Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
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21 Ene 2007 15:15 #157 por Joven Jedi
Respuesta de Joven Jedi sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
Joven Jedi: ¡Colisión de Fuerza!
Del sable láser de JJ salió despedido un rayo azul celeste en forma de electricidad. Atravesó por completo, de forma limpia, el árbol que creó Bioexorcist.
Bioexorcist: No está nada mal...
Joven Jedi: Jeje... he pensado en algo... ¡División de Fuerza!
Joven Jedi creó 6 clones suyos, y realizaron la técnica. El árbol se desintegró de forma abrasante y oscura.
Joven Jedi: ¿Que te parece?
Bioexorcist: No ha estado mal... pero debes mejorar... el tiempo apremia y es necesario que aprendas rápido. Aún me falta una técnica que enseñarte.
Joven Jedi: Puedes hacerlo ahora porque...
Bioexorcist: No -interrimpió-, primero debes dominar ésta. No quieras ir más deprisa de lo que debes. El trabajo debe ser completo.
A base de experiencia Joven Jedi logró crear rayos cada vez más gruesos, potentes y a la vez oscuros. Era una técnica destructiva, propia del lado oscuro.
Había conseguido desintegrar un árbol de mediana altura. Se atrevería con uno de varios metros.
De nuevo los intentos fallidos se reflejaron, y cada vez la técnica era más débil.
Bioexorcist: Creo que necesitas algo de descanso... medita, concéntrate y regresa. Te estaré esperando.
Se fue a la mitad de la sala, cerró los ojos y se dejó flotar. Vio como el número de holocrones en el dispositivo había aumentado. En apenas unas semanas había aprendido mucho, cosas desconocidas. ¿Que pasará en el Universo? ¿Habrá alguien que se oponga al Imperio?
Poco probable... si quedaban pocos soldados y Jedi antes de este descubrimiento, ahora menos. Es posible que la república no pudiera ni cederles soldados. Estaban solos, la extinción de la fuerza dependía de que la profecía fuese cierta.
Aunque JJ pensaba que, aunque no fuera cierta, lo que habían aprendido era mucho más que nada. Se veia capaz de salir victorioso.
Pero aún estaba preocupado. Su encuentro con Dalen, fue misterioso. ¿Azar o intención que Joven Jedi se encontrara en esto? No había sentido el Lado Oscuro salvo por la visión de la muerte de su esposa e hijo. Pero a salvo, no había nada negativo en él. Es más, se había vuelto sabio y maduro. ¿De verdad esperaba el Emperador que cayera en la maldad?
Quizás fuera una forma de meter presión o inseguridad.
O quizás podría llegar a desquiciarse por el poco avance de su entrenamiento.
Pese a todo, era a una mayor velocidad de lo que podría realizarse en el mundo exterior.
El tiempo se agotaba, y los héroes, leyendas o no, se esforzaban por alcanzar la máxima sabiduría.
Del sable láser de JJ salió despedido un rayo azul celeste en forma de electricidad. Atravesó por completo, de forma limpia, el árbol que creó Bioexorcist.
Bioexorcist: No está nada mal...
Joven Jedi: Jeje... he pensado en algo... ¡División de Fuerza!
Joven Jedi creó 6 clones suyos, y realizaron la técnica. El árbol se desintegró de forma abrasante y oscura.
Joven Jedi: ¿Que te parece?
Bioexorcist: No ha estado mal... pero debes mejorar... el tiempo apremia y es necesario que aprendas rápido. Aún me falta una técnica que enseñarte.
Joven Jedi: Puedes hacerlo ahora porque...
Bioexorcist: No -interrimpió-, primero debes dominar ésta. No quieras ir más deprisa de lo que debes. El trabajo debe ser completo.
A base de experiencia Joven Jedi logró crear rayos cada vez más gruesos, potentes y a la vez oscuros. Era una técnica destructiva, propia del lado oscuro.
Había conseguido desintegrar un árbol de mediana altura. Se atrevería con uno de varios metros.
De nuevo los intentos fallidos se reflejaron, y cada vez la técnica era más débil.
Bioexorcist: Creo que necesitas algo de descanso... medita, concéntrate y regresa. Te estaré esperando.
Se fue a la mitad de la sala, cerró los ojos y se dejó flotar. Vio como el número de holocrones en el dispositivo había aumentado. En apenas unas semanas había aprendido mucho, cosas desconocidas. ¿Que pasará en el Universo? ¿Habrá alguien que se oponga al Imperio?
Poco probable... si quedaban pocos soldados y Jedi antes de este descubrimiento, ahora menos. Es posible que la república no pudiera ni cederles soldados. Estaban solos, la extinción de la fuerza dependía de que la profecía fuese cierta.
Aunque JJ pensaba que, aunque no fuera cierta, lo que habían aprendido era mucho más que nada. Se veia capaz de salir victorioso.
Pero aún estaba preocupado. Su encuentro con Dalen, fue misterioso. ¿Azar o intención que Joven Jedi se encontrara en esto? No había sentido el Lado Oscuro salvo por la visión de la muerte de su esposa e hijo. Pero a salvo, no había nada negativo en él. Es más, se había vuelto sabio y maduro. ¿De verdad esperaba el Emperador que cayera en la maldad?
Quizás fuera una forma de meter presión o inseguridad.
O quizás podría llegar a desquiciarse por el poco avance de su entrenamiento.
Pese a todo, era a una mayor velocidad de lo que podría realizarse en el mundo exterior.
El tiempo se agotaba, y los héroes, leyendas o no, se esforzaban por alcanzar la máxima sabiduría.
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- konk7er
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21 Ene 2007 15:37 #158 por konk7er
Respuesta de konk7er sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
Uchiha acumuló aire en su mano.El aire empezóa girar,creando una espiral de viento.Cuando el viento cogió suficiente potencia,chascó los dedos de su otra mano.Una llama apareció sobre su dedo pulgar,y la dirigió el aire.Este empezó a arder.
Las venas de sus ojos se hincharon.Flexionó las piernas y se lanzó a por la pared de diamante.
Lo unico que pudo ver fue como el fuego lo rodeaba,y empezaba a girar a su alrededor.El humo le cegó.Cuando abrió los ojos,pudo ver que la pared había desaparecido,y que un líquido lo rodeaba.
—¡Perfecto! —Gritó Hyoma desde la otra punta de la sala— ¡Lo has conseguido!
Uchiha cayó sobre el liquido y miró al techo.Hyoma corrió a ver que pasaba.
—¿Estás bien? —Preguntó Hyoma
—Si,solo un poco mareado
—Lo raro es que no hayas sido desintegrado por la explosión —Dijo Hyoma— Tenías que haberlo visto desde mis ojos,ha sido majestuoso
—No creo que me sea muy útil esta técnica si cuando la realizo acabo asi...tirado en el suelo
—Con un poco de práctica conseguirás hacerla más de una vez antes de caerte al suelo
Hyoma le ayudó a levantarse,y Uchiha se secó el sudor
—Hemos terminado —Dijo Hyoma
—¿Mañana más?
—No.Por lo menos yo no.Ya no te puedo enseñar nada más.Te he enseñado a controlar el fuego y el viento,y a usar esos ojos tan especiales que tienes.El resto debes descubrirlo tu.
—Entiendo —Dijo Uchiha— Gracias por todo.Volveremos a vernos
—Seguro que si,ahora vivimos bajo el mismo techo
Uchiha se dirigió a la puerta
—Por cierto,investiga tu sable
—¿Por qué? —Preguntó Uchiha
—Porque guarda un secreto.Bueno,el tuyo y el de casi todos
Uchiha sacó su sable y lo miró.Lo observó detenidamente.El mango era negro,con algún remate plateado.Después,lo guardó,y salió de la sala.
Las venas de sus ojos se hincharon.Flexionó las piernas y se lanzó a por la pared de diamante.
Lo unico que pudo ver fue como el fuego lo rodeaba,y empezaba a girar a su alrededor.El humo le cegó.Cuando abrió los ojos,pudo ver que la pared había desaparecido,y que un líquido lo rodeaba.
—¡Perfecto! —Gritó Hyoma desde la otra punta de la sala— ¡Lo has conseguido!
Uchiha cayó sobre el liquido y miró al techo.Hyoma corrió a ver que pasaba.
—¿Estás bien? —Preguntó Hyoma
—Si,solo un poco mareado
—Lo raro es que no hayas sido desintegrado por la explosión —Dijo Hyoma— Tenías que haberlo visto desde mis ojos,ha sido majestuoso
—No creo que me sea muy útil esta técnica si cuando la realizo acabo asi...tirado en el suelo
—Con un poco de práctica conseguirás hacerla más de una vez antes de caerte al suelo
Hyoma le ayudó a levantarse,y Uchiha se secó el sudor
—Hemos terminado —Dijo Hyoma
—¿Mañana más?
—No.Por lo menos yo no.Ya no te puedo enseñar nada más.Te he enseñado a controlar el fuego y el viento,y a usar esos ojos tan especiales que tienes.El resto debes descubrirlo tu.
—Entiendo —Dijo Uchiha— Gracias por todo.Volveremos a vernos
—Seguro que si,ahora vivimos bajo el mismo techo
Uchiha se dirigió a la puerta
—Por cierto,investiga tu sable
—¿Por qué? —Preguntó Uchiha
—Porque guarda un secreto.Bueno,el tuyo y el de casi todos
Uchiha sacó su sable y lo miró.Lo observó detenidamente.El mango era negro,con algún remate plateado.Después,lo guardó,y salió de la sala.
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- Orius Zeth
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21 Ene 2007 19:29 #159 por Orius Zeth
Respuesta de Orius Zeth sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
En la sala de entrenamiento.
Me encontraba meditando en el suelo de la habitación, y seguía escuchando la misma voz.
Voz: Falta poco, nuestra reunión será más pronto de lo que imaginas Orius.
Abrí los ojos y miré a Akis.
Akis: No es tiempo de que te reunas con Ra-Tzu.
Orius: ¿Con quién?
Akis: Es algo que debes de descubrir tu solo, en ello no te puedo ayudar, pero no te alejas mucho de la realidad.
Me pare y empecé a pensar en las palabras del maestro Akis.
Comencé a caminar por la habitación y la armadura empecé a sentirla como una segunda piel.
Orius: Tengo una duda, maestro Akis.
Akis: Pregunta.
Orius: ¿Ra-Tzu es el renegado que se fue al lado oscuro?
Akis: Es algo que tú debes descubrir.
Orius: De acuerdo. Seguiré mi entrenamiento.
Tome mis sables y empecé a pulir mi esgrima dando cortes al aire. De arriba hacia abajo y viceversa, de un costado a otro, y haciendo círculos en el aire con las hojas de ambos sables.
Akis: Cuando acabes con eso, vuelve a meditar.
Orius: Muy bien.
Después de un par de horas de entrenamiento, me senté y comencé a meditar otra vez.
Después de un rato, tengo que haberme dormido, y empecé a sentirme muy bien en un lugar que nunca había visto. En ello vi a un hombre, piel blanca, cabello negro corto, ojos verdes, de armadura plateada, capa y con una espada al cinto.
Orius: Buenas tardes, mi nombre es...
Hombre: Lo sé, Orius Zeth.
Orius: ¿Y usted quién es?
Hombre: Alguien muy viejo.
Lo observé muy bien, pero no lo era, cuando mucho debe haber tenido unos 35 a 40 años.
Orius: Pues se conserva muy bien.
Hombre: Gracias, supongo que tendrás dudas.
Orius: Como todos, pero ahora me debo avocar para descubrir quien o que es Ra-Tzu.
Hombre: Veo que buscas la portentosa arma la cual ayudo a los jedi en más de una cruzada, pero no a cualquier jedi.
Orius: ¿Qué tipo de jedis?
Hombre: Los que continúan mi linaje.
Orius: ¿Tu linaje?
Hombre: Veo que no me conoces, soy Cyon Zeth.
Orius: ¿Cyon Zeth, el que dio origen a la familia?
Cyon: Así es, pero debes de recordar, que cada uno de nosotros ha tenido su propia misión, algo que hacer en esta vida, y a ti te toco una labor muy pesada.
Orius: ¿Cuál es mi tarea?
Cyon: Algo que tú debes descubrir, que es parte de tu destino.
Orius: Comprendo.
En ello desperté, y seguí meditando, pero no estaba seguro de si era una visión de la fuerza o un sueño, pero el problema es que tengo una misiómn que cumplir que va más allá del imperio, de cumplir la profecía, sino que de encontrar a alguien más, un supuesto familiar que se paso al lado oscuro, parece que mi vida no va a ser desocupada y menos aburrida.
Sólo se que debo seguir entrenando para seguir cumpliendo con mi deber, proteger y servir a la Nueva República, y de velar por la seguridad de los míos.
(Continuará)
Me encontraba meditando en el suelo de la habitación, y seguía escuchando la misma voz.
Voz: Falta poco, nuestra reunión será más pronto de lo que imaginas Orius.
Abrí los ojos y miré a Akis.
Akis: No es tiempo de que te reunas con Ra-Tzu.
Orius: ¿Con quién?
Akis: Es algo que debes de descubrir tu solo, en ello no te puedo ayudar, pero no te alejas mucho de la realidad.
Me pare y empecé a pensar en las palabras del maestro Akis.
Comencé a caminar por la habitación y la armadura empecé a sentirla como una segunda piel.
Orius: Tengo una duda, maestro Akis.
Akis: Pregunta.
Orius: ¿Ra-Tzu es el renegado que se fue al lado oscuro?
Akis: Es algo que tú debes descubrir.
Orius: De acuerdo. Seguiré mi entrenamiento.
Tome mis sables y empecé a pulir mi esgrima dando cortes al aire. De arriba hacia abajo y viceversa, de un costado a otro, y haciendo círculos en el aire con las hojas de ambos sables.
Akis: Cuando acabes con eso, vuelve a meditar.
Orius: Muy bien.
Después de un par de horas de entrenamiento, me senté y comencé a meditar otra vez.
Después de un rato, tengo que haberme dormido, y empecé a sentirme muy bien en un lugar que nunca había visto. En ello vi a un hombre, piel blanca, cabello negro corto, ojos verdes, de armadura plateada, capa y con una espada al cinto.
Orius: Buenas tardes, mi nombre es...
Hombre: Lo sé, Orius Zeth.
Orius: ¿Y usted quién es?
Hombre: Alguien muy viejo.
Lo observé muy bien, pero no lo era, cuando mucho debe haber tenido unos 35 a 40 años.
Orius: Pues se conserva muy bien.
Hombre: Gracias, supongo que tendrás dudas.
Orius: Como todos, pero ahora me debo avocar para descubrir quien o que es Ra-Tzu.
Hombre: Veo que buscas la portentosa arma la cual ayudo a los jedi en más de una cruzada, pero no a cualquier jedi.
Orius: ¿Qué tipo de jedis?
Hombre: Los que continúan mi linaje.
Orius: ¿Tu linaje?
Hombre: Veo que no me conoces, soy Cyon Zeth.
Orius: ¿Cyon Zeth, el que dio origen a la familia?
Cyon: Así es, pero debes de recordar, que cada uno de nosotros ha tenido su propia misión, algo que hacer en esta vida, y a ti te toco una labor muy pesada.
Orius: ¿Cuál es mi tarea?
Cyon: Algo que tú debes descubrir, que es parte de tu destino.
Orius: Comprendo.
En ello desperté, y seguí meditando, pero no estaba seguro de si era una visión de la fuerza o un sueño, pero el problema es que tengo una misiómn que cumplir que va más allá del imperio, de cumplir la profecía, sino que de encontrar a alguien más, un supuesto familiar que se paso al lado oscuro, parece que mi vida no va a ser desocupada y menos aburrida.
Sólo se que debo seguir entrenando para seguir cumpliendo con mi deber, proteger y servir a la Nueva República, y de velar por la seguridad de los míos.
(Continuará)
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- Jedi1
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21 Ene 2007 20:27 #160 por Jedi1
Respuesta de Jedi1 sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
En un espacio donde sólo cuerpos tan enormes como las estrellas se ven como formas diminutas brillantes, una lanzadera transcurriendo a toda velocidad por el hiperespacio era lo invisible ante lo inexistente.
Sin embargo existía, y era perfectamente visible.
El caballero jedi había despertado de su sueño. No recordaba exactamente cuantas horas llevaba en el viaje espacial, ni tampoco a que distancia del centro del universo estaba. Solo tenía presente los últimos flashes ocurridos en la mina de especias, la cantidad de ataques y sorpresas que infectaron su subconsciente, y la forma camuflada que asesinó a aquél camarada suyo que le asistió en la huida.
La soledad era innata. Pero no estaba solo...
— ¿Sábes por casualidad a dónde vas?
— Me temo que no. Ya no hay lugar a dónde ir...
— Tu galaxia ha muerto. Pronto será consumida por la nada. Es inevitable.
— Y si debe ser así, ¿qué hago con todo lo que estoy haciendo?
— Esa es tu responsabilidad, Jedi1...
— E...
El Jedi se levantó asustado y miró al fondo de la cabina de la lanzadera espacial. Estaba absolutamente seguro de que no habia nadie mas con él. Registró la nave y así lo confirmó. La voz misteriosa volvió a hablarle. No pudo responderle su último diálogo.
Si al menos tenía una cosa clara era que sus dos piezas estaban intactas con él. Perfectas y enteras. No faltaba detalle. No había podido examinarlas a fondo, de momento...
Salió del hiperespacio y quedó flotando por unos instantes cual burbuja sobre el aire hasta que se le ocurriera algo mejor, como por ejemplo, saber a dónde ir.
Regresó a la sala interna de la lanzadera y se sentó. Se tocó su máscara metálica que cubría medio rostro y al tacto la notó como si aun fuera su propia piel. La notaba cálida, sensible y viva, pese a ser un horrible y viejo trozo de metal frío como el hielo. No estaba frío, tal vez templado. En realidad cálido. Pero no era tanto como un lugar de belleza. Aquellos maravillosos años de su juventud, inolvidables, en las profundidades de los lagos de Greka, un sistema del borde medio, sí que fueron cálidos. Con sus viejos amigos, y su vieja gente, todos muertos por un ataque del Imperio. Incluso su pequeña mascota, que cantaba a la luz del sol como lo hacía el mas bello de los canarios. La calidez de su clima era tan reconfortante como aquellos recuerdos. Y fue cuando ingresó en la academia jedi. Conoció a sus nuevos amigos, que llenaron aquél viejo hueco de pasados recuerdos con final infeliz. Todos los caballeros jedi le conocían y le querían. Era su nueva familia, pero ya nada era como antes. La Fuerza lo alimentaba en su interior pero jamás alacanzó la meta que muy pocos consiguen. La Fuerza poseía una energía contraría, el amor, y sólo la unión de ambas garantiza al mas puro jedi la mas pura meta para con sus deseos, y la completitud de su entrenamiento. Jedi1 lo sabía muy bien, al igual que sabía muy bien que ese hueco nunca volvería a ser llenado por amor porque ya había sido exterminado en su pasado. Se graduó como Caballero Jedi y empezaron las misiones, de planeta a planeta, a cada hora, sin nada nuevo. Nada salvo una pantalla estática de puntos blancos en un fondo negro. Y ninguna estrella era la que lo identificó como suyo. Hasta que finalmente entraron en guerra directa al mismo tiempo en que se desenvolvía un extraño crimen que acabó derivando en dos piezas que ahora estaban sobre sus manos, cálidas como el sol, sobre el fondo de estrellas que el caballero jedi observaba a través del ventanal. Y faltaba una.
Jedi1 volvió en sí tras el sermón de recuerdos que le vino a mente de forma inconsciente mientras observaba las dos piezas. Su mirada perdida se tornó viva y analizó los detalles. Las piezas parecían redondas pero tenían esquinas que permitían que encajaran a la perfección la una con la otra. Era un material tosco, no agradable, pero resistente, y escondía algo tan bendito como ambiguo. ¿Dónde estaba la última? Tenía dos... Una de Dagobah, otra de mimban... planetas cálidos, llenos de vegetación... piensa jedi... es fácil... usa el cerebro... llama a la Fuerza... ¿recuerdas lo que pasó en Mimban? No, no quieres recordarlo, prefieres quedarte con los recuerdos del cálido amanecer, lleno de amor y alegría, donde todo aquel que vivía, vivia con placer. Esa calidez del sol que le proporcionaba... aquella vista tan nostálgica de las estrellas cuando las estudiaba... no quiero pensar en las dos piezas que tengo en la mano...
El Jedi se atascó en sus emociones.
Espera... qué has dicho... repite eso... Sol... Estrellas.... Dos piezas...
Paró y volvió a repetir.
Sol... Estrellas... Y dos piezas... Dos piezas... Una estrella, un sol... Muchas estrellas... Calidez... Dos... Pie...
El Jedi resolvió el enigma.
Dos piezas... y dos Soles... Los soles gemelos... ¡Tatooine!... Allí... allí está la ultima pieza!!
Con prisa volvió a la cabina y puso rumbo al planeta iluminado por dos estrellas. Con la esperanza de encontrar su última incógnita, y de finalmente saber cuál es el destino de todo aquello que, aunque no lo supiera, aún amaba y aún quedaba por amar. Desde una galaxia entera, a sus viejos amigos, y su propio interior.
Sin embargo existía, y era perfectamente visible.
El caballero jedi había despertado de su sueño. No recordaba exactamente cuantas horas llevaba en el viaje espacial, ni tampoco a que distancia del centro del universo estaba. Solo tenía presente los últimos flashes ocurridos en la mina de especias, la cantidad de ataques y sorpresas que infectaron su subconsciente, y la forma camuflada que asesinó a aquél camarada suyo que le asistió en la huida.
La soledad era innata. Pero no estaba solo...
— ¿Sábes por casualidad a dónde vas?
— Me temo que no. Ya no hay lugar a dónde ir...
— Tu galaxia ha muerto. Pronto será consumida por la nada. Es inevitable.
— Y si debe ser así, ¿qué hago con todo lo que estoy haciendo?
— Esa es tu responsabilidad, Jedi1...
— E...
El Jedi se levantó asustado y miró al fondo de la cabina de la lanzadera espacial. Estaba absolutamente seguro de que no habia nadie mas con él. Registró la nave y así lo confirmó. La voz misteriosa volvió a hablarle. No pudo responderle su último diálogo.
Si al menos tenía una cosa clara era que sus dos piezas estaban intactas con él. Perfectas y enteras. No faltaba detalle. No había podido examinarlas a fondo, de momento...
Salió del hiperespacio y quedó flotando por unos instantes cual burbuja sobre el aire hasta que se le ocurriera algo mejor, como por ejemplo, saber a dónde ir.
Regresó a la sala interna de la lanzadera y se sentó. Se tocó su máscara metálica que cubría medio rostro y al tacto la notó como si aun fuera su propia piel. La notaba cálida, sensible y viva, pese a ser un horrible y viejo trozo de metal frío como el hielo. No estaba frío, tal vez templado. En realidad cálido. Pero no era tanto como un lugar de belleza. Aquellos maravillosos años de su juventud, inolvidables, en las profundidades de los lagos de Greka, un sistema del borde medio, sí que fueron cálidos. Con sus viejos amigos, y su vieja gente, todos muertos por un ataque del Imperio. Incluso su pequeña mascota, que cantaba a la luz del sol como lo hacía el mas bello de los canarios. La calidez de su clima era tan reconfortante como aquellos recuerdos. Y fue cuando ingresó en la academia jedi. Conoció a sus nuevos amigos, que llenaron aquél viejo hueco de pasados recuerdos con final infeliz. Todos los caballeros jedi le conocían y le querían. Era su nueva familia, pero ya nada era como antes. La Fuerza lo alimentaba en su interior pero jamás alacanzó la meta que muy pocos consiguen. La Fuerza poseía una energía contraría, el amor, y sólo la unión de ambas garantiza al mas puro jedi la mas pura meta para con sus deseos, y la completitud de su entrenamiento. Jedi1 lo sabía muy bien, al igual que sabía muy bien que ese hueco nunca volvería a ser llenado por amor porque ya había sido exterminado en su pasado. Se graduó como Caballero Jedi y empezaron las misiones, de planeta a planeta, a cada hora, sin nada nuevo. Nada salvo una pantalla estática de puntos blancos en un fondo negro. Y ninguna estrella era la que lo identificó como suyo. Hasta que finalmente entraron en guerra directa al mismo tiempo en que se desenvolvía un extraño crimen que acabó derivando en dos piezas que ahora estaban sobre sus manos, cálidas como el sol, sobre el fondo de estrellas que el caballero jedi observaba a través del ventanal. Y faltaba una.
Jedi1 volvió en sí tras el sermón de recuerdos que le vino a mente de forma inconsciente mientras observaba las dos piezas. Su mirada perdida se tornó viva y analizó los detalles. Las piezas parecían redondas pero tenían esquinas que permitían que encajaran a la perfección la una con la otra. Era un material tosco, no agradable, pero resistente, y escondía algo tan bendito como ambiguo. ¿Dónde estaba la última? Tenía dos... Una de Dagobah, otra de mimban... planetas cálidos, llenos de vegetación... piensa jedi... es fácil... usa el cerebro... llama a la Fuerza... ¿recuerdas lo que pasó en Mimban? No, no quieres recordarlo, prefieres quedarte con los recuerdos del cálido amanecer, lleno de amor y alegría, donde todo aquel que vivía, vivia con placer. Esa calidez del sol que le proporcionaba... aquella vista tan nostálgica de las estrellas cuando las estudiaba... no quiero pensar en las dos piezas que tengo en la mano...
El Jedi se atascó en sus emociones.
Espera... qué has dicho... repite eso... Sol... Estrellas.... Dos piezas...
Paró y volvió a repetir.
Sol... Estrellas... Y dos piezas... Dos piezas... Una estrella, un sol... Muchas estrellas... Calidez... Dos... Pie...
El Jedi resolvió el enigma.
Dos piezas... y dos Soles... Los soles gemelos... ¡Tatooine!... Allí... allí está la ultima pieza!!
Con prisa volvió a la cabina y puso rumbo al planeta iluminado por dos estrellas. Con la esperanza de encontrar su última incógnita, y de finalmente saber cuál es el destino de todo aquello que, aunque no lo supiera, aún amaba y aún quedaba por amar. Desde una galaxia entera, a sus viejos amigos, y su propio interior.
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21 Ene 2007 21:22 #161 por Joven Jedi
Respuesta de Joven Jedi sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
Joven Jedi continuaba repitiendo el mismo ejercicio que hace horas, con la finalidad de perfeccionarlo.
Observó la mirada traslúcida del maestro Bioexorcist. Sus ojos fantasmales irradiaban luz o quizás esperanza, no estaba seguro. Sin embargo, sentía como si el alma estuviera preguntando algo a la fuerza.
Joven Jedi: Maestro, ¿cuando cesará el entrenamiento?
Bioexorcist: Cuando los 5 estén unidos... y preparados...
Era una respuesta que esperaba, pero no suficiente. Buscó una alternativa la pregunta directa, pero no la obtuvo. Su preocupación le había llamado la atención.
Joven Jedi: ¿Está bien Jedi1?
Creyó ver una sonrisa en su rostro. "Vaya, no ha contestado pero eso me dice que sí", pensaba JJ.
Joven Jedi: ¿Viene hacia aquí?
El rostro de Bioexorcist cambió, pero nada preocupante. Era obvio que Jedi1 no podría encontrarles nunca, no sin una pista. Aunque la llegada de Uchiha fue una sorpresa a la cual no ha preguntado el como, esperaba alguna especie de milagro.
¿Adónde se dirigía entonces? "Basta de preguntas" se dijo, aún no había conseguido su objetivo, superar la fuerza el enorme árbol con su técnica.
Meditación, ejercicio. Llevaba horas y horas, desconocía cuantas, pero las suficientes como para sentirse algo decepcionado. Era obvio que en el universo tardaría años, aunque logicamente no le dedicaría el mismo tiempo. La necesidad de aprender algo rápido y sin descanso lo distraía y enturbiaba.
Siempre los mismos movimientos, el mismo grito, la misma acción. Ansiaba ya por fin conocer la última técnica, pero no sin antes hacerse con la sabiduría de la anterior.
Lo intentó varias veces, sin éxito. Era cuestión de tiempo.
(...)
General: ¡Bienvenidos al Sector Corporativo republicano! Por favor, sigan al Cabo Davis y al Cabo Taylor, les guiarán.
Lina avanzaba tímidamente por los pasillos, acompañada de civiles.
Era bastante extraño. Aquel lugar, en mitad del espacio, era de un tamaño gigantesco, aproximadamente del de un pequeño planeta.
Habían reunido a la gente civil de Coruscant y los planetas más importantes. Sin contar las personas responsables de los ejércitos y la antigua república democrática.
Por suerte, el Imperio no podía atacarlo.
Pero Lina se sentía sola...
Soldado: Hola, ¿eres la mujer de Joven Jedi?
Observó la mirada traslúcida del maestro Bioexorcist. Sus ojos fantasmales irradiaban luz o quizás esperanza, no estaba seguro. Sin embargo, sentía como si el alma estuviera preguntando algo a la fuerza.
Joven Jedi: Maestro, ¿cuando cesará el entrenamiento?
Bioexorcist: Cuando los 5 estén unidos... y preparados...
Era una respuesta que esperaba, pero no suficiente. Buscó una alternativa la pregunta directa, pero no la obtuvo. Su preocupación le había llamado la atención.
Joven Jedi: ¿Está bien Jedi1?
Creyó ver una sonrisa en su rostro. "Vaya, no ha contestado pero eso me dice que sí", pensaba JJ.
Joven Jedi: ¿Viene hacia aquí?
El rostro de Bioexorcist cambió, pero nada preocupante. Era obvio que Jedi1 no podría encontrarles nunca, no sin una pista. Aunque la llegada de Uchiha fue una sorpresa a la cual no ha preguntado el como, esperaba alguna especie de milagro.
¿Adónde se dirigía entonces? "Basta de preguntas" se dijo, aún no había conseguido su objetivo, superar la fuerza el enorme árbol con su técnica.
Meditación, ejercicio. Llevaba horas y horas, desconocía cuantas, pero las suficientes como para sentirse algo decepcionado. Era obvio que en el universo tardaría años, aunque logicamente no le dedicaría el mismo tiempo. La necesidad de aprender algo rápido y sin descanso lo distraía y enturbiaba.
Siempre los mismos movimientos, el mismo grito, la misma acción. Ansiaba ya por fin conocer la última técnica, pero no sin antes hacerse con la sabiduría de la anterior.
Lo intentó varias veces, sin éxito. Era cuestión de tiempo.
(...)
General: ¡Bienvenidos al Sector Corporativo republicano! Por favor, sigan al Cabo Davis y al Cabo Taylor, les guiarán.
Lina avanzaba tímidamente por los pasillos, acompañada de civiles.
Era bastante extraño. Aquel lugar, en mitad del espacio, era de un tamaño gigantesco, aproximadamente del de un pequeño planeta.
Habían reunido a la gente civil de Coruscant y los planetas más importantes. Sin contar las personas responsables de los ejércitos y la antigua república democrática.
Por suerte, el Imperio no podía atacarlo.
Pero Lina se sentía sola...
Soldado: Hola, ¿eres la mujer de Joven Jedi?
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- Orius Zeth
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23 Ene 2007 16:58 #162 por Orius Zeth
Respuesta de Orius Zeth sobre el tema Fan-Forum Wars. Partida IX: Una fe extinta
En la sala de instrucción.
Me quede meditando un rato, hasta que el silencio imperante en la sala se rompio.
Akis: Sería bueno que descanses un poco, llevas más de 48 horas de entrenar sin descanso.
Orius: Pero estamos contra el tiempo.
Akis: Así será, pero agotado no avanzarás, necesitas dormir y comer, así que descansa hoy, y una vez quue hayas descansado bien, volverás a entrenar.
Orius: Pero, y si el imperio da con nosotros y no estoy listo.
Akis: Lo estarás, además hay eventos que se estan adelantando demasiado, como tu encuentro con Ra-Tzu, hazme caso, y todo saldrá bien.
El resto del día comí bien, descanse y dormí.
Al otro día, entre a la sala de entrenamiento y Akis me esperaba.
Akis: Bien, ahora es tiempo de que aprendas a usar tu cuerpo al límite, usando la fuerza.
Orius: Osea conozco la técnica de mejorar mis habilidades con la fuerza.
Akis: Así será, pero no de la manera que te voy a enseñar.
Me señalo el suelo, me senté, y empecé a escucharlo.
Akis: Como tú has de saber sólo de manera temporal y por poco tiempo puedes aumentar tu destreza, fuerza, constitución, en general. Pues te enseñaré a agudizar tus sentidos de manera permanente, así como hacer más duradera tu incremento de habilidades.
Orius: Muy bien maestro, lo escucho.
Akis: Lo primero que debes de recordar, es que cuando usas la fuerza, poco a poco te agotas, así que lo primero, es que debes de fortalecer tu vínculo con la fuerza, y para ello, debes meditar, y encontrar la fuente de la fuerza en ti, sin que sepas de donde viene, no podremos iniciar este entrenamiento.
Orius: Pero la fuerza emana de los midiclorians.
Akis: Es cierto, pero cada uno hace un vínculo único con la fuerza, y cada uno sabe cual es la fuente de esa unión con la fuerza.
Orius: Comprendo maestro.
Comencé a meditar, para poder encontrar el origen de mi vínculo con la fuerza.
_________________________________________________
Mientras en otro lado, en una antigua estación espacial que se le denomino SCR-01, que sirve de refugio a los civiles que escapaban del imperio, a un sector neutral, y con protección de tropas de la nueva república y del sector corporativo, conocido como Sector Corporativo Republicano.
La mujer jedi conocida como Lina se había topado con un soldado con el cual se coloco a conversar, mentras cargaba su hijo en los brazos.
Soldado: Hola, ¿eres la mujer de Joven Jedi?
Lina: Soy su pareja, ¿haz sabido algo de él?
Soldado: No se ha sabido nada de él, pensé que tu podrías saber algo.
Lina: No para nada, y me preocupa mucho.
Desde atrás de Lina se escucho una voz.
Voz: Tranquila que él esta bien, la fuerza le protege.
Lina se giro, y vio una figura de 1,75, con túnicas marrones oscuras, sin poder verle el rostro, pero por el tono de la voz, era femenina.
Lina: ¿Quién eres tú?
La figura se quito la capucha de la túnica y se encontro con una nautolana de piel verde intenso, y de ojos negros.
Alina: Mi nombre es Alina Eskart, Maestro Jedi.
Lina: Disculpe, pero nunca la había visto en la academia.
Alina: Yo no estaba en Ithor, yo tengo una escuela en el Sector Corporativo, tal vez hayas conocido a uno de mis aprendices. Él se llama Orius Zeth.
Lina: Sí le conocí, él quería entrenarme en los caminos de la fuerza.
Alina: Pues, si tú lo quieres, yo te puedo entrenar, y para que vayas iniciando tu senda como jedi, toma este holocrón, y estudia con él. Entregandole en las manos el preciado objeto, y Lina lo tomo con la mano libre, después de acomodar al niño entre sus brazos.
Alina la miro con tranquilidad, y le sonrió, en ello aparecio un nautolano más alto, y les saludo a las dos con una reverencia.
Kin: Maestra, debemos de regresar a la escuela, hay mucho por hacer.
Alina: Muy bien Kin, prepara la nave.
Kin: De inmediato lo haré.
Se despidio de ambas con una reverencia y salio de la habitación.
Alina: Veo que tienes un lindo hijo, se parece mucho a ti.
Lina: Gracias
Alina: Cuando estes lista, buscame en Ursa II, en la Escuela del Cristal Interno.
Lina: Muy bien Maestra Alina.
Alina: La fuerza este contigo... siempre.
Lina: La fuerza este con usted.
Alina salió de la habitación colocandose la capucha.
(Continuará)
(Sigue la historia Joven Jedi)
[ 23. Enero 2007, 14:15: Mensaje editado por: Orius Zeth ]
Me quede meditando un rato, hasta que el silencio imperante en la sala se rompio.
Akis: Sería bueno que descanses un poco, llevas más de 48 horas de entrenar sin descanso.
Orius: Pero estamos contra el tiempo.
Akis: Así será, pero agotado no avanzarás, necesitas dormir y comer, así que descansa hoy, y una vez quue hayas descansado bien, volverás a entrenar.
Orius: Pero, y si el imperio da con nosotros y no estoy listo.
Akis: Lo estarás, además hay eventos que se estan adelantando demasiado, como tu encuentro con Ra-Tzu, hazme caso, y todo saldrá bien.
El resto del día comí bien, descanse y dormí.
Al otro día, entre a la sala de entrenamiento y Akis me esperaba.
Akis: Bien, ahora es tiempo de que aprendas a usar tu cuerpo al límite, usando la fuerza.
Orius: Osea conozco la técnica de mejorar mis habilidades con la fuerza.
Akis: Así será, pero no de la manera que te voy a enseñar.
Me señalo el suelo, me senté, y empecé a escucharlo.
Akis: Como tú has de saber sólo de manera temporal y por poco tiempo puedes aumentar tu destreza, fuerza, constitución, en general. Pues te enseñaré a agudizar tus sentidos de manera permanente, así como hacer más duradera tu incremento de habilidades.
Orius: Muy bien maestro, lo escucho.
Akis: Lo primero que debes de recordar, es que cuando usas la fuerza, poco a poco te agotas, así que lo primero, es que debes de fortalecer tu vínculo con la fuerza, y para ello, debes meditar, y encontrar la fuente de la fuerza en ti, sin que sepas de donde viene, no podremos iniciar este entrenamiento.
Orius: Pero la fuerza emana de los midiclorians.
Akis: Es cierto, pero cada uno hace un vínculo único con la fuerza, y cada uno sabe cual es la fuente de esa unión con la fuerza.
Orius: Comprendo maestro.
Comencé a meditar, para poder encontrar el origen de mi vínculo con la fuerza.
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Mientras en otro lado, en una antigua estación espacial que se le denomino SCR-01, que sirve de refugio a los civiles que escapaban del imperio, a un sector neutral, y con protección de tropas de la nueva república y del sector corporativo, conocido como Sector Corporativo Republicano.
La mujer jedi conocida como Lina se había topado con un soldado con el cual se coloco a conversar, mentras cargaba su hijo en los brazos.
Soldado: Hola, ¿eres la mujer de Joven Jedi?
Lina: Soy su pareja, ¿haz sabido algo de él?
Soldado: No se ha sabido nada de él, pensé que tu podrías saber algo.
Lina: No para nada, y me preocupa mucho.
Desde atrás de Lina se escucho una voz.
Voz: Tranquila que él esta bien, la fuerza le protege.
Lina se giro, y vio una figura de 1,75, con túnicas marrones oscuras, sin poder verle el rostro, pero por el tono de la voz, era femenina.
Lina: ¿Quién eres tú?
La figura se quito la capucha de la túnica y se encontro con una nautolana de piel verde intenso, y de ojos negros.
Alina: Mi nombre es Alina Eskart, Maestro Jedi.
Lina: Disculpe, pero nunca la había visto en la academia.
Alina: Yo no estaba en Ithor, yo tengo una escuela en el Sector Corporativo, tal vez hayas conocido a uno de mis aprendices. Él se llama Orius Zeth.
Lina: Sí le conocí, él quería entrenarme en los caminos de la fuerza.
Alina: Pues, si tú lo quieres, yo te puedo entrenar, y para que vayas iniciando tu senda como jedi, toma este holocrón, y estudia con él. Entregandole en las manos el preciado objeto, y Lina lo tomo con la mano libre, después de acomodar al niño entre sus brazos.
Alina la miro con tranquilidad, y le sonrió, en ello aparecio un nautolano más alto, y les saludo a las dos con una reverencia.
Kin: Maestra, debemos de regresar a la escuela, hay mucho por hacer.
Alina: Muy bien Kin, prepara la nave.
Kin: De inmediato lo haré.
Se despidio de ambas con una reverencia y salio de la habitación.
Alina: Veo que tienes un lindo hijo, se parece mucho a ti.
Lina: Gracias
Alina: Cuando estes lista, buscame en Ursa II, en la Escuela del Cristal Interno.
Lina: Muy bien Maestra Alina.
Alina: La fuerza este contigo... siempre.
Lina: La fuerza este con usted.
Alina salió de la habitación colocandose la capucha.
(Continuará)
(Sigue la historia Joven Jedi)
[ 23. Enero 2007, 14:15: Mensaje editado por: Orius Zeth ]
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