starwars: fansfiction


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10 años 11 meses antes #745 por Joven Jedi
Respuesta de Joven Jedi sobre el tema starwars: fansfiction
”La bienvenida”
Día 1 - 03:49:25
Sargento Robert Johnson
Tercera fuerza de asalto


– … Es vital cogerlo con vida, insisto, muerto no nos sirve de nada. Todos conocéis al senador Al-Sahed. Ha traicionado a la república y creemos que puede estar revelando datos de nuestros ejércitos y campañas militares a la Federación de Comercio. Debemos capturarlo y entregarlo con vida para interrogarlo. ¿Alguna pregunta?

La inmensa sala del destructor estelar se sumía en el mayor de los silencios.

– Bien, pues ya saben como están divididos. Cinco comandos formados por veinte soldados cada uno. Cada grupo tiene un objetivo y una ruta. Están al servicio de sus capitanes. Una vez lleguen al punto de encuentro acatarán las órdenes de los generales Kit Fisto y Plo Koon, ambos maestros Jedi. ¡En marcha!

Aferré mi mochila y la acomodé a mi espalda, aunque nuestra armadura no sea lo más grato. El Capitán Price se dirigió hacia mí con su imborrable sonrisa y su bigote que lo distinguía de los demás.

– Bueno muchacho, ya sabe lo que hay. Sus soldados dependen de usted y usted de mí, creo que está todo claro, ¿verdad? –explicó el Capitán Price.
– Clarísimo, ya son muchos meses.
– Ahí lleva razón, sargento.

Cada pelotón embarcó en su nave de transporte, vehículos que saldrían del destructor para acercarse a las oscuras calles de Ord Mantell.

Una hora después…

– ¡Nos han dado, señor! ¡No podremos aterrizar con el resto! –informó el piloto clon.
– ¡Mierda! ¡Hágalo donde pueda, soldado! –ordenó el Capitán Price.

La nave se tambaleaba. Traté de sujetarme en los cayados lo más fuerte que pude pero el impacto contra el suelo fue demasiado potente. Recuerdo oscuridad y luego una visión borrosa. No distinguía la figura.

– ¡Me alegra verlo con vida! ¡En pie soldado! –gritaba el Capitán Price.

Así lo hice, tambaleante, cuando pude observar una lluvia de disparos láser por encima de mi cabeza. Me agaché y protegí detrás de lo que quedaba del ala derecha de la nave. Traté de ubicarme, observando que varios compañeros atendían a dos soldados. Parecían víctimas mortales del aterrizaje. Piloto y copiloto.

– ¡Escuchen, soldados! El punto de aterrizaje correcto está a menos de un kilómetro de aquí, así que necesitaremos un cable para llegar. Estamos rodeados por tropas enemigas, por lo que sería un suicidio avanzar. Sargento Johnson, coja a cuatro soldados y siga la ruta que le pasó por el comunicador. Deberían llegar sin llamar la atención al punto de aterrizaje. Pida ayuda y sáquenos de aquí antes de que acaben con nosotros –planificó el Capitán Price.

Asentí y señalé a cuatro compañeros para que me ayudasen. El resto, protegidos tras la chatarra de la nave, propiciaron fuego de cobertura y bombas de humo. Salimos corriendo, dejando atrás un grupo suficiente que despistaría a las tropas enemigas. Me aventuré al otro lado de la calle y visualizamos la alcantarilla por la que debíamos bajar. Así lo hicimos hasta encontrarnos con agua fangosa.

– Conecten la visión nocturna, soldados. Estén atentos, podría haber criaturas desagradables –ordené.

Avanzamos con sigilo, apuntando con nuestros rifles de asalto. Calculé que avanzamos medio kilómetros por aquella zona hasta que no había más salida. Me encaramé a las escaleras y asomé la cabeza, temiendo perderla. Observé varios edificios en ruinas, producto del desgaste de la guerra, pero no vislumbré enemigos. Salí completamente y exigí prisa a mis soldados. Nos disponíamos a refugiarnos cuando un disparo de francotirador le arrebató la vida a uno de ellos. Nos escondimos tras un muro derrumbado, observando frustrados la vida perdida de un amigo.

– Calcule de donde ha venido el disparo, soldado –exigí.

Uno de ellos sacó los prismáticos y pudo adivinar que en el segundo piso, en el bloque situado más a la derecha, estaba el enemigo.

– Cuando dispare corran hacia la siguiente casa pero no se adentren en ella.

Saqué mi rifle de francotirador y me quité el casco, elevándolo por encima del muro. Un disparó lo lanzó lejos de mi, inservible, pero aproveché el momento para colocarme en posición y apuntar. Aguanté la respiración y la cabeza enemiga asomó, mas no habrá una segunda vez. Mis compañeros avanzaron rápido y yo les seguí.

– Gran disparo, sargento –me felicitó uno de ellos.
– Atrás, utilicen armas de corto alcance. Demasiadas ráfagas podrían ser caóticas –expliqué.

Abrí la puerta del hogar con facilidad y entré apuntando con precaución. Mis solados inspeccionaron la casa. Estaba limpia. Seguimos avanzando por terreno herboso hasta la siguiente, repitiendo la acción con éxito. Continuando, ante nosotros el último tramo que dejaba ver un gran desnivel donde, en efecto, habían aterrizado las otras cuatro naves. De horizonte, una guerra en todos sus niveles.

– Sería demasiada mala suerte que, entre todos los presentes, fueran a fijarse en nosotros. Utilicen sus cuerdas de descenso, soldados.

Tocamos tierra firme cuando otro tiro derribó al segundo de mis soldados. Nos escondimos tras unas cajas de herramientas, provenientes de nuestras naves. Avanzamos con cuidado y nos situamos tras una de ellas.

– ¡Sargento Johnson! ¿Dónde carajo se habían metido? –preguntó el Capitán Sheik.
– Nuestra nave no pudo alcanzar el punto de aterrizaje, señor. El Capitán Price y el resto de soldados de nuestro comando están bloqueados un kilómetro atrás. Necesitan de su ayuda para avanzar.
– ¿Y por qué no vino con usted, sargento?
– Era demasiado peligroso ir en gran número. De hecho, nosotros éramos cinco y ahora somos tres. Hay que sacarlos de allí.
– Está bien, mandaré mi pelotón en su ayuda pero usted se queda aquí. Necesito un sargento cerca.
– ¿Cuál es el siguiente paso?
– Teóricamente nuestro objetivo está en la mansión que observa allá al final. Vamos a dejarles un regalito antes de entrar.

El Capitán me asignó a otro grupo de soldados. Fuego aéreo nos echó una mano para nuestra sorpresa, lo que nos permitió avanzar con facilidad. Retiramos a los últimos enemigos ante la entrada. Aquí es donde cada grupo se separaría para llegar al mismo punto de encuentro.

– Estamos mal de personal, sargento Johnson. Tome el mando por mí en su pelotón y traté de alcanzar al objetivo –ordenó el Capitán Sheik.

Así lo hice, entrando en el lugar y tomando el pasillo de la derecha. Antes de doblar la primera esquina mis soldados acabaron con los droides enemigos. Seguimos corriendo y subimos por las primeras escaleras lujosas, a la derecha. Más rivales se cruzaron en nuestro camino pero mis chicos estaban atentos. Había que doblar esquina a la derecha y nuevamente barrimos los obstáculos que se nos presentaron. No obstante, observé como un droide apuntaba tras las ventanas y pude dispararle con mi rifle de asalto antes de que sorprendiera a algún soldado. Seguimos avanzando por el pasillo, bastante extenso, cuando llegábamos a una nueva esquina pero salieron a nuestro encuentro tres droideca.

– ¡Tras las columnas, muchachos! –ordené.

Pero activaron su escudo y se llevaron por delante la valiosa vida de varios de ellos. Logré llegar a la columna a tiempo, pero no todos. Hice un recuento y quedábamos diez en pie, el mismo número que han caído. Los droideca avanzaban sin dejar de disparar cuando sujetaba una granada entre mis manos. Me dispuse a lanzarla pero me detuve cuando vi a dos seres que empuñaban sables láser. Con sus trucos mentales y habilidades con la espalda acabaron con los enemigos.

– Somos el General Fisto y el General Koon, ¿tienen noticias? –preguntó Kit Fisto.
– No, señor. Buscábamos el punto de encuentro para llegar a junta de ustedes.
– Pues déjenlo de buscar. Al-Sahed ha huido. ¿Y el resto de tropas? –preguntó Plo Koon.

Justamente llegaban por los otros dos pasillos posibles, deduciendo que no era una misión acabada.

– Lamento lo ocurrido, soldados. Volvamos a casa –manifestó Kit Fisto.

Salí de la mansión justo al resto de compañeros cuando pude ver al Capitán Price sano y salvo.

– Una alegría verlo vivo, sargento –dijo él.
– Lo mismo digo, capitán. ¿Muchas bajas?
– Demasiadas para tan poco premio. En fin, debemos marcharnos cuanto antes.
– Los generales han ordenado nuestra vuelta a casa, señor –expliqué.
– He recibido órdenes directas de los comandos superiores. Creen tener la localización de Al-Sahed, le han rastreado. Piden que nos unamos a sus tropas, así que marchando.

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