Crítica al epi I
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29 Oct 2002 16:00 #1 por AT-AT
Crítica al epi I Publicado por AT-AT
Lo encontré por casualidad. Es bastante largo, tened paciencia...
Episodio I:
La amenaza fantasma o el último grito del cine comercial del siglo XX
Carlos Juárez Hernández
El cine mundial se encuentra en pésima condición. Perdimos la tierra firme bajo nuestros pies, no sabemos ni lo que contamos ni para qué. Y la gente no sabe muy bien para qué tiene que ver esto. Así se cierra el círculo... Invertimos demasiado en la tecnología. Demasiado dinero, demasiados “talentos”. Todo se ha desarrollado demasiado rápido y nadie sabe para qué.
Krzyztof Kieslowski
Han pasado más de cien años desde que mi abuelo presenció el momento en el que ese mágico señor, Ferdinand von Bernard, y su compañero Gabriel Veyre, proyectaron por primera vez, la noche del domingo 16 de agosto de 1896, ocho “vistas”: Disgusto de los niños, Las Tullerías de París, Carga de coraceros, Demolición de una pared, El regador y el muchacho, Jugadores de cartas, Llegada del tren y Comida del niño. Cada boleto tuvo un costo de 50 centavos, lo cual era muy elevado para la época: por el mismo dinero mi abuelo iba a la plaza de toros en asientos de sombra, o al teatro en butacas de luneta. La proyección fue en el entresuelo de la Droguería Plateros, en segunda calle de Plateros número nueve (actualmente avenida Madero), ocupado en esa época por la Bolsa de México. La noche de ese domingo de agosto, mi abuelo miró por vez primera el cinematógrafo.
Galileo tenía razón: “Se puede afirmar que hay dos tipos de espíritus poéticos: aquellos que inventan historias y aquellos que están dispuestos a creerlas.” Esto es el cine, un arte que pareciera alejarse más cada vez de su esencia, una esencia que se convierte en secreto, pasa a misterio y termina siendo una interrogante total.
Es importante reflexionar sobre esta interrogante de qué es el cine de fin de siglo. El cine como expresión artística, como fenómeno cultural, como espectáculo masivo, como sublimación de la mercadotecnia, e incluso como universo de crítica.
Las cosas han cambiado demasiado desde las sombras chinescas, la linterna mágica, el zootropo; la vida no ha sido la misma desde el surgimiento del kinetoscopio de Edison y el cinematógrafo Lumière.
Es justo hacer algunas observaciones acerca del séptimo arte. Roman Jakobson decía que los nacidos en el último decenio del siglo pasado, cambiaron para siempre las artes. Hagamos patente esta afirmación ahora: lo que surja de estos últimos diez años del mil novecientos, forjará probablemente las pautas del siglo venidero, desde la consagración de los Simpson, hasta la coronación de la Internet; pasando por el levantamiento zapatista, la guerra de los Balcanes, y por supuesto, el regreso de Star Wars.
Episodio I: La amenaza fantasma
La última película de George Lucas es sencillamente divertida. Si ese era el objetivo del Emperador thx, entonces misión consumada. Sin embargo, creo que las intenciones del constructor de esta historia cuasi mítica, Star Wars, no pueden reducirse necesariamente al solo hecho de divertir.
Para acercarnos a esta idea, diremos que ir al cine es asistir a un sitio de congregación, en un espacio físico bien determinado, en un espacio temporal muy específico, en el cual se comparte un universo de significación en un ambiente con reglas establecidas, cuya intimidad y concentración —otorgada por el oscurecimiento de la sala— se sabe de antemano compartida.
Además, el acto de ir al cine comporta una gran cantidad de incógnitas, desde el quiénes van, hasta el por qué van, sobre todo en sociedades tan heterogéneas como las actuales. Y estos parámetros de selección son muy variados, van desde la educación, la capacidad económica, el sentido que tiene el cine para el público asistente, las costumbres familiares; hasta la cercanía del lugar, la transportación, el horario, el día, la sala cinematográfica, la película expuesta (C.J., Mariana Padilla y Octavio Ortiz: El cine como ritual, investigación final de la carrera de Comunicación Social, uam-x. México, 1996).
El cine en las sociedades actuales se ha convertido en un ritual, un ritual profano que comienza y termina en el mismo sitio, el cine; ya que la película no termina en 90 o 120 minutos, termina cuando te interesas por ir a ver otra.
Es ahí donde Lucas vuelve a sorprender a toda la industria fílmica: comprende que el cine no comienza ni termina en el proceso triple —producción, distribución y exhibición—; el ritual cinematográfico engloba también la mercadotecnia y la estrategia de comunicación. Es ahí donde regresa Star Wars como un proyecto visionario, que vislumbra al cine como un ritual con un proceso de comercialización y distribución plenamente controlado y planeado. De ahí que nuestra película sea la conmoción cinematográfica de fin de milenio, de ahí que el Emperador del cine volviese a rebasar a sus adversarios.
Sería muy ingenuo pensar que los demás directores y productores ignoran la importancia de esta comercialización. Sin embargo, es un hecho que Lucas ha vuelto a superarlos, al no sólo vender su película, sino su imagen misma, con la idea “George Lucas cría niños y hace películas para ellos”.
Nadie que sepa de cine podría dudar que Episodio I: La amenaza fantasma, recuperará la pequeña inversión de 115 millones de dólares, después de lograr imponer sus condiciones en el manejo de los medios y la publicidad, que no le costó un centavo; el ingreso por la venta de juguetes, tasas, playeras, gomas, lápices, y un etcétera indeterminado, objetos que Lucasfilm no tuvo que fabricar, Hasbro se encargó de eso (garantizando al menos 500 millones de regalías); los convenios con las cadenas de comida rápida por medio de Pepsi (alrededor de 2 500 millones de dólares). También está la venta y publicación de libros y por supuesto la taquilla. La película fue producida y financiada en su totalidad por Lucasfilm; a la Fox sólo le corresponde la distribución, sólo ganará el diez por ciento de taquilla, con la cláusula de que no rebasar los 50 millones de dólares (David A. Kaplan: “Ventas de otra galaxia”, en Newsweek. Estados Unidos, 19 de mayo de 1999).
El lado oscuro de la fuerza
Con lo anterior me di a la tarea de plantear los triunfos de la nueva trilogía de Star Wars, pero las amarguras y los fracasos son también contundentes. La película como tal es un enorme granero atascado de paja, fierros y alimento para ovejas. La historia es simplemente la aparición de un inocente niño superdotado, que en el Episodio III se convertirá en Darth Vader; este niño lleva el nombre de Anakin Skywalker, padre de Luke y Leia. De la trama no hay más que decir, es una cinta de aventuras, batallas, efectos especiales y sablazos, en la cual George Lucas muestra su anquilosamiento como director, no había filmado desde hace 22 años y ni siquiera él se podía dar ese lujo.
La trama espero sea de todos conocida, así que me referiré a ciertos elementos que considero importantes. De entrada, es muy interesante el planteamiento de que toda la trilogía sea un enorme flashback, que nos cuenta sucesos anteriores a las tres historias exhibidas hace más de quince años (La guerra de las galaxias, El imperio contraataca y El regreso del jedi). Ello, en lugar de parecernos trillado (ver La guerra de las galaxias 4), nos envuelve en el acto de conocer lo que pasó antes de las historias ya vistas.
Los amantes de Star Wars no queremos ver la vida de los hijos de Leia y Han Solo (personaje que hace muchísima falta en esta última cinta), o la vejez de Luke Skywalker; deseamos, estamos hambrientos de ver la vida del padre de los gemelos Skywalker, anhelamos presenciar el nacimiento del villano más oscuro y despiadado que ha dado las películas de ciencia-ficción. Todo individuo sueña con conocer su lado más oscuro, buscamos presenciar a nuestros monstruos; cada niño, anciana y joven que entró a la sala de proyección, quería conocer la intimidad del hombre de negro, con casco semejante al nazi, con la elegancia de un romano y la inteligencia de un dios sin fe; Darth Vader, el personaje principal de las dos trilogías, el que carga con el peso representado por el lado obscuro de la fuerza.
En lo anterior radica uno de los más temidos fracasos, la falta de equilibrio entre el bien y el mal. Mientras el primero es representado por todo el consejo jedi, encabezado por Yoda, Mace Windu (interpretado por Samuel L. Jackson), Qui-Gon Jinn (Liam Neeson) y el joven Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor); el lado oscuro se pierde en los dos lores sith, Darth Maul (Ray Park, especialista en cintas de artes marciales) y el maestro Darth Sidious, quien otorga el nombre a la historia: la amenaza fantasma. La razón del desequilibrio la hace patente el único personaje que lo pudo haber dado, Anakin Skywalker (Darth Vader) protagonizado por Jake Lloyd, es un niño que en el filme apenas se dibuja. Un pequeñín sin encanto, una criatura que extraña a mamá, sin esa maldad, crueldad que en algún momento de las otras historias aparecerá, porque en esta ni el maestro Yoda lo pudo salvar con el diálogo desarrollado en la escena donde Anakin se enfrenta a todo el consejo Jedi:
Ki-Adi: Your thoughts dwell on your mother.
Anakin: I miss her.
Yoda: Afraid to lose her...I think.
Anakin: (a little angry) What’s that got to do anything?
Yoda: Everything. Fear is the path to the dark side ...fear leads to anger ...anger leads to hate ...hate leads to suffering.
Anakin: (angrily) I am not afraid!
Yoda: A jedi must have the deepest commitment, the most serious mind. I sense much fear in you.
Anakin: (quietly) I am not afraid.
Los Star Wars maníacos, rogamos por que no se termine de colocar a este desdibujado niño, que será joven, que será tarde o temprano lord Darth Vader, como una víctima del Emperador, de su inmaculada concepción, de su solitaria niñez, de que su mamá no le dio pecho. Las víctimas son los más mediocres enemigos y sería un desastre que, después de 22 años, Lucas convirtiera a Vader en eso, una víctima mediocre; eso sería una gran decepción.
La batalla final
Es indudable que George Lucas tiene su lugar apartado en el libro de la historia del cine, la primera trilogía fue todo un acontecimiento que transformó la industria cinematográfica, el nacimiento de la era digital en el séptimo arte, y se codea (con todas las diferencias que pueda tener) con cintas como 2001 Odisea del espacio y Blade Runner. No obstante, sus fallas y desaciertos en esta segunda Star Wars le pueden abollar un poco la corona.
En el universo del arte, el tiempo es un crítico implacable, el más déspota y el que representa la mayor prueba; Jean Baudrillard lo ejemplifica de esta forma: “Cuando Warhol pinta las sopas Campbell en el decenio de los 60 es un lance imprevisto, un brillo sorprendente de la simulación, y para todo el arte moderno, de un solo golpe, el objeto-mercancía, el signo-mercancía, queda irónicamente sacralizado ; y es este justamente el único ritual que nos queda —el ritual de la transparencia, de cierto modo. Pero cuando Warhol pinta las mismas sopas Campbell en 1986, es decir, 20 o 25 años más tarde, ya no está en absoluto en el brillo de la simulación, está en el estereotipo de la simulación. En el primer momento, Warhol atacaba el concepto de originalidad de manera original, pero en 1986 por el contrario reproduce lo no original también de una manera no original.”
Así están las cosas y el refrán lo dice bien, “No es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después”. Podría verse como una aventura aún superior eso de volver a hacer lo mismo 22 años más tarde, pero no lo creo. Admiro la genialidad y brillantez de La guerra de las galaxias, pero no creo en su fantasma.
En fin, se dice que Episodio I : La amenaza fantasma es a prueba de bombas; que la crítica, por más severa que sea, no logrará la decepción de la gente ni su alejamiento de las salas. Pienso que la crítica ha sido muy severa, y creo razonables también algunos de sus argumentos, ciertamente la soberbia del Emperador es mucha al querer superar el éxito de la primera trilogía — sería abrumadora la inocencia del que considere que Lucas no lo hizo con este fin. Pero me parece mal comprendido en ocasiones el papel de la crítica hasta por los mismos críticos, y el abuso de ésta tiende a ser fatal, como diría Xavier Villaurrutia: “La crítica es pues, un hecho necesario e inevitable. La función del crítico no puede ser otra que enjuiciar y analizar la producción cinematográfica, a fin de distinguir los productos buenos de los que no lo son, con el designio moral de procurar –así sea por reacción—que el público que paga no se vea defraudado, y que los espíritus en quienes el cinematógrafo influye tan decisivamente reciban un alimento que los nutra y no que los infantilice o deforme... La crítica debe ser, resumiendo, clara y objetiva. El crítico no debe cohibirse a la hora de expresar su verdadero sentir ante aquello que juzga. No importa que a veces —como sucede en el caso de la valoración de filmes mexicanos— se llegue a acusar al crítico de traidor a la patria.” ( Crítica cinematográfica, Cuadernos de cine, no. 18, unam. México, 1970. pp. 9-11).
Episodio I:
La amenaza fantasma o el último grito del cine comercial del siglo XX
Carlos Juárez Hernández
El cine mundial se encuentra en pésima condición. Perdimos la tierra firme bajo nuestros pies, no sabemos ni lo que contamos ni para qué. Y la gente no sabe muy bien para qué tiene que ver esto. Así se cierra el círculo... Invertimos demasiado en la tecnología. Demasiado dinero, demasiados “talentos”. Todo se ha desarrollado demasiado rápido y nadie sabe para qué.
Krzyztof Kieslowski
Han pasado más de cien años desde que mi abuelo presenció el momento en el que ese mágico señor, Ferdinand von Bernard, y su compañero Gabriel Veyre, proyectaron por primera vez, la noche del domingo 16 de agosto de 1896, ocho “vistas”: Disgusto de los niños, Las Tullerías de París, Carga de coraceros, Demolición de una pared, El regador y el muchacho, Jugadores de cartas, Llegada del tren y Comida del niño. Cada boleto tuvo un costo de 50 centavos, lo cual era muy elevado para la época: por el mismo dinero mi abuelo iba a la plaza de toros en asientos de sombra, o al teatro en butacas de luneta. La proyección fue en el entresuelo de la Droguería Plateros, en segunda calle de Plateros número nueve (actualmente avenida Madero), ocupado en esa época por la Bolsa de México. La noche de ese domingo de agosto, mi abuelo miró por vez primera el cinematógrafo.
Galileo tenía razón: “Se puede afirmar que hay dos tipos de espíritus poéticos: aquellos que inventan historias y aquellos que están dispuestos a creerlas.” Esto es el cine, un arte que pareciera alejarse más cada vez de su esencia, una esencia que se convierte en secreto, pasa a misterio y termina siendo una interrogante total.
Es importante reflexionar sobre esta interrogante de qué es el cine de fin de siglo. El cine como expresión artística, como fenómeno cultural, como espectáculo masivo, como sublimación de la mercadotecnia, e incluso como universo de crítica.
Las cosas han cambiado demasiado desde las sombras chinescas, la linterna mágica, el zootropo; la vida no ha sido la misma desde el surgimiento del kinetoscopio de Edison y el cinematógrafo Lumière.
Es justo hacer algunas observaciones acerca del séptimo arte. Roman Jakobson decía que los nacidos en el último decenio del siglo pasado, cambiaron para siempre las artes. Hagamos patente esta afirmación ahora: lo que surja de estos últimos diez años del mil novecientos, forjará probablemente las pautas del siglo venidero, desde la consagración de los Simpson, hasta la coronación de la Internet; pasando por el levantamiento zapatista, la guerra de los Balcanes, y por supuesto, el regreso de Star Wars.
Episodio I: La amenaza fantasma
La última película de George Lucas es sencillamente divertida. Si ese era el objetivo del Emperador thx, entonces misión consumada. Sin embargo, creo que las intenciones del constructor de esta historia cuasi mítica, Star Wars, no pueden reducirse necesariamente al solo hecho de divertir.
Para acercarnos a esta idea, diremos que ir al cine es asistir a un sitio de congregación, en un espacio físico bien determinado, en un espacio temporal muy específico, en el cual se comparte un universo de significación en un ambiente con reglas establecidas, cuya intimidad y concentración —otorgada por el oscurecimiento de la sala— se sabe de antemano compartida.
Además, el acto de ir al cine comporta una gran cantidad de incógnitas, desde el quiénes van, hasta el por qué van, sobre todo en sociedades tan heterogéneas como las actuales. Y estos parámetros de selección son muy variados, van desde la educación, la capacidad económica, el sentido que tiene el cine para el público asistente, las costumbres familiares; hasta la cercanía del lugar, la transportación, el horario, el día, la sala cinematográfica, la película expuesta (C.J., Mariana Padilla y Octavio Ortiz: El cine como ritual, investigación final de la carrera de Comunicación Social, uam-x. México, 1996).
El cine en las sociedades actuales se ha convertido en un ritual, un ritual profano que comienza y termina en el mismo sitio, el cine; ya que la película no termina en 90 o 120 minutos, termina cuando te interesas por ir a ver otra.
Es ahí donde Lucas vuelve a sorprender a toda la industria fílmica: comprende que el cine no comienza ni termina en el proceso triple —producción, distribución y exhibición—; el ritual cinematográfico engloba también la mercadotecnia y la estrategia de comunicación. Es ahí donde regresa Star Wars como un proyecto visionario, que vislumbra al cine como un ritual con un proceso de comercialización y distribución plenamente controlado y planeado. De ahí que nuestra película sea la conmoción cinematográfica de fin de milenio, de ahí que el Emperador del cine volviese a rebasar a sus adversarios.
Sería muy ingenuo pensar que los demás directores y productores ignoran la importancia de esta comercialización. Sin embargo, es un hecho que Lucas ha vuelto a superarlos, al no sólo vender su película, sino su imagen misma, con la idea “George Lucas cría niños y hace películas para ellos”.
Nadie que sepa de cine podría dudar que Episodio I: La amenaza fantasma, recuperará la pequeña inversión de 115 millones de dólares, después de lograr imponer sus condiciones en el manejo de los medios y la publicidad, que no le costó un centavo; el ingreso por la venta de juguetes, tasas, playeras, gomas, lápices, y un etcétera indeterminado, objetos que Lucasfilm no tuvo que fabricar, Hasbro se encargó de eso (garantizando al menos 500 millones de regalías); los convenios con las cadenas de comida rápida por medio de Pepsi (alrededor de 2 500 millones de dólares). También está la venta y publicación de libros y por supuesto la taquilla. La película fue producida y financiada en su totalidad por Lucasfilm; a la Fox sólo le corresponde la distribución, sólo ganará el diez por ciento de taquilla, con la cláusula de que no rebasar los 50 millones de dólares (David A. Kaplan: “Ventas de otra galaxia”, en Newsweek. Estados Unidos, 19 de mayo de 1999).
El lado oscuro de la fuerza
Con lo anterior me di a la tarea de plantear los triunfos de la nueva trilogía de Star Wars, pero las amarguras y los fracasos son también contundentes. La película como tal es un enorme granero atascado de paja, fierros y alimento para ovejas. La historia es simplemente la aparición de un inocente niño superdotado, que en el Episodio III se convertirá en Darth Vader; este niño lleva el nombre de Anakin Skywalker, padre de Luke y Leia. De la trama no hay más que decir, es una cinta de aventuras, batallas, efectos especiales y sablazos, en la cual George Lucas muestra su anquilosamiento como director, no había filmado desde hace 22 años y ni siquiera él se podía dar ese lujo.
La trama espero sea de todos conocida, así que me referiré a ciertos elementos que considero importantes. De entrada, es muy interesante el planteamiento de que toda la trilogía sea un enorme flashback, que nos cuenta sucesos anteriores a las tres historias exhibidas hace más de quince años (La guerra de las galaxias, El imperio contraataca y El regreso del jedi). Ello, en lugar de parecernos trillado (ver La guerra de las galaxias 4), nos envuelve en el acto de conocer lo que pasó antes de las historias ya vistas.
Los amantes de Star Wars no queremos ver la vida de los hijos de Leia y Han Solo (personaje que hace muchísima falta en esta última cinta), o la vejez de Luke Skywalker; deseamos, estamos hambrientos de ver la vida del padre de los gemelos Skywalker, anhelamos presenciar el nacimiento del villano más oscuro y despiadado que ha dado las películas de ciencia-ficción. Todo individuo sueña con conocer su lado más oscuro, buscamos presenciar a nuestros monstruos; cada niño, anciana y joven que entró a la sala de proyección, quería conocer la intimidad del hombre de negro, con casco semejante al nazi, con la elegancia de un romano y la inteligencia de un dios sin fe; Darth Vader, el personaje principal de las dos trilogías, el que carga con el peso representado por el lado obscuro de la fuerza.
En lo anterior radica uno de los más temidos fracasos, la falta de equilibrio entre el bien y el mal. Mientras el primero es representado por todo el consejo jedi, encabezado por Yoda, Mace Windu (interpretado por Samuel L. Jackson), Qui-Gon Jinn (Liam Neeson) y el joven Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor); el lado oscuro se pierde en los dos lores sith, Darth Maul (Ray Park, especialista en cintas de artes marciales) y el maestro Darth Sidious, quien otorga el nombre a la historia: la amenaza fantasma. La razón del desequilibrio la hace patente el único personaje que lo pudo haber dado, Anakin Skywalker (Darth Vader) protagonizado por Jake Lloyd, es un niño que en el filme apenas se dibuja. Un pequeñín sin encanto, una criatura que extraña a mamá, sin esa maldad, crueldad que en algún momento de las otras historias aparecerá, porque en esta ni el maestro Yoda lo pudo salvar con el diálogo desarrollado en la escena donde Anakin se enfrenta a todo el consejo Jedi:
Ki-Adi: Your thoughts dwell on your mother.
Anakin: I miss her.
Yoda: Afraid to lose her...I think.
Anakin: (a little angry) What’s that got to do anything?
Yoda: Everything. Fear is the path to the dark side ...fear leads to anger ...anger leads to hate ...hate leads to suffering.
Anakin: (angrily) I am not afraid!
Yoda: A jedi must have the deepest commitment, the most serious mind. I sense much fear in you.
Anakin: (quietly) I am not afraid.
Los Star Wars maníacos, rogamos por que no se termine de colocar a este desdibujado niño, que será joven, que será tarde o temprano lord Darth Vader, como una víctima del Emperador, de su inmaculada concepción, de su solitaria niñez, de que su mamá no le dio pecho. Las víctimas son los más mediocres enemigos y sería un desastre que, después de 22 años, Lucas convirtiera a Vader en eso, una víctima mediocre; eso sería una gran decepción.
La batalla final
Es indudable que George Lucas tiene su lugar apartado en el libro de la historia del cine, la primera trilogía fue todo un acontecimiento que transformó la industria cinematográfica, el nacimiento de la era digital en el séptimo arte, y se codea (con todas las diferencias que pueda tener) con cintas como 2001 Odisea del espacio y Blade Runner. No obstante, sus fallas y desaciertos en esta segunda Star Wars le pueden abollar un poco la corona.
En el universo del arte, el tiempo es un crítico implacable, el más déspota y el que representa la mayor prueba; Jean Baudrillard lo ejemplifica de esta forma: “Cuando Warhol pinta las sopas Campbell en el decenio de los 60 es un lance imprevisto, un brillo sorprendente de la simulación, y para todo el arte moderno, de un solo golpe, el objeto-mercancía, el signo-mercancía, queda irónicamente sacralizado ; y es este justamente el único ritual que nos queda —el ritual de la transparencia, de cierto modo. Pero cuando Warhol pinta las mismas sopas Campbell en 1986, es decir, 20 o 25 años más tarde, ya no está en absoluto en el brillo de la simulación, está en el estereotipo de la simulación. En el primer momento, Warhol atacaba el concepto de originalidad de manera original, pero en 1986 por el contrario reproduce lo no original también de una manera no original.”
Así están las cosas y el refrán lo dice bien, “No es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después”. Podría verse como una aventura aún superior eso de volver a hacer lo mismo 22 años más tarde, pero no lo creo. Admiro la genialidad y brillantez de La guerra de las galaxias, pero no creo en su fantasma.
En fin, se dice que Episodio I : La amenaza fantasma es a prueba de bombas; que la crítica, por más severa que sea, no logrará la decepción de la gente ni su alejamiento de las salas. Pienso que la crítica ha sido muy severa, y creo razonables también algunos de sus argumentos, ciertamente la soberbia del Emperador es mucha al querer superar el éxito de la primera trilogía — sería abrumadora la inocencia del que considere que Lucas no lo hizo con este fin. Pero me parece mal comprendido en ocasiones el papel de la crítica hasta por los mismos críticos, y el abuso de ésta tiende a ser fatal, como diría Xavier Villaurrutia: “La crítica es pues, un hecho necesario e inevitable. La función del crítico no puede ser otra que enjuiciar y analizar la producción cinematográfica, a fin de distinguir los productos buenos de los que no lo son, con el designio moral de procurar –así sea por reacción—que el público que paga no se vea defraudado, y que los espíritus en quienes el cinematógrafo influye tan decisivamente reciban un alimento que los nutra y no que los infantilice o deforme... La crítica debe ser, resumiendo, clara y objetiva. El crítico no debe cohibirse a la hora de expresar su verdadero sentir ante aquello que juzga. No importa que a veces —como sucede en el caso de la valoración de filmes mexicanos— se llegue a acusar al crítico de traidor a la patria.” ( Crítica cinematográfica, Cuadernos de cine, no. 18, unam. México, 1970. pp. 9-11).
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31 Oct 2002 12:17 #2 por Darth Sidious
Respuesta de Darth Sidious sobre el tema Crítica al epi I
Uf, un tanto agotador...
Lo leí entero, AT-AT. Está bien, aunque se dispersa demasiado...
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- alejandro
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31 Oct 2002 15:46 #3 por alejandro
Respuesta de alejandro sobre el tema Crítica al epi I
Es gigantesca!! la lei pero me aprece muy madura para mis años,hay cosas que n oentiendo.
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31 Oct 2002 16:43 #4 por AT-AT
Respuesta de AT-AT sobre el tema Crítica al epi I
No sé lo que quieres decir con lo se dispersa pero bueno, yo no entiendo mucho sobre los textos, ni nada relacionado con las letras, que no me gustan, jeje... . Yo encuentro que la crítica está bien.
Si tuviera un premio te lo daría Sidious, por ser la primera persona, y puede que única, en leerlo.
d-_-b Stevie Wonder - Isn't She Lovely d-_-b
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31 Oct 2002 17:52 #5 por Darth Sidious
Respuesta de Darth Sidious sobre el tema Crítica al epi I
Con dispersa quise decir que, más que una crítica de TPM, parecía una crítica del cine en la actualidad, lo que no impide que critique, de manera muy solemne y rigurosa, la primera parte de la Nueva Trilogía; pero es menos de un 50% del texto el que le dedica al film en concreto. Vamos, que se dispersa, se va por las ramas, por los cerros de Úbeda, o como quiera que lo llaméis...
P.D. La intención es suficiente, AT-AT, recibí el premio...
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02 Nov 2002 18:21 #6 por Stormtrooper
Respuesta de Stormtrooper sobre el tema Crítica al epi I
Ufff, esta bien, pero estoy de acuerdo con Sidious, las conclusiones son varias y no siempre interconectadas entre sí...
[Este mensaje ha sido editado por Stormtrooper (editado 02 Noviembre 2002).]
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