starwars: fansfiction
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07 Dic 2008 10:09 #727 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema starwars: fansfiction
Interesante punto de vista de star wars.
Inusual pero bastante interesante y que muestra un poco como es la vida en la mayor parte del borde exterior.
Aunque no en Csilla. Hay todos, son gente que sabe hacer las cosas.
Suerte tiene el resto de la galaxia de no tener que encontrarse con estos amigos.
Inusual pero bastante interesante y que muestra un poco como es la vida en la mayor parte del borde exterior.
Aunque no en Csilla. Hay todos, son gente que sabe hacer las cosas.
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14 Dic 2008 10:09 #728 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
El nº4...
¡Ay, si fuera un Jedi!. Si lo fuera, ¡ay, si lo fuera!. Cuántas cosas maravillosas podría haber hecho. Qué fácil hubiera sido todo. Cuánta felicidad hubiera obtenido. Hubiera sido increíble disponer de tan fantásticos poderes con tal sólo estar concentrado y utilizarlos para facilitarme las cosas.
Podría haber hecho que miles de carteras flotaran por los aires hacia mis torpes manos.
Podría haber convencido a cualquier guardia, a poco que fuera algo necio, de que no había cometido delito alguno.
Podría haberme librado de las víctimas de mis estafas con el poder que otorga al Jedi una velocidad tan asombrosa como la de los cometas.
Podría haber provocado las más insospechadas distracciones, moviendo objetos con la mente y haciendo sonar ruidos allá donde lo necesitase, para cometer robos perfectos en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier banco, por muy seguro que fuera.
Podría haber presentido el peligro a mi alrededor, incluso sortearle en el último momento.
Ay, si fuera un Jedi.
Pero como no lo soy, y dudo que logre serlo a lo largo de los próximos cuarenta y tres años, me veo obligado a permanecer entre estas tres paredes y una puerta láser, imaginando lo famoso que podría haber llegado a ser si hubiera tenido el nivel suficiente de midiclorianos en mis venas. “Tott Dyan, el ladrón Jedi”, tan eficaz en la delincuencia callejera como Jango Fett lo era en la caza de recompensas.
¿Qué ladrón no habrá soñado alguna vez con esto, verdad?
*** FIN ***
¡Ay, si fuera un Jedi!. Si lo fuera, ¡ay, si lo fuera!. Cuántas cosas maravillosas podría haber hecho. Qué fácil hubiera sido todo. Cuánta felicidad hubiera obtenido. Hubiera sido increíble disponer de tan fantásticos poderes con tal sólo estar concentrado y utilizarlos para facilitarme las cosas.
Podría haber hecho que miles de carteras flotaran por los aires hacia mis torpes manos.
Podría haber convencido a cualquier guardia, a poco que fuera algo necio, de que no había cometido delito alguno.
Podría haberme librado de las víctimas de mis estafas con el poder que otorga al Jedi una velocidad tan asombrosa como la de los cometas.
Podría haber provocado las más insospechadas distracciones, moviendo objetos con la mente y haciendo sonar ruidos allá donde lo necesitase, para cometer robos perfectos en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier banco, por muy seguro que fuera.
Podría haber presentido el peligro a mi alrededor, incluso sortearle en el último momento.
Ay, si fuera un Jedi.
Pero como no lo soy, y dudo que logre serlo a lo largo de los próximos cuarenta y tres años, me veo obligado a permanecer entre estas tres paredes y una puerta láser, imaginando lo famoso que podría haber llegado a ser si hubiera tenido el nivel suficiente de midiclorianos en mis venas. “Tott Dyan, el ladrón Jedi”, tan eficaz en la delincuencia callejera como Jango Fett lo era en la caza de recompensas.
¿Qué ladrón no habrá soñado alguna vez con esto, verdad?
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18 Dic 2008 07:45 #729 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
El nº5...
>>> SUERTE <<<
Me dispuse a lanzar los dados. Los agité un buen rato, como si con ello aumentaran mis posibilidades de sacar el 7 que me hacía falta, cuando lo único para lo que servía aquel gesto era para tratar de tranquilizarme. Había mucho en juego. Todos mis ahorros y mi moto swoop. Por si fuera poco, era mi última oportunidad para reunir la suma que debía a los cazadores de tusken por aquel trabajo que me hicieron.
Finalmente los lancé. Pasó toda una eternidad antes de que tocaran el tapete. Rebotaron varias veces mientras oía cómo mi corazón latía con más fuerza que en toda mi vida, como si tratara de salir de mi cuerpo. Me quedé sin aliento cuando comenzaron a detenerse. Mi vista se agudizó como la de un dragón krayt en busca de scurriers. El mundo dejó de existir para mí. Toda mi atención estaba puesta en aquellos cubos blancos pintados con los peculiares símbolos del huttese.
- Siete, el jugador gana.
Aquellas cuatro palabras me devolvieron la consciencia. Tomé un profundo respiro antes de sonreír de puro alivio. Me incliné sobre la mesa para hacerme con la ingente cantidad de fichas que me salvarían la vida, pues bien es sabido que los cazadores de tusken no sólo matan a estos monstruosos seres sino también a todo aquel que no les paga como es debido.
- Parece ser que te he dado suerte.- me dijo la preciosa twi´lek que estaba a mi lado.
- ¿Perdone? – fue lo único que supe decir en aquel momento tan maravilloso en el que metía las fichas en una bolsa. Apenas podía pensar de la emoción que sentía.
A partir de ahí comenzó una conversación que derivó en una cita cuando menos sospechosa: ¿no era mucha coincidencia que nada más ganar tan suculento premio alguien se interesara por mí? Tendré que estar atento “por si los banthas echan a correr”, como se suele decir aquí, en Mos Eisley.
Así pues, nos dirigimos a un restaurante más o menos decente en el que empezar a gastar los primeros créditos fruto de mi afortunada noche. Aunque la deuda no era ni mucho menos pequeña, la cantidad que había ganado dejaba un considerable margen de ganancia. De hecho, me permitiría vivir bastante mejor que hasta ahora durante, por lo menos, un par de meses.
- Sin duda ha sido una velada maravillosa.- me dijo Elithua mientras salíamos del local dos horas más tarde. Justo antes de que pudiera afirmar aquel comentario, se oyó un estruendo atronador procedente de una calle cercana. Me resultaba familiar: eran las motos deslizadoras de los “Krakenios”, el grupo de cazadores de tusken a los que debía dinero.
- ¡¡ Mirad quién está ahí !! ¡¡ A por él !! – gritó Jonton, el líder de la banda, nada más verme. No tardé apenas un segundo en darme cuenta de que había olvidado por completo que el plazo para saldar mi deuda había concluido hacía algo más de media hora. Este hecho confirmaba que, en efecto, la cena había sido realmente fantástica y entretenida.
Tiré del brazo de mi acompañante y la obligué a correr junto a mí en dirección a mi moto swoop. Se inició así una frenética persecución de veinte motos deslizadoras contra una swoop a velocidades cercanas a los 200 km/h, que era la máxima a la que se podía ir muy rápido sin perder demasiada maniobrabilidad. Hubo un par de cazadores que trataron de darme alcance yendo a más velocidad, pero apenas duraron unos segundos: no les daba tiempo a esquivar a los escasos transeúntes y bestias de carga que aún deambulaban por las arenosas avenidas.
A todo esto hay que añadir la poca luz que había. Otros tres de mis
perseguidores se estrellaron probablemente debido a ello. A mí me costaba vislumbrar lo que iba encontrando por el azaroso camino. Sí, azaroso. La verdad es que no huía en ninguna dirección en concreto. El caso era huir.
Hasta que la suerte hizo que, tras atravesar un cruce, pasara justo después un deslizador lo suficientemente grande como para que les resultara imposible esquivarlo. La colisión fue tremenda. Como para no serlo: más de una docena de motos colisionaron con el vehículo con una fuerza tal que se convirtieron en un único amasijo de hierros que avanzó varias decenas de metros por la inercia.
Sin duda, aquella estaba siendo una noche realmente afortunada: al dinero ganado en el casino había que añadir la bella twi´lek que me acompañaba y la destrucción de toda la banda, de modo que ya no tendría que saldar la deuda.
Pero, igual que ocurre en la ruleta rodiana, en la que siempre se gana hasta que te toca el “twuenn”, mi suerte cambió drásticamente.
- ¡¡ Dame todo tu dinero y quizá te perdone la vida !! – me vociferó Elithua tras detenernos frente a la puerta de mi casa: me estaba apuntando a la sien con mi propio blaster.
- Pero… ¿qué sucede?
- ¡¡ Acabas de matar a mi familia, y con ella a mi novio !! – eso lo explicaba todo. Era la novia del líder de la banda, quien me había engatusado para que cenara con ella y, de esta forma, al concluir el plazo de entrega, su “familia” podría cobrar no sólo lo que les debía, sino la totalidad de la gran suma que había obtenido en el casino. Tengo que admitir que había sido una estrategia muy inteligente de su parte, sobre todo para ser meros cazadores. Era increíble cómo la codicia agudizaba el ingenio.
Afortunadamente, yo también tenía un as en la manga…
- Pues, ¿a qué esperas? Mátame, no te pienso dar el dinero.
- Como quieras.- apretó el gatillo y la culata estalló en la palma de su mano, abrasándosela. Evidentemente, dejó caer el blaster al suelo. Mientras gritaba por el intenso dolor, me abalancé sobre el arma y la disparé siete veces sin dudarlo. “Siete, el jugador gana de nuevo”, pensé, contento por seguir con vida.
Jamás me alegré tanto de haberme gastado aquel dineral en modificar la pistola para que detectara mi huella dactilar. Si había una cosa que odiaba a muerte era que existiera la posibilidad de que me mataran con mi propia arma, como le pasó a mi difunto hermano.
En fin, después de todo, podía considerar que había sido una noche francamente afortunada. Para que luego digan por ahí eso de que “la suerte no existe, sólo existe la Fuerza”. Pamplinas.
*** FIN ***
>>> SUERTE <<<
Me dispuse a lanzar los dados. Los agité un buen rato, como si con ello aumentaran mis posibilidades de sacar el 7 que me hacía falta, cuando lo único para lo que servía aquel gesto era para tratar de tranquilizarme. Había mucho en juego. Todos mis ahorros y mi moto swoop. Por si fuera poco, era mi última oportunidad para reunir la suma que debía a los cazadores de tusken por aquel trabajo que me hicieron.
Finalmente los lancé. Pasó toda una eternidad antes de que tocaran el tapete. Rebotaron varias veces mientras oía cómo mi corazón latía con más fuerza que en toda mi vida, como si tratara de salir de mi cuerpo. Me quedé sin aliento cuando comenzaron a detenerse. Mi vista se agudizó como la de un dragón krayt en busca de scurriers. El mundo dejó de existir para mí. Toda mi atención estaba puesta en aquellos cubos blancos pintados con los peculiares símbolos del huttese.
- Siete, el jugador gana.
Aquellas cuatro palabras me devolvieron la consciencia. Tomé un profundo respiro antes de sonreír de puro alivio. Me incliné sobre la mesa para hacerme con la ingente cantidad de fichas que me salvarían la vida, pues bien es sabido que los cazadores de tusken no sólo matan a estos monstruosos seres sino también a todo aquel que no les paga como es debido.
- Parece ser que te he dado suerte.- me dijo la preciosa twi´lek que estaba a mi lado.
- ¿Perdone? – fue lo único que supe decir en aquel momento tan maravilloso en el que metía las fichas en una bolsa. Apenas podía pensar de la emoción que sentía.
A partir de ahí comenzó una conversación que derivó en una cita cuando menos sospechosa: ¿no era mucha coincidencia que nada más ganar tan suculento premio alguien se interesara por mí? Tendré que estar atento “por si los banthas echan a correr”, como se suele decir aquí, en Mos Eisley.
Así pues, nos dirigimos a un restaurante más o menos decente en el que empezar a gastar los primeros créditos fruto de mi afortunada noche. Aunque la deuda no era ni mucho menos pequeña, la cantidad que había ganado dejaba un considerable margen de ganancia. De hecho, me permitiría vivir bastante mejor que hasta ahora durante, por lo menos, un par de meses.
- Sin duda ha sido una velada maravillosa.- me dijo Elithua mientras salíamos del local dos horas más tarde. Justo antes de que pudiera afirmar aquel comentario, se oyó un estruendo atronador procedente de una calle cercana. Me resultaba familiar: eran las motos deslizadoras de los “Krakenios”, el grupo de cazadores de tusken a los que debía dinero.
- ¡¡ Mirad quién está ahí !! ¡¡ A por él !! – gritó Jonton, el líder de la banda, nada más verme. No tardé apenas un segundo en darme cuenta de que había olvidado por completo que el plazo para saldar mi deuda había concluido hacía algo más de media hora. Este hecho confirmaba que, en efecto, la cena había sido realmente fantástica y entretenida.
Tiré del brazo de mi acompañante y la obligué a correr junto a mí en dirección a mi moto swoop. Se inició así una frenética persecución de veinte motos deslizadoras contra una swoop a velocidades cercanas a los 200 km/h, que era la máxima a la que se podía ir muy rápido sin perder demasiada maniobrabilidad. Hubo un par de cazadores que trataron de darme alcance yendo a más velocidad, pero apenas duraron unos segundos: no les daba tiempo a esquivar a los escasos transeúntes y bestias de carga que aún deambulaban por las arenosas avenidas.
A todo esto hay que añadir la poca luz que había. Otros tres de mis
perseguidores se estrellaron probablemente debido a ello. A mí me costaba vislumbrar lo que iba encontrando por el azaroso camino. Sí, azaroso. La verdad es que no huía en ninguna dirección en concreto. El caso era huir.
Hasta que la suerte hizo que, tras atravesar un cruce, pasara justo después un deslizador lo suficientemente grande como para que les resultara imposible esquivarlo. La colisión fue tremenda. Como para no serlo: más de una docena de motos colisionaron con el vehículo con una fuerza tal que se convirtieron en un único amasijo de hierros que avanzó varias decenas de metros por la inercia.
Sin duda, aquella estaba siendo una noche realmente afortunada: al dinero ganado en el casino había que añadir la bella twi´lek que me acompañaba y la destrucción de toda la banda, de modo que ya no tendría que saldar la deuda.
Pero, igual que ocurre en la ruleta rodiana, en la que siempre se gana hasta que te toca el “twuenn”, mi suerte cambió drásticamente.
- ¡¡ Dame todo tu dinero y quizá te perdone la vida !! – me vociferó Elithua tras detenernos frente a la puerta de mi casa: me estaba apuntando a la sien con mi propio blaster.
- Pero… ¿qué sucede?
- ¡¡ Acabas de matar a mi familia, y con ella a mi novio !! – eso lo explicaba todo. Era la novia del líder de la banda, quien me había engatusado para que cenara con ella y, de esta forma, al concluir el plazo de entrega, su “familia” podría cobrar no sólo lo que les debía, sino la totalidad de la gran suma que había obtenido en el casino. Tengo que admitir que había sido una estrategia muy inteligente de su parte, sobre todo para ser meros cazadores. Era increíble cómo la codicia agudizaba el ingenio.
Afortunadamente, yo también tenía un as en la manga…
- Pues, ¿a qué esperas? Mátame, no te pienso dar el dinero.
- Como quieras.- apretó el gatillo y la culata estalló en la palma de su mano, abrasándosela. Evidentemente, dejó caer el blaster al suelo. Mientras gritaba por el intenso dolor, me abalancé sobre el arma y la disparé siete veces sin dudarlo. “Siete, el jugador gana de nuevo”, pensé, contento por seguir con vida.
Jamás me alegré tanto de haberme gastado aquel dineral en modificar la pistola para que detectara mi huella dactilar. Si había una cosa que odiaba a muerte era que existiera la posibilidad de que me mataran con mi propia arma, como le pasó a mi difunto hermano.
En fin, después de todo, podía considerar que había sido una noche francamente afortunada. Para que luego digan por ahí eso de que “la suerte no existe, sólo existe la Fuerza”. Pamplinas.
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31 Dic 2008 16:03 #730 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
El nº6...
>>> BOBA FETT: LA TRAMPA PERFECTA <<<
Todo empezó cuando me encontraba negociando un trato con Yegga el hutt. Como habréis supuesto, tenía que ver con el contrabando de especias. Yo le tenía que conseguir una cierta cantidad de rylostim para una determinada fecha y él me pagaría por adelantado en esa misma reunión.
Me fui de allí convencido de que iba a lograrlo. Tenía suficientes contactos, dinero de sobra y no era la primera vez que realizaba un encargo de esas características. El problema residía en el plazo de entrega. Quizá fuera un poco justo. Pero como el resto de condiciones eran favorables, supuse que todo marcharía bien.
Para mi desgracia, no fue así. Se dieron una serie de circunstancias imprevistas que provocaron que consiguiera la mercancía un par de días después de lo pactado. Por ejemplo, varios de mis “proveedores” se encontraban en Coruscant, concretamente en la Penitenciaria de Lottorie.
Tal y como esperaba, en seguida me enteré de que el gran Boba Fett me estaba buscando. Conociendo la cabezonería de Yegga, decidí no ir a su guarida a entregarle la tardía especia. Sabía de antemano que no iba a perdonar mi retraso… nunca. Era el riesgo que se corría si se trataba con un hutt, especialmente si era tan poderoso como aquel.
Así que me dediqué a buscar un buen lugar en el que esconderme antes de que el cazarrecompensas me hallara y acabara con mi existencia. Sabía que era prácticamente imposible huir de él, así que decidí que tenía que matarle. Su vida por la mía. No cabía otra posibilidad.
Preparé una elaborada trampa. Una trampa infalible. La consideraba tan sumamente perfecta que hasta opté por comunicar a todo el mundo de que me encontraba en la gran cueva de la Cordillera Hyyth, en el planeta Ord Mantell. Lo publiqué incluso en la HoloRed. Quería que Boba Fett hiciera acto de presencia. Y cuanto antes lo hiciera, mejor, pues no me gustaba nada tener que esperar. Estaba tan seguro de mis posibilidades que perdí el miedo que inicialmente sentía. Incluso empecé a pensar en la fama que adquiriría por toda la galaxia: iba a convertirme en el individuo que acabó con el gran Boba Fett. Mi nombre pasaría a la historia.
Me había gastado todo el dinero que tenía en los elementos que componían la trampa y en suministros para sobrevivir en la cueva durante meses. Tenía todo tipo de alimentos y bebidas. Estaba preparado para vivir cómodamente sin tener que salir del lugar. Entre otras cosas porque me resultaría muy complicado llegar a la salida sin activar el mecanismo de mi letal ardid.
Fett se presentó a los dos días. Lo supe por los gritos que propició antes de morir: había caído en mi trampa. Fui a comprobarlo. Efectivamente, era él. Llevaba su armadura mandaloriana. Le tomé el pulso. Indudablemente estaba muerto. Así que volví al interior de la cueva y fui llevando todas las provisiones hacia mi deslizador, que estaba debidamente escondido en una cueva cercana.
Me sentía eufórico, invencible, victorioso. Lo había logrado. Había conseguido matar al gran Boba Fett. El sueño se había hecho realidad. Mi audacia sería largamente recordada. No tardé en acudir a la cantina más cercana para proclamarlo. Quería que toda la galaxia conociera la noticia cuanto antes, así que cogí el holograbador para que archivara la narración de mi impresionante hazaña y después fuera enviada a la HoloRed.
Cuando me dirigía a pulsar el botón del dispositivo, alguien se acercó a mí y me invitó a una copa. Estaba tan entusiasmado que se me había olvidado pedir algo para beber. Se lo agradecí y tomé un trago. Activé, ahora sí, el holograbador y me dispuse a comenzar. Pero, de repente, la visión se me nubló. Me empecé a marear. Las piernas no me respondían, por lo que caí al suelo.
La gente me rodeó, preguntándome cómo me encontraba, qué me estaba pasando. No fui capaz de soltar una sola palabra. Estaba totalmente aturdido, a punto de perder el conocimiento. Giré el cuello, no sin gran esfuerzo, para mirar al único individuo del local que no se encontraba a mi alrededor. Se estaba dirigiendo hacia la puerta de salida. Se detuvo a pocos pasos de ella y se giró sobre sus talones para mirarme, permitiéndome ver quién era.
Era el tipo que me había invitado a una copa. Llevó su mano a su cinturón y me señaló un pequeño frasco vacío que colgaba de él.
Era Boba Fett. Sin su armadura mandaloriana, pero sabía que era él. Me había envenenado. Había cumplido su misión. De nuevo, su astucia había sido superior. Me había hecho creer que había muerto contratando a alguien al que dio su mismo traje.
Aquella sí que había sido una trampa perfecta.
*** FIN ***
>>> BOBA FETT: LA TRAMPA PERFECTA <<<
Todo empezó cuando me encontraba negociando un trato con Yegga el hutt. Como habréis supuesto, tenía que ver con el contrabando de especias. Yo le tenía que conseguir una cierta cantidad de rylostim para una determinada fecha y él me pagaría por adelantado en esa misma reunión.
Me fui de allí convencido de que iba a lograrlo. Tenía suficientes contactos, dinero de sobra y no era la primera vez que realizaba un encargo de esas características. El problema residía en el plazo de entrega. Quizá fuera un poco justo. Pero como el resto de condiciones eran favorables, supuse que todo marcharía bien.
Para mi desgracia, no fue así. Se dieron una serie de circunstancias imprevistas que provocaron que consiguiera la mercancía un par de días después de lo pactado. Por ejemplo, varios de mis “proveedores” se encontraban en Coruscant, concretamente en la Penitenciaria de Lottorie.
Tal y como esperaba, en seguida me enteré de que el gran Boba Fett me estaba buscando. Conociendo la cabezonería de Yegga, decidí no ir a su guarida a entregarle la tardía especia. Sabía de antemano que no iba a perdonar mi retraso… nunca. Era el riesgo que se corría si se trataba con un hutt, especialmente si era tan poderoso como aquel.
Así que me dediqué a buscar un buen lugar en el que esconderme antes de que el cazarrecompensas me hallara y acabara con mi existencia. Sabía que era prácticamente imposible huir de él, así que decidí que tenía que matarle. Su vida por la mía. No cabía otra posibilidad.
Preparé una elaborada trampa. Una trampa infalible. La consideraba tan sumamente perfecta que hasta opté por comunicar a todo el mundo de que me encontraba en la gran cueva de la Cordillera Hyyth, en el planeta Ord Mantell. Lo publiqué incluso en la HoloRed. Quería que Boba Fett hiciera acto de presencia. Y cuanto antes lo hiciera, mejor, pues no me gustaba nada tener que esperar. Estaba tan seguro de mis posibilidades que perdí el miedo que inicialmente sentía. Incluso empecé a pensar en la fama que adquiriría por toda la galaxia: iba a convertirme en el individuo que acabó con el gran Boba Fett. Mi nombre pasaría a la historia.
Me había gastado todo el dinero que tenía en los elementos que componían la trampa y en suministros para sobrevivir en la cueva durante meses. Tenía todo tipo de alimentos y bebidas. Estaba preparado para vivir cómodamente sin tener que salir del lugar. Entre otras cosas porque me resultaría muy complicado llegar a la salida sin activar el mecanismo de mi letal ardid.
Fett se presentó a los dos días. Lo supe por los gritos que propició antes de morir: había caído en mi trampa. Fui a comprobarlo. Efectivamente, era él. Llevaba su armadura mandaloriana. Le tomé el pulso. Indudablemente estaba muerto. Así que volví al interior de la cueva y fui llevando todas las provisiones hacia mi deslizador, que estaba debidamente escondido en una cueva cercana.
Me sentía eufórico, invencible, victorioso. Lo había logrado. Había conseguido matar al gran Boba Fett. El sueño se había hecho realidad. Mi audacia sería largamente recordada. No tardé en acudir a la cantina más cercana para proclamarlo. Quería que toda la galaxia conociera la noticia cuanto antes, así que cogí el holograbador para que archivara la narración de mi impresionante hazaña y después fuera enviada a la HoloRed.
Cuando me dirigía a pulsar el botón del dispositivo, alguien se acercó a mí y me invitó a una copa. Estaba tan entusiasmado que se me había olvidado pedir algo para beber. Se lo agradecí y tomé un trago. Activé, ahora sí, el holograbador y me dispuse a comenzar. Pero, de repente, la visión se me nubló. Me empecé a marear. Las piernas no me respondían, por lo que caí al suelo.
La gente me rodeó, preguntándome cómo me encontraba, qué me estaba pasando. No fui capaz de soltar una sola palabra. Estaba totalmente aturdido, a punto de perder el conocimiento. Giré el cuello, no sin gran esfuerzo, para mirar al único individuo del local que no se encontraba a mi alrededor. Se estaba dirigiendo hacia la puerta de salida. Se detuvo a pocos pasos de ella y se giró sobre sus talones para mirarme, permitiéndome ver quién era.
Era el tipo que me había invitado a una copa. Llevó su mano a su cinturón y me señaló un pequeño frasco vacío que colgaba de él.
Era Boba Fett. Sin su armadura mandaloriana, pero sabía que era él. Me había envenenado. Había cumplido su misión. De nuevo, su astucia había sido superior. Me había hecho creer que había muerto contratando a alguien al que dio su mismo traje.
Aquella sí que había sido una trampa perfecta.
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- mikel
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31 Dic 2008 16:28 #731 por mikel
Respuesta de mikel sobre el tema starwars: fansfiction
Muy bueno el 4 el deseo de ser jedi es envidiado por muuuchos:complice: el de Suerte también fue bueno aunque el final no me moló mucho.Pensaba que la twilek lo iba a matar.Las chicas malas salen ganando casi siempre:disfrutando:
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01 Ene 2009 00:34 #732 por claalc
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Respuesta de claalc sobre el tema starwars: fansfiction
Gracias, mikel, por leer y comentar!
El final del 4... bueno, es que me gustan los finales felices, fuera a parte que la temática trataba precisamente de la suerte. El protagonista tuvo suerte hasta en el hecho de que su rival le atacara con el arma equivocada.
El final del 4... bueno, es que me gustan los finales felices, fuera a parte que la temática trataba precisamente de la suerte. El protagonista tuvo suerte hasta en el hecho de que su rival le atacara con el arma equivocada.
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