensó divertida.
Antes de que la rampa de embarque tocara el suelo, Mara ya estaba saltando hacia delante, aprovechando la progresiva inclinación de la misma para rodar por ella y evitar así los disparos de los guardias. Inmediatamente después, disparó e hirió a uno de ellos, pero el otro se movió con la suficiente agilidad como para evitar las descargas que iban en su dirección. Esto le permitió volver a disparar a la valiosa enemiga, con la fortuna de acertarla en la mismísima sien.
- ¡La he matado! ¡La he matado!- gritó eufórico el guardia de especie nikto. No duró mucho su alegría. Exactamente cuatro segundos, que es lo que tardó el cadáver en llevar a cabo la transformación de su aspecto hacia su forma original: la de un cambiante clawdite, el mismo que se había hecho pasar por Luke hacía escasas horas y que había sido forzado por Mara para que eliminara a los guardias de la entrada. O mataba a los guardias o moría junto a ellos, ya que le había colocado un detonador termal accionado por control remoto.
La verdadera Mara Jade apareció de repente por la rampa de embarque, lanzando su espada de luz con la Fuerza en dirección al sorprendido pirata. Fue tal la rapidez del ataque que sólo pudo ver el fulgor violeta del arma momentos antes de que atravesara su cabeza a la altura de la frente. Como si de un boomerang se tratara, la empuñadura voló de vuelta a la mano de su dueña. Así dio comienzo la operación de rescate.
Para acceder al cuartel, Mara dudó entre usar su espada de luz o emplear el detonador termal que aún permanecía escondido en el cuerpo sin vida del clawdite. Optó por la primera opción, ya que era bastante más sigilosa. Ya que había logrado que nadie diera la alarma, era preferible seguir así. Todo resultaría más fácil… o no. Tener que aniquilar a los enemigos en silencio no era tan sencillo. Había tener muy en cuenta el factor sorpresa y, sobre todo, la ocultación de los cadáveres en lugares seguros para que nadie sospechara. Y aunque se tomaran todas estas medidas, siempre había un elevado porcentaje de posibilidad de que algo saliera mal y finalmente la alarma fuera accionada. No obstante, merecía la pena intentarlo. El mero hecho de pensar que podrían venir en su busca varias docenas de piratas de golpe ponía nervioso a cualquiera. Incluso a la gran Mara Jade, antigua “Mano del Emperador”.
La operación de rescate se convirtió en un conjunto de ejercicios Jedi ejecutados con éxito: desde el poder que permitía proyectar sonidos de distracción hasta el de mover objetos con la mente, pasando por el lanzamiento de espada con la Fuerza y el poder de la velocidad. Mara se convenció así de que estaba plenamente preparada, podía considerarse un Jedi tal y como lo era su marido. Quizá no de su nivel, pues carecía de su larga experiencia, pero lo era.
- ¡Luke!- gritó Mara en un tono que mezclaba la alegría de verle vivo con la preocupación de verle apresado con campos de fuerza, flotando sobre un pozo de dudoso destino, pero que, obviamente, sería letal.
- Mara…- respondió el Jedi con debilidad. No mostraba síntomas físicos, pero se encontraba muy aturdido.
- Has mejorado mucho, Mara.- surgió una voz de entre las sombras de la gran habitación.- Con lo buena que eras ya entonces, cuando te hacían llamar “la Mano del Emperador”, parece mentira que ahora seas aún mejor. Has llegado hasta aquí sin un solo rasguño, sin que se haya disparado la alarma y utilizando una simple espada de luz. Impresionante. Realmente impresionante. Lástima que vayas a morir… ¡ahora!
- (¡Agáchate!).- y sin pensarlo, Mara lo hizo, esquivando por muy poco el dardo dirigido hacia su cabeza que salió disparado de uno de los oscuros rincones de la sala. Inmediatamente después, lanzó su espada, usando de nuevo la Fuerza, hacia el origen del ataque y acabó con el peligroso devaroniano que a punto estuvo de quitarle la vida.
- Pero…¡¡¿cómo es posible?!! – el líder pirata no daba crédito a lo que acababa de presenciar. Como para hacerlo: era un truco Jedi muy bueno, el truco de la telekinesia, gracias al cual Luke le había susurrado a la mente de Mara la advertencia necesaria para sobrevivir. Otra prueba más de que Mara era ya toda una Jedi.- No te conseguiré matar, Mara, ¡pero al menos acabaré con tu marido!
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08 Ene 2009 20:04 #734 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
El villano corrió entonces hacia un pequeño panel de control y pulsó el botón que desactivaba el campo de fuerza que mantenía a Luke apresado en el aire.
- ¡¡ NOOO !! – gritó Mara mientras corría hacia el pozo con la intención de detener la caída de su esposo mediante la Fuerza. Pero estaba tan nerviosa que no lograba obtener la concentración necesaria para hacerlo. La situación empeoró cuando el líder pirata, viendo a su enemiga al fin indefensa, desenfundó su blaster para dispararla. Mara lo vio de reojo y no tuvo más remedio que agacharse, ocultándose tras el muro de piedra que componía el pozo. Sin perder un segundo, se puso en pie blandiendo su espada y esperó a que el twi´lek la disparara de nuevo. Tras desviar las dos primeras descargas láser, logró que la tercera rebotara en la dirección oportuna, hiriendo así a su atacante. Tan velozmente como fue capaz, dejó a un lado su espada y trató de concentrarse de nuevo para retener a Luke en el aire, si es que aún no había llegado al fondo del abismo.
Afortunadamente, lo consiguió cuando quedaban escasos metros. Ahora debía esforzarse un poco más para hacerle ascender. Se tomó su tiempo, ya no había prisa. Al menos, eso pensaba para concentrarse mejor, pues en realidad sí que la había, puesto que el líder pirata se estaba empezando a mover lentamente. “Un poco más, sólo un poco más”, murmuraba mientras veía a Luke a pocos metros del final del ascenso. Le estaba costando lo suyo, pero debía aguantar unos cuantos segundos más si quería ver a su marido por fin a salvo.
Justo cuando el cuerpo del Jedi comenzaba a asomarse por la abertura del pozo, el líder pirata volvía a tener su blaster en mano. Se dispuso a apuntar en dirección a la cabeza de Mara. Trató de mantener el pulso, algo bastante complicado dado su débil estado. La tenía en la mira. Se dispuso a disparar. Pero cuando estaba a punto de apretar el gatillo, Luke, que estaba un poco más despierto debido al susto de la caída, sacó las energías necesarias cuando parecía no haberlas, convocó a la Fuerza y logró quitarle la pistola instantes antes de que la descarga láser llegara a producirse. Poco después, Mara posó con suavidad el cuerpo de su esposo sobre el suelo, blandió de nuevo su espada y echó a correr hacia el líder pirata, que ya planeaba activar un detonador termal que colgaba de su cinturón. Le mató definitivamente, pero el explosivo ya estaba activado. Tenía seis segundos para huir de un radio de veinte metros, algo imposible dado el precario estado en el que se encontraba Luke. Así que tuvo la brillante idea de lanzarle al pozo.
La explosión provocó una reacción en cadena. Puesto que los piratas se basaban en el combustible portrol para obtener energía, le almacenaban en el fondo del cuartel, en un gran subterráneo. De ahí la existencia del pozo, que permitía tanto extraer como introducir aquel pegajoso y tóxico líquido.
Surgió entonces una llamarada gigantesca del pozo, que llegó a abrasar el techo, así como tembló todo el edificio. Se desprendían numerosos fragmentos del techo. Se derrumbaban estancias enteras. El caos reinaba como lo hizo cuando Mara destrozó el lugar años atrás. “Si llego a saber lo del pozo en aquel entonces, todo hubiera resultado mucho más sencillo”, se decía así misma sin comprender por qué el Emperador no le proporcionó un dato tan esencial como aquel. En su lugar, tuvo que utilizar más de una docena de explosivos térmicos para hacer volar el cuartel por los aires. Quizá Palpatine quería que lo hiciera así para probar su valía, ya que fue una de sus primeras misiones bajo sus órdenes.
- Vamos, Luke, ya falta poco.- le animaba Mara mientras le arrastraba de pasillo en pasillo. Afortunadamente, no se toparon con ningún pirata. Llegaron a la entrada principal sin más problemas que los leves rasguños que les provocaron un par de cascotes procedentes del techo.
Al poco tiempo alcanzaron la puerta principal. Los piratas no la habían abierto, con las prisas prefirieron usar el boquete que hizo Mara con su espada. Pasaron por él y cuál fue su sorpresa cuando vieron a una veintena de piratas rodeando la nave en la que había venido y que pensaba en volver a utilizar para huir.
“Menos mal que aún tengo una carta en la manga”, se dijo Mara antes de pulsar el mando a distancia que accionaba el detonador termal que aún yacía oculto junto al cuerpo sin vida del clawdite. La explosión acabó sin problemas con todos y cada uno de los piratas… y dañó en parte a su nave.
- Esperemos que no haya sido grave.- dijo tras tumbar a su marido en una cama del vehículo. Después, se sentó en la cabina y se dispuso a activar la secuencia de despegue.- Vamos… ¡Vamos, vamos!- gritaba nerviosa ante las respuestas fallidas de la nave. El tiempo jugaba en su contra. El cuartel estaba a punto de derrumbarse completamente, lo que podía provocar un temblor capaz de derruir la pista de aterrizaje y hacerla despeñarse montaña abajo.
Para su fortuna, al quinto intento los motores sublumínicos reaccionaron positivamente y el vehículo comenzó a elevarse, justo mientras la base pirata se desplomaba. Tal y como era de prever, la sacudida que se produjo fue descomunal, hasta el punto de destrozar la pista. Se levantó una nube de polvo tal que cubrió el lugar por completo mientras caía en una gigantesca avalancha de escombros por toda la ladera de la montaña. “La historia se repite”, pensó Mara llena de júbilo mientras recordaba la misión que realizó años atrás y que tuvo un final similar a aquella trepidante operación de rescate. Se sentía orgullosa, no sólo por conservar su eficacia, sino por haberse demostrado a sí misma estar plenamente adiestrada en las artes Jedi, de modo que era aún más fuerte que en su época como “Mano del Emperador”. Todo un reto teniendo en cuenta el considerable nivel que demostró tener en aquella época.
*** FIN ***
- ¡¡ NOOO !! – gritó Mara mientras corría hacia el pozo con la intención de detener la caída de su esposo mediante la Fuerza. Pero estaba tan nerviosa que no lograba obtener la concentración necesaria para hacerlo. La situación empeoró cuando el líder pirata, viendo a su enemiga al fin indefensa, desenfundó su blaster para dispararla. Mara lo vio de reojo y no tuvo más remedio que agacharse, ocultándose tras el muro de piedra que componía el pozo. Sin perder un segundo, se puso en pie blandiendo su espada y esperó a que el twi´lek la disparara de nuevo. Tras desviar las dos primeras descargas láser, logró que la tercera rebotara en la dirección oportuna, hiriendo así a su atacante. Tan velozmente como fue capaz, dejó a un lado su espada y trató de concentrarse de nuevo para retener a Luke en el aire, si es que aún no había llegado al fondo del abismo.
Afortunadamente, lo consiguió cuando quedaban escasos metros. Ahora debía esforzarse un poco más para hacerle ascender. Se tomó su tiempo, ya no había prisa. Al menos, eso pensaba para concentrarse mejor, pues en realidad sí que la había, puesto que el líder pirata se estaba empezando a mover lentamente. “Un poco más, sólo un poco más”, murmuraba mientras veía a Luke a pocos metros del final del ascenso. Le estaba costando lo suyo, pero debía aguantar unos cuantos segundos más si quería ver a su marido por fin a salvo.
Justo cuando el cuerpo del Jedi comenzaba a asomarse por la abertura del pozo, el líder pirata volvía a tener su blaster en mano. Se dispuso a apuntar en dirección a la cabeza de Mara. Trató de mantener el pulso, algo bastante complicado dado su débil estado. La tenía en la mira. Se dispuso a disparar. Pero cuando estaba a punto de apretar el gatillo, Luke, que estaba un poco más despierto debido al susto de la caída, sacó las energías necesarias cuando parecía no haberlas, convocó a la Fuerza y logró quitarle la pistola instantes antes de que la descarga láser llegara a producirse. Poco después, Mara posó con suavidad el cuerpo de su esposo sobre el suelo, blandió de nuevo su espada y echó a correr hacia el líder pirata, que ya planeaba activar un detonador termal que colgaba de su cinturón. Le mató definitivamente, pero el explosivo ya estaba activado. Tenía seis segundos para huir de un radio de veinte metros, algo imposible dado el precario estado en el que se encontraba Luke. Así que tuvo la brillante idea de lanzarle al pozo.
La explosión provocó una reacción en cadena. Puesto que los piratas se basaban en el combustible portrol para obtener energía, le almacenaban en el fondo del cuartel, en un gran subterráneo. De ahí la existencia del pozo, que permitía tanto extraer como introducir aquel pegajoso y tóxico líquido.
Surgió entonces una llamarada gigantesca del pozo, que llegó a abrasar el techo, así como tembló todo el edificio. Se desprendían numerosos fragmentos del techo. Se derrumbaban estancias enteras. El caos reinaba como lo hizo cuando Mara destrozó el lugar años atrás. “Si llego a saber lo del pozo en aquel entonces, todo hubiera resultado mucho más sencillo”, se decía así misma sin comprender por qué el Emperador no le proporcionó un dato tan esencial como aquel. En su lugar, tuvo que utilizar más de una docena de explosivos térmicos para hacer volar el cuartel por los aires. Quizá Palpatine quería que lo hiciera así para probar su valía, ya que fue una de sus primeras misiones bajo sus órdenes.
- Vamos, Luke, ya falta poco.- le animaba Mara mientras le arrastraba de pasillo en pasillo. Afortunadamente, no se toparon con ningún pirata. Llegaron a la entrada principal sin más problemas que los leves rasguños que les provocaron un par de cascotes procedentes del techo.
Al poco tiempo alcanzaron la puerta principal. Los piratas no la habían abierto, con las prisas prefirieron usar el boquete que hizo Mara con su espada. Pasaron por él y cuál fue su sorpresa cuando vieron a una veintena de piratas rodeando la nave en la que había venido y que pensaba en volver a utilizar para huir.
“Menos mal que aún tengo una carta en la manga”, se dijo Mara antes de pulsar el mando a distancia que accionaba el detonador termal que aún yacía oculto junto al cuerpo sin vida del clawdite. La explosión acabó sin problemas con todos y cada uno de los piratas… y dañó en parte a su nave.
- Esperemos que no haya sido grave.- dijo tras tumbar a su marido en una cama del vehículo. Después, se sentó en la cabina y se dispuso a activar la secuencia de despegue.- Vamos… ¡Vamos, vamos!- gritaba nerviosa ante las respuestas fallidas de la nave. El tiempo jugaba en su contra. El cuartel estaba a punto de derrumbarse completamente, lo que podía provocar un temblor capaz de derruir la pista de aterrizaje y hacerla despeñarse montaña abajo.
Para su fortuna, al quinto intento los motores sublumínicos reaccionaron positivamente y el vehículo comenzó a elevarse, justo mientras la base pirata se desplomaba. Tal y como era de prever, la sacudida que se produjo fue descomunal, hasta el punto de destrozar la pista. Se levantó una nube de polvo tal que cubrió el lugar por completo mientras caía en una gigantesca avalancha de escombros por toda la ladera de la montaña. “La historia se repite”, pensó Mara llena de júbilo mientras recordaba la misión que realizó años atrás y que tuvo un final similar a aquella trepidante operación de rescate. Se sentía orgullosa, no sólo por conservar su eficacia, sino por haberse demostrado a sí misma estar plenamente adiestrada en las artes Jedi, de modo que era aún más fuerte que en su época como “Mano del Emperador”. Todo un reto teniendo en cuenta el considerable nivel que demostró tener en aquella época.
*** FIN ***
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09 Ene 2009 12:43 #735 por moff dalen
Respuesta de moff dalen sobre el tema starwars: fansfiction
Buen relato claacl, siempre me han gustado las historias que te meten de lleno en la acción. Pocas cosas que apuntar, salvo que no me gusta demasiado la prolongación de mayúsculas:
Es una opinión personal claro. Y ocmo apunte también:
Escribiría eso de otra forma, da la sensación de que corta el ritmo narrativo llegar a la entrada y después a la puerta.
¡¡ NOO !!
Es una opinión personal claro. Y ocmo apunte también:
Llegaron a la entrada principal sin más problemas que los leves rasguños que les provocaron un par de cascotes procedentes del techo.
Al poco tiempo alcanzaron la puerta principal.
Escribiría eso de otra forma, da la sensación de que corta el ritmo narrativo llegar a la entrada y después a la puerta.
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09 Ene 2009 14:03 #736 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
Cierto, lo de la prolongación es más propio de los cómics que de las novelas, no queda muy bien que digamos. También estoy de acuerdo en lo de la puerta principal. Es una repetición de la que no me había dado cuenta y queda fatal. Se agradecen los comentarios, moff dalen
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24 Ene 2009 18:30 #737 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
Seguro que con este 8º relato os reiréis un buen rato...
>>> TERGIVERSADORES <<<
En el planeta Lop-Ohua, el peor castigo al que te pueden condenar es el de desterrarte al valle Ernout, lugar habitado por los temidos Tergiversadores. ¿Cómo pueden inducir tanto miedo unos seres con semejante denominación? Es más, su aspecto es de lo más apacible e incluso bello, por las holoimágenes que he podido ver. Dicen que sus peludos cuerpos son tan suaves como las mejores telas de Alderaan. Sus brillantes ojos recuerdan a los de los jawas, pero, a diferencia de estos, es posible distinguirles los iris. En fin, a simple vista se podrían confundir perfectamente con meras mascotas, dado su pequeño tamaño.
Llevo viviendo aquí apenas un mes y, como siempre, no he sido capaz de resistir la tentación de robar. Esa es la razón por la que llevo varios años trasladándome de planeta en planeta, huyendo de las autoridades cuando su cerco era demasiado estrecho como para continuar viviendo con normalidad. Para mi desgracia, en esta ocasión me han pillado, enviándome a uno de sus primitivos poblados. Al menos, despejaré la duda.
- Hola, ¿habláis mi idioma?- fue la pregunta más estúpida que les podía haber hecho: es de sobra conocido que son casi como droides de protocolo. Hablar es su principal diversión, junto a la de estudiar nuevos lenguajes.
- Por supuesto, forastero. El tuyo y el de cientos de especies más.
- Estupendo. ¿Tenéis algún medio de transporte que me pueda sacar de vuestro planeta?.- aquella cuestión era aún más estúpida que la anterior: los Tergiversadores eran nativos de Lop-Ohua y jamás habían abandonado el planeta. Es más, ni siquiera habían salido más allá del extenso valle en el que residían y su nivel tecnológico era mínimo, tanto que aún vivían en toscas chozas y utilizaban arcaicas herramientas de madera. Las carcajadas estaban sobradamente justificadas.
- Jajajaja, no tenemos un transporte entero como para tener medio.
- ¿Y alguna montura con la que pueda regresar a la capital?
- Toma, si te vale la de mi amigo Khart.- me dijo el que parecía ser el líder de la tribu mientras me daba la montura de las gafas de su compañero.
- No, eso no, me refería a una criatura que pueda llevarme hasta allí.
- Ah, tampoco tenemos, como no necesitamos desplazarnos grandes distancias.- como era de suponer, huir de aquel lugar resultaba imposible. Alejado de cualquier civilización, me temo que tendré que cumplir mi condena y empezar una nueva vida en aquel rudimentario poblado. Después de todo, no veía ningún riesgo en aquellos simpáticos seres.
- Forastero,- habló otro individuo.- ¿qué es lo que te ha traído por aquí?- me sorprendió que a estas alturas no supieran que todos los “forasteros” que les visitaban eran delincuentes. Tuve que improvisar.
- Perdí el control de la nave cuando me adentraba en la atmósfera de vuestro planeta y me estrellé. Afortunadamente, utilicé una cápsula de escape, pero no ha quedado resto alguno ni de ella ni de la nave.
- ¿Y dónde le perdiste?
- ¿Perdón?
- El control de la nave. ¿Dónde le perdiste? ¿Se te cayó por algún rincón?
- No, no me refiero a eso. Me refiero a que los dispositivos de la nave fallaron y no pude seguir pilotándola con normalidad.
- ¿Y de qué huías?
- ¿Cómo dices?
- Has dicho que utilizaste una cápsula de escape. ¿De qué escapabas?
- De una muerte segura, claro.
- Hay que ver lo avanzada que está tu civilización. Tenéis aparatos para esquivar a la mismísima muerte. ¿No tendrás algún dispositivo de esos?
- Eeeeeh, no, ahora mismo no llevo ninguno encima.- empecé a notar cómo la conversación se hacía más y más absurda, pero traté de seguirles el juego, no quería empezar con mal pie mi inserción en la tribu.
- ¿Seguro? Yo creo que sí.
- No, no, en serio, no tengo nada.
- ¡Está mintiendo! ¡Está mintiendo para que no se lo quitemos!- en seguida se empezaron a acercar más y más Tergiversadores. La situación se complicaba por momentos, y de la manera más tonta que podría hacerlo.
- Regístrame y verás que digo la verdad.
- ¿Registrarte? ¿Cómo quieres que te registre? ¿Acaso crees que aquí tenemos computadoras con bases de datos? ¡No te pases de listo!
- No, no quería decir que me informatizarais, sino que palparas mi ropa para que vieras que no llevo nada encima.
- ¡No necesito tocarte para ver que no llevas nada encima! Puedo ver por encima de ti perfectamente.- empecé a comprender por qué eran llamados Tergiversadores…
- Vale, vale, está bien, voy a ver si tengo algún “chisme para esquivar a la muerte”.- dije esperando que me quedara algo, lo que fuera, en el interior de alguno de mis numerosos bolsillos.
- ¿Qué se supone que es eso?- me preguntó otro individuo en cuanto mostré un diminuto vibrocuchillo que guardaba en el interior de mi bota derecha. Al principio nadie reconoció lo que era, ya que se hallaba en una funda de piel. Pero en cuanto le saqué…
- ¡¡Es un cuchillo!!- gritó uno.
- ¡¡Quiere cazarnos, quiere cazarnos!! – gritó otro.
- ¡¡No, no, nada de eso, os estáis precipitando!! – traté de hacerme oír entre el barullo que se montó en aquel momento.- ¡¡Me habéis pedido un dispositivo con el que librarse de la muerte y este es uno de ellos!!
- ¡¡Nos tomas por estúpidos!! – gritó otro más.- ¡¡Es imposible que nos precipitemos, aquí no hay ningún precipicio!!.- los gestos de los peludos seres se tornaron más y más furiosos. Debía medir mis palabras antes de pronunciarlas, pero mi nivel de nerviosismo era demasiado alto como para concentrarme en ello, sobre todo cuando comencé a ver cómo muchos iban a sus chozas a por lanzas.
- ¡¡Escuchadme, todo esto es una confusión!! ¡¡Sólo quiero hacer lo que me habéis pedido: daros el último aparato que me queda!! Con este vibrocuchillo podéis libraros de la muerte si sois atacados por un animal salvaje, por ejemplo.
- ¿Y a eso le llamas “aparato”? Nosotros ya tenemos lanzas, ¡queremos algo mejor!
- ¡Esto es mucho mejor! Como vibra, en capaz de desgarrar la carne con mayor facilidad. Es ideal para separar el pelaje de la carne.
- ¡¡Lo véis, viene a despellejarnos!!- gritó alguien.
- ¡¡Es un cazador, es un cazador!! – exclamó otro.
- ¡¡Hay que acabar con él antes de que él acabe con nosotros!! – vociferó uno más.
- ¡¡No, eso no es cierto!! ¡¡Esperad, os lo explicaré!! – el sudor comenzó a invadir mi frente. Se estaban poniendo muy nerviosos. Debía tranquilizarles de alguna manera, pero no sabía cómo.- La verdad es que he sido condenado a vuestro valle por haber robado en la capital.
- ¡¡Es un cazador-ladrón, es un cazador-ladrón!!- volví a meter la pata. Puede que por última vez…
- ¡¡Y un mentiroso, no se ha estrellado de ninguna nave!! ¡¡Ni ha usado una cápsula de escape!!
- ¡¡No podemos fiarnos de él!!
- ¡¡Esperad, escuchadme!! ¡¡No he venido a cazaros ni a robaros, sólo quiero vivir pacíficamente con vosotros!!
- ¡¡¿Cómo vas a vivir con nosotros?!! ¿Acaso eres capaz de transformarte en un espíritu e introducirte en el cuerpo de cada uno?
- ¡¡Es la personificación del diablo!! ¡¡Quiere cazarnos robándonos el alma!!
- ¡¡A por él!! – gritó el líder poco antes de que docenas de Tergiversadores se abalanzaran sobre mí, clavándome sus lanzas por todo el cuerpo. En mi último suspiro de vida, comprendí por qué eran tan temidas unas criaturas tan aparentemente tranquilas. Sin duda, es el mejor ejemplo de aquel refrán que dice que “las apariencias engañan.”
*** FIN ***
>>> TERGIVERSADORES <<<
En el planeta Lop-Ohua, el peor castigo al que te pueden condenar es el de desterrarte al valle Ernout, lugar habitado por los temidos Tergiversadores. ¿Cómo pueden inducir tanto miedo unos seres con semejante denominación? Es más, su aspecto es de lo más apacible e incluso bello, por las holoimágenes que he podido ver. Dicen que sus peludos cuerpos son tan suaves como las mejores telas de Alderaan. Sus brillantes ojos recuerdan a los de los jawas, pero, a diferencia de estos, es posible distinguirles los iris. En fin, a simple vista se podrían confundir perfectamente con meras mascotas, dado su pequeño tamaño.
Llevo viviendo aquí apenas un mes y, como siempre, no he sido capaz de resistir la tentación de robar. Esa es la razón por la que llevo varios años trasladándome de planeta en planeta, huyendo de las autoridades cuando su cerco era demasiado estrecho como para continuar viviendo con normalidad. Para mi desgracia, en esta ocasión me han pillado, enviándome a uno de sus primitivos poblados. Al menos, despejaré la duda.
- Hola, ¿habláis mi idioma?- fue la pregunta más estúpida que les podía haber hecho: es de sobra conocido que son casi como droides de protocolo. Hablar es su principal diversión, junto a la de estudiar nuevos lenguajes.
- Por supuesto, forastero. El tuyo y el de cientos de especies más.
- Estupendo. ¿Tenéis algún medio de transporte que me pueda sacar de vuestro planeta?.- aquella cuestión era aún más estúpida que la anterior: los Tergiversadores eran nativos de Lop-Ohua y jamás habían abandonado el planeta. Es más, ni siquiera habían salido más allá del extenso valle en el que residían y su nivel tecnológico era mínimo, tanto que aún vivían en toscas chozas y utilizaban arcaicas herramientas de madera. Las carcajadas estaban sobradamente justificadas.
- Jajajaja, no tenemos un transporte entero como para tener medio.
- ¿Y alguna montura con la que pueda regresar a la capital?
- Toma, si te vale la de mi amigo Khart.- me dijo el que parecía ser el líder de la tribu mientras me daba la montura de las gafas de su compañero.
- No, eso no, me refería a una criatura que pueda llevarme hasta allí.
- Ah, tampoco tenemos, como no necesitamos desplazarnos grandes distancias.- como era de suponer, huir de aquel lugar resultaba imposible. Alejado de cualquier civilización, me temo que tendré que cumplir mi condena y empezar una nueva vida en aquel rudimentario poblado. Después de todo, no veía ningún riesgo en aquellos simpáticos seres.
- Forastero,- habló otro individuo.- ¿qué es lo que te ha traído por aquí?- me sorprendió que a estas alturas no supieran que todos los “forasteros” que les visitaban eran delincuentes. Tuve que improvisar.
- Perdí el control de la nave cuando me adentraba en la atmósfera de vuestro planeta y me estrellé. Afortunadamente, utilicé una cápsula de escape, pero no ha quedado resto alguno ni de ella ni de la nave.
- ¿Y dónde le perdiste?
- ¿Perdón?
- El control de la nave. ¿Dónde le perdiste? ¿Se te cayó por algún rincón?
- No, no me refiero a eso. Me refiero a que los dispositivos de la nave fallaron y no pude seguir pilotándola con normalidad.
- ¿Y de qué huías?
- ¿Cómo dices?
- Has dicho que utilizaste una cápsula de escape. ¿De qué escapabas?
- De una muerte segura, claro.
- Hay que ver lo avanzada que está tu civilización. Tenéis aparatos para esquivar a la mismísima muerte. ¿No tendrás algún dispositivo de esos?
- Eeeeeh, no, ahora mismo no llevo ninguno encima.- empecé a notar cómo la conversación se hacía más y más absurda, pero traté de seguirles el juego, no quería empezar con mal pie mi inserción en la tribu.
- ¿Seguro? Yo creo que sí.
- No, no, en serio, no tengo nada.
- ¡Está mintiendo! ¡Está mintiendo para que no se lo quitemos!- en seguida se empezaron a acercar más y más Tergiversadores. La situación se complicaba por momentos, y de la manera más tonta que podría hacerlo.
- Regístrame y verás que digo la verdad.
- ¿Registrarte? ¿Cómo quieres que te registre? ¿Acaso crees que aquí tenemos computadoras con bases de datos? ¡No te pases de listo!
- No, no quería decir que me informatizarais, sino que palparas mi ropa para que vieras que no llevo nada encima.
- ¡No necesito tocarte para ver que no llevas nada encima! Puedo ver por encima de ti perfectamente.- empecé a comprender por qué eran llamados Tergiversadores…
- Vale, vale, está bien, voy a ver si tengo algún “chisme para esquivar a la muerte”.- dije esperando que me quedara algo, lo que fuera, en el interior de alguno de mis numerosos bolsillos.
- ¿Qué se supone que es eso?- me preguntó otro individuo en cuanto mostré un diminuto vibrocuchillo que guardaba en el interior de mi bota derecha. Al principio nadie reconoció lo que era, ya que se hallaba en una funda de piel. Pero en cuanto le saqué…
- ¡¡Es un cuchillo!!- gritó uno.
- ¡¡Quiere cazarnos, quiere cazarnos!! – gritó otro.
- ¡¡No, no, nada de eso, os estáis precipitando!! – traté de hacerme oír entre el barullo que se montó en aquel momento.- ¡¡Me habéis pedido un dispositivo con el que librarse de la muerte y este es uno de ellos!!
- ¡¡Nos tomas por estúpidos!! – gritó otro más.- ¡¡Es imposible que nos precipitemos, aquí no hay ningún precipicio!!.- los gestos de los peludos seres se tornaron más y más furiosos. Debía medir mis palabras antes de pronunciarlas, pero mi nivel de nerviosismo era demasiado alto como para concentrarme en ello, sobre todo cuando comencé a ver cómo muchos iban a sus chozas a por lanzas.
- ¡¡Escuchadme, todo esto es una confusión!! ¡¡Sólo quiero hacer lo que me habéis pedido: daros el último aparato que me queda!! Con este vibrocuchillo podéis libraros de la muerte si sois atacados por un animal salvaje, por ejemplo.
- ¿Y a eso le llamas “aparato”? Nosotros ya tenemos lanzas, ¡queremos algo mejor!
- ¡Esto es mucho mejor! Como vibra, en capaz de desgarrar la carne con mayor facilidad. Es ideal para separar el pelaje de la carne.
- ¡¡Lo véis, viene a despellejarnos!!- gritó alguien.
- ¡¡Es un cazador, es un cazador!! – exclamó otro.
- ¡¡Hay que acabar con él antes de que él acabe con nosotros!! – vociferó uno más.
- ¡¡No, eso no es cierto!! ¡¡Esperad, os lo explicaré!! – el sudor comenzó a invadir mi frente. Se estaban poniendo muy nerviosos. Debía tranquilizarles de alguna manera, pero no sabía cómo.- La verdad es que he sido condenado a vuestro valle por haber robado en la capital.
- ¡¡Es un cazador-ladrón, es un cazador-ladrón!!- volví a meter la pata. Puede que por última vez…
- ¡¡Y un mentiroso, no se ha estrellado de ninguna nave!! ¡¡Ni ha usado una cápsula de escape!!
- ¡¡No podemos fiarnos de él!!
- ¡¡Esperad, escuchadme!! ¡¡No he venido a cazaros ni a robaros, sólo quiero vivir pacíficamente con vosotros!!
- ¡¡¿Cómo vas a vivir con nosotros?!! ¿Acaso eres capaz de transformarte en un espíritu e introducirte en el cuerpo de cada uno?
- ¡¡Es la personificación del diablo!! ¡¡Quiere cazarnos robándonos el alma!!
- ¡¡A por él!! – gritó el líder poco antes de que docenas de Tergiversadores se abalanzaran sobre mí, clavándome sus lanzas por todo el cuerpo. En mi último suspiro de vida, comprendí por qué eran tan temidas unas criaturas tan aparentemente tranquilas. Sin duda, es el mejor ejemplo de aquel refrán que dice que “las apariencias engañan.”
*** FIN ***
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09 Feb 2009 09:49 #738 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
El nº9...
<<< HAN & CHEWBACCA: ENCARGO LETAL >>>
- Eso es lo que hay, chico.- le dijo el capitán del Halcón Milenario a su nuevo cliente.- ¿Lo tomas o lo dejas?- el precio era bastante elevado, pero las condiciones impuestas por el rodiano lo valían: recorrer media galaxia en ese ajustado plazo de tiempo, sin saber el contenido de la carga y aterrizar nada menos que en Kessel, el llamado “planeta prisión” del Imperio, era todo un reto incluso para alguien tan experimentado en la materia como Han Solo.
- Está bien, lo acepto. Aquí tienes la mitad. Te daré el resto a tu regreso.
El contrabandista llamó entonces a su fiel copiloto wookie, Chewbacca, y ambos salieron de la cantina en dirección a la bahía de atraque. No había tiempo que perder. Debían partir inmediatamente. Siempre y cuando no se lo impidiera alguno de los numerosos errores que su nave solía advertirle en el peor de los momentos. Afortunadamente, por una vez el Halcón echó a volar sin queja alguna.
- ¡Ojalá te hubieras quejado antes de despegar!- gritó enfurecido el corelliano cuando en el panel de control se encendieron diversas luces de emergencia. Lo peor del caso es que en ese momento se encontraban ya navegando por el hiperespacio. Cualquier error, por leve que fuera, durante su permanencia en tal dimensión, podía suponer la desintegración.- Chewie, mira a ver qué pasa con los superconductores de estribor, ¡rápido! Yo voy a ver el condensador de kyttio.
El tiempo jugaba en su contra. La nave se estaba sobrecargando, lo que podía suponer una pérdida de información en las memorias centrales y, por tanto, la desorientación del vehículo. Podían acabar en cualquier parte de la galaxia… o quedarse atrapados para siempre en esa dimensión paralela.
- Rrrrrrroogggh.- gritaba Chewbacca al verse incapaz de arreglar los dispositivos.
- ¡Yo tampoco sé qué es lo que les pasa! Aparentemente están bien, pero la computadora central dice que no están operativos. Esto sólo ocurre cuando hay algún tipo de interferencia binaria, pero eso es imposible ahora mismo, ¡estamos en el hiperespacio!- Han se detuvo unos momentos para pensar en la situación. Había descartado todas las posibilidades con su eficaz maletín de herramientas. Chewie tampoco había logrado averiguar la raíz del problema. Les quedaba muy poco tiempo para salvar sus vidas y lo único que les podía ayudar era su astucia.- ¡Lo tengo!- dijo el corelliano echando a correr hacia los compartimentos secretos. Su compañero no tardó en seguirle y ayudarle a abrirlos. Después fueron abriendo uno a uno los diversos contenedores que les había entregado el rodiano, hasta que, cuando quedaban cuatro, hallaron lo que buscaban.- Lo sabía, un disruptor de ultrafrecuencias ¡Ese maldito rodiano nos la quería jugar! ¡Destrózalo, Chewie!- el wookie cogió el pequeño aparato y lo estampó contra el suelo con tal fuerza que se fragmentó en minúsculos pedacitos.
- Rrrrrrgghh, rrow, rrooow, rrrroww.
- ¿Pitidos? ¿Qué pitidos? Deben ser los de la computadora de navegación, debemos estar a punto de salir del hiperespacio. Espero que estemos en las cercanías de Kessel y no en algún mundo perdido del espacio salvaje.
Aunque poco faltó, pues a punto estuvieron de quemarse las memorias centrales, el Halcón Milenario surgió en el lugar donde se le había programado. Hasta ahí, todo correcto. Lo que no era normal es que un destructor estelar del Imperio y media docena de cazas TIE les estuvieran esperando. ¿Cómo sabían sus coordenadas de vuelta del hiperespacio? Y lo más preocupante: ¿por qué razón eran buscados? Una vez más, las respuestas a tales cuestiones se hallaban ocultas en los compartimentos secretos: el rodiano había metido otro dispositivo entre los contenedores. Se trataba de un rastreador programado para activarse en caso de que el disruptor fuera destruido, indicando a la flota imperial más cercana la localización exacta del carguero corelliano. Por otro lado, había lo que parecía ser un extraño holodisco imperial, lo que explicaba la “calurosa bienvenida”.
- Tenías razón, Chewie, esos pitidos no eran del Halcón, sino de este rastreador.- dijo Han poco antes de que Chewie, enfurecido a más no poder, se dispusiera a romper todo el cargamento.-¡No, espera! Puede que nos sean útiles. Vuelve a la cabina, yo me encargaré de los cañones.
Comenzó entonces una frenética persecución entre las estrellas en las que abundaron las descargas láser. Chewie trataba de esquivar como podía a los seis cazas, pero no era nada fácil dada la rapidez con la que se movían. Por su parte, a Han le estaba costando más que de costumbre acertar a los objetivos, lo que se traducía en mayores posibilidades para los imperiales de dispararles. De hecho, habían dañado al vehículo en, al menos, tres ocasiones, aunque afortunadamente no fue nada serio.
- ¡Chewie, olvida el salto al hiperespacio, da la vuelta hacia Kessel!- ordenó el contrabandista.- ¡Hazme caso, bola peluda, tengo una idea!- tras las reticencias habituales, el wookie hizo caso a su capitán. Giró 180 grados de la forma más brusca que pudo y pasó entre el grupo de cazas, consiguiendo de esta forma que dos de ellos se chocaran y perdieran el control.- Si lo hubieras intentado aposta, no te hubiera salido. ¡Dos menos!
Quedaban cuatro, los cuales no cesaban en su intento de dañar lo suficiente al Halcón para que no pudiera seguir volando. Necesitaban capturarle para recuperar el holodisco, lo que hacía que dispararan poco pero con la mayor puntería posible hacia la zona de los motores sublumínicos. Esto beneficiaba a Han, que disponía de algo más de tiempo para derribarles. Consiguió eliminar a otro caza durante el trayecto que les llevó hasta la polvorienta atmósfera de Kessel.
- Dirígete a la primera mina que veas, Chewie.- le dijo el corelliano mientras cogía el holodisco y el rastreador. Tras pensar un instante, decidió dejar el holodisco donde estaba. Luego corrió hacia la escotilla superior, que daba acceso a la cubierta, y se ató debidamente a la cuerda de seguridad mientras el Halcón se introducía ya por una gigantesca mina ante la atónita mirada de los trabajadores.- Chewie, ya estoy listo. Avísame cuando pasemos por encima de una galería vertical.
<<< HAN & CHEWBACCA: ENCARGO LETAL >>>
- Eso es lo que hay, chico.- le dijo el capitán del Halcón Milenario a su nuevo cliente.- ¿Lo tomas o lo dejas?- el precio era bastante elevado, pero las condiciones impuestas por el rodiano lo valían: recorrer media galaxia en ese ajustado plazo de tiempo, sin saber el contenido de la carga y aterrizar nada menos que en Kessel, el llamado “planeta prisión” del Imperio, era todo un reto incluso para alguien tan experimentado en la materia como Han Solo.
- Está bien, lo acepto. Aquí tienes la mitad. Te daré el resto a tu regreso.
El contrabandista llamó entonces a su fiel copiloto wookie, Chewbacca, y ambos salieron de la cantina en dirección a la bahía de atraque. No había tiempo que perder. Debían partir inmediatamente. Siempre y cuando no se lo impidiera alguno de los numerosos errores que su nave solía advertirle en el peor de los momentos. Afortunadamente, por una vez el Halcón echó a volar sin queja alguna.
- ¡Ojalá te hubieras quejado antes de despegar!- gritó enfurecido el corelliano cuando en el panel de control se encendieron diversas luces de emergencia. Lo peor del caso es que en ese momento se encontraban ya navegando por el hiperespacio. Cualquier error, por leve que fuera, durante su permanencia en tal dimensión, podía suponer la desintegración.- Chewie, mira a ver qué pasa con los superconductores de estribor, ¡rápido! Yo voy a ver el condensador de kyttio.
El tiempo jugaba en su contra. La nave se estaba sobrecargando, lo que podía suponer una pérdida de información en las memorias centrales y, por tanto, la desorientación del vehículo. Podían acabar en cualquier parte de la galaxia… o quedarse atrapados para siempre en esa dimensión paralela.
- Rrrrrrroogggh.- gritaba Chewbacca al verse incapaz de arreglar los dispositivos.
- ¡Yo tampoco sé qué es lo que les pasa! Aparentemente están bien, pero la computadora central dice que no están operativos. Esto sólo ocurre cuando hay algún tipo de interferencia binaria, pero eso es imposible ahora mismo, ¡estamos en el hiperespacio!- Han se detuvo unos momentos para pensar en la situación. Había descartado todas las posibilidades con su eficaz maletín de herramientas. Chewie tampoco había logrado averiguar la raíz del problema. Les quedaba muy poco tiempo para salvar sus vidas y lo único que les podía ayudar era su astucia.- ¡Lo tengo!- dijo el corelliano echando a correr hacia los compartimentos secretos. Su compañero no tardó en seguirle y ayudarle a abrirlos. Después fueron abriendo uno a uno los diversos contenedores que les había entregado el rodiano, hasta que, cuando quedaban cuatro, hallaron lo que buscaban.- Lo sabía, un disruptor de ultrafrecuencias ¡Ese maldito rodiano nos la quería jugar! ¡Destrózalo, Chewie!- el wookie cogió el pequeño aparato y lo estampó contra el suelo con tal fuerza que se fragmentó en minúsculos pedacitos.
- Rrrrrrgghh, rrow, rrooow, rrrroww.
- ¿Pitidos? ¿Qué pitidos? Deben ser los de la computadora de navegación, debemos estar a punto de salir del hiperespacio. Espero que estemos en las cercanías de Kessel y no en algún mundo perdido del espacio salvaje.
Aunque poco faltó, pues a punto estuvieron de quemarse las memorias centrales, el Halcón Milenario surgió en el lugar donde se le había programado. Hasta ahí, todo correcto. Lo que no era normal es que un destructor estelar del Imperio y media docena de cazas TIE les estuvieran esperando. ¿Cómo sabían sus coordenadas de vuelta del hiperespacio? Y lo más preocupante: ¿por qué razón eran buscados? Una vez más, las respuestas a tales cuestiones se hallaban ocultas en los compartimentos secretos: el rodiano había metido otro dispositivo entre los contenedores. Se trataba de un rastreador programado para activarse en caso de que el disruptor fuera destruido, indicando a la flota imperial más cercana la localización exacta del carguero corelliano. Por otro lado, había lo que parecía ser un extraño holodisco imperial, lo que explicaba la “calurosa bienvenida”.
- Tenías razón, Chewie, esos pitidos no eran del Halcón, sino de este rastreador.- dijo Han poco antes de que Chewie, enfurecido a más no poder, se dispusiera a romper todo el cargamento.-¡No, espera! Puede que nos sean útiles. Vuelve a la cabina, yo me encargaré de los cañones.
Comenzó entonces una frenética persecución entre las estrellas en las que abundaron las descargas láser. Chewie trataba de esquivar como podía a los seis cazas, pero no era nada fácil dada la rapidez con la que se movían. Por su parte, a Han le estaba costando más que de costumbre acertar a los objetivos, lo que se traducía en mayores posibilidades para los imperiales de dispararles. De hecho, habían dañado al vehículo en, al menos, tres ocasiones, aunque afortunadamente no fue nada serio.
- ¡Chewie, olvida el salto al hiperespacio, da la vuelta hacia Kessel!- ordenó el contrabandista.- ¡Hazme caso, bola peluda, tengo una idea!- tras las reticencias habituales, el wookie hizo caso a su capitán. Giró 180 grados de la forma más brusca que pudo y pasó entre el grupo de cazas, consiguiendo de esta forma que dos de ellos se chocaran y perdieran el control.- Si lo hubieras intentado aposta, no te hubiera salido. ¡Dos menos!
Quedaban cuatro, los cuales no cesaban en su intento de dañar lo suficiente al Halcón para que no pudiera seguir volando. Necesitaban capturarle para recuperar el holodisco, lo que hacía que dispararan poco pero con la mayor puntería posible hacia la zona de los motores sublumínicos. Esto beneficiaba a Han, que disponía de algo más de tiempo para derribarles. Consiguió eliminar a otro caza durante el trayecto que les llevó hasta la polvorienta atmósfera de Kessel.
- Dirígete a la primera mina que veas, Chewie.- le dijo el corelliano mientras cogía el holodisco y el rastreador. Tras pensar un instante, decidió dejar el holodisco donde estaba. Luego corrió hacia la escotilla superior, que daba acceso a la cubierta, y se ató debidamente a la cuerda de seguridad mientras el Halcón se introducía ya por una gigantesca mina ante la atónita mirada de los trabajadores.- Chewie, ya estoy listo. Avísame cuando pasemos por encima de una galería vertical.
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